“Mejorar la calidad del aire para prevenir problemas de salud en la población y conservar los ecosistemas” es sin duda un objetivo cuya legitimidad y necesidad se justifica en contextos en los cuales prevalece una deteriorada calidad del aire con importantes consecuencias en el bienestar físico, mental y económico de las personas. Es aún más urgente cuando se trata de contextos urbanos en donde caer enfermo a causa de enfermedades respiratorias genera un déficit productivo y una gran demanda de los servicios de salud, además del claro menoscabo en el ejercicio de derechos humanos relacionados con la calidad del aire.

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