La segunda jornada del Festival Franco Mexicano de Utopías Urbanas denominado ¿Y mañana la ciudad?, realizada el pasado 12 de mayo, tuvo lugar en la Facultad de Arquitectura de la UNAM. Contó con la participación de más de diez ponentes nacionales y extranjeros que expusieron e intercambiaron perspectivas acerca de diversas utopías urbanas, particularmente de México, Francia, Alemania y Reino Unido. En este texto nos ocupamos en destacar las investigaciones y propuestas de tres de los ponentes participantes, todos con aproximaciones muy distintas hacia a la utopía urbana, aunque igual de valiosas desde el punto de vista académico para el urbanismo, la arquitectura, la sociología, y otras disciplinas relacionadas con el análisis y la comprensión de los asentamientos humanos. Así como para aquellos entusiasmados en conocer más sobre los temas de ciudad, su historia, sus formas y devenires ligados a la utopía.

Por orden de exposición, se encontraron: Sébastien Marot, filósofo, especialista en teorías urbanas y de la historia del medio ambiente. Ha sido profesor en distintas escuelas de arquitectura y diseño del paisaje en Estados Unidos y Europa. Entre ellas, la Universidad de Cornell, la Universidad de Génova y la Escuela de Arquitectura de la Ciudad y sus Territorios de Marne-la-Vallée, Paris. Posteriormente, Javier Senosiain, arquitecto mexicano de reconocida trayectoria y profesor de diseño y taller de arquitectura en la UNAM. Y, para finalizar, Benoit d’Almeida, arquitecto, estudiante de doctorado en la Universidad de Grenoble e investigador colaborador en temas sobre las ciudades jardín de América Latina para la Universidad de Guadalajara. Asimismo, participaron como moderadores, Clémentine Mourão-Ferreira, agregada de cooperación audiovisual en la Embajada de Francia, y Alejandro de Coss, maestro en sociología y estudiante de doctorado de la London School of Economics and Political Science.

Primera ponencia: “¿Una utopía de decrecimiento? La Ciudad en la Ciudad/Berlín: Archipiélago verde. La génesis de un Monstruo esperanzado”1

La ponencia de Sébastien Marot transitó sobre un eje principal, el manifiesto de arquitectura Berlín: Archipiélago verde redactado en alemán a finales de la década de los setenta por los arquitectos Rem Koolhaas —holandés— y Oswald Mathias Ungers —alemán— junto con otros colaboradores. Documento del que tomó su nombre la ponencia y, cabe anotar, también la versión analítica y crítica del manifiesto redactada y publicada en 2013 por Marot y Florian Hertweck. Éste último, arquitecto y profesor de la Universidad de Luxemburgo.

Para situar el manifiesto, hay que saber que éste se redactó entre Estados Unidos, específicamente en la Universidad de Cornell —a la que pertenecía Ungers y en donde fue publicado—, y Berlín, en donde trabajó y fue decano en la Universidad Técnica de Berlín.  Previo a explorar el manifiesto, Marot nos compartió apartados interesantes de las vidas de Koolhaas y de Ungers, así como parte de su trabajo conjunto, que por supuesto precede, fundamenta y da forma al documento redactado por ambos y publicado en 1977.

Marot empezó por compartirnos que el manifiesto es una especie de hijo intelectual de Koolhaas y Ungers, quienes tenían una relación académica intensa y fructífera. Igualmente, explicó un poco sobre el origen de Koolhaas, quien nació en Róterdam a finales de la Segunda Guerra Mundial, y durante su adolescencia vivió cuatro años con sus padres en Indonesia. Esta experiencia lo condujo a fijarse en la distribución territorial insular y a imaginar los espacios en fragmentos. Los archipiélagos se convirtieron en una referencia importante para Koolhaas considerándolos, según Marot, como, “la única buena versión de un todo, desde el punto de vista económico, cultural y político, una federación de distintas entidades”. Precisamente en fragmentos “tipo archipiélago operado por la destrucción” quedaron varias ciudades europeas que fueron bombardeadas en la guerra, de lo que no escapó Róterdam. De joven, Koolhaas estuvo interesado en el cine, el null movement y la escritura. Se desempeñó como periodista y entrevistador por un tiempo, lo que le permitió conocer a mucha gente. En 1968 Koolhaas decidió convertirse en arquitecto, interesándose por el constructivismo y en las utopías modernas provenientes de Italia.

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Sébastien Marot. Fuente: Instituto Francés de América Latina (IFAL). [en línea goo.gl/b6LImU]

Koolhaas escribió una memoria del trabajo de campo que realizó en el muro de Berlín, describiendo lo que observó como: “epifanías inversas”. Analizó la arquitectura como poderosa y su poder expresado en la medida de su misma violencia. Observó allí “el poder de la ausencia, en lugar de la construcción”de acuerdo a Marot. En esa misma visita a Berlín, Koolhaas halló el trabajo de Ungers, que fue para él una especie de revelación, especialmente por la fuerte conexión que hacía entre la historia y la arquitectura moderna de una forma funcional.

Situado desde el neo-racionalismo —luego de un debate con otros arquitectos para decidir a qué movimiento moderno pertenecía, si al expresionismo, brutalismo, neo-racionalismo u otro—, en 1960 Ungers y Gieselman escriben un breve manifiesto, en el que definen la arquitectura como “una penetración vital en un contexto que es siempre plural, misterioso, cultivado y estructurado. Su misión creativa es hacer la situación visible, ordenar lo existente, acentuar y amplificar el lugar”.

Cuando Ungers llega a la Universidad de Cornell como decano en 1968 el primer proyecto que realiza con sus estudiantes es “Ithaca, Nueva York” pensado en desenclavar esa pequeña ciudad con la infraestructura debajo de las casas y una superestructura bella con diseños similares a lo que él encontraba en Berlín. A la par experimentó con nuevos métodos como la programación por computadora en el urbanismo, algo que no había hecho antes. Ungers no encontró un ambiente propicio y empático de trabajo, y experimentó muchos conflictos como decano de arquitectura. Más tarde Koolhaas describiría la experiencia de Ungers, así como la de él mismo y la de otro inglés, Colin Rowe, durante el periodo que estuvieron en Ithaca como exiliados entre 1972 y  1973. Marot utilizó como ejemplo el disco Exile on Main St. de los Rolling Stones para describir lo que les sucedía a los tres arquitectos en esa época.

En Ithaca, Koolhaas trabaja en múltiples proyectos con Ungers. En 1974, cuando ambos regresan a Europa, siguen colaborando juntos y participando en algunos concursos. 

En 1976, luego de la creación de la firma OMC (Office for Metropolitan Architecture, a partir de las primeras iniciales de Oswald Mathias), Ungers presenta su teoría del urbanismo metafórico en una exhibición en la que usa imágenes de la naturaleza a manera de metáforas de la ciudad, contrapuestas con planos y formas urbanas. Además, incorpora figuras de la obra del pintor surrealista belga René Magritte, quien representa o alude a una especie de urbanismo surrealista en varias de sus obras.

Marot mencionó que el urbanismo metafórico consiste en “leer en la situación ciertos patrones que el proyecto quiere expresar o extrapolar” acudiendo a imágenes distintas, pero similares, que conducen a pensar la construcción y pensamiento de la ciudad desde diferentes perspectivas. Esta teoría fue aplicada por Ungers en ejercicios prácticos con los estudiantes de las escuelas de verano de Cornell.

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Fuente: Imágen del libro Morphologie City Metaphors, de O.M.Ungers [en línea goo.gl/Jjk7sG]

Proyecto Berlín: Un Archipiélago Verde, base del Manifiesto

En los setenta, caracterizados por la contracción económica, incluyendo la crisis petrolera, Ungers lee a E.F. Schumacher, y valora su premisa “Lo pequeño es hermoso” (Small is beautiful) y la incluye en sus ejercicios conceptuales y de proyección arquitectónica y en los de sus estudiantes.

En la misma década, Koolhaas y Ungers planean y redactan una primera versión de un proyecto de urbanismo metafórico para una Berlín en declive y contracción que se llamaría Berlín: un Archipiélago Verde. La idea, escribió Koolhaas, era anticiparse a la despoblación de la ciudad, como ya había pasado en otras partes de Europa; además, en su complejidad, convertirla en “un paisaje Arcadiano de remanentes construidos rodeados de un mar verde en el que las infraestructuras de la vida contemporánea estaban ocultas”. Recordemos que el paisaje arcadiano hace referencia a la Arcadia, una especie de paraíso en la mitología griega. Un lugar utópico en donde era posible vivir en armonía y paz con la naturaleza. El desafío, según Koolhaas, era cuestionarse cómo borrar el Berlín existente, incluyendo la utopía que representaba, y cómo construir uno nuevo con otra utopía a perseguir, partiendo de la noción de archipiélago como la nueva utopía.

Al cuestionarse ¿por qué deberían pelear/enemistarse con los procesos de mejoramiento de las ciudades?, los arquitectos estudiados se propusieron hallar islas preservadas dentro de Berlín e identificar los proyectos adecuados que correspondieran con esos espacios y realidad para relacionarlos entre sí, al reconstruir lugares que sirvieran de condensadores sociales y redensificando esas islas. Quizá, podríamos afirmar que el mayor compromiso consistía en planear y pensar una utopía en medio de una realidad poco glamorosa, más históricamente trascendental y desafiante.

Los primeros párrafos de la primera versión del manifiesto afirman: “Any future ‘plan’ for Berlin has to be a plan for a city in retrenchment…this inevitable process of retrenchment could be seen as a negative experience to be hidden behind manifestations of fake vitality, but it could also be an experimental project to intensify the experience of Berlin as an architectural ensemble”.

Ese proyecto se transformaría en la publicación de 1977, con once apartados que compilan la idea de ciudades pequeñas o contraídas, misma que empezaría a conocerse ampliamente sólo hasta mediados de los noventa. Ahora bien, Ungers hizo en cierto sentido un manifiesto retroactivo, debido a que, según éste, Berlín siempre había sido un archipiélago compuesto de pequeñas ciudades, como una federación de ciudades distintas. Y, para Ungers y Koolhaas, una ciudad se puede convertir en archipiélago si tiene o despliega varias pequeñas ciudades parques a su alrededor con las cuales conectarse e interactuar. En otras palabras, si se crea y fortalece el policentrismo.

Para finalizar, Marot argumentó que el manifiesto apareció en un momento muy interesante en tanto que fue un “manifiesto situado”, que escogía una ciudad en particular; que revisaba y contextualizaba los problemas asociados al urbanismo moderno, y formulaba alternativas de solución. Un momento, además, en que los artistas surrealistas interpretan y representan en diferentes expresiones la realidad urbana y suburbana en diferentes partes del mundo. Permitiéndonos decir, que participan indirectamente en el urbanismo metafórico creado por Ungers.

A modo de conclusión, destacamos que el análisis realizado por Marot, por una parte, revela la(s) utopía(s) y, por qué no, distopías contenidas en un documento que nos narra una de la historias de la arquitectura moderna en Europa después de posguerra y, sobre todo, después del estancamiento económico por la crisis petrolera; por otra parte, se descubre el manifiesto como una forma de llegar a una nueva utopía enfocada en la ciudad de Berlín.

Segunda ponencia: “Ciudad verde”

Este es el título de la ponencia presentada por Javier Senosiain, quien nos compartió de inicio una referencia del reconocido arquitecto catalán de la segunda mitad del siglo XIX, Antonio Gaudí, acerca del significado de ser originales. En palabras de Senosiain, para Gaudí ser originales consistía en volver al origen u orígenes. Afirmando que, precisamente, fue esa perspectiva la que inspiró conceptualmente su proyecto de Ecociudad y Ciudad Verde.

Para Senosiain los seres humanos al nacer experimentan un trauma en su contacto con el mundo exterior, por lo que buscan regresar al confort de su origen natural asociado al vientre materno, y a lo largo de su vida buscan suplir sus necesidades físicas y psicológicas en un entorno que les brinde una sensación similar. Ejemplo de la búsqueda de ese hábitat son las construcciones tipo refugio, como las cavernas, guaridas, iglués, entre otros.

Un elemento complementario pero central que identificamos y da aliento a su propuesta es el cortar y transformar una dinámica casi implícita en la vida de los seres humanos desde que nacen, relacionada con la disposición de los cuerpos en estructuras cuadradas o cajas, tal como él lo señala. “El niño desde que nace va pasando de caja en caja hasta que se muere…y la gente acaba pareciéndose a sus propias cajas”. Debido a ello, para Senosiain, los seres humanos van perdiendo libertad, espontaneidad y creatividad, características propias de los niños que son ideales recuperar.

A partir de estas reflexiones afirmó que el objetivo de su proyecto de vivienda y ciudad es crear y dar forma a ese anhelo de armonía entre el hombre y la naturaleza, haciendo espacios más humanos que se adapten al cuerpo de los seres humanos —con fluidez y esencialmente de formas curvas—, y estén en contacto con el entorno natural. Aspectos propios de la arquitectura funcionalista orgánica.

Senosiain relató que a finales de los años noventa su propuesta arquitectónica se veía como algo raro o fuera de lo común, sobre todo para generaciones adultas. Hoy en  día tiene más sentido y más aceptación entre un público diverso, puesto que se experimenta un momento de mayor conciencia ecológica.

¿Y en dónde se encuentra la utopía?

Tomando en cuenta los puntos anteriores, Senosiain imagina y proyecta tres escalas nuevas de planeación urbana y de diseño de una ciudad ecológica: el Ecobarrio, el Ecopueblo, y la Ecociudad.

Basada en un diseño radial, la Ecociudad es producto de la agregación de seis Ecopueblos, a su vez integrados por seis Ecobarrios. La Ecociudad sería la expresión última de una ciudad sustentable. La dinámica de funcionamiento entre estos tres niveles de planeación y diseño se basa en un concepto de flujos que van del centro hacia los brazos radiales externos y de vuelta, desde los radiales externos hacia el centro. Metafóricamente y aludiendo a la naturaleza, para Senosiain el centro sería el tronco de un árbol y las ramas laterales los puntos radiales. Esa misma dinámica aplica a la relación entre la Ecociudad y la Metrópoli.

Dentro de las tres escalas urbanas señaladas antes, se encuentran los bienes y servicios necesarios para satisfacer las necesidades de sus habitantes. La movilidad se planea peatonal y por medio del uso vehículos no contaminantes como la bicicleta, el bici taxi o autos eléctricos. También existe una zonificación muy tradicional y, al parecer, no de usos mixtos (pensando en hacer ciudad compacta) dentro de la Ecociudad, encontrando la industria, los equipamientos sociales, de salud y cultura, así como los nodos de transporte ubicados en los puntos externos de los brazos radiales y en relación con un núcleo central, en donde se encuentran los centros de servicios financieros, administrativos y comerciales. Alrededor de ese núcleo central se encuentra la zona habitacional dividida en dos: una zona habitacional para población permanente y otra zona para población flotante.

Entendemos que la aproximación de Senosiain a la utopía es primordialmente desde una dimensión arquitectónica, ecológica y paisajística. No obstante, algunos factores que no se mencionaron por parte del ponente fueron: la cantidad de población estimada como ideal para cada uno de los tres niveles urbanos; las características de la organización social que haría parte de este proyecto utópico; las características de gobierno y administración urbana; el cómo se financiaría y más allá de eso, en qué contexto político y económico se desarrollaría plenamente. Todos elementos cruciales para la utopía.

Proyecto Ciudad Verde

Senosiain ha desarrollado proyectos habitacionales integrados con la naturaleza haciendo  uso de ecotécnicas como construir viviendas semienterradas inspiradas en formas de animales o elementos de la naturaleza, y siempre rodeadas por vegetación. Destacó la importancia de tomar en cuenta las condiciones geográficas del lugar e incorporando a sus casas habitación, unidades bioclimáticas para aprovechar al máximo las condiciones ambientales, de sol, viento, etc.

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Fuente: Imagen de autoría propia.

Viviendas de ese tipo han sido construidas en el estado de México, y en Baja California, así como otros lugares del mundo. En Mexicali, el proyecto contempló el desarrollo de cinco casas de este tipo, denominado precisamente Ciudad Verde.

Nos gustaría concluir la reseña sobre Senosiain anotando que, basado en una anécdota personal, llamó la atención a la academia y maestros de arquitectura para que impulsen a sus estudiantes a ser creativos, libres y espontáneos en lugar de atajar sus ideas e inspiración por juzgar que están fuera de los esquemas tradicionales y probados en el tiempo.

Tercera ponencia: “La Garden City una utopía trascendida2

En su interesante ponencia, Benoit d’ Almeida exploró el origen del modelo de la Ciudad Jardín como una de las utopías urbanas que desde el siglo XIX ha ido más allá de sus posibilidades haciéndose algo concreto en el tiempo. Factor que, al final, cuestiona su vigencia misma como utopía.

Formulada por Ebenezer Howard, un estenógrafo (taquígrafo) del Parlamento Inglés, sin formación alguna en cuestiones urbanísticas o arquitectónicas, aunque dado su oficio con un vasto conocimiento de las problemáticas y experiencias de los obreros en la ciudad industrial, la idea de la Ciudad Jardín surge por la preocupación de este personaje por ofrecer un mejor hábitat y calidad de vida a los obreros y sus familias. Pretendiendo, entonces, crear un proyecto como remedio específico para una sociedad y ciudad enferma que va evolucionando.

Para enfrentar los males del siglo XIX, en la ciudad jardín, se: eliminarían los barrios pobres destinados a los obreros, creando mejores espacios en donde vivir; se construiría un sistema de ciudades satélite conectadas entre sí por una red de transporte público; se diseñarían espacios con atributos de ciudad y campo en donde se dispusiera lo mejor de ambos mundos. Esto permitiría a las personas vivir, trabajar, habitar, descansar y encontrarse con otros. Dicha ciudad, sería construida sobre suelo perteneciente a la municipalidad con el propósito de recuperar plusvalías y reinvertir en la comunidad, que no tendría una población mayor a 32 mil habitantes, siendo al menos 2 mil ellos agricultores dedicados a hacer producir la tierra.

El atributo utópico de la Ciudad Jardín radica precisamente en proponerse como el mejor remedio a los males sociales de la época. 

Entonces, ¿qué es la utopía?, d’Almeida nos dice que es imposible hablar de utopía sin referirse a Tomás Moro y su obra, una fuente literaria básica en el tema y citada constantemente por los ponentes invitados del Festival. Esto con razón, pues lo reconoce como un término polisémico sobre el que han reflexionado diferentes autores en momentos históricos distintos. Destacando que, en su perspectiva y rescatando el sentido de Moro, la utopía sería algo así como una herramienta para imaginarse un no lugar en donde se remedian los males de la sociedad enferma.

Si las utopías son creadas por su propia época, d’Almeida opta por clasificarlas de acuerdo a la sociedad que han querido construir, por ejemplo: la Ciudad de Dios relacionada con la belleza y el hacer el paraíso en la tierra; la sociedad del trabajo, la ciencia y la técnica de la cual nacería la Ciudad Jardín; y la ciudad de la naturaleza, como utopía contemporánea.

No obstante, lo principal de la utopía no es propiamente la época en que aparece, ni su atadura a ella, sino más bien, el ser una herramienta que evoluciona y responde con nuevas propuestas a modelos de sociedad que ya no sirven y que implican más males que bienestar a quienes integran la misma. Constituyéndose en signo de la aproximación de d’Almeida al tema. Es más, evocando al sociólogo Henri Desroche, presentó a la utopía como la posibilidad de hacer y cambiar el destino. Un destino que claramente se puede redefinir y redirigir hacia el horizonte más soñado y deseado.

A manera de comprobación de su esencia utópica, nuestro ponente revisó el proyecto de Howard a la luz de siete parámetros —literarios— propuestos por Françoise Choay sobre la utopía, en su libro “La regla y el modelo” (La règle et le modèle) de 1996. Y concluyó que en su mayoría están presentes en la Ciudad Jardín. Algunos de ellos son: un relato que se inserta en la descripción de una sociedad modelo; la oposición de esa sociedad modelo a una sociedad histórica real; la existencia de un espacio modelo en la que se inscribe la sociedad modelo, entre otros. Sin embargo, hay dos parámetros de Choay que no aplican a la Ciudad Jardín de Howard, ambos relacionados con la ubicación espacio-temporal. Mientras que para Choay, la utopía estaba fuera o no pertenecía a nuestro tiempo ni espacio, en el caso de Howard, la utopía sí estaba situada espacialmente a las afueras de Londres y dentro de nuestro mismo sistema temporal, considerando un ciclo de vida para la misma desde su nacimiento hasta su florecimiento. Elementos que dan carácter y potencian la utopía de Howard hacia un estado mayor de posibilidades por alcanzar.

Con la metáfora de imaginarse la utopía como cruzar un espejo, que de un lado nos muestra la cara enferma de la sociedad y del otro nos refleja la sociedad curada, Choay nos dice que ese espejo nos ayuda a comprender el pasado, el presente y al mismo tiempo a imaginarnos un futuro diferente e ideal. No obstante, más que imaginarse el futuro ideal, d’Almeida se interesa e impresiona por un Howard que quiere atravesar el espejo y actuar para realizar la Ciudad Jardín.

Howard acudió a tres magnetos para representar el cambio ventajoso que significaba la Ciudad Jardín. En uno de ellos enunció las ventajas ofrecidas por la ciudad, en otro, las ventajas ofrecidas por el campo y, en un tercero, representó el resultado de mezclar los dos anteriores para hallar mayores bondades. Ese tercero reunía los atributos de la Ciudad Jardín: una ciudad con la belleza de la naturaleza, incluyendo aire puro; con provisión de servicios públicos; oportunidades sociales; rentas bajas; altos salarios; sin barrios marginales, y basada en la libertad y la cooperación para gestionar ciertos asuntos.

Howard quiso transformar la realidad de su entorno, muy apegado a la interpretación de Karl Mannheim sobre la utopía, como un programa de acción coherente para cambiar el statu quo. Acá, vale recordar que para Mannheim la utopía no era sólo ilusión y ensoñación, sino una creación basada en cierto sistema de ideas y reflexiones que llevaban a la acción. No obstante, a modo de crítica cabe anotar que en el modelo de ciudad de Howard no se aborda el tema de cómo gestionar el conflicto social y las diferencias de clase existentes. Da por sentado que no existirían tales o. tal vez, ignora su capacidad de alterar factores como la identidad y cohesión social en la Ciudad Jardín. Elementos que, por sí mismos, encarnan un inmenso reto a las utopías en general, por lo menos a utopías de índole democrático.

Después de convertirse en pública la propuesta de Howard, con su obra titulada Ciudades Jardín del Mañana (Garden Cities of Tomorrow), en 1903, Letchworth, ubicada en Hertfordshire, fue la primera Ciudad Jardín proyectada en un espacio concreto por dos arquitectos ingleses: Raymond Unwin y Barry Parker. Esto fue aún más allá. Howard con una mirada visionaria unos años antes había creado la Asociación de la Ciudad Jardín en 1899 (Garden City Association), una empresa dedicada ex profeso a recaudar dinero de inversionistas privados para adquirir terrenos en donde construir. Esa empresa se llamó Primera Ciudad Jardín Ltda. (First Garden City Ltda.).

Resulta interesante que, la utopía se sirve de la inversión de los poseedores del capital o ricos, para realizar un proyecto que se detiene a pensar en mejorar las condiciones de vida de la clase obrera. Howard no inscribió su proyecto de Ciudad Jardín en una ideología política particular, como podría ser el socialismo o comunismo, sino que podríamos afirmar, la veía como una especie de fórmula mixta en donde todos reciben alguna recompensa. Es cierto que los inversionistas recibían una renta de retorno por el capital invertido en el proyecto, aunque, al final, la municipalidad era la propietaria de los terrenos y la encargada de administrar y gestionar la ciudad pensando en la comunidad.

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Fuente: Imagen de autoría propia. A la izquierda Benoit d’Almeida, al fondo el plano de la ciudad de Letchworth.

Considerando lo anterior, Howard trascendió de la utopía al plano, con una estrategia concreta para hacerle frente a las malas condiciones sociales de la época. Entonces, la Ciudad Jardín no era sólo una idea, sino la ruta concreta para arribar a un nuevo lugar, una nueva sociedad y ciudad. Es decir, vuelve a comprenderse la utopía en el sentido de Mannheim. De igual manera, d’Almeida nos mencionó que la palabra plan aparece en varios escritos de Howard, en los que él mismo explica la Ciudad Jardín.

Para finalizar, d’Almeida señaló que el modelo de la Ciudad Jardín realmente hizo una diferencia en la planificación del siglo pasado, y en el presente siglo XXI es una herencia que sigue influyendo planes urbanos. Entre ellos, mencionó dos proyectos de Ciudad Jardín anunciados por el gobierno inglés en 2014, y que contemplan hasta ahora la construcción de más de doscientas mil viviendas nuevas. Por igual, describió la propuesta de dos arquitectos ingleses que, bajo la firma URBED, proyectaron por el mismo año una ciudad imaginaria llamada Uxcester con variantes relevantes de la propuesta inicial de Howard, en la medida en que en pretenden diseñar sobre el escenario ya urbanizado asumiendo la extensión y renovación de la ciudad por medio de diferentes planes, evitando crear un nuevo espacio urbano desde cero.

Concluyó d’Almeida con la doble trascendencia de la utopía de la Ciudad Jardín. En primer lugar, en el sentido que Howard hizo de la utopía algo concreto, tangible en su potencialidad. En segundo lugar, porque la Ciudad Jardín, aún pasado el siglo, se reinterpreta como modelo utópico volviendo a figurar de nuevo como un no lugar deseable, pero plausible. Lo que, al mismo tiempo, llevó a nuestro ponente a cuestionarse y cuestionarnos, ¿sería la Ciudad Jardín realmente utópica? Desde mi punto de vista, sí lo ha sido, en tanto que partió de la pretensión de resignificar y transformar la ciudad, convirtiéndola en un impulso para encaminarse hacia otro futuro pensado como mejor. En otras palabras, diría que la utopía no está forzada a no existir, sino a perseverar en su posibilidad de ser.

La utopía ¿una interrogación?

Una de las reflexiones y dudas del público hizo referencia a la naturaleza incierta de la utopía, formulando el siguiente interrogante: ¿La utopía puede convertirse además en una interrogación de lo que se quiere construir?

A pesar de que podría resultar la pregunta podría resultar algo tautológica, en el sentido que toda utopía es incierta empezando por su definición como no lugar, los ponentes compartieron las siguientes reflexiones: Sébastien Marot afirmó que la utopía suele compartir una interrogación con los demás y es una imagen de futuro colectivo. La utopía significa una representación del mundo que se construye en conjunto. Y, parafraseando a  Benoit d’Almeida, la utopía fábrica un imaginario que siempre es colectivo.

Por otra parte, Marcel Hénaff ponente del Festival y asistente de la sesión, hizo un comentario dirigido a Sébastien Marot sobre las diferencias entre una aproximación declarativa (deducción de principios y sus consecuencias) y una aproximación procedimental (pragmatismo) y, como piensa él, está más manifiesta la aproximación declarativa en el caso expuesto de Berlín, aunque también se integre una parte metodológica del cómo. Precisión con la que estuvo de acuerdo Marot. No obstante, debe recordarse que en el manifiesto Berlin: un Archipiélago Verde se conjuntan ambas miradas.

Catalina Villarraga Pico. Politóloga de la Universidad del Rosario de Bogotá y Maestra en Urbanismo de la Universidad Nacional Autónoma de México. Trabaja en temas de espacio público, democracia urbana y sustentabilidad.


1 Une utopie de décroissance? The City in the City/Berlin: A Green Archipielago. Genèse d’un Hopeful Monster

2 La Garden City un utopie transcendée