En octubre de 2016 se llevará a cabo en Quito, Ecuador, HABITAT III, tercera conferencia de las Naciones Unidas sobre vivienda y desarrollo urbano sostenible, con el fin de lograr acuerdos políticos a nivel mundial que guiarán las políticas de desarrollo urbano durante los siguientes 20 años. Un objetivo ambicioso dada la enorme importancia que las ciudades tienen hoy día a nivel mundial pues concentran alrededor de la mitad de la población del mundo, generan el 70% de las emisiones de Gases de Efecto Invernadero (GEI) y concentran más del 60% del PIB mundial.

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Como antecedente, esta conferencia se realizó por primera vez en 1976 en Vancouver, Canadá, en la cual se reconoció que la urbanización y la vivienda eran problemas globales, se acordó la creación del Programa de las Naciones Unidas para los Asentamientos Humanos (ONU-HABIITAT) y el impulsó y un ciclo bi-decenal de las conferencias para revisar los logros e impulsar nuevas medidas en torno a la urbanización mundial. La segunda conferencia HABITAT II se realizó en 1996 en Estambul, Turquía y estableció un plan de acción que reconocía a las ciudades como motor del crecimiento mundial, la importancia de la vivienda, de la participación, de los gobiernos locales y de un desarrollo sostenible.

Dichas conferencias han sido influyentes, no sólo a nivel mundial, sino también en México. Como ejemplo, la conferencia de Vancouver inspiró e impulsó la Ley General de Asentamientos Humanos en 1976. El marco jurídico que hoy rige la planeación urbana y territorial de México.

A manera de antesala y para evaluar los logros de los acuerdos de HABITAT II se ha presentado el Reporte Mundial de las Ciudades 2016: Urbanización y desarrollo, futuros emergentes, documento que resulta clave para evaluar los resultados de los acuerdos mundiales, lo que se discutirá en Quito y la dirección hacia donde apuntan los acuerdos claves para el futuro.

Este último reporte presenta un panorama poco alentador en torno al modelo de urbanización mundial de las últimas décadas y, que además, resulta en una crítica enorme para las políticas de desarrollo urbano de muchos países, incluido México. En este sentido, es posible distinguir dos tipos de problemas urbanos a nivel mundial: los problemas persistentes, identificados desde HABITAT II, y que no han sido resueltos aún. De estos útlimos podemos distinguir cinco.

1. Un rápido crecimiento urbano mucho mayor que el de la población, que resulta en un desperdicio del suelo e incrementa las emisiones de GEI.
2. Cambios demográficos y de las estructuras familiares que implicarán enormes retos a futuro, como que hasta un cuarto de la población mundial sea mayor de 60 años para 2050 en ciudades no diseñadas para esta población.
3. Una enorme población viviendo en asentamientos informales, asentamientos precarios, cantidad que supera los 881 millones de personas. 
4 y 5. Retos para la provisión de servicios a nivel local, derivados del acelerado crecimiento urbano en países en desarrollo y, al mismo tiempo, de una descentralización política no acompañada de esquemas de financiamiento y recaudación local.

De igual forma, se tienen cuatro tipos de problemáticas emergentes, que complican más la resolución de los primeros y que hacen más urgente tomar acciones al respecto. El cambio climático es el primero de ellos, donde las ciudades generan el 70% de los GEI y está expuesta altamente a sus consecuencias. Por ejemplo el incremento de un metro del nivel del mar podría en riesgo al13% de la población mundial que vive en ciudades. El segundo es el incremento de la exclusión y desigualdad urbana, incluyendo fenómenos como la gentrificación, que se ve reflejada en polarización, segmentación y privatización del espacio público urbano y  que impide que los habitantes puedan gozar de los beneficios que brindan las ciudades. El 75% de las ciudades a nivel mundial tienen mayores niveles de desigualdad de ingresos que hace dos décadas. El tercero es un aumento de la inseguridad urbana, en especial en los países en desarrollo donde hasta el 70% de su población podrían haber sido víctimas de la delincuencia. Finalmente, las migraciones internacionales generadas por condiciones de conflictos bélicos y pobreza, que han puesto en especial presión a Europa y generando conflictos de xenofobia y radicalización con la llegada de 1.8 millones de migrantes tan sólo en 2015.

La conclusión principal del Reporte Mundial de las Ciudades 2016 es que el modelo de urbanización actual es insostenible en tres dimensiones. Ambientalmente insostenible, pues el modelo de desarrollo horizontal y de bajas densidades, impulsado principalmente por intereses privados y no el público, ha fomentado la dependencia del automóvil, es intensivo energéticamente y contribuye al cambio climático.  Socialmente insostenible, al generar diversas formas de desigualdad, exclusión y privación que crea espacios urbanos desiguales y con ciudades divididas caracterizados por comunidades cerradas y barrios marginales, lo que hace muy difícil absorber a los migrantes, proveer equitativamente de los beneficios de la ciudad y generar un sentido de pertenencia. Económicamente insostenible, el crear un amplio desempleo, trabajos precarios e inestables o informales que derivan en un acceso desigual a los servicios urbanos, dificultades económicas y una calidad de vida pobre para millones de personas. Derivado de estas tres dimensiones se acepta incluso que la batalla por el desarrollo sostenible se ganará o perderá en las ciudades.

Conclusiones que implican también una crítica sin duda a las políticas neoliberales seguidas a nivel mundial desde los años ochenta, pues son la causa de fondo de muchos de estos problemas; aunque el reporte no profundiza mucho en dicha crítica (algo que el FMI sí está abriendo a discusión). Además, es bastante notable que las anteriores conclusiones se pueden aplicar sin muchos problemas a México y, por igual, son temas que se conocen desde hace años y que no han sido abordados por la política urbana del país.

Dadas las anteriores tendencias de la urbanización a nivel mundial, el reporte propone para la nueva agenda urbana mundial, a discutirse en HABITAT III, 5 principios guía:

  1. Una urbanización que protege y promueve los derechos humanos y el imperio de la ley.
  2. Asegurar un desarrollo urbano equitativo.
  3. Empoderar a la sociedad civil y expandir la democracia a nivel local.
  4. Promover la sustentabilidad ambiental.
  5. Impulsar la innovación y el conocimiento.

Si bien estos principios plasmados dentro de la nueva agenda urbana a 2030 (como ya lo hace el borrador cero) le prestarían la adecuada importancia que merecen las ciudades y podrían ayudar a resolver muchos de los problemas, no es claro que puedan resolverlos por completo. Esto debido a que muchas de las problemáticas se encuentran fuera del ámbito de las políticas urbanas, como las políticas salariales, impositivas, la estructura del sistema financiero internacional, las políticas energéticas, las políticas anticorrupción, la conformación de la democracia o la geopolítica, temas que implicaría una discusión más amplia del mismo modelo capitalista y de la repartición del poder mundial. Temas que también tendrían que discutirse abiertamente. Sí el cambio de modelo de urbanización pude ser un gran parteaguas en la historia de la humanidad, pero lo sería aún más un cambio en las políticas económicas neoliberales y de las estructuras de poder geopolíticas que han fomentado este modelo de desarrollo urbano insostenible para beneficios de unos cuantos.

Salvador Medina Ramírez