En México existen 33 monumentos reconocidos por la UNESCO como patrimonio mundial cultural o natural. Tres de ellos se encuentran en la Ciudad de México: 1) Xochimilco/Centro de la Ciudad, proclamado en 1987; 2) el Casco Central de Ciudad Universitaria de la UNAM en el 2007,1 y 3) La casa de Luis Barragán, proclamada en el 2004. Este artículo hablará sólo de los primeros dos, que son los que cumplen edades de inflexión: Xochimilco/Centro de la Ciudad con sus 30 años y el casco central de Ciudad Universitaria (CU) con 10. Después de tres décadas, se va dejando la juventud y se va entrando a la madurez, mientras que a los 10 años se comienza a dejar la niñez para ir viendo los primeros visos de la preadolescencia. Es por ello que las tres décadas de Xochimilco y los dos lustros de la UNAM nos deben de llevar a una reflexión sobre qué significa contar con estos patrimonios dentro de la ciudad.

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Una condición especial en el nombramiento de Xochimilco/Centro de la Ciudad se basa en el vínculo indisoluble entre ambos en cuanto a este reconocimiento. Se han hecho intentos de divorciarlos, manteniendo su estatus de patrimonio mundial, que han fracasado. Su carácter de conjunto tiene varias implicaciones. Una de ellas se basa en el constante peligro en el que se encuentran de perder su nombramiento en la UNESCO. Este peligro ha sido a causa de Xochimilco, pues gran parte de la atención y recursos de mantenimiento se han  posado en el Centro Histórico, sólo en estos meses recibió 150 millones para restaurar el Zócalo. Por el contrario, el humedal donde habitan las chinampas ha estado sin cuidado, estructura institucional o financiamiento.  Xochimilco es como el jardín trasero al que se le da poco mantenimiento y nula atención. Esto provoca urbanización, destrucción ecológica y de la cultura. Un análisis espacial realizado en su vigésimo aniversario sugiere que si la tasa de urbanización de esas primeras dos décadas se mantenía, no quedaría nada de Xochimilco para el año 2050 (Merlin-Uribe, 2012). Posteriormente, la Comisión de Derechos Humanos del Distrito Federal emitió una recomendación al gobierno de la ciudad en 2012 sobre la violación del derecho humano a un ambiente sano por la destrucción de Xochimilco. Esta recomendación indica que las instituciones de gobierno local no estaban evitando la urbanización ni el deterioro. Esto no ha pasado inadvertido ante los ojos de la UNESCO, que constantemente envía misiones que buscan soluciones al deterioro de Xochimilco. La respuesta del gobierno durante estas tres décadas ha sido, en sus mejores momentos, tibia.

Con todo y sus peligros, Xochimilco está reconocidos como Área Natural Protegida y es sitio designado bajo la Convención de Ramsar para protección de humedales. Así, un Xochimilco reconocido y amenazado se apresta a cumplir sus 30 años de estar en el selecto club de patrimonio mundial de la UNESCO atado a su hermano el Centro de la Ciudad de México, el cual goza de cabal salud… y recursos.

Por su parte, Ciudad Universitaria es una ciudad que vive de día con cerca de 300 mil personas, 23 mil taxis y 47 mil automóviles particulares. Pero que, literalmente, se cierra durante las noches y en los días festivos. Esto no ocurre en ninguna ciudad en el mundo. Otra peculiaridad del campus central de la UNAM es la autonomía de la universidad evita que la policía vigile dentro de sus linderos (que probablemente no haría mucha diferencia en las condiciones actuales) y, por lo tanto, cuenta con seguridad propia para resguardar las 723 hectáreas de extensión. También es el único campus central del mundo que tiene una reserva incluida y que ocupa un tercio de su territorio. Aún cuando la Reserva del Pedregal no está en la declaratoria de la UNESCO, este ecosistema es el que le da la característica de paisaje a CU. Al campus ya se le acabó su reserva territorial, puesto que la mayoría del espacio está ocupado por edificios, jardines, estacionamientos, campos deportivos. De tal forma que las 237 hectáreas de Reserva reciben mucha presión de universitarios de toda índole para ocuparla con edificios, campos deportivos, o altares a la Virgen de Guadalupe. Sin embargo, es necesario recordar que las Áreas Naturales Protegidas se crearon justamente para estos momentos, cuando ya no hay espacio y se tiene que resguardar el sobrante para la naturaleza.

Ciudad Universitaria está dentro de la Ciudad de México, con la que tiene una intensa interacción. Con todas estas características, este campus de la UNAM tiene que afrontar los problemas como movilidad, deshechos, energía, narcomenudeo, crecimiento, y robos a transeúntes y a institución. La UNAM tiene que resolver todos estos problemas a la vez que debe de mantener su nombramiento de la UNESCO y su compromiso en la protección del espacio destinado a la Reserva del Pedregal.

Update UNESCO

Al saberse dueña de estos baluartes, la UNAM voluntariamente se comprometió a proteger el casco central de CU como patrimonio mundial y la Reserva del Pedregal. Por lo que aún cuando es más complicado manejar un territorio tan complejo con circunstancias tan especiales como CU, honrar los compromisos que generó la propia universidad le ayudan a reducir la tentación en el canto de las sirenas de la construcción y a reflexionar sobre los errores cometidos, como por ejemplo el Edificio H de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales.

En ambos casos, Xochimilco y CU, los compromisos realizados con la UNESCO hace 10 y 30 años cobran relevancia cada día para conservar el patrimonio cultural y natural de país frente a una creciente presión de crecimiento. Es fácil añorar los tiempos en los que estos compromisos no existían y las necesidades de crecimiento se cumplían con la formas tradicionales de construcción, donde un gran terreno los esperaba sin cumplir reglamentos, permisos o regulación. Así se urbanizó gran parte de Xochimilco y CU fue cubriendo sin detenerse todo su terreno de crecimiento. No obstante, en los últimos años la ciudadanía está cada día más activa para la defensa de la naturaleza y la cultura. Los ciudadanos buscan participar en la toma de decisión que consideran, en muchas ocasiones, sesgada. Esto todavía complica más la toma de decisión, pues ahora se debe de considerar diferentes puntos de vista, no sólo los directamente beneficiados por una construcción.

Aplicar las formas tradicionales de decisión a las dinámicas modernas con los problemas actuales, casi siempre generan resultados en donde todos pierden. Estas formas tradicionales generan estancamiento, destrucción e insatisfacción social.

Por estas razones muchos tomadores de decisión y constructoras ven como un estorbo a este tipo de compromisos con la UNESCO y a la sociedad civil que los defiende. La alternativa es abrir la discusión sobre las necesidades y las posibilidades de desarrollo. Una discusión ordenada con todos los actores de la sociedad, que puede avanzar de mucho mejor manera que las decisiones verticales tradicionales.

Los compromisos generados por ser patrimonio de la UNSECO o establecer una reserva visten mucho a las instituciones y dan pie a los festejos. Aunque después de la fiesta, en la resaca, estos compromisos pueden verse como un fastidio, pues reduce el margen de maniobra para el manejo de un territorio. Romper atavismos es complicado puesto que los tomadores de decisión no quieren perder el control y la ciudadanía no quiere tomar la responsabilidad. Para estos últimos es más fácil quejarse ante el error generado ante una mala decisión tomada de manera vertical. De igual forma, se puede ver como una oportunidad para incorporar nuevas formas de tomar decisión de cara a la sociedad donde se pueden obtener mejores ideas. Los nombramientos patrimoniales de la UNESCO en la ciudad pueden ser una ayuda para la conservación de todos esos beneficios que en el corto plazo son atropellados por la necesidad de construcción, pero que en el largo plazo nos dan en soporte para nuestra identidad como ciudad y como país.

Luis Zambrano es investigador del Instituto de Biología y Secretario Ejecutivo Reserva Ecológica del Pedregal de San Ángel, UNAM.


 1 El área reconocida por la UNESCO en el campus de la UNAM, abarca sólo el casco central, que fue el que históricamente diferentes arquitectos trabajaron durante los cincuenta para hacer un campus donde todas las carreras se comunicaran. En el mapa está en punteado lo que la UNESCO reconoce como patrimonio y que lo divide en tres zonas.

Referencias

Merlín-Uribe, Y., A. Contreras-Hernández, M. Astier-Calderón, O. P. Jensen, R. Zaragoza & L. Zambrano. 2012. Urban expansion into a protected natural area in Mexico City: alternative management scenarios. Landscape and Urban Planning. 56 (3): 398-411.