Las rutas para subir al pecho del Iztaccíhuatl, sitio más alto del volcán, tienen que pasar por lo que se consideraría el estómago, donde hay un glaciar de muchos metros de espesor. Hace unos días pude estar sobre ese glaciar al subir, por primera vez, hasta la cumbre. Pero el gusto me duró poco puesto que el amigo con el que iba, que ha subido en varias ocasiones este volcán, me comentó que en el 2008 ese glaciar tenía cuando menos unos 15 metros más de altura. Es impresionante la velocidad con la cual se está perdiendo un glaciar que tomó cientos o miles de años en formarse. Con angustia, mi compañero de viaje me murmuró, “esto quiere decir que mi hija no va a poder ver este glaciar”. Pocas pruebas más contundentes que estas para comprender lo que significa el cambio climático en sitios que están a menos de dos horas de la Ciudad de México.

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agosto 4, 2016

Temporada de lluvia (ácida)

Entre febrero y junio, durante la temporada seca-cálida en la Zona Metropolitana del Valle de México (ZMVM), imperan condiciones de estabilidad atmosférica que impiden la dispersión de contaminantes inyectados al aire por las actividades humanas. Contrario a lo que podamos pensar, fenómenos como la lluvia y los vientos dispersan y transforman los contaminantes de la atmósfera, pero no los desaparecen. Ante esta confusión, con la temporada de lluvia se esfuman las medidas de emergencia ambiental como el Hoy No Circula parejo, e irónicamente se nos permite contaminar más. Muestra de que la lluvia no desaparece el problema de contaminación es que el 8 de julio de este año, ya en temporada de lluvia, se declaró Contingencia Ambiental en la Megalópolis debido a la mala calidad del aire, aunque esta vez las restricciones a la circulación de vehículos y a la industria fueron mucho menores que durante la sequía.

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Sólo se necesita una mano cuando se cuentan el número de veces que se menciona el cambio climático en la Ley General de Aguas que presentó el gobierno federal hace un par de años y que fue conocida como la “Ley Korenfeld”, y nos sobran tres dedos. Esto demuestra una de las muchas contradicciones que existen en los gobiernos mexicanos actuales que mencionan fenómenos naturales como el cambio climático y la resiliencia, pero al momento de ponerlos en leyes y acciones que involucran economía y construcción, éstos pasan a segundo término o son completamente olvidados. Son buenos deseos que llenan los discursos de la clase política, que no se pueden cumplir cuando se habla de pesos y centavos. Sin embargo, la naturaleza sigue en su dinámica, y no se rige por la política, y en consecuencia cada día nos hace más vulnerables frente al cambio climático. Lo acabamos de ver en Santa Fe e Interlomas.

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cc

En la COP 20 (Conferencia entre las partes para el Cambio Climático de la ONU) en Perú, Greenpeace hizo una demostración a favor de la energía renovable. Para llamar la atención, la hizo a un costado de la figura del “colibrí” en las antiguas líneas de Nazca, patrimonio mundial realizado por culturas pre-Incas. Sin darse cuenta dañaron el patrimonio. El suelo que pisaban es demasiado frágil, pues está compuesto de una fina capa de piedras que cubren arena, y que queda al descubierto con los pasos de una persona, dejando una cicatriz en la tierra que es prácticamente imposible de borrar. El escándalo en Perú por este acto ha sido mayúsculo, la organización ha intentado resarcir su error ante la sociedad y gobierno peruanos con poco éxito.

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