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Los problemas educativos en el Distrito Federal (DF) tienen características diferentes a los problemas educativos en el resto del país. Mientras que los años de escolaridad promedio de la población en el país indican que un estudiante no llegará a terminar la secundaria, en el DF prácticamente todos lo hacen. Los problemas para quienes estudian en la capital inician en el nivel medio superior. Brevemente reseñaré tres problemas que los jóvenes en la capital enfrentan o enfrentarán. En primer lugar, en el DF hay un grave problema de deserción escolar en el bachillerato. En segundo lugar, la educación media superior, en calidad y cobertura, está sesgada en el sector público para jóvenes de mayores ingresos. En tercer lugar, la desigualdad en el ingreso a la educación media superior define en gran medida el acceso y calidad de educación superior al que puede acceder un joven en la ciudad. Abatir estos problemas es necesario para que los jóvenes de la ciudad puedan tener mejores prospectos de ingreso en un futuro.[1]

Ingreso y deserción a educación media superior

En México la educación hasta el nivel medio superior (bachillerato, preparatoria general o técnica) está establecida como derecho constitucional. En ninguna entidad se ha cumplido ese objetivo, ya que la población debería tener mínimo 12 años de escolaridad. En el DF el promedio a 2010 era de 10.5 años, es decir,  cursan hasta el primer año del bachillerato. A diferencia del promedio nacional que es de 8.6 años, que en promedio llegan a la mitad del último año de la secundaria (véase Gráfica 1).

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Elaborado con datos de los Censos de Población 2000, 2005 y 2010 del INEGI.

Es interesante ver estas cifras en el contexto del programa “Prepa Sí” del Gobierno del Distrito Federal, programa que tiene como objetivo reducir la deserción escolar al transferir dinero a jóvenes que cursen en bachillerato público.  Aún es pronto para conocer el efecto del programa, ya que este inició en 2011. No obstante, en 2011 y 2012 la tasa de deserción escolar fue de 20.5%, mientras que a nivel nacional es de 15%.[2] En el DF más jóvenes desertan de la educación media superior en comparación con el resto del país y esto podría sugerir que el programa no es del todo efectivo para evitarlo. Ahora bien, aunque hay buenas posibilidades en el DF de ingresar a la educación media superior, hay una brecha de desigualdad que define a qué escuela podrán ingresar para continuar sus estudios. En la Zona Metropolitana del Valle de México se integraron los sistemas de bachillerato público en un examen único de ingreso por medio de la Comisión Metropolitana de Instituciones Públicas de Educación Media Superior (COMIPEMS). Patricio Solís estudió los resultados de los exámenes únicos y los comparó con sus orígenes sociales, dividendo en cuartiles de ingreso a la población de jóvenes para conocer las probabilidades de lograr un lugar en una opción solicitada y de permanecer en el bachillerato elegido. La población de ingresos más altos, cuarto cuartil, tiene un 64% de posibilidad de ingresar por examen a diferencia de la población de más bajos ingresos con un 35%. Esa misma tendencia se confirma en cuanto a seguir estudiando, el 85% de los jóvenes de ingresos más altos proseguiría con sus estudios, mientras que sólo el 55% de jóvenes de ingreso más bajos lo haría. De la misma manera con aquellos que no podrán ingresar, serán los de menores recursos quienes no permanezcan en la educación media superior.

Calidad en la educación media superior

Por medio de COMIPEMS los estudiantes seleccionan 20 escuelas en orden de preferencia y son asignados a cualquiera de las opciones que elijan según sus puntajes en el examen único y el cupo de las escuelas. Diego Valle Jones usó los datos del examen COMIPEMS y de la extinta prueba ENLACE para saber cuáles eran las que mejor salían en esos puntajes. En la Gráfica 2 se aprecia las veinte escuelas que salieron con mejores puntajes de los concursantes de COMIPEMS, prácticamente todas son de los sistemas de bachillerato de la UNAM y el IPN. La mayor parte de los que ingresan a esas escuelas con el examen son precisamente los jóvenes de mayores ingresos. El sistema público de hecho tuvo mejores puntajes en la prueba ENLACE que las escuelas privadas.

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Fuente: Diego Valle.

La calidad de esas escuelas se confirma cuando se cruzan los puntajes de ENLACE 2010 para excelencia en matemáticas y los mejores puntajes de COMIPEMS del 2013 (véase Gráfica 3). Con esos datos se observa que muy pocas escuelas, de las mejores en COMIPEMS, alcanzan a estar por arriba del 20% que tiene estudiantes con nivel excelente en matemáticas de ENLACE. Es decir, incluso en las mejores escuelas, a las cuales ingresan en su mayor parte jóvenes de ingresos altos, la calidad educativa es bastante baja. La misma gráfica para los puntajes buenos de matemáticas de ENLACE confirma esa tendencia (véase Gráfica 4).

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Fuente: Diego Valle.

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Fuente: Diego Valle.

Además hay un factor espacial a considerar. Se observa en el Mapa 1 que las escuelas con los mejores puntajes en las pruebas COMIPEMS están concentradas en la zona sur, centro y poniente de la Zona Metropolitana. En el norte y el oriente de la zona metropolitana se encuentran las escuelas con los más bajos puntajes de la prueba. Eso quiere decir que un estudiante que viva al norte de la ciudad tendría que trasladarse al sur para tener mejor educación que sus compañeros que vivan en la misma zona, lo cual implicaría varias horas de para transportarse. Por ejemplo, un estudiante que haya sido seleccionado para el CCH Sur de la UNAM y que viva en Ecatepec tendría que pasar de cuatro a seis horas diarias en transporte público para poder estudiar ahí todos los días. Eso también implica que mientras más lejos se viva del sur, centro y poniente de la ciudad habrá menos posibilidades de estudiar en una escuela con mejores puntajes cerca de donde se vive.

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Fuente: Diego Valle

Ingreso a la educación superior

En cuanto al ingreso a educación superior también hay un sesgo de desigualdad según el tipo de escuela en que se haya ingresado en el bachillerato. Patricio Solís[3] analizó los datos de ingreso a educación superior y descubrió lo siguiente: la mayoría de los egresados de bachilleratos de la UNAM (70%) continuaron sus estudios en la universidad, precisamente en la UNAM debido al pase reglamentado. Los jóvenes de bachilleratos privados generales continúan a la universidad en un 60%, en su mayoría a universidades privadas. De otros bachilleratos públicos, afiliados a una institución de educación superior, más de la mitad logra continuar sus estudios, en su mayoría en universidades públicas. Pero para los egresados de bachilleratos públicos no afiliados a una universidad, vocacionales privadas y vocacionales públicas acceden menos del 30% al 20% a una universidad (véase Gráfica 5). Nuevamente, la desigualdad marca si se podrá seguir su educación hasta la universidad y siempre serán los jóvenes de mayores ingresos en el sistema público quienes continuarán hasta la universidad.

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Comentarios finales

El Gobierno del Distrito Federal, las universidades que residen en el DF y el gobierno federal deben coordinar una política común para cambiar los problemas de calidad, deserción y cobertura en educación media superior y superior. También se debe incluir a los municipios y gobierno del Estado de México que se encuentran en la Zona Metropolitana. No basta con un solo examen para  coordinar la respuesta del gobierno, se requiere rediseñar los mecanismos de ingreso y ampliar los programas sociales de becas, pues la desigualdad explica en gran medida la deserción escolar.

En primer lugar, se debería reconsiderar que únicamente los puntajes definan quienes ingresan o no a cada nivel. Por ejemplo podrían considerarse ponderadores según condición socioeconómica para que se cierren las brechas entre quienes tienen menores ingresos y acceso a educación pública, sobre todo si queremos combatir el rezago educativo. Esto implica dar opciones de movilidad social a jóvenes de menores ingresos y tener capital humano capaz de desarrollar la economía de la ciudad.

En segundo lugar, a reservar de conocer nuevos datos de deserción, “Prepa Sí” es una buena opción para combatirla, pero no la única. Incluso se debería pensar en ampliar las becas desde la secundaria hasta la universidad para aquellos que tienen mayor riesgo de desertar del sistema educativo. Deben considerarse otros factores de deserción como embarazos no deseados o desinterés. Además, el Gobierno del Estado de México podría replicar estas políticas.

En tercer lugar, es urgente revisar la calidad del bachillerato en el país, todos los jóvenes deberían tener la posibilidad de un bachillerato de calidad, y no sólo aquellos quienes tienen mayor capital cultural e ingresos para responder mejor a los exámenes. Una opción podría ser asignar también a jóvenes de menores ingresos a las escuelas más cercanas que tengan mejores puntajes para permitirles mayor movilidad, o en otro caso subsidiar sus opciones de transporte público y mejorándolo.

Finalmente, no sólo se debe ampliar la cobertura en educación superior, también deberían revisarse el funcionamiento de los exámenes de la UNAM y de CENEVAL para ponderar también por condición socioeconómica. Acciones afirmativas en favor de jóvenes de poblaciones vulnerables no sólo por ingreso, también por condición social, sería una política que también consideraría hacer más progresivo nuestro sistema educativo. El criterio meritocrático no puede ser el único para definir quién estudia en la Zona Metropolitana, y en especial en el Distrito Federal, porqu aumenta las desigualdades que probablemente el acceso a la educación podría comenzar a disminuir.

Raúl Zepeda Gil es estudiante de maestría en Ciencia política de El Colegio de México.


[1] Se puede revisar un poco de la relación ingreso y nivel educativo con datos de la Encuesta Nacional de Ingreso y Gasto de los Hogares aquí.
[2] INEE, Panorama educativo de México: Indicadores del Sistema Educativo Nacional, 2013, Educación Básica y Media Superior, México, 2014, p. 379.
[3] Solís, Patricio, “Estratificación de la oferta educativa y desigualdad social en el acceso a la educación superior”, Educación Futura, 23 de junio de 2014.