Lo que hemos visto estos últimos días ha sido la reapropiación de la ciudad por parte de sus habitantes. Los trompos de tacos al pastor en plena calle apoyando a los rescatistas, los ferreteros donando todo su inventario para lo que haga falta y todos los ciudadanos volcados a la calle para ayudar. De hecho, el tsunami de ayuda de los primeros días también ha generado dificultades en la organización y la “logística comunitaria”, como muchos hemos atestiguado.

Eso no ha cambiado desde el sismo del 85.

En el 85 la ciudadanía tomó las riendas porque el Estado se quedó pasmado, ahora está tomando las riendas porque se sabe capaz de enfrentar el reto. Cada uno desde su trinchera todos buscamos la forma de ayudar. Los “geeks” generan bases de datos que redirigen el apoyo a donde se necesita con #Verificado19s, los albañiles apoyan con sus manos y su sabiduría, los restauranteros regalan comida, los ingenieros y arquitectos asesoran y revisan, los vecinos y universitarios se juntan para llevar picos, palas, tortas y ofrecen albergue, los dueños de las constructoras envían cuadrillas, los ciclistas y los motociclistas se prestan para llegar hasta donde los autos no alcanzan y a verificar la información que circular.

Lo que sí cambió ha sido la intervención del Estado, que en el 85 se tardó en reaccionar y ahora ha sido más activa, mas no tan eficiente como hubiésemos esperado. La desorganización en los diferentes órdenes de gobierno ha sido evidente para todos los que hemos estado trabajando estos días. Parte de lo que se anuncia como apoyo gubernamental es más un cascarón que la realidad. En algunos casos pareciera que el estado no cuenta con capacidades de coordinación y tienen una nula voluntad de compartir información. El resultado es que las computadoras en los gobiernos son utilizadas como sofisticadas máquinas de escribir, están vetadas como herramientas para generar, compartir y divulgar la información necesaria en tiempo real. Las redes que la sociedad está utilizando para hacer más eficiente la ayuda no son para este gobierno que por conveniencia todavía viven en la época pre-Steve Jobs.

Además, uno de los mayores problemas del gobierno de esta Ciudad es que ya no tenemos Jefe de Gobierno, tenemos un precandidato de facto que con el sismo no ha podido levantarse de la silla de poder. Por lo que todas sus acciones pueden tener un tufo electoral, o huelen a posibles boicots en la búsqueda algún fracaso.

Y es que ganarse la confianza de la sociedad se ha vuelto un obstáculo insalvable de la política actual. Es común confiarle a un vecino o incluso un desconocido la despensa recién comprada para que llegue a una zona afectada por el sismo, pero si interviene el gobierno –cualquiera que este sea-, se duda del su destino final. El gobierno también desconfía de la sociedad; no le gusta perder el control de la nave aunque no sea capaz de dirigirla en época de crisis. Tampoco distingue entre activismo sin partido y enemigos políticos que le quieren quitar el cargo. Así que en el 17 la intervención gubernamental ha sido mucho más activa, no sin estar exenta de problemas.

Quizá la respuesta de la clase política se debe a que se sienten incómodos ante el desastre. Ninguno se mueve mucho para que no lo acusen de oportunista. Se acabaron los tiempos en donde la ciudadanía sólo veía el cascarón gubernamental y aplaudía a un presidente con su primera dama haciendo cadena humana cargando cajas con sendos logos del DIF. Es complicado hacer cosas sin que los acusen de utilizar la tragedia para uso personal. Por eso, cuando ven una grieta de oportunidad se lanzan con todo a buscar su pedazo de pastel. Si se trata de una iniciativa en donde otro partido dice que quiere donar parte del dinero a la reconstrucción se acusa de populista. Sin embargo, si lo hace el propio partido los auto-halagos no se hacen esperar, sintiéndose próceres de la nación al compartir el dinero con la gente, dinero que viene de la misma gente.

En los días posteriores al sismo, cuando comienza la transición de la emergencia a la reconstrucción, afloran las peleas y la desconfianza entre ciudadanos y gobierno y entre gobiernos. Las acusaciones de corrupción no se hacen esperar,  muchas fundamentadas. En esos momentos es necesario no dejar de mirar el faro de necesidad de reconstrucción que es el que a todos nos debería de guiar. Ahora es cuando se tienen que construir los lazos de confianza entre los sectores para una reconstrucción sustentable. Los ciudadanos lo estamos haciendo, ojalá y el gobierno se sumara. Sin embargo, parece no ser así, pues apenas este fin de semana el gobierno local comienza a circular una aplicación que recauda información sobre fallas estructurales en las construcciones, pero que sus datos podrían no ser públicos, como sí lo hace la red generada por la sociedad.

Debido a que los ciudadanos estamos retomando el espacio que nos pertenece es necesario comenzar a reflexionar sobre las lecciones que nos han dejado los sismos. Una de ellas es la contundente prueba de que la movilidad tiene que ser mucho más heterogénea que la promovida por el carro-centrismo. Los autos y camionetas son útiles para llevar cargas pesadas, aunque también generaron caos vial y no pudieron llegar a todos lados. Los ciclistas y la gente a pie son más del 80% de la movilidad en situaciones normales, son los que están llegando a sitios en los que los autos no lo lograron.

Otra lección aprendida desde el 85 es la necesidad de una vigilancia estricta de a dónde se envía el cascajo de los derrumbes. En el 85 las áreas naturales fueron el receptáculo favorito. Xochimilco, entre otros lugares, recibió toneladas de cascajo que destruyó el fondo de sus canales y con eso el hábitat de muchas especies acuáticas. A la fecha se puede sentir el cascajo en el lago del Parque Ecológico de Xochimilco. No podemos permitir que nuestras mermadas áreas verdes sufran un nuevo embate a causa de la mala planeación en la reconstrucción de este sismo.

Una tercera lección es que los ciudadanos tenemos que intervenir activamente en la discusiones que se están llevando ahora en la ALDF sobre los planes de ordenamiento ecológico y territorial (POET) de desarrollo urbano (PGDU) y los planes parciales de las delegaciones. La vulnerabilidad de los temblores se obvia en estos reglamentos como si fuera lo mismo el centro de la ciudad que la zona del pedregal. Estos planes serán clave en la respuesta de la ciudad en los sismo por venir.

Este asalto a la Ciudad por parte de los ciudadanos sugiere que el sismo del 17 (como el del 85) será un parteaguas en la vida social de la ciudad. Es necesario que uno de estos cambios sea la relación tan deteriorada que tienen las constructoras, inmobiliarias y otros relevantes con los capitalinos. El actual vínculo de este gobierno con las constructoras, los apoyos y los halagos en sus discursos, les hizo creer que ellas eran las arquitectas de toda la ciudad. Que sin ellas la ciudad no tendría desarrollo. Con el discurso comprado, las constructoras se asumen en un papel de grandes benefactoras, no aceptan las críticas vecinales, y se sienten con derecho a violar reglamentos de construcción y uso de suelo, o tirar el agua al drenaje; suponen que sin ellos se acaban las inversiones y el desarrollo. No obstante este discurso dista de la realidad, ya que sus construcciones generan problemas urbanos, destruyen el tejido social, promueven inseguridad, aumentan los problemas hídricos y generan vulnerabilidad ante los temblores. Con su discurso y sus acciones, las constructoras se alejaron de la sociedad que las mira con desconfianza, como mira al gobierno.

Cuando la cuenca de México pone a prueba la naturaleza humana de los capitalinos nos damos cuenta de que la ciudad no la hacen las constructoras ni los propios gobiernos. La construimos todos los ciudadanos, incluyéndolos a ellos, que respondemos sin cortapisas para sanar las cicatrices de un temblor de 7.1 grados. La ciudad es mucho más que sus edificios. Estos pueden colapsar, pero la voluntad de los capitalinos no la destruye ningún fenómeno natural.

La ciudad es tejido social, es seguridad, es movilidad, es alimentación, es agua, son parques, es el barrio, es biodiversidad, es suelo, son mercados, es cultura, es la confianza y es muchas cosas más. Sus construcciones son sólo una muy pequeña parte.

Por ello y porque la amamos, nosotros los ciudadanos somos los que día a día construimos la ciudad.

Luis Zambrano es investigador del Instituto de Biología y Secretario Ejecutivo de la Reserva Ecológica del Pedregal de San Ángel, UNAM.