Entre febrero y junio, durante la temporada seca-cálida en la Zona Metropolitana del Valle de México (ZMVM), imperan condiciones de estabilidad atmosférica que impiden la dispersión de contaminantes inyectados al aire por las actividades humanas. Contrario a lo que podamos pensar, fenómenos como la lluvia y los vientos dispersan y transforman los contaminantes de la atmósfera, pero no los desaparecen. Ante esta confusión, con la temporada de lluvia se esfuman las medidas de emergencia ambiental como el Hoy No Circula parejo, e irónicamente se nos permite contaminar más. Muestra de que la lluvia no desaparece el problema de contaminación es que el 8 de julio de este año, ya en temporada de lluvia, se declaró Contingencia Ambiental en la Megalópolis debido a la mala calidad del aire, aunque esta vez las restricciones a la circulación de vehículos y a la industria fueron mucho menores que durante la sequía.

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En afinidad con la ley de la conservación de la materia, Barry Commoner establece como su segunda ley informal de la ecología: «Todas las cosas han de ir a parar a alguna parte». En un sistema circular cerrado como el ambiente no existen los desechos, todo lo que se produce en una parte del ciclo va a parar a alguna parte y tiene efectos posteriores en el ambiente.1 Si los contaminantes atmosféricos no desaparecen en la temporada de lluvia, ¿a dónde van a parar?

La contaminación puede extenderse entre el aire, el suelo y el agua, elementos entre los cuales existe constante interacción y que son la condición de vida de nuestro planeta.2 El intercambio de contaminantes entre estos elementos puede o no ser ocasionado por la lluvia,3 pero sin duda el ejemplo más claro de este fenómeno es la lluvia ácida. La lluvia ácida se forma cuando el dióxido de azufre (SO2) y los óxidos de nitrógeno (NOX), entre otros contaminantes y partículas producidos principalmente por fuentes móviles de transporte, son arrastrados por el agua de lluvia con la cual reaccionan provocándole un pH inferior a 5.5 debido a sus altas concentraciones de ácidos (sulfúrico, nítrico o clorhídrico) y sales.4

Los daños ambientales de estos contaminantes y partículas son más perjudiciales en su forma de lluvia ácida que cuando se encuentran suspendidos en la atmósfera.5 La lluvia ácida deposita los contaminantes y partículas de la atmósfera en el suelo y en el agua,6 y sus efectos son diversos. Por un lado, provoca la acidificación y toxicidad de cuerpos de agua, dificultando el desarrollo de la vida acuática e impactando negativamente la salud del ser humano y la de todos los organismos que dependen del agua. Por ejemplo, la acidificación de los cuerpos de agua ha contribuido a la desaparición de la vida de la Gran Barrera de Coral de Australia.

La lluvia ácida también modifica la composición del suelo despojándolo de sus nutrientes, lo cual tiene un efecto devastador en la vegetación y en las cosechas de consumo humano.7 Por si amenazar la biodiversidad y la salud humana fuera poco, la lluvia ácida acelera la corrosión de los metales y el deterioro de materiales pétreos como la caliza y el mármol, poniendo en riesgo el patrimonio arquitectónico, cultural e histórico expuesto a la lluvia en nuestras ciudades.8

Se debe mencionar que la contaminación ambiental tiene una naturaleza expansiva, tanto en lo temporal como en lo espacial9. A menudo las zonas donde se produce la contaminación y donde se sufren sus efectos como la lluvia ácida no coinciden.1011 De ahí la necesidad de implementar políticas y normas no únicamente metropolitanas, sino internacionales. Si bien es cierto que podríamos estar sufriendo efectos de contaminación originada en otra región geográfica, también es cierto que la contaminación originada en la ZMVM siempre va a parar a alguna parte.

Resulta que las emisiones contaminantes provocadas por actividades humanas como el transporte y la industria no son responsables únicamente de la contaminación del aire, sino que también contribuyen a la contaminación del agua y del suelo, amenazando de formas insospechadas a la vida en el planeta.

Para atacar este grave problema, la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (SEMARNAT) publicó la Norma Oficial Mexicana de Emergencia NOM-EM-167-SEMARNAT-2016 que actualiza los estándares de verificación vehicular. Adicionalmente, el Gobierno de la República a través de la SEMARNAT anunció una docena de medidas complementarias de diversa índole para mejorar la calidad del aire, que aunque positivas no son claras en cuanto a su implementación y carecen de sustento normativo. Además, estas acciones complementarias acabaron por ser muchas menos que las 168 medidas que la propia SEMARNAT anunció estar analizando en conjunto con la UNAM, el IPN y el Centro Mario Molina en meses pasados.

Tláloc ha venido a salvar a la política de la calidad del aire y a los automovilistas que podrán seguir contaminando con normalidad. Pero durante la temporada de lluvia, ¿quién nos salva de la contaminación? En esta temporada los factores ambientales variables son la lluvia, el viento y la temperatura, pero la contaminación sigue siendo igual… o peor.

Luis Felipe Paz Flores es consultor jurídico ambientalista.


1 Commoner, Barry, En paz con el planeta, Editorial Crítica, Barcelona, 1992, pp. 16-17.
2 Orozco Barrenetxea, Carmen, Pérez Serrano, Antonio, et. al., Contaminación ambiental. Una visión desde la Química, Thomson, Madrid, 2005, pp. 34 y 631.
3 Espert Alemany, Vicent, López Jiménez, P. Amparo, Dispersión de contaminantes en la atmósfera, Alfaomega, Universidad Politécnica de Valencia, México, 2004, p. 21.
4 Orozco et al., Op. Cit., p. 358.
5 Espert et al., Op. Cit., p. 24.
6 Íbidem, pp. 24-25.
7 Espert et al., Op. Cit, p. 25.
8 Orozco et. al., Op. Cit., pp. 74, 361 y 363.
9 González Márquez, José Juan, La responsabilidad por el daño ambiental en México. El paradigma de la reparación, Universidad Autónoma Metropolitana y Miguel Ángel Porrúa, México, 2002, p. 94.
10 Comisión Mundial del Medio Ambiente y del Desarrollo, Nuestro futuro común, Alianza Editorial, Madrid, 1988, p. 72.
11 Orozco et al, Op. Cit., p. 359.