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No creí tener la necesidad de sacar mi licencia en uno de los países que más fomenta el uso de la bicicleta y cuenta con uno de los transportes públicos más efectivos del mundo (Japón), hasta aquel 11 de marzo del 2011 en donde cambió todo mi panorama.

Soy una mexicana que lleva 4 años viviendo en una pequeña ciudad al noreste de Japón, Soma Fukushima. Con la llegada del tsunami las vías del tren fueron tragadas por el mar, por lo que ahora algunos trayectos se tiene que hacer en camión o automóvil.

Además, pronto me convertiría en madre y pensé que seria momento de sacar mi licencia. Algunos amigos extranjeros, en su mayoría estadounidenses, me decían que el examen era muy difícil, pero que después de hacer la prueba un par de veces y ya tener la experiencia, podrías vencerla. Claro, desde la perspectiva de alguien que hizo un examen práctico en su país para obtener la suya.

En mi ciudad, el Distrito Federal, no hay examen práctico desde hace muchos años, supuestamente para evitar la corrupción, y aunque yo tomé clases de manejo por mi cuenta, esto a los japoneses obviamente no les importa.

En Japón hay dos formas de obtener la licencia, una como japonés y otra como extranjero. Como japonés tienes que cumplir 18 años, completar un curso de más de 50 horas entre clases teóricas y prácticas, hacer un examen práctico que consiste en completar un circuito dentro de la escuela de manejo y también fuera de ésta, para finalmente responder una prueba de 105 preguntas. El curso cuesta alrededor de 300,000 yenes (38 mil pesos aproximadamente) y el examen práctico cuesta 9,000 yenes (1,300 pesos aproximadamente), las veces que sean necesarias hacerlo.

Los requisitos como extranjero son únicamente tener tu licencia expedida por tu país, la cual será intercambiada por la japonesa y realizar la prueba práctica final y un examen teórico de 10 sencillas preguntas (disponible en todos los idiomas).

Cuando me decidí, reuní la papelería para mi examen con los datos que pude obtener de la página electrónica de la embajada de México en Japón (en ese entonces). Información que señalaba que mi licencia era válida y podría ser intercambiada solo haciendo los requisitos como extranjero. Hasta pagué un par de clases para extranjeros para conocer como seria el circuito.

Ya en las oficinas de transito me dieron a llenar una forma previa al examen que tenia, con letras chiquitas -mentir en esta prueba te traerá problemas con las autoridades de este país- así como la pregunta del millón: ¿Usted hizo examen practico en su país?

Respondí que no, con la verdad. Después de revisar mi forma se presentó un oficial y me pregunto que si mentí en el cuestionario, le dije que no. Esto me hizo quedar como mentirosa, pues al revisar la información que el gobierno mexicano le envió a Japón menciona que uno de los requisitos para obtener la licencia es el examen práctico.

Dado que me daba miedo que en el examen como extranjera me pusiera alguna prueba que me delatara que no hice examen en México, y me metiera en algún aprieto con las autoridades, decidí hacer el trámite como cualquier japonés, sin saltarme un solo paso.

No fue tanta la decepción de hacer el trámite que por lo menos lleva tres meses y que requiere mucho dinero, sino el hecho de que mi país le mintió a Japón diciéndole que sí hay examen práctico en la capital (y que tampoco hay en muchos otros estados).

Esto contrasta con otros países, como Filipinas, en la que la obtención de la licencia es la misma que en el Distrito Federal y es así por las mismas razones: evitar la corrupción. Aunque Filipinas sí le ha informado correctamente de esto a los japoneses.

Después de cumplir las horas requeridas y pasar a lo práctico, pude acceder al examen teórico, que en realidad es lo más difícil de todo, tanto para los extranjeros como para los japoneses. Hay jóvenes que llevan 10 o 20 veces y jamás lo han pasado; al parecer pasarlo a la cuarta no fue tan malo.

Irónicamente, a pesar del gran gasto económico que hice, el curso de manejo es sin duda lo mejor que pude haber hecho. Manejar en este país no es complicado puesto que todos cumplen muy bien con las reglas, lo complicado es borrar todas las malas mañas que tenia con 10 años de haber manejado en la capital mexicana con millones de paisanos que obtuvieron la licencia sin inclusive saber prender un motor.

Al querer evitar la corrupción de un trámite, se corrompe de otra forma, con gente que no sabe manejar creando sus propias reglas, pasándose altos, dando vueltas en lugares prohibidos, sobrepasando los límites de velocidad, y las autoridades aceptando mordidas para no levantar infracciones. También podríamos evitar ese tipo de corrupción si todos supiéramos las reglas de tránsito, así como seguramente miles de accidentes y muertes al año.

La persona que maneja en Japón es sin duda una con escrúpulos, correcta y responsable, siempre pensando en no afectar al otro. En Japón no se toca el claxon sino para agradecer al otro cuando se le da el paso. En Japón no se acelera cuando el semáforo está en amarillo, se baja la velocidad cuando un peatón o ciclista esta ceca de un cruce peatonal.

Sin duda un reflejo del país es la forma en la que su gente se comporta tras el volante, un reflejo de las instituciones que regulan el uso de los automóviles.

Liliana Pérez