La Jacaranda mimosifolia es uno de los regalos más bellos que los ecosistemas intertropicales y subtropicales de América le dieron muchas ciudades del planeta. Es parte de dos mundos que por momentos se confunden: la memoria y la historia. Juega en dos lugares que podrían parecer antagónicos: el mito y la ciencia. Por esto puede tener significados diversos dependiendo del lugar en el que nos detengamos a contemplarla y pensarla.

Mateo Urquiza jacarandas1

Foto cortesía de Mateo Urquiza.

La jacaranda ha estado presente en el imaginario de muchas sociedades desde tiempos inmemorables, pero para la ciencia botánica no es así. La Jacaranda mimosifolia fue descrita por el botánico escocés David Done. El estudio de Done fue publicado en el tomo número ocho de Botanical Register en 1822, sería aquella fecha el punto de partida de los estudios científicos del árbol que hoy nos alegra nuestros paseos primaverales por las calles de la ciudad con alfombras y destellos purpúreos.

Pero la historia de su arribo a México es confusa. Un simple registro científico nunca lo podrá aclarar. Es probable que jamás lleguemos a conocer con exactitud el momento en que llegó y se abrió camino entre calles y letras de nuestra ciudad, al grado de ocupar un lugar en la poesía de Octavio Paz, quién aprovechó su belleza para dignificar un ave poco agraciada en su canto “Arriba, Entre los fuegos de artificio de la jacaranda, graznan los cuervos, alegremente”.

En México antes de llegar como especie biológica, la jacaranda llegó como noticia. Fue durante la segunda mitad del siglo XIX que diversos periódicos nacionales daban cuenta de su presencia en tierras sudamericanas y de las grandes vigas que se exportaban desde Río de Janeiro a Barcelona. Era tal su belleza que los botiquines homeopáticos que llegaron a México en 1878, hechos de esta madera y procedentes de Alemania, eran anunciados en el diario La Colonia Española.

No fue hasta 1892 que don Mariano Bárcena propondría que la jacaranda fuera introducida en México. En la clasificación contenida en el Tratado de Silvicultura escrito por él, la jacaranda se presentó como parte de los árboles importantes por su madera y fue clasificado entre los no coníferos de follaje persistente.

De la propuesta a la introducción pasaron algunos años. Es en este punto donde la historia no es tan clara. Existen dos versiones de su introducción a México. Algunas voces han expuesto que fue el famoso jardinero japonés Tsasugoro Matsumoto quien a finales del siglo XIX exportaría las primeras semillas a nuestro país. El ingeniero Julio Riquelme Inda atribuyó su introducción, a principios del siglo XX, al gobernador de Veracruz Teodoro Dehesa. Según Riquelme, las primeras jacarandas llegaron procedentes de Manaos al Puerto de Veracruz y posteriormente serían enviadas a la Ciudad de México.

Es muy probable que nunca lleguemos a saber quién fue el responsable de este intercambio biológico que marcaría la historia ambiental de nuestra capital y de muchas ciudades de nuestro país, de lo que sí podemos estar seguros es que el ingeniero Miguel Ángel de Quevedo fue el responsable de implementar su aclimatación y propagación en una primera etapa.

Después de haber participado en los Congresos Internacionales de Higiene y Urbanismo, en París 1900 y Berlín 1907, el ingeniero Quevedo impulsaría uno de los proyectos más importantes para la historia ambiental y urbana de la Ciudad de México. De aquellas reuniones internacionales emanaron las ideas y propuestas que él adaptaría a una ciudad en constante expansión, entre las que podemos destacar el impuso a los espacios libres para parques, jardines y campos de juegos infantiles, los cuales tendrían que ocupar por lo menos el 15% de la superficie urbana y la creación de las zonas protectoras o reservas forestales con una extensión no menor a 10 km, con vegetación permanente y densa, en los contornos de la cuidad.

Mateo Urquiza jacarandas2

Foto cortesía de Mateo Urquiza.

Estos objetivos no serían sencillos de alcanzar por diversos factores. La falta de infraestructura fue algo que se tuvo que superar, la creación del sistema de viveros de árboles sería fundamental para lograrlo. Fue en estos espacios donde iniciaría el crecimiento y adaptación de muchas de las Jacarandas mimosifolias que ocuparían los parques, jardines y calles de las nuevas colonias del Distrito Federal y de otras importantes ciudades. Para el año fiscal de 1909-1910 en el Vivero Central de Coyoacán había 230 Jacarandas mimosifolias germinadas y 70 pequeños árboles en macetas. En el Vivero de Veracruz había 200 árboles chicos y 174 en almácigas. En el mes de junio de 1910 ya había 92 jacarandas sembradas en la Laguna de los Cocos y 168 en la playa. Los primeros trasplantes de esta especie en la ciudad de México, provenientes del Vivero de Coyoacán, se hicieron en algunos tramos de la Av. Insurgentes y posteriormente en los parques, jardines públicos y privados de las Colonias Roma y Condesa. En el parque España y en el hoy llamado Parque México las jacarandas fueron sembradas en sus contornos para crear bellos cercos que inundarían las calles con su bello color azul.

Este hermoso árbol caducifolio que anuncia el arribo de la primavera es parte de la historia ambiental de la ciudad. Esto no sería posible sin la incansable labor científica y silvícola del ingeniero Miguel Ángel de Quevedo, quien siempre trabajó para darle viabilidad hidrológico-forestal a nuestra gran capital.

Juan Humberto Urquiza García es investigador adscrito al Programa Universitario de Bioética de la UNAM.