Hace algunos años, el ahora constituyente Augusto Gómez Villanueva promovió un proyecto que se llamaba “Xochimilco florido”, que buscaba hacer negocio especulando con las tierras chinamperas. Quería incluir hoteles, campos de golf, un parque de diversiones y también un acuario gigantesco. Todo con miras a “rescatar económicamente” la zona. El supuesto era que los chinamperos “no pueden solos” y tenían que venir los inversionistas a rescatar la región. Esta lógica se repitió en el del Nevado de Toluca, que podría derivar en el permiso de tala de un 30% de su bosques. Conocí el proyecto de “Xochimilco florido” porque se le pidió a la UNAM que lo valorara. En un estudio multidisciplinario enumeramos problemas de todo tipo, desde la calidad y falta de agua, pasando por el peso de los tanques del acuario hasta problemas de movilidad. Desde el estudio sugerimos alternativas menos agresivas con el ambiente y de menos densidad. Por supuesto que no nos volvieron a buscar.

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De ese tiempo a la fecha, se puso de moda lo “verde” y desde entonces todos los proyectos de infraestructura buscan justificarse como ecológicos o sustentables. Las obras que hacen más daño a la naturaleza son las que más se terminan promocionando como “verdes”. De ahí, el término “greenwashing”, que en español se traduciría como “lavado-verde” (o maquillaje verde).

Dos casos típicos de lavado-verde están siendo promovidos por el Gobierno de la Ciudad de México: uno en el predio de La Mexicana en Santa Fe y el otro en la Tercera Sección del Bosque de Chapultepec. La maqueta del proyecto en el predio La Mexicana que se presentó a la sociedad muestra una gran sección verde con los artilugios de moda: zona de correr, de pasear en bicicleta, un lago (que más bien es una gran fuente) y hasta una zona amigable con los perros. Al fondo de la maqueta está el “ah, por cierto… también tiene un pequeño desarrollo inmobiliario que apenas va a ocupar el 30% de terreno…”. Esa última mención es en realidad lo que mas le importa a los inversionistas… y al gobierno.

Para los inversionistas que usan el “lavado-verde”, las palabras sustentabilidad o ecología sólo son un escudo para promover un negocio que normalmente no podrían hacer porque es altamente depredador e insustentable. Por eso, la parte ecológica de sus proyectos llega a su máximo esplendor en la maqueta, de ahí en adelante es ignorada. Sin embargo, este “lavado-verde” es convincente. Esto quizá se deba a que creemos que lo natural es un terreno lleno de pasto con arbustos y árboles alineados que requieren de mantenimiento, pesticidas y mucha agua.

Peter Krieger, académico del Instituto de Investigación Estéticas de la de la UNAM, analiza los problemas de percepción que tenemos sobre lo que es natural. En las épocas del imperio austro-húngaro, la naturaleza salvaje era mal vista; se pensaba que la naturaleza debía ser dominada y, por ello, los jardines imperiales era diseñados geométricamente. Darle forma geométrica a los arbustos y fuentes es nuestra manera de creer que sometemos a la naturaleza, aunque el cambio climático, los huracanes, las plagas y los días de contingencia nos digan lo contrario. Posteriormente naturalistas como Darwin nos enseñaron que el caos de la naturaleza es mucho más rico, diverso e interesante que un jardín cortado simétricamente. Además, que la naturaleza desordenada provee de más beneficios para la sociedad que una artificial. Así que en los siglos posteriores muchos miembros de la sociedad occidental dejaron de tenerle miedo a la naturaleza y comenzaron a abrazar el desorden que genera un árbol aquí, y una liana allá.

El proyecto de La Mexicana deja ver la visión que tiene este gobierno sobre la naturaleza. En términos ecológicos, este gobierno –que se autodenomina de avanzada y moderno– tiene la visión que reinaba en el imperio en decadencia europea. A este gobierno le da miedo el bosque y prefiere utilizarlo para obtener dinero, generando un parque geométrico con pasto recién cortado que no invada la sección donde correrán los CEOs de Santa Fe, con secciones especiales para que defequen los perros que son paseados por su servidumbre. Este pensamiento se ha repetido en proyectos como el viaducto La-Raza-Indios Verdes, la autopista urbana oriente, la rueda de la fortuna en Chapultepec, el parque de Beisbol en la Magdalena Mixhuca, o la nueva convocatoria en la Tercera Sección de Chapultepec.

La visión arcaica que tiene este gobierno sobre la naturaleza no es suficiente para comprender proyectos como el de La Mexicana. Existe una explicación complementaria que se basa en intereses inmobiliarios, más que en una visión de ciudad. Este proyecto del gobierno de Miguel Ángel Mancera es resultado del uso desproporcionado de un SAC (Sistema de Actuación por Cooperación): el sueño de los especuladores inmobiliarios, pues pueden obtener predios de gran valor sin tener que cumplir la normatividad urbana ni sus “engorrosos requisitos”. El parque no es otra cosa que el telón verde para justificar la venta de espacios públicos a particulares.

La Tercera Sección de Chapultepec no es un SAC, aunque se basa en el mismo concepto utilizado por el gobierno: no hay dinero y le pedimos a un particular que “rescate” una zona verde. El particular pide a cambio un espacio en esa zona de alto valor para poder recuperar su inversión. El viernes 28 de octubre el gobierno de la ciudad publicó una convocatoria para desarrollar un proyecto en la tercera sección de Chapultepec que tiene que ser entre otras cosas “sustentable”. Aún no se sabe que proyecto va a ganar, pero por el poco tiempo que se otorgó para el concurso, (30 días) es lógico sospechar que ya existe un ganador acordado que tiene toda esta información y la ha trabajado con tiempo.

La ciudad de México necesita de los últimos resquicios de áreas verdes que hay en Xochimilco, Santa Fe, Chapultepec y otras partes de la ciudad. Son de los últimos grandes terrenos verdes que nos ha dejado la urbanización salvaje de las últimas décadas. Los ecosistemas nativos en el valle de México han sido pródigos con los 20 millones de habitantes y cambiarlos por zonas con parques y construcciones reduce sus beneficios. Debemos dejar de tolerar que la especulación inmobiliaria y la corrupción los disfracen de eco-bio-parques-verdes-sustentables. 

La máscara verde puede generar confusión entre la sociedad, por lo que es necesario que existan instrumentos de protección sobre los ecosistemas nativos que proveen de beneficios como el agua, reducción de inundaciones, mejora en la calidad del aire y biodiversidad. Para los capitalinos cada zona verde debe de conservarse como si fuera La Selva Lacandona, puesto que su ausencia perjudica nuestra calidad de vida.

Ahora bien, a las zonas verdes no se le puede proteger con visiones sin contenido de una “madre naturaleza” glorificada. Tampoco se le protege invocando al derecho humano al medio ambiente sano cada vez que exista un desastre ecológico. Este derecho humano es muy importante y debe aterrizarse. De lo contrario, las visiones etéreas son las que dejan vacíos jurídicos que permiten a los gobiernos y a los particulares destrozar los resquicios de áreas con vegetación nativa, diciendo que la están protegiendo. Es necesario que los instrumentos tengan bases estructuradas para la protección de las zonas naturales con acciones concretas.

La redacción de la Constitución de la Ciudad de México es una oportunidad para crear estas protecciones. Es por ello que una red de expertos de Tú Constituyente, formada por universitarios y sociedad civil estamos proponiendo una iniciativa de Ley para la Constitución, elaborando una categorización del territorio. Dependiendo de la importancia ecosistémica y cultural generamos un catálogo de diferentes tipos de regiones. La categorización incluye un continuo desde la urbanización intensiva con usos mixtos del territorio de una zona densamente poblada, hasta la reserva de conservación de la biodiversidad, pasando por usos mixtos de baja densidad, áreas verdes como parques y jardines, corredores biológicos como camellones arbolados y cinturones verdes conectados entre las reservas naturales urbanas, como los paisajes culturales. En cada categoría sólo se pueden realizar cierto tipo de actividades o de infraestructura.

Esta categorización incluida desde la Constitución puede ayudar a regular y conservar cualquier área verde sin que se puedan modificar fácilmente por un decreto o un vacío jurídico. Así, regiones como Xochimilco, La Mexicana o la Tercera Sección de Chapultepec estarían protegidos de la voracidad del fin de sexenio. La importancia de los ecosistemas que están en estos terrenos es muy grande como para que sólo sean vistos como fuente inagotable de dinero para especuladores inmobiliarios y políticos sin escrúpulos.

Luis Zambrano es investigador del Instituto de Biología y Secretario Ejecutivo Reserva Ecológica del Pedregal de San Ángel, UNAM.