“Una ciudad que evoluciona en su calidad de vida es una ciudad que evoluciona en su sostenibilidad”.
Jaime Lerner

Después de todo el revuelo que ha causado la contingencia ambiental y el programa “Hoy no circula” en la Ciudad de México, finalmente se han aterrizado en nuestra realidad las consecuencias de la enorme tala de las últimas administraciones. Esto ha llevado a un sector se la sociedad a recocer la capacidad de los árboles de mejorar la calidad de aire de las zonas urbanas. Sin embargo, otra fracción sigue sin mostrarse de acuerdo, afirmando incluso que ellos “no extrañan los arboles” y prefieren llegar rápido a su trabajo con la nueva autopista que estar “cuidando arbolitos”.


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Desde mi punto de vista hay dos razones por las que alguien podría realizar esta afirmación y no extrañar los árboles:

1) Porque hemos aceptado, casi sin evidencias, que existe un dilema entre nuestro propio bienestar y el del ambiente. Por lo tanto, sólo una de las dos partes puede salir victoriosa, lo cual no es necesariamente cierto.

El anhelo por alcanzar y mantener nuestro bienestar está presente en nuestras sociedades tanto o más que en otras épocas y ha generado movimientos económicos y sociales a su alrededor. El modelo económico que rige ha ligado el uso de los recursos para suplir nuestras necesidades con una alta degradación ambiental, haciendo dichos recursos cada vez más escasos y aumentando la competencia por ellos. Como consecuencia, el bienestar humano se ha convertido en uno de los principales retos a nivel colectivo pues, supuestamente, en la búsqueda del beneficio propio no sólo se ve afectada la interacción entre individuos, comunidades y naciones, sino que se daña el ecosistema, que es la red que soporta nuestro bienestar. Esto parece llevar a los seres humanos a decidir entre su propio bienestar y el del ecosistema. Es justo aquí donde entran los “no-extrañadores”, disfrazados de pragmáticos que ignoran la simbiosis que existe entre los humanos y su medio.

El problema con esta línea de pensamiento es que ha distorsionado el concepto de bienestar al usar el consumismo y la capacidad adquisitiva como sinónimo de calidad de vida. Actualmente existe evidencia empírica que rompe con esta disyuntiva al exponer datos sobre la explotación de los recursos naturales, económicos y humanos en distintas naciones, sin encontrar una mejora en la calidad de vida.1 Esto sugiere que la explotación del ambiente no necesariamente tiene un efecto positivo en el bienestar humano y, que por el contrario, los verdaderos satisfactores que componen el bienestar humano pueden ser alcanzados sin afectarlo.

Al respecto, Dolan et. al. realizaron un meta-análisis para determinar algunos de los factores más importantes que afectan el bienestar subjetivo de las personas. En su análisis, la mala salud, el estado civil (o problemas maritales), el desempleo y la falta de contacto social están fuertemente asociados con un pobre bienestar subjetivo.2 Ninguna de estas variables esta asociada con la explotación de recursos ambientales.

2) Porque desconocemos los beneficios que obtenemos de los árboles, pues pueden ser bastante difusos, especialmente si los consideramos individualmente y no como parte del espacio público formando un Área Verde Urbana (AVU).

En este sentido, las AVU se han asociado fuertemente al bienestar de las personas y el desarrollo sostenible de las ciudades. Por esto, a nivel internacional se ha propuesto una reivindicación de la relación entre la naturaleza y el medio urbano en pro de un verdadero desarrollo sostenible.

Actualmente la relación entre el bienestar humano y el ambiente en el que se desarrolla ha sido ampliamente documentada.3 Aunque aún persiste la idea de que la importancia de estas áreas reside en su belleza; esto omite su efecto en los aspectos sociales y ambientales urbanos. Desde el punto de vista ambiental, las AVU brindan diversos servicios ecosistémicos como la captura de carbono, reducción de la contaminación atmosférica, mejoramiento de la calidad del aire, capacidad de infiltración y mantenimiento de la biodiversidad.4 Ayudan a recargar el acuífero y regular el clima,5 factores trascendentales en los ecosistemas urbanos, ya que las altas temperaturas en las ciudades están asociadas a una mayor incidencia de enfermedades y mortalidad.6

Desde la perspectiva social, diversos estudios sugieren que la presencia de las AVU influye en diferentes niveles.7 Existe evidencia respalda que estos sitios desempeñan un papel fundamental en la formación de una red de soporte y la cohesión social de una comunidad8 al facilitar la socialización de distintos grupos, lo cual además se relaciona con una mejora en la economía local9 y propicia mayor seguridad. Por igual, en la medida en la que se mejora la calidad de las AVU y se incrementa su uso, se asocia a un descenso en los niveles de violencia intrafamiliar.10

A nivel individual, los efectos de la falta de contacto con espacios naturales de esparcimiento y relajación se evidencia en un aumento en la incidencia de enfermedades mentales y físicas;11 y eleva la predisposición hacia ciertas patologías observadas en mayor proporción en poblaciones urbanas respecto a la población rural.12 Existen múltiples estudios que demuestran que la consecuencia de la modificación del hábitat no sólo altera la dinámica del ecosistema, sino que también puede afectar la salud física y mental de los habitantes, ya que la presencia de vegetación mejora la calidad del aire,13 incrementa la actividad física 14 y reduce el estrés.15

A nivel psicológico, las AVU y el acercamiento a la naturaleza son cruciales en la disminución de la fatiga mental, la cual puede repercutir en depresión, baja productividad y en el aumento de irritabilidad y conductas hostiles o incluso violentas.16 Esto debido a la capacidad restauradora de dichos espacios. Se ha reportado que el acercamiento a la naturaleza mejora el funcionamiento cognitivo y emocional, reduciendo el estrés y promoviendo la reflexión a partir de los 15 minutos de uso.

Otro beneficio es el amortiguamiento del ruido,17 como el de vehículos, que puede verse traducido en la disminución del estrés. Esto es de suma importancia ya que los efectos del contacto con el ruido que proviene del tráfico se pueden manifestar a nivel fisiológico al aumentar la presión arterial, así como a nivel cognitivo al dificultar la concentración y afectar la memoria. Asimismo, el ruido modifica los patrones de sueño de los habitantes, ya que aumenta la carga de estrés en los individuos y modifica su conducta psicosocial.18

Más allá del valor utilitario evidente que las AVU proveen a los seres humanos, existen beneficios indirectos que además se pueden ver traducidos en la salud de los habitantes.19 Por ejemplo, vivir en lugares con áreas verdes caminables influye positivamente en la longevidad de adultos que viven en urbes y reducir los índices de obesidad y enfermedades cardiovasculares al propiciar un aumento en la activación física.20

Estos ejemplos demuestran que la planificación del paisaje de una ciudad puede afectar el bienestar de sus habitantes, lo cual es del interés tanto de ciudadanos como de gobernantes.

Ante esto, diversas organizaciones han lanzado recomendaciones respecto a los metros mínimos de AVU por habitante y la accesibilidad que los habitantes de una ciudad deben tener a estos sitios. La Organización Mundial de la Salud estima un mínimo de nueve m2 de área verde por habitante,21 mientras que English Nature indica que los ciudadanos deben tener acceso a un AVU de por lo menos dos hectáreas a menos de 300 metros. 22

Todos los datos anteriores apuntan a que las AVU influyen en tantos aspectos de nuestra vida que puede parecer que la solución a cada problema urbano puede ser resuelto creando parques, lo cual es evidentemente falso. Primeramente porque no todas las AVU tienen el mismo tamaño y características que permitan su uso. La sola presencia de AVUs no basta para aumentar la calidad de vida de los humanos, su diseño distribución, tamaño y accesibilidad son elementos que facilitan (o dificultan) el uso de estos espacios,23 pero ese es tema de otro texto. Igualmente es necesario considerar las características que éstas deben poseer para que éstos brinden verdaderos beneficios y no sean espacios que propicien la delincuencia u otras actividades nocivas. No existen soluciones universales y cada caso debe ser analizado interdisciplinariamente para responder a su contexto. Sin embargo, existe amplia evidencia empírica que sostiene la relación humano-AVU como un importante factor propiciador de bienestar a nivel comunidad, familiar e individual.

Así que es posible que en este momento no extrañes al árbol que ya no ves por la ventana, es posible que no lo hagas porque ahora ya no tienes que barrer las hojas que caen o el “ruido” de los pájaros por la mañana, pero si leíste todas las formas en que estos espacios verdes benefician tu vida entonces estarás de acuerdo conmigo en que extrañarás los arboles… y muy pronto.

 Cristina Ayala Azcárraga es estudiante de doctorado en el Posgrado de Sostenibilidad de la UNAM y coordinadora de proyectos de restauración de Xochimilco en el Laboratorio de Restauración Ecológica del IBUNAM.


1 Dietz, T., Rosa, E. a & York, R. Environmentally Efficient Well-Being: Rethinking Sustainability as the Relationship between Human Well-being and Environmental Impacts. Hum. Ecol. Rev. 16, 114–123 (2009).

2 Dolan, P., Peasgood, T. & White, M. Do we really know what makes us happy? A review of the economic literature on the factors associated with subjective well-being. J. Econ. Psychol. 29, 94–122 (2008).

3 Hartig, T. Living in cities, naturally. Science (80-. ). (2016). doi:DOI: 10.1126/science.aaf3759

4 Gómez-Baggethun, E. & Barton, D. N. Classifying and valuing ecosystem services for urban planning. Ecol. Econ. 86, 235–245 (2013).

5 Monteiro, M. V., Doick, K. J., Handley, P. & Peace, A. The impact of greenspace size on the extent of local nocturnal air temperature cooling in London. Urban For. Urban Green. 16, 160–169 (2016).

6 Curriero, F. C. et al. Temperature and mortality in 11cities of the eastern United States. Am J Epidemiol 155, 80–87 (2002).

7 Martínez Soto, J. Impacto de la naturaleza urbana próxima: un modelo ecológico social. (2010).

8 Bogar, S. & Beyer, K. M. Green space, violence, and crime: A systematic review. Trauma, Violence, Abus. 1–12 (2015). doi:10.1177/1524838015576412

9 Ruijsbroek, A., Droomers, M., Hardyns, W., Groenewegen, P. P. & Stronks, K. The interplay between neighbourhood characteristics: The health impact of changes in social cohesion, disorder and unsafety feelings. Health Place 39, 1–8 (2016).

10 Li, W., Saphores, J.-D. M. & Gillespie, T. W. A comparison of the economic benefits of urban green spaces estimated with NDVI and with high-resolution land cover data. Landsc. Urban Plan. 133, 105–117 (2015).

11 van den Berg, A. E., Maas, J., Verheij, R. A. & Groenewegen, P. P. Green space as a buffer between stressful life events and health. Soc. Sci. Med. 70, 1203–1210 (2010).

12 Driver, L. & Greene, P. in Child. Nature, Urban Environ. pp. 63‐70 (Northeastern Forest Experiment Station., 1977).

13 Akbari, H., Pomerantz, M. & Taha, H. Cool surfaces and shade trees to reduce energy use and improve air quality in urban areas. Sol. Energy 70, 295–310 (2001).

14 Tzoulas, K. et al. Promoting ecosystem and human health in urban areas using Green Infrastructure: A literature review. Landsc. Urban Plan. 81, 167–178 (2007).

15 Grahn, P. & Stigsdotter, U. K. The relation between perceived sensory dimensions of urban green space and stress restoration. Landsc. Urban Plan. 94, 264–275 (2010).

16 Kuo, F. E. & Sullivan, W. C. Aggression and Violence in The Inner city: Effects of Environment via. Environ. Behav. 33, 543–571 (2001).

17 Gidlöf-Gunnarsson, A. & Öhrström, E. Noise and well-being in urban residential environments: The potential role of perceived availability to nearby green areas. Landsc. Urban Plan. 83, 115–126 (2007).

18 Öhrström, E. Longitudinal surveys on effects of changes in road traffic noise: Effects on sleep assessed by general questionnaires and 3-day sleep logs. J. Sound Vib. 276, 713–727 (2004).

19 Butler, C. D. & Oluoch-Kosura, W. Ecology and Society: Linking Future Ecosystem Services and Future Human Well-being. 11, 30 (2006).

20 Takano, T., Nakamura, K. & Watanabe, M. Urban residential environments and senior citizens’ longevity in megacity areas: the importance of walkable green spaces. J. Epidemiol. Community Health 56, 913–918 (2002).

21 OCDE, O. How’s Life? (2011). doi:10.1787/9789264121164-en

22 Barbosa, O. et al. Who benefits from access to green space? A case study from Sheffield, UK. Landsc. Urban Plan. 83, 187–195 (2007).

23 Reyes, S. & Figueroa, I. M. Distribución, superficie y accesibilidad de las áreas verdes en Santiago de Chile. Eure 36, 89–110 (2010).