¿Dónde encontramos la identidad de una ciudad? Algunos dirán que la identidad de una ciudad se haya en su historia, otros más dirán que la identidad de una ciudad se encuentra en su arquitectura, mientras que unos últimos, afirmarán que la ciudad es la suma de las relaciones sociales que en ella se efectúan. Inherentemente al escribir acerca de ciudad, escribimos sobre espacio público; el filósofo Jürgen Habermas define a la ciudad como “el espacio público donde el poder se hace visible, la sociedad se fotografía y el simbolismo colectivo se materializa”. El urbanista Jordi Borja concibe al espacio público como símbolo de la ciudad en sí misma. Para poder entender y definir a una ciudad debemos mirar siempre su espacio público.

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Caso interesante resulta la ciudad de Puebla, donde los centros comerciales han llenado la falta de espacios públicos de calidad como punto de reunión de la ciudadanía. Acorde a un periódico local, los lugares favoritos en Puebla de la generación millenial para “pasar el rato”, son centros comerciales. La reunión de las personas en centros comerciales se produce inducida para la compra y el entretenimiento es controlado por los negocios. Si antes la ciudadanía se expresaba en el espacio público, hoy se expresa en el mercado. La escritora argentina Beatriz Sarlo es más fuerte al respecto, quien opina que el shopping vino a reemplazar a la ciudad, en el centro comercial, la ciudadanía se ejerce por el poder de consumo: “algunos compran, otros simplemente miran y admiran”.

La aplicación para encontrar compañero de vivienda Dada Room, realizó una encuesta a 10,000 jóvenes de 23 ciudades latinoamericanas para evaluar la calidad de vida en sus ciudades, calificando rubros como oportunidades laborales o entretenimiento. No es de sorprender que Puebla, esté considerada como una de las peores ciudades en el rubro de entretenimiento, aunado a que fue la ciudad latinoamericana peor calificada en el rubro de movilidad y transporte.

El tema del espacio público y el transporte público van de la mano, según un estudio realizado por la asociación francesa Ateliers, en Puebla solo un tercio de la población posee un auto privado, mientras que el 80% del espacio público se destina a éste.

Dos de las obras emblemáticas del actual gobierno estatal son una rueda de la fortuna, la “Estrella de Puebla”, y el Museo Internacional Barroco. Dos obras realizadas por el gobierno disfrazadas de espacio público. Una de las cualidades del espacio público es ser accesible para todos, sin embargo, las dos obras se encuentran en una zona comercial y exclusiva de la ciudad, donde el transporte público de calidad no existe y las ciclovías son elevadas para no interrumpir el paso de vehículos, las dos obras ubicadas en una zona repleta de centros comerciales, están enfocadas al consumo, no al encuentro de la ciudadanía. La Estrella de Puebla tuvo un costo de 400 millones de pesos y el Museo Internacional Barroco de 7 mil 280 millones de pesos, ante estas inversiones millonarias cabe hacerse dos preguntas ¿Quién es el mayor beneficiado con este tipo de obras? ¿Se podría haber invertido el dinero público de otra manera?

Fenómeno similar ocurre con la movilidad. Donde la inversión en sistemas de transporte está enfocada al turismo y al consumo. Un ejemplo de esto es la ciclovía que se construye en el Boulevard Hermanos Serdán, la más cara de México, o el teleférico ubicado en la zona de los fuertes, a diferencia de lo que ocurrió en Ecatepec, Estado de México, donde se inauguró un teleférico para mejorar la movilidad de la ciudadanía, en Puebla recientemente se inauguró un teleférico turístico, el más corto y caro del país.

Sumado al teleférico, en las próximas semanas será inaugurado un tren que comunicará el municipio de Puebla con los municipios de San Pedro y San Andrés Cholula. El recorrido de 17.4 Km atravesará varios municipios de la zona metropolitana viajando a una velocidad de 35 km/h.

Ilustración 1. Recorrido del tren turístico Puebla-Cholula

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Fuente: Elaboración propia.

¿A quién benéfica un tren turístico? Seguramente no al 52.74% de gente que utiliza el transporte público en la Zona Metropolitana de Puebla, pues el costo de un viaje se estima será de entre 70 y 120 pesos, pagar esa cantidad todos los días lo hace una opción inviable de movilidad cotidiana.  Y aunque el ejecutivo del estado recientemente ha anunciado que habrá una tarifa diferenciada para los usuarios que utilicen el tren diariamente (sin especificar de cuanto), con solo dos trenes y 6 corridas diarias, hasta el momento, el tren turístico no se vislumbra como una opción real de movilidad.

Cabe destacar, que como casi todo proyecto de la actual administración estatal, la información es poca y nada transparente. Un medio local pidió a la Secretaría de Infraestructura y Transportes una copia del proyecto del tren turístico, a lo que la Secretaría se limitó a contestar que “la información relativa al Proyecto de Desarrollo Turístico Ferroviario del Museo del ferrocarril-Cholula en Puebla… se considera restringida durante un lapso máximo de cuatro años” ya que su divulgación “puede causar daño perjuicio al interés del estado y poner en riesgo su realización”. Bajo ese argumento, la transparencia del proyecto es nula, limitando así cualquier tipo de crítica hacia el proyecto.

El proyecto no fue pensado teniendo en mente un beneficio social o ambiental para la ciudad, la justificación del proyecto es meramente económica, argumentando que generará una derrama económica en la zona. ¿Derrama económica en beneficio de quién? Cabe mencionar que uno de los grandes beneficiados con este proyecto es el dirigente de Acción Nacional en el municipio de San Pedro Cholula, dueño del predio de la antigua estación ferroviaria.

Si se quería realizar un proyecto justificándolo únicamente por la variable económica, la mejor opción para la ciudadanía seguiría siendo el haber planteado al tren como una opción real de transporte público cotidiano.

La Asociación Americana de Transporte, tras un estudio sobre el impacto económico que tiene la inversión en transporte público, determinó que invertir en transporte público genera una derrama económica tres veces mayor al monto invertido a mediano y largo plazo. Un eficiente transporte público disminuye los tiempos de traslado de la población, resultando en menos horas hombre perdidas en los desplazamientos, lo cual genera en una mejor productividad económica.

Un ejemplo de esto es la ciudad de Portland, la ciudad verde de los Estados Unidos, mote que se ha ganado gracias a las grandes inversiones en transporte público que ha realizado a través de los años.  El economista Joe Cortright estimó que gracias a la inversión en transporte público que se ha hecho en la ciudad a través de los años, los ciudadanos gastan menos dinero en transporte y pierden menos tiempo en desplazarse que otras ciudades del mismo país, los ahorros se estiman en 2.6 billones de dólares anuales. Ahorros que, en última instancia, la gente gasta en los negocios locales, generando una enorme derrama económica.

Tenemos las herramientas necesarias para crear ciudades socialmente equitativas, ambientalmente sustentables y económicamente productivas. ¿Qué estamos haciendo mal en Puebla? Siempre es importante detenerse a reflexionar: ¿Qué políticas impulsa el gobierno? ¿En beneficio de quién? Y como ciudadano ¿qué tipo de ciudad estoy creando y exigiendo día con día? Puebla podría ser algún día la ciudad inteligente que pregonan sus gobernantes, pero mientras el gasto público esté enfocado al beneficio de unas minorías, esto se vislumbra lejano.

Gerardo Velarde es politólogo por la BUAP. Maestrante en Planeación y Políticas Metropolitanas en la UAM.