Nosotros abusamos de la tierra porque la consideramos un bien que nos pertenece. Cuando vemos la tierra como una comunidad a la que pertenecemos, podemos empezar a usarla con respeto.

Aldo Leopold

Cuenta la leyenda que Damocles, cortesano del palacio de Dionisio II, envidiaba los lujos del rey. Dionisio le ofreció un intercambio de posición y sin pensarlo Damocles aceptó creyendo que iba a disfrutar de las mieles del reinado. Pronto se dio cuenta de que una espada sostenida por un hilo pendía sobre su cabeza. Con pánico regresó a ocupar voluntariamente su lugar como plebeyo. La espada de Damocles representa una amenaza constante que en algún momento puede volverse realidad. Cada zona verde en esta Ciudad de México se ha convertido en un Damocles sobre la que pende permanentemente una espada.

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La gran expansión de la ciudad durante las décadas de los setenta y ochenta dejó al nuevo milenio sin espacio para la construcción. A falta de lugar donde construir, las especuladoras inmobiliarias, las constructoras y el gobierno han tornado sus miradas hacia las zonas verdes. Ante sus ojos, los bosques, humedales, parques, o camellones son vistos como terrenos baldíos, listos para dan paso al progreso materializado en construcción. Cada área verde tiene su espada de Damocles en forma de puente, segundo piso, desarrollo inmobiliario, rueda de la fortuna o centro comercial. A cambio, a estas zonas se les quiere sustituir por parques de bolsillo, muros verdes o huertos orgánicos, como si tuvieran el mismo valor. 

Como ejemplo, el Bosque de Chapultepec tiene ya décadas con su espada. Este bosque urbano, alberga también infraestructura para la realización de diversas actividades, algunas de las cuales rompieron la declaratoria de 1992 como Área Natural Protegida (actualmente considerada área de valor ambiental). Por ejemplo, en 1982, se concesionó el uso más de 19,500 m2 de la tercera sección para la construcción de los parques acuáticos El Rollo y Atlantis, los cuales actualmente se encuentran abandonados, propiciando el descuido de sus áreas verdes y una marcada inseguridad. Ante esto, en octubre del 2016 SEDEMA buscó, en su habitual ruta, la participación de inversionistas privados que plantearan un proyecto integral recreativo-cultural con el cual la tercera sección pudiera ser “rescatada”. Esta idea nació con varios problemas:

Localización del Rollo y Atlantis en la tercera sección de Chapultepec1

atlantis_rollo (1)

Para empezar, el Programa de Manejo del Bosque declara que la Tercera Sección es una zona cuya vocación esencial es la de captar agua y alimentar la cuenca hidrológica local. Por lo tanto, cualquier intervención debe considerar de manera prioritaria su vocación la restauración del ecosistema. Esto no ocurre si el proyecto que busca primero la recreación. La falta de preocupación ambiental se ve evidenciada desde la misma convocatoria, en la cual se define sustentabilidad como la “administración eficiente y racional de los recursos, de manera tal que sea posible mejorar el bienestar de la población actual sin comprometer la calidad de vida de las generaciones futuras”. Esta definición deja fuera la dimensión ambiental o biológica; las prioridades son administrativas.

En segundo lugar, se argumenta una falta de fondos con el fin de concesionar el espacio público para rehabilitar la Tercera Sección, argumento que se ha vuelto constante para la presente administración. Sin embargo, sería bueno saber cuanto dinero está en el fideicomiso de las propias concesiones del Bosque. Por su parte, un grupo de vecinos de la zona calculó un presupuesto de cuatro millones de pesos para la demolición de las instalaciones (incluyendo acarreo del material) y la reforestación del área con 202 árboles (y la mano de obra).2 Esta cifra parece insignificante al lado de los más de 90 millones 818 mil 898 pesos como compensación económica que SEDEMA ha recibido en últimos tres años por la tala de más 10 mil árboles. Pero esta no es la única forma de financiar la recuperación de este espacio. Los mismos vecinos de La Voz de Polanco han propuesto diversos mecanismos como canalizar un porcentaje del monto recaudado por concepto de verificación vehicular. Otra propuesta es usar el dinero acordado en la autorización de impacto ambiental de la Supervía Poniente, en la que se especifica que el 1% de la cuota de la autopista formaría un fondo para la conservación de áreas de valor ambiental como el bosque de Chapultepec. Esta propuesta necesita de saber cuanto dinero se comprometió OHL, que construyó la Supervía, para la conservación, pero este gobierno parece haber olvidado que este fondo existe. Esta información ha sido solicitada desde que esta vía se construyó y la SEDEMA, encargada de administrar estos fondos arguye que no sabe donde está. De hecho, ahora la Barranca de Tarango, que debió recibir dinero de este fondo para su restauración, ha sido concesionada a un particular por CONAGUA con el mismo argumento: falta de fondos. Los concesionarios ya están haciendo proyectos “verdes” que terminarán urbanizando una de las últimas cañadas de la ciudad. Sobre Tarango la espada de Damocles cayó con la construcción de la Supervía.

Dejando de lado por un momento las consecuencias ambientales, la constante amenaza a las áreas verdes y espacios públicos también tiene un efecto en la dinámica social. En el ejemplo anterior, los vecinos de Chapultepec consideraron que habían sido violados diversos derechos; como el derecho a la consulta a las comunidades afectadas por la obra propuesta por SEDEMA; el derecho a la información; el derecho a un medio ambiente sano; y el derecho a la protección de la salud, por lo que respondieron a la convocatoria con un amparo que detuvo el proyecto. Algo similar ocurrió con la gran rueda de la fortuna que se planteaba instalar en la primera sección del Bosque de Chapultepec, en cuyo caso el proyecto fue detenido por el descontento de los ciudadanos. Otro caso es el del Corredor Cultural Chapultepec, el cual proponía establecer lo que los grupos opositores consideraron básicamente un centro comercial sobre el actual acueducto de Chapultepec. Este proyecto fue rechazado por la sociedad en las urnas en diciembre del 2015. Parecería que la espada de Damocles se ensaña con Chapultepec y todo apunta a que la razón se basa en su plusvalía. Lo cual sugiere, de nuevo, que la prioridad de SEDEMA está en lo financiero, no en el ambiente.

Todo parece indicar que el gobierno de nuestra ciudad considera el disgusto ciudadano como una característica que acompaña de forma natural a los nuevos proyectos y, por lo tanto, hay que actuar “antes de que se enteren los vecinos”. Parece que la estrategia consiste entonces en proponer una gran cantidad de proyectos similares, todos bajo el mismo modelo de inversión pública-privada bajo el argumento de ser zonas claramente deterioradas, esperando que, por probabilidad, uno logre sobrepasar las protestas ciudadanas.

Esta dinámica entre ciudadanos y gobierno es la consecuencia de la falta de confianza y comunicación entre actores. La idea de financiar el mejoramiento de la ciudad por medio de proyectos inmobiliarios públicos o privados no es mala en si misma. Sin embargo, con la opacidad de los procesos de concesiones, así como las experiencias previas de incumplimiento en los acuerdos de restitución no existen condiciones que permitan fiarse del modelo. El caso Cipri-OHL, consorcio que construyó la Supervía que ha destruido Tarango, demuestra que estas relaciones no son buenas cuando existe opacidad. Sobre todo si la objetividad de la evaluación del proyecto se basa en compañías como SIGEA la cual, uno de sus dueños Alejandro Nyssen también trabajaba en SEDEMA, o en el Colegio de Biólogos, el cual perdió desde hace años su relación con la academia y funciona como una consultoría al mejor postor y no como un colegio.

Si se quiere establecer este modelo de forma efectiva no solo necesita restablecer la confianza que el gobierno ha perdido, sino que cada asociación debe ensamblarse de acuerdo a las condiciones de la ciudad y no del inversionista. Resulta absurdo concesionar por 20 años un terreno de gran valor inmobiliario (que anteriormente no existía), por solo el uno o 2% de las ganancias.

Además, la falta de participación ciudadana para co-diseñar la ciudad respecto a lo que todos necesitamos evita una comunicación necesaria para la gestión efectiva de los recursos naturales. No considerar a los ciudadanos como un actor clave para la construcción del paisaje es darle a un solo individuo o consorcio el recurso que es de todos los capitalinos, lo cual inevitablemente trae consigo crisis e ingobernabilidad. 

¿Cuántas confrontaciones más puede patrocinar el gobierno contra los ciudadanos antes de detenerse a escuchar? ¿cuántos arboles podemos perder antes de que el sistema colapse? Se apuesta por la resiliencia3 urbana como si fuera una liga al ser estirada nunca pudiera perder su forma o romperse.

En el caso del La Tercera Sección de Chapultepec, esperamos que esta fascinación (casi obsesión) con uno de los sitios más icónicos de la ciudad termine en la recuperación de su verdadera4 vocación como Bosque Urbano, albergando flora y fauna, así como proveyendo de beneficios ambientales para la ciudad al ser un espacio de barrancas y recarga de acuíferos.

Cuando la espada de Damocles caiga sobre las áreas verdes, esto a su vez cortará el hilo que detiene a las miles de espadas que penden sobre la cabeza de cada uno de los capitalinos. Al mirar al cielo, los ciudadanos no vemos la espada de Damocles, pero si volteamos hacia Chapultepec podemos ver las manos con tijeras que quieren cortar el hilo.

Cristina Ayala Azcárraga es estudiante de doctorado en el Posgrado de Ciencias de la Sostenibilidad de la UNAM y parte del Laboratorio de Restauración Ecológica de la misma universidad.

Luis Zambrano es investigador del Instituto de Biología y Secretario Ejecutivo Reserva Ecológica del Pedregal de San Ángel, UNAM.


1 Fuente: elaborado por Tania Fernández.

2 Cálculo realizado por La Voz de Polanco.

3 Capacidad de un sistema de recuperarse tras un disturbio.

4 En la presentación del Plan Maestro de la Tercera Sección del Bosque de Chapultepec la Secretaria de Medio Ambiente afirmó que la vocación de las barrancas es claramente ecoturística, lo cual propone que los seres humanos decidimos la vocación de la naturaleza de acuerdo a nuestros intereses.