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A finales de marzo, en Buenos Aires, se llevó a cabo un foro sobre la sección Latinoamericana del C40. Así se le denomina a un grupo de ciudades que buscan políticas para reducir los aportes de CO2 y enfrentar la vulnerabilidad frente al cambio climático. Tiene 10 años de vida, y comenzó con la iniciativa del entonces alcalde de Londres, Ken Livingstone. Hoy en día son cerca de 75 ciudades las que pertenecen a esta organización. La delegación mexicana que asistió al foro fue encabezada por el Jefe de Gobierno del DF, Miguel Ángel Mancera, escoltado por Tania Müller, Secretaria del Medio Ambiente y Cuauhtémoc Cárdenas, Coordinador de Asuntos Internacionales del Gobierno del Distrito Federal. El discurso inaugural estuvo a cargo del expresidente Felipe Calderón, ahora como el Jefe (Chair) de la Comisión Global de Economía y Clima (The Global Comission of Economy and Climate). El Jefe de Gobierno, Mancera, habló posteriormente como alcalde que recibirá la siguiente reunión latinoamericana del C40.

Durante estas presentaciones no había reporteros en las gradas, aun cuando se habían registrado, sólo se les permitió entrar a la conferencia de prensa, a la cual no se nos autorizó a los que asistimos como observadores. Puesto que sólo hay comunicados de prensa oficiales, me tomo la libertad de escribir mi interpretación sobre lo que se dijo ahí, en particular de los discursos de nuestros dos compatriotas que, por alguna razón, son vistos con cierto liderazgo en estos asuntos.

Los dos discursos contrastaron. Mientras que Calderón fue agresivo en los conceptos y acciones concretas en la sosteniblidad urbana, el de Mancera fue timorato y poco claro. No es de esperarse un gran discurso de alguien que comienza su participación diciendo que le cuesta trabajo hablar por el cambio de horario que tenemos con respecto a Argentina (me pregunto cómo le irá al Jefe de Gobierno estos días después de adelantar su reloj por el horario de verano). Estos dos años de su mandato me han dado la impresión de que el Jefe de Gobierno tiene poco interés en el tema del cambio climático, su actitud en el podio y un discurso muy vago poco refinado me lo confirmaron. Habló del compromiso que hizo la ciudad a reducir las emisiones de carbono y comentó que ya se había cumplido prácticamente un tercio. Más que los números, me llamó la atención la falta de información sobre cómo se realizaron estas mediciones en la reducción de CO2. Los supuestos para generar estos datos suelen ser muy engañosos. Por ejemplo, las Manifestaciones de Impacto Ambiental de las autopistas urbanas (que han proliferado en el DF a partir del segundo piso del Periférico construido por Andrés Manuel López Obrador) indican que estas construcciones reducirán las emisiones de CO2 puesto que los automóviles que circularían por ellas viajarían a una velocidad mayor que por otras rutas. Asumen pues, que el número de automóviles y viajes es estático y no está relacionado con la construcción de una nueva autopista, tampoco asumen los bloqueos a calles que generan tráfico durante los meses o años que la obra está en construcción. El supuesto básico de estas manifestaciones de impacto ambiental es que los automóviles que circulan por esas autopistas circularían por una ruta muy similar pero mucho más lento. Por ello, se atreven a dar cifras de reducción de CO2 a partir de autos que viajan más rápido. Pero sus cálculos no asumen el tráfico inducido, los cuellos de botella que se generan en las entradas y salidas, ni que estas autopistas promueven la utilización de más autos (como se ha probado en repetidas ocasiones) y que son responsables de la reducción de la velocidad promedio del automóvil en las ciudades. Por las cifras tan espectaculares y los planes de construcción del Jefe de Gobierno, es posible que su equipo utilizara los mismos supuestos que los de las compañías constructoras de autopistas para hacer los cálculos de los datos presentados en Buenos Aires.

Finalmente, el Jefe de Gobierno habló de la movilidad, indicando que mejorarla era la una de las prioridades de su gobierno, pero no dijo cómo. Siguiendo la misma lógica planteada arriba, su concepto de mejorar la movilidad puede ser construir el Deprimido Mixcoac y del Segundo Piso en el sur de la ciudad. Además, si sigue los pasos de su predecesor, es muy posible que estas obras se multipliquen después de las elecciones intermedias con proyectos como el viaducto elevado en Indios Verdes, así como la Supervía Oriente y el segundo piso sobre el Viaducto que están consideradas dentro del proyecto integral del nuevo aeropuerto. En el discurso se refirió poco al transporte público salvo para decir que había tenido un préstamo del Banco Mundial y del BID para hacer un plan maestro de movilidad y cambiar unidades de transporte. Pero este plan es mucho menos ambicioso al compromiso que firmó con el resto de los alcaldes esa misma tarde de ese en el que se comprometían a cambiar todas las unidades de transporte público para que fueran alimentadas con electricidad. Puesto que no dijo cómo se puede financiar este recambio, es posible que este compromiso sólo se quede en palabras, como lo fueron 12 de los 74 corredores de transporte comprometidos desde el 2006.

El discurso de Felipe Calderón, por el contrario, fue mucho más incisivo, con cifras claras a nivel mundial y con metas a corto, mediano y largo plazo en las ciudades. De esos discursos que puede dar un político con la libertad de no tener responsabilidad alguna, que ya no ocupa un cargo. Vale la pena aclarar sus resultados fueron muy magros cuando tuvo la oportunidad de hacer las acciones que ahora profesa. Calderón habló del crecimiento de automóviles en las ciudades como problema grave y de la necesidad de mejorar el transporte público. Pero en su administración nunca se actualizó el Programa general de Desarrollo Urbano, nunca se generó un proyecto de reducción del uso del automóvil a nivel nacional, tampoco estuvo trabajando con gobiernos locales para mejorar el transporte público de Guadalajara, Monterrey o México. Ni siquiera de su natal Morelia, donde el sistema de transporte público deja mucho que desear. Es posible que él pudiera hacer mucho, puesto que en este foro se dijo en varias ocasiones que uno de los problemas recurrentes en cambio climático es el financiamiento que no llega a las ciudades. De las pocas obras de transporte público que se le recuerdan esta la que junto a Ebrard inauguró al final de su sexenio: la Línea 12 del Metro, pero ya sabemos las consecuencias de eso.

El discurso del expresidente también tocó el tema del orden del territorio y de la necesidad de que se respeten los bosques y que debe de haber un programa de uso de suelo dentro de las ciudades. Pero durante su sexenio las cifras oficiales dicen que se perdieron alrededor de 150 mil hectáreas al año de bosques. El publicitado programa de reforestación dejó mucho que desear, pues se realizó sin un plan real, con una alta tasa de mortalidad, utilizando especies exóticas, y posiblemente reduciendo la variabilidad genética al utilizar clones (los llamados piecitos) en grandes cantidades.

Lo más representativo en lógica ambiental del discurso de Calderón se plasmó al principio de su discurso, en donde hizo énfasis que las cifras que iba a dar “no eran de ecologistas sino de ecónomos”, como si tuvieran más validez unos que otros. Bajo esta lógica habló de muchas propuestas de políticas ambientales como si fueran nuevas, a pesar de que todas han sido planteadas desde hace décadas por las personas que se preocupan por el ambiente (o como los llamó él: “ecologistas”), incluyendo las cifras económicas.

En el lado positivo de su discurso, sin importar el crédito de las ideas, es bueno observar que las ideas lo están tomando ya personas en diferentes círculos de poder y líneas de acción. Esto podría ser de gran ayuda en las mesas de negociación para realizar ciudades más sustentable. Sin embargo, no puedo despegarme del pesimismo que me han dado las experiencias del secuestro del discurso ambiental y de sustentabilidad que hacen las empresas que generan más impacto ecológico (llamado también “greenwashing”). Así, la visión comercial de costo/beneficio utilizado y plasmado en todo el discurso de Calderón sugiere que los objetivos se pueden desvirtuar en la búsqueda del negocio fácil usando la sosteniblidad como simple “marketing” sin que por ello se generen reducciones en la huella ecológica. Esperemos que este pesimismo sea infundado.

Terminando los discursos inaugurales se fueron casi todos los alcaldes y sólo los observadores nos quedamos a escuchar dos mesas de discusión, moderadas por el único alcalde en la sala, el de Sao Paulo (Fernando Haddad). El primero fue con base en la cantidad de dinero que las ciudades tienen para afrontar el cambio climático, y se discutió de lo complicado que es que las ciudades consigan financiamiento de las diferentes fuentes económicas. El segundo se basó en transporte público, en donde el secretario de movilidad de Buenos Aires (Guillermo Dietrich) dio como ejemplo los esfuerzos que se han hecho para hacer las sendas para bicicletas y las grandes avenidas como la de 5 de Mayo con Metrobús.

Para concluir, las ideas de Felipe Calderón en cuanto a la movilidad, el transporte público y el uso del territorio fueron muy buenas, pero es evidente que en la Ciudad de México vamos en sentido contrario con la urbanización de las zonas boscosas, la promoción de megaproyectos en zonas de importancia ecológica, los proyectos de construcción de vías para automóviles. Todos los días hay nuevos ejemplos de esta dislocación entre el discurso y los hechos. La pregunta es ¿cómo pasamos del discursos en los foros a los hechos de una ciudad con visión sustentable?

Luis Zambrano es investigador del Instituto de Biología y Secretario Ejecutivo de la Reserva Ecológica del Pedregal de San Ángel, UNAM.