“Mejorar la calidad del aire para prevenir problemas de salud en la población y conservar los ecosistemas” es sin duda un objetivo cuya legitimidad y necesidad se justifica en contextos en los cuales prevalece una deteriorada calidad del aire con importantes consecuencias en el bienestar físico, mental y económico de las personas. Es aún más urgente cuando se trata de contextos urbanos en donde caer enfermo a causa de enfermedades respiratorias genera un déficit productivo y una gran demanda de los servicios de salud, además del claro menoscabo en el ejercicio de derechos humanos relacionados con la calidad del aire.

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En ese sentido, el Programa Sectorial de Medio Ambiente y Recursos Naturales 2013-2018 señala que en las 67 cuencas atmosféricas prioritarias del país viven 72.2 millones de personas expuestas a mala calidad del aire. Mientras que en términos económicos, en el 2015 —último año con información disponible— el costo de la degradación del aire representó el 3.2% (577, 698 millones de pesos) del Producto Interno Bruto (18,194,758 millones de pesos).

Cuencas atmosféricas de México

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Fuente: Estrategia Nacional de Calidad del Aire.

Así pues, saber que existen instrumentos de política pública nacional que tienen como objetivo mejorar la calidad del aire, visibiliza que el problema está identificado y que se pretende hacer algo para solucionarlo. Este objetivo ha sido literalmente plasmado en la Estrategia Nacional de Calidad del Aire (ENCA), instrumento de política pública presentado por la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (SEMARNAT) el pasado mes de marzo; periodo que por cierto, coincide con el inicio de la “temporada de ozono”, definida así por las autoridades, en la cual las condiciones atmosférica favorecen la formación de ozono en la Ciudad de México. La ENCA, por lo tanto, pretende mejorar la calidad del aire hacia el año 2030 a través de cinco ejes estratégicos, 21 estrategias y 69 líneas de acción que tocan a los tres órdenes de gobierno, los particulares y la sociedad civil. 

Medición de la calidad del aire en zonas metropolitanas de México

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Fuente: Estrategia Nacional de Calidad del Aire.

Este instrumento generó gran expectativa en el sector ambiental, pues ya desde el Programa Sectorial de Medio Ambiente y Recursos Naturales 2013-2018 se contemplaba como una línea de acción para fortalecer la normatividad y gestión nacional de la calidad del aire y fue hasta mediados de 2015 que se comenzó con las sesiones para plantear y formalizar este instrumento. Es decir, detrás de la ENCA hubo al menos un año de trabajo, razón por la cual es válido cuestionar algunas de las limitantes encontradas en las estrategias y líneas de acción a lo largo del texto.

Si bien la ENCA como ejercicio de planeación representa un importante esfuerzo de articulación entre las distintas autoridades y órdenes de gobierno, proyectar el cumplimiento de sus acciones hacia el año 2030 deja mucho que desear. ¿Por qué se proyectó al 2030? la respuesta está en la misma estrategia y esto es porque se pretende alinear con los compromisos adquiridos en la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible de Naciones Unidas.

Planear a largo plazo no es un problema, de hecho, se considera una práctica positiva que permite la debida ordenación y priorización de recursos de todo tipo para hacer realidad las metas planteadas. El problema en el caso en particular, es que la ENCA, a diferencia de otros instrumentos de política pública como la Estrategia Nacional de Cambio Climático (ENACC), no contempla metas escalonadas, cinco, 10, 20 años, sino que todo se proyecta al 2030 lo cual dificulta el seguimiento y la evaluación de las acciones planteadas.

Ello sin mencionar que acciones tales como la actualización de estándares de normas oficiales mexicanas de calidad del aire para proteger la salud de las personas, previstas en la ENCA, son acciones que por mandato de ley pueden y deben cumplirse antes.  Basta recordar que las normas oficiales mexicanas son instrumentos regulatorios que deben revisarse y actualizarse cada cinco años porque es una obligación prevista en la  Ley Federal de Metrología y Normalización; de forma que establecer la actualización de los estándares hasta dentro de 13 años  sabiendo que puede hacerse en un horizonte de cinco —en el supuesto  que se abra a revisión la norma el día de hoy— resulta cuestionable, sabiendo que no hay que crear dichos estándares puesto que solo hay que homologar los ya existentes con los  de la Organización Mundial de Salud (OMS).

Otro punto a considerar es que la ENCA propone acciones como la verificación vehicular nacional la cual ya está prevista en la mencionada ENACC; mientras que deja importantes vacíos en otros frentes, por ejemplo, en la inclusión de más líneas de acción referidas a los contaminantes de vida corta. Asimismo,  se plantean  líneas  de acción para el sector transporte las cuales se han repetido  por al menos 10 años en los diversos programas de política públicas tales como tener un parque vehicular más limpio, mejorar la calidad de los combustibles, renovar la  flota vehicular, entre otras,  medidas que si bien son necesarias, faltaría complementarlas con la atención a problemas más estructurales tales como la poca inversión pública para el transporte público masivo y un débil  seguimiento  a las obligaciones derivadas de concesiones otorgadas a privados para la prestación del  servicio en demérito de la infraestructura y las condiciones del servicio.

Finalmente, dos temas destacables de este instrumento de planeación son:

1) Se prevé la creación de ecozonas, es decir, la creación de “áreas de manejo ambiental prioritaria que tiene por objeto mejorar  la  calidad  de  vida  de  la  población  residente  y  visitante,  promoviendo  un  entorno  urbano  saludable  a  través  de  la  implementación  de  acciones  integrales para  prevenir  y  controlar  la  contaminación,  mejorar  los  espacios  públicos,  impulsar  la  movilidad  sustentable,  la  accesibilidad universal y la recuperación de los espacios públicos”.  Una de las posibles acciones a implementar dentro de estas ecozonas sería la limitación de la circulación para autos particulares y/o transporte pesado muy contaminantes.

2) Se alude a los efectos que puede tener la contaminación del aire en los ecosistemas, es decir, se extiende el ámbito de protección a otros elementos naturales, más allá de la protección otorgada a la salud de los seres humanos. En ese orden de ideas, resulta interesante que la ENCA visibilice que la mala calidad del aire afecta no sólo a las personas, también a los ecosistemas para lo cual se prevé la creación de instrumentos normativos que ayuden a proteger dichos ecosistemas de la contaminación atmosférica.

En síntesis, la ENCA como resultado de un ejercicio de planeación es atinada, en tanto que integra en un sólo instrumento de políticas públicas acciones para llevar a cabo por los tres órdenes de gobierno con miras a mejorar la calidad del aire. No obstante, ello, dichas acciones y políticas podrían haber sido más ambiciosas siendo que las causas y soluciones de la contaminación atmosférica han sido de las más analizadas en el sector ambiental; además de que existen ejemplos nacionales, en otros instrumentos, con metas más concretas y escalonadas que facilitan la evaluación de cada acción realizable. Es de esperar, al menos, que se pudieran cumplir cada una de las acciones propuestas en tanto que no sólo no son ambiciosas y la fecha de cumplimiento se previó para el 2030, aunque para ello se necesita que cada acción este acompañada del presupuesto necesario para hacerla realidad.

Anaid Velasco es coordinadora del Área de Investigación, Centro Mexicano de Derecho Ambiental, A.C. (CEMDA).