Estudiando las ruinas de los mayas o los aztecas se puede decir que fueron de las grandes civilizaciones de la humanidad. En el futuro, ¿qué podrá concluirse sobre nuestras ruinas? Esta es la pregunta que hace la escritora francesa Fanny Taillandier en su segunda novela, Les états et empires du lotissement grand siècle: archéologie d’une utopie (Los estados e imperios del fraccionamiento gran siglo: arqueología de una utopía). En esta ficción experimental post apocalíptica (ganadora del premio literario francés Virilio 2016), personas provenientes de una civilización nómada posterior a la nuestra narran una exploración arqueo-antropológica de las ruinas de un típico fraccionamiento estadounidense, que se sitúa en las afueras de Versalles, Francia, tipología basada en ideologías utópicas del siglo XIX. Lo que concluyen los nómadas sobre el fraccionamiento es que en realidad fue una distopía. Los fraccionamientos —los suburbs, los banlieues pavillonnaires— se han vuelto un fenómeno internacional. ¿Los nómadas concluirán lo mismo sobre los fraccionamientos de México? ¿y en los de Estados Unidos? ¿Deberíamos de parar de reproducirlos? Este texto reseña la novela, abordando los temas principales explorados por los nómadas —los procesos de producción de espacio que dan forma a los fraccionamientos, y las problemáticas inherentes en aquellos espacios— desde una perspectiva urbanística transnacional (Francia, EE. UU., Canadá, México) para meditar sobre el fraccionamiento y sus externalidades y enfrentar la pregunta, ¿cómo sería un utopismo urbano para el siglo XXI?

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Ilustración: David Peón

Lectura nómada del fraccionamiento

El paisaje en cuestión, epítome del sueño americano como exportación cultural, empezó con el modelo Levittown del promotor William Jaird Levitt en los EE. UU. de la posguerra. Los que no lo conocen de vista lo conocen por su ubicuidad en las imágenes de la televisión y el cine: viviendas unifamiliares iguales, producidas en serie, con entrada y garaje, con gran margen en donde se encuentran pastos, las casas separadas sin cercas, las calles curvilíneas que llevan a privadas, todo diseñado con planes maestros rodeando quizás un parque, quizás una alberca, un centro comunitario — sin tiendas, sin supermercados, comúnmente sin banquetas, en medio de un mar de autopistas. Los nómadas reflexionan, perplejos, sobre su cualidad laberíntica, sus techos idénticos, sus materiales de baja calidad. ¿Qué creencias produjeron esta forma de espacio de vivienda? ¿A qué rendían culto sus habitantes? Empiezan a avanzar hipótesis. 

Parque Residencial de Lésigny, primer fraccionamiento en Francia y Europa

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Fuente: Google Earth (48°44’21.12" N   2°36’07.53" E)

Los nómadas analizan las formas arquitectónicas y urbanas del fraccionamiento y los artefactos encontrados dentro de sus casas, e interpretan las creencias y modos de vida de la “civilización sedentaria” que vivió en ellos. Su análisis marxista es informado por unas de las grandes obras sociológicas críticas de los siglos XX-XXI, La sociedad del espectáculo de Guy Debord y La sociedad del consumo de Jean Baudrillard, por nombrar las más influyentes. Como tal sus reflexiones sobre la civilización sedentaria tratan de temas como la búsqueda de la felicidad por medio de objetos materiales, la producción siendo un fin en sí mismo, y la preponderancia del mundo de las apariencias. A través de esta óptica, leen el retrato de la civilización tejido por Taillandier a partir de documentos y referencias históricas, literarias y de la cultura pop de los siglos XVII, XX y XXI. Los investigadores postulan que el paisaje fue diseñado para apoyar los valores preciados de la civilización sedentaria de la productividad y la eficiencia, y observan que la hipótesis es congruente con la historia de la tipología.

El fraccionamiento Levittown tiene sus antecedentes en la Ciudad Jardín, Garden City, de Ebenezer Howard, concebida a finales del siglo XIX (aunque Taillandier nos señala un paralelo más histórico con los exploradores franceses del siglo XVII, lo cual se observa en los deseos de establecer nuevos pueblos idílicos en tierras vírgenes). La Ciudad Jardín propone establecer nuevos pueblos que serían satélites de la ciudad —limpios, rodeados de espacios verdes, un tipo de utopía pragmática. Esta idea básicaes retomada por Levitt (aunque estas ciudades requerían algo de industria para que fueran auto-sostenibles no es retenido). Taillandier nota cómo Levitt innova el concepto para el siglo XX al integrar los procesos de producción en serie del fordismo, apto para la época de producción masiva de la posguerra, lo cual contribuye al éxito total, en términos de su diseminación, del modelo. Sea Ciudad Jardíno Levittown, los nómadas observan bien que la raíz del modelo del pueblo satélite es el principio de la separación funcional del espacio, fundamento básico del modernismo que ha formado la ciudad del siglo XX. Reflexionan sobre lo penetrante que es en la noción de utopía del fraccionamiento el concepto de la separación funcional: son lugares que respetan cierta imagen de la pureza, higiene, y felicidad, en donde solo hay buenas familias con una estructura nuclear,1 y ni la muerte se encuentra (no hay cementerios en el fraccionamiento).

Pero, como hemos visto en obras de disciplinas diversas, el sueño americano tiene sus defectos, el fraccionamiento sus deficiencias, y por lo mismo los nómadas de Taillandier concluyen que la vida en el fraccionamiento fue la distopía social (aunque hoy se venda como una utopía). Para llegar a esta conclusión, apoyan su análisis marxista con la lectura de recuentos dejados por sus residentes en formato video, anotaciones en diarios, cartas entre residentes, y un reporte de investigación. Las historias que cuentan hacen eco a tropos de películas y series de televisión muy conocidas, podemos pensar en los de American Beauty, Desperate Housewives, o Weeds. Se habla de la tensión que pone en evidencia el carácter opresivo del mundo de las apariencias: vecinos que parecen tener vidas perfectas cuando en realidad tienen vidas privadas muy oscuras —mujeres que matan a sus esposos maltratadores, hombres con vidas sexuales secretas, adolescentes con tendencias homicidas causadas por el aislamiento social del fraccionamiento. ¿Será que Taillandier recurre a los clichés para hablar de su ubicuidad? Y, considerando aquella ubicuidad, ¿la absurdez de seguir reproduciendo el mismo modelo?

Perspectivas urbanísticas transnacionales

Así es que desde una perspectiva urbanística, la narrativa distópica que encuentran los nómadas de Taillandier, plantea la interrogante, ¿deberíamos de seguir construyendo espacios de vivienda así? Primero hay que enfrentar un par de suposiciones implícitas en ella. ¿La vida en el fraccionamiento es verdaderamente distópica? Y, ¿acaso todo fraccionamiento es igual? Habría que considerar algunas perspectivas académicas y literarias sobre los fraccionamientos de EE. UU. y México para mejor entender el panorama que se examina.

Suburbio en Chicago, Estados Unidos

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Imagen: Scorpions and Centaurs/Flickr.

En varios lugares de EE. UU., el modelo de nueva comunidad basada en un plan maestro con casas unifamiliares, el suburb, ha sido de los modelos de desarrollo urbano más reproducidos, y sus repercusiones sociales y ambientales diversas han sido bien estudiadas. Sin embargo, el efecto negativo más estudiado del fraccionamiento es el urban sprawl, o el crecimiento urbano descontrolada de desarrollo urbano de baja densidad que hace extenderse la mancha urbana hacia zonas no previamente urbanizadas en la periferia de la ciudad. Los académicos citan diversas externalidades negativas socio-ambientales de este patrón de desarrollo: el aumento de kilómetros recorridos por vehículos, aumentos en el consumo de energía, la contaminación del aire, los costos de la infraestructura y los servicios públicos, la pérdida de tierras productivas, impactos negativos sobre los centros de las ciudades (Ewing, 1997). En un estudio sin precedentes publicado por Smart Growth America en 2002, los investigadores hicieron una revisión exhaustiva de la literatura sobre los efectos negativos del crecimiento urbano descontrolado. Concluyen que del lado social el sprawl ha sido vinculado a la inactividad física, la obesidad, las muertes por accidentes de tránsito, una falta de capital social y aumentos y más tiempo pasado en el viaje diario al trabajo (Ewing et al, 2002). Un fenómeno también presente en México (Medina, 2012 y 2013). La alta cantidad de externalidades negativas, y la sugerencia que hay un efecto negativo sobre el capital social parecerían corroborar los hallazgos de los nómadas (aunque sin llegar a la afirmación extrema de la ficción).

Pero no todos están de acuerdo con el retrato distópico del fraccionamiento. En su trabajo innovador Edge Cities: Life on the New Frontier (1991), Joel Garreau identifica nuevos nodos de actividad económica, comunidad y cultura. Y no es el único. Historiadores, urbanistas y escritores de ficción también están ajustando sus críticas a las realidades de la ciudad posmoderna.2 Están reconociendo que tanto hoy como en la época posguerra, los residentes de los suburbs son y eran mucho más diversos de lo que se aparentaban, tanto en sus niveles socio-económicos como en sus estilos de vida (Harris, 2004). Reciente investigación sobre la etnización de los suburbs nos lo confirma; ahora hasta los barrios chinos empiezan a encontrarse en zonas periféricas. Para ser transparente tengo que admitir que mi experiencia personal, siendo nativa de Calgary, Canadá, ciudad compuesta casi enteramente de desarrollo tipo suburbs, apoya la tesis de que los fraccionamientos no son tan malos como se pintan.3 Retratar el fraccionamiento como distopía social es sumamente reductor y anticuado.

En México también vemos que el panorama es más complejo. Es tentador señalar los casos infames de ciudades de lujos separados con muros de los barrios más pobres del país para apoyar la postura que los fraccionamientos de alta gama, en su afán de comprar la vida utópica, tampoco sería una caracterización rigurosa del fenómeno del fraccionamiento. De entrada hay que distinguir que la tipología tiene grandes diferencias con las de Canadá y de Francia, tanto en su forma física como en la historia de sus procesos de producción. Una diferencia central es que en México, a comparación de Canadá, EE. UU. y Francia, la tendencia es de encerrar el fraccionamiento por muros o vallas.4 La preocupación de seguridad en este contexto es la primera pista de las diferencias culturales y la necesidad de entender el contexto. Otra diferencia es que en la época de la posguerra, cuando estaba explotando la propiedad privada en Canadá, EE. UU. y en menor grado Francia (Stanilov y Scheer, 2004), México seguía regido por muchas leyes y políticas de tierras y viviendas colectivas y estatales. Mientras hubo dos antecedentes importantes del fraccionamiento al estilo estadounidense en la época posguerra, el de Jardines de Pedregal y Ciudad Satélite en las periferias sur y norte de la Ciudad de México, fueron casos bastante aislados hasta los ochenta y noventa (Herzog, 2015). En los años noventa en México sucedieron dos cambios significativos: 1) transformar al INFONAVIT de institución que produce la vivienda en institución que financia la vivienda, y 2) permitir que se vendieran las tierras ejidales, lo cual abrió mucha tierra fértil para la urbanización en zonas periféricas de la ciudad. Fue hasta entonces que el fenómeno de comunidades con planes maestros explotó. Estos nuevos desarrollos, a diferencia de los fraccionamientos encerrados que se construyeron anteriormente, se destinan a varios niveles socioeconómicos. Lejos de ser idílicos, estos lugares también sufren de problemáticas de acceso a transporte, a bienes de consumo diario y a distritos laborales (Herzog, 2015). Lo que queda claro es que al empezar a arañar la superficie vemos muchas diferentes realidades, necesidades y resultados dentro del modelo de desarrollo de fraccionamientos suburbanos de casas unifamiliares.

Desarrollo habitacional, Los Héroes, Ixtapaluca, Estado de México

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Foto: Google Earth (19°18’13.61" N  98°53’49.13" O ).

Otro tipo de utopía

La lectura de los nómadas de Taillandier es estimulante y sugerente, pero reductora, no reconociendo los matices de las realidades actuales de los fraccionamientos, ¿tal vez un defecto de los métodos de análisis de los nómadas? ¿Hubieran hecho una encuesta? ¿Qué concluirían sobre los fraccionamientos habitados en su mayoría por inmigrantes? Quizás aplicar un análisis marxista al epítome del sueño americano es también evadir las preguntas más complejas de la ciudad posmoderna. Aún así Taillandier nos muestra que el análisis social hecho hace décadas tiene puntos muy pertinentes que es imperativo abordar. Frente a ese hecho y al panorama que descubrimos ¿Cómo interpretar tantos paisajes que se parecen tanto y para nada? ¿Cómo generar recomendaciones para responder a las problemáticas obvias del crecimiento urbano descontrolado, causado por la propagación de la tipología, que no niegan las realidades vividas de sus residentes ni los contextos culturales y políticos particulares? Y, central a nuestro tema, ¿buscar soluciones a los problemas del modelo indica el fracaso del utopismo?

En su exploración del utopismo urbano en los siglos XIX-XX, Quasi Utopia: Perfect Cities in an Imperfect World, el geógrafo Dennis Hardy reflexiona que aunque se haga de diferentes maneras, el urbanismo en su esencia es un ejercicio en utopismo: estamos imaginando una ciudad más idílica e intentando mejorar la calidad de vida de sus residentes. Él, como muchos urbanistas y teóricos de la ciudad posmoderna, nos orienta hacia el libro pionero de Leonie Sandercock, Towards Cosmopolis: Planning for Multicultural Cities (1998) para resolver muchas de las dudas mencionadas. Sandercock repudia el utopismo modernista de los siglos XIX-XX, y suplica un utopismo con un enfoque en procesos de producción colaborativos de la ciudad, con sus residentes de diversos orígenes y perfiles económicos. Propone que demolamos los pillares del modernismo —el racionalismo, la globalidad, la objetividad científica, el proyecto de futuros dirigidos por el estado y la noción del interés público— y remplazarlos con los conceptos de  justicia social, ciudadanía, comunidad y públicos mútliples. Taillandier señala bien la necesidad de un cambio de paradigma. Yo creo que el ensayo investigativo de Sandercock puede ser nuestra guía en cómo hacerlo, sin descartar la esperanza de una ciudad ideal.

 

Georgia Johnson es urbanista por la Université de Montréal en Montréal, Canadá y miembro de la Cátedra canadiense de investigación en urbanismo sostenible en el sur global.

Bibliografía

• Ewing, R. (1997). Is Los Angeles-Style Sprawl Desirable? APA Journal, Winter, 107-126.

• Ewing, R., Pendall, R. y Chen, D. (2002). Measuring Sprawl and its Impact. Smart Growth America.

• Garreau, J. (2011). Edge city: Life on the new frontier. Anchor.

• Hardy, D. (2000). Quasi Utopias: Perfect cities in an imperfect world. Urban Planning in a Changing World, Routledge, London, 61-78.

Harris, R. (2004). Suburban Century: Social Change and Urban Growth in England and the USA. Reviews in History, 388.

• Herzog, L. (2014). Global suburbs: urban sprawl from the Rio Grande to Rio de Janeiro. Routledge.

• Medina Ramírez, Salvador & Veloz Rosas, Jimena. (2013). Desarrollo orientado al transporte: regenerar las ciudades mexicanas para mejorar la movilidad. México: ITDP.

• Medina Ramírez, Salvador. (2012). La importancia de la reducción del uso del automóvil en México. México: ITDP.

• Sandercock, L. (1998). Towards cosmopolis: Planning for multicultural cities. Chichester, England: J. Wiley.

• Stanilov, K., y Scheer, B. C. (2004). Suburban form: an international perspective. Psychology Press.

• Taillandier, F. (2016). Les états et empires du lotissement grand siècle: Archéologie d’une utopie. Presses Universitaires de France : Paris.

Este texto es parte de una serie que discutirá las visiones utópicas y distópicas de las ciudades, como parte de la colaboración entre la Embajada de Francia, el Instituto Francés de América Latina, la Agencia Francesa de Desarrollo y Nexos para el festival ¿Y mañana, la ciudad? Festival franco mexicano de utopías urbanas.


1 En su introducción, Taillandier nota que Levitt era abiertamente racista en su idea de quiénes habitarían el fraccionamiento.

2 Ver Suburban Century (2002) de Mark Clapson, Picture Windows: How the Suburbs Happened (2000) de Rosalyn Baxandall y Elizabeth Ewen, Twentieth Century Suburbs: A Morphological Approach (2001)de Jeremy Whitehand y Catherine Carr o White Teeth (2000) de Zadie Smith.

3 Aunque no defiendo la tipología y apoyo nuevos modelos de crecimiento, anecdóticamente identifico que hay una diversidad de vidas y tipos de comunidades que habitan esta forma urbana.

4 Cabe señalar que en EE. UU. y en Canadá (aunque menos en este último), existe la tipología del fraccionamiento encerrado por un muro, el gated community, pero es un subgrupo específico del suburb, no la tendencia.