En el marco de ¿Y mañana, la ciudad? Festival franco mexicano de utopías urbana, La Brújula realizó una entrevista por escrito a Benoît d’Almeida, arquitecto francés, respecto a la investigación que realiza sobre las ciudades jardín en América Latina. Un prototipo de ciudad que generalmente se ha considerado una utopía contenida exclusivamente al Reino Unido de la revolución industrial. No obstante, este tipo de ciudades pueden ser una respuesta a los desafíos socioambientales que hoy se viven en las ciudades mexicanas y del resto mundo.

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¿Qué son las garden cities? ¿Por qué se consideraba un modelo utópico?

La garden city —o ciudad jardín— fue teorizada al fin del siglo diecinueve para dar una solución a las terribles condiciones de vida de las poblaciones humildes de la ciudad industrial inglesa. Su creador se llama Ebenezer Howard, que fue es arquitecto ni urbanista, sino estenógrafo para el parlamento británico donde transcribía los debates. Howard era un humanista. Entristecido por lo que pasa en la capital londinense, y sumergido en las grandes cuestiones de la sociedad. Entonces, imaginó un proyecto de sociedad capaz de solucionar los males que le impiden funcionar; un lugar donde las colonias de pobres ya no existen, donde cada uno puede emprender y puede ofrecer días decentes a sus niños. Así nació la garden city: una “combinación única de propuestas” sobre la base del “retorno de la población a la tierra” y sobre la realización de un sistema de ciudades satélites interconectadas por una red de transporte en común —especialmente de tren. Ofreció una hibridación de ciudad-campiña que superaba a las desventajas de cada entidad, pero que conservaba sus calidades. Un lugar donde vivimos, trabajamos, encontramos, donde existe una diversidad funcional y una mezcla social capaz de ofrecer un mejor futuro a las clases humildes; donde los terrenos son municipalizados para recuperar las plusvalías e invertirlas de nuevo al beneficio de la comunidad; un lugar rodeada por una campiña productora que limita el crecimiento urbano a una población de 32,000 habitantes —con 2,000 agricultores.

Henri Desroche, filósofo, teólogo y sociólogo de las religiones, considera como utópica “cualquier tentativa de reaccionar a un destino obligado para intentar por todos los medios de orientar el futuro”. Es este destino obligado que llevó a Howard a actuar. La garden city tiene un carácter utópico indiscutible; es un proyecto de sociedad nuevo que debe curar a la sociedad actual enferma, y su construcción literaria recuerda a la de la obra de Tomás Moro: Utopía. Es un libro firmado que usa el “nosotros” para integrar el lector a su proyecto de sociedad y a su dimensión espacial, describiendo una nueva sociedad cura para oponerse a la sociedad historia real, es decir a las terribles condiciones de vida londinenses.

La diferencia con la utopía de Moro es que la garden city está ubicada de manera espacial y temporal, y al contrario de la ciudad idealizada de Moro, no está congelada en un estado que no sufre del tiempo que pasa. La garden city está ubicada al exterior de Londres, a media hora más o menos de la capital en tren, y considera el tiempo para evolucionar, planificando sobre unos treinta años para crecer y lograr su equilibrio económico.

¿Por qué la garden city de Ebenezer Howard no fue pensada como una utopía?

Para empezar, podemos considerar que la garden city no es totalmente utópica porque también tiende a la ideología. Paul Ricœur escribió un muy bueno libro sobre estas cuestiones. Explicó que la imaginación produce el mundo; lo desafía a través de la utopía, y lo consolida a través de la ideología. Es decir, si imaginamos un futuro que se opone al orden histórico-social, tendemos en dirección de la utopía. Si, al contrario, la imaginación se utiliza para mejorarlo, tendemos en dirección de la ideología. En esta época, el muy criticado orden histórico-social dominante es el del liberalismo y capitalismo engendrado por la revolución industrial. Howard sabe que los que tienen los recursos para financiar sus futuros garden cities son los ricos y, definitivamente, su genio es el de consolidar esta realidad económica y de utilizarla poniéndola al beneficio de la comunidad y de una municipalización de los terrenos, es decir, de desafiar que únicamente los ricos pueden disfrutar de este beneficio.

Por otro lado, la dimensión utópica es indiscutible. Creo que es importante mencionar que Howard se aleja de su intransigencia, y se debe a que tiene desde el inicio de su proyecto la idea de realizarlo. En palabras de Lewis Mumford, historiador estadounidense, si Utopía de Moro es de evasión, la garden city pertenece a aquellos de reconstrucción; Howard no escribe un simple libro para imaginar, sino una verdadera «estrategia de acción coherente» que tiene como meta concretarse. Su libro Garden city of to-morrow es una formidable herramienta de marketing, y poco después de su publicación, Howard funda la Garden City Association que tiene como intención difundir sus ideas y reunir a los convencidos con la First Garden City Limited que tiene como función recaudar el dinero necesario para la compra de los primeros terrenos. Howard da a su utopía los medios de realizarse y demuestra desde el principio su voluntad de concretarla.

Es este deseo de realización que me hace creer que la garden city no fue pensada como una utopía. Esta voluntad de ver su proyecto de sociedad concretado lleva Howard a superar la dimensión utópica y a añadir una segunda herramienta: el plan, que debe entenderse en el sentido de estrategia y no en el sentido del dibujo a la regla practicado por los arquitectos. El plan es una herramienta que analiza una situación actual y recomienda después una propuesta para guiar la decisión de los distintos actores; según Charles Hoch, profesor de urbanismo en Chicago, los planes aconsejan, pero no obligan. A través de una fase, de una estrategia financiera realista, y de una puesta a disposición concreta de los medios necesarios a la realización de su obra, Howard ofrece una verdadera estrategia de acción. La garden city se emancipa de su dimensión utópica, y nos lleva a dudar que solo fue concebido como una simple utopía.

¿Cuál sería la diferencia entre las garden cities y los suburbios? 

Cuando Howard imagina su garden city, sólo parte de una tradición de la clase media inglesa ya presente desde muchas décadas, la de hacer largos desplazamientos casa-trabajo en beneficio de una calidad de la vida privada y del disfrute de una casa y de un jardín. Al final del siglo diecinueve, el desarrollo del tren y su mejor asequibilidad extienden esta tradición poco a poco a las clases obreras, provocando las primeras políticas en cuestión de dispersión al exterior de la ciudad de las densas poblaciones urbanas.

Es importante recordar que suburbano significa “vecinos de la ciudad”, o “cerca de la ciudad”; la garden city es por definición un suburbio.

Sin embargo, como he tratado de explicarlo antes, la garden city no es una simple ciudad satélite-dormitorio. Es sobre todo un proyecto de sociedad que busca capturar las plusvalías de los terrenos para reinvertirlas en la comunidad. Es, en otras palabras, un suburbio que incluye una verdadera estrategia económica y social.

La otra gran diferencia es que los suburbios son monofuncionales. La garden city considera la diversidad de las funciones que tiene la ciudad. En su libro, Howard describe claramente su gobernanza, sus movilidades, sus ingresos, pero también la presencia de tiendas e industrias. Es una teoría de principios para hacer la ciudad, y de acuerdo con los cuestiones y problemas de la época.

Existe una ilustración muy notable de esta diferencia en los primeros ejemplos que siguieron a la publicación del libro de Howard. En 1904 se construye la primera garden city: Letchworth. Raymond Unwin es uno de los arquitectos del proyecto y aplica a Letchworth un lenguaje tipomorfológico inspirado de un largo y minucioso análisis de la arquitectura y del urbanismo del pueblo pintoresco inglés. Este lenguaje, que ahora ha dado la vuelta al mundo, Unwin lo expresa dos años después en la realización de Hampstead Garden Suburb para Henrietta Barnett. Letchworth Garden City es una verdadera garden city basada en el modelo original de Howard, y su estrategia económica y social da aún la prueba de su funcionamiento. Hampstead fue pensado como un suburbio londinense. Unwin que quería seguir la experimentación de su teoría arquitectónica y urbana, sería fuertemente criticado por los puristas del movimiento de las garden cities.

¿Existieron ejemplos concretos para construir garden cities en el mundo? ¿Puedes explicar un poco de algunos ejemplos de Europa y México?

En el libro Paradise Planned: The Garden Suburb and the Modern City, editado en 2013, Stern et al. escriben que el modelo de las garden cities no ha dejado de ser transpuesto, interpretado, y de ser una inspiración a través del mundo. El libro hace el inventario de las garden suburbs en el mundo y demuestra que si bien son muchísimas, las garden cities lo son mucho menos. La Garden City Exhibition ofrece en su página web un mapa que no sólo referencia la mayoría de ellas, sino también sus derivados: garden village, garden suburb, new town, etc. Las garden cities son pocas y en realidad la mayoría sólo son ciudades-satélites que no tiene de dimensión económica. Pero como lo he dicho, el modelo no ha dejado de ser una inspiración a lo largo del mundo y muchas realizaciones que se han inspirado directamente del movimiento aún no han sido identificadas. Es por eso que es interesante cuestionarse sobre este gran modelo de urbanismo del siglo XX, y de descubrir posibles garden cities que funcionarían sobre el modelo económico y de gestión del terreno teorizado por Howard, o directamente inspirado.

Eso es también uno de los objetivos preliminares de mi investigación: analizar realizaciones latinoamericanas y sobre todo mexicanas para descubrir cómo las garden cities se han implementado en otros lugares del mundo, con qué canales de difusión, y con qué desviación del modelo original. ¿Las garden cities realizadas tienen un funcionamiento económico, de gobernanza, y de gestión municipal de los terrenos, o son simplemente garden suburbs, es decir ciudades-satélites dormitorios? Es importante de saber ninguna realización respeca perfectamente el modelo teórico de Howard, incluso Letchworth, del que hemos hablado antes, y que, a pesar de ser la más cercana a la teoría, tiene una desviación del libro del padre de las garden cities; la estrategia agrícola para hacer autosuficiente la ciudad nunca se puso en práctica en Letchworth. Así, todas las realizaciones tienen una desviación de la teoría. El modelo de las garden cities es un modelo que ha utilizado solamente un porcentaje muy pequeño de su potencial, pero que ya ha demostrado su buen funcionamiento: haciendo de él una inspiración a considerar para hacer las ciudades y territorios de mañana.

En el caso de México, todavía tenemos que entender la difusión del modelo, pero existen varias pistas que conducen a creer que el modelo de la garden city tiene una gran influencia. Primero, muchas colonias construidas durante el Porfiriato fueron directamente inspiradas por el urbanismo europeo de la época, así mismo influenciado por la popularidad del movimiento de las garden cities. Segundo, Mario Pani, uno de los más grandes arquitectos y urbanistas mexicanos, intentó varias veces inspirarse en modelo; es el caso de la colonia Jardín Balbuena realizada en 1933 en la Ciudad de México, y del proyecto de la Ciudad-Satélite pensada al principio según varios principios de la garden city, pero que las presiones de los promotores y políticos transformaron en simple ciudad-dormitorio afuera de la capital.

¿En un contexto de ciudades no sostenibles, fragmentadas y cada día más desiguales, por qué el modelo de la garden city puede ser una respuesta a la construcción de la ciudades y territorios del mañana?

Es importante saber que en el Reino Unido el modelo de las garden cities ha sido nuevamente convocado. En 2014, el gobierno de coalición de David Cameron y Nick Clegg inició la construcción de 7 nuevas garden cities de 100,000 viviendas en total, asociándolas a un “llamamiento a los visionarios” para responder a la crisis de la vivienda. Poco tiempo después, los urbanistas Nick Falk y David Rudlin del taller Urbed ganan el famoso Wolfon Economic Prize que cuestiona la manera de hacer una nueva garden city visionaria, económicamente viable y popular. Y más recientemente, en enero de 2017, la construcción de 100,000 nuevas viviendas sobre los conceptos de garden town y garden village fue anunciada por el gobierno británico. Fuera de Urbed, que reflexiona a una nueva manera de hacer la ciudad considerando las grandes ideas de Howard y mejorándolas, lo que está siendo propuesto por los gobiernos es únicamente un uso del término garden city para poder vender mejor un proyecto de marketing dictado por los grandes grupos de presión de la construcción y por los promotores. Ninguna de las nuevas realizaciones considera las grandes ideas enunciadas por Howard: gestión municipal de los terrenos, gobernanza, etcétera.

Quise empezar con esta explicación porque estoy convencido que lo que falta hoy es, principalmente, el coraje político para no ser influenciado por los grandes grupos de presión y los especuladores. Y me cuestiono si, en realidad, los gobiernos tendrían todo a perder dando la prueba de que tales proyectos de sociedad que no dependen de ellos pueden realmente funcionar, creando trabajos y riquezas. Por lo tanto, creo que la garden city puede ser una respuesta a las construcciones de las ciudades y territorios del mañana, pero considerando que es sobre todo un proyecto de sociedad, y no esta imagen de suburbios usada en exceso, dado por los arquitectos que le han dado esta dimensión espacial a través de sus propias interpretaciones.

Pero para contestar a la cuestión, voy a dar el ejemplo de Letchworth e ilustrarlo a través de algunas cifras. Situada a treinta minutos de tren del centro de Londres, Letchworth Garden City es una ciudad de 33,700 habitantes. Los terrenos de la ciudad son municipalizados, y el único impuesto que pagan los habitantes regresa a la municipalidad que lo inyectan directamente de nuevo en la ciudad. Cada año, Letchworth recoge más de £10,000,000 por año ($237,600,000 pesos aproximadamente); £6.000.000 son utilizados para mantener la ciudad y pagar los sueldos de los 15,100 empleados, es decir casi la mitad de los habitantes de Letchworth; £4,000,000 son invertidos para mejorar la ciudad: sistema de bus para los viejitos, cine, piscinas, etc. Por otro lado, y aunque esta noción por desgracia no tiene sentido en México, Letchworth tiene hoy la tasa más alta de vivienda social (rentas bajas subvencionadas por el estado para la gente con bajas recursos): 33%, mientras que el promedio nacional inglés es de 17%.

Llevando conceptos económicos y sociales fuertes, la garden city fue imaginada como una respuesta a los desafíos socioeconómicos de la época; desafíos que son similares a los que conocemos hoy. Cuando Howard pensó su modelo, la ciudad de Londres era totalmente segregada y desigual; los ricos nunca habían sido tan ricos y los pobres nunca habían sido tan pobres. Existe un muy bueno libro de Jack London que fielmente describe la situación de las clases humildes: La gente del abismo. La ciudad estaba dividida,entre el East End, verdadero gueto de la tristeza humana, y el West End, lugar de la burguesía. Howard, profundamente humanista, cree en la igualdad que transcribe en la garden city, donde cada uno paga el mismo impuesto y obtiene las mismas ventajas. Sin embargo, Howard es también liberal, cada uno puede emprender por sí mismo y el enriquecimiento personal no es visto como un mal, ya que no afecta a las condiciones de vida de los otros. Su proyecto de sociedad no es fijado en una única doctrina rígida; es un equilibro entre diferentes ideologías muy distintas, en beneficio de la población. No tenemos que olvidar que la garden city, es una respuesta a las malísimas condiciones de vida de las clases humildes y trabajadoras, y que buscaba un remedio a la desigualdad y a la segregación de la capital inglesa.

Howard imagina las garden cities como una red de varias ciudades-satélites que debía vaciar poco a poco Londres de su población, y una vez que este sería liberado, podría regenerarse sobre bases y conceptos más igualitarios y saludables. El territorio entero debía poco a poco estar cubierto de garden cities interconectadas por una red de trenes y de tranvías. Howard ya considera al final del siglo XIX la necesidad de vivir en ciudades autosuficientes rodeadas por una campiña productora; ciudades higienistas y sin contaminación, con movilidades internas y externas totalmente pensadas. Hace más de un siglo, este hombre proponía un remedio efectivo a la ciudad más contaminada del mundo, y mucho más contaminada que nuestras ciudades contemporáneas; una reflexión con mucho más de sentido común que todas las otras apelaciones similares a la de sostenible.

Si consideramos que nuestras sociedades no han retrocedido desde esta época y que somos capaces hoy de aplicar con más medios las recomendaciones de Howard, el modelo permanece como una real fuente de inspiración para responder a los desafíos socioclimáticos de nuestro tiempo.

¿Por qué este modelo aún genera interés para América Latina a pesar de ser un contexto y época muy distinta a la que se generó?

La pregunta precedente contesta en parte a esta cuestión, sin embargo, me parece interesante cuestionarse sobre la transferibilidad del modelo en contextos y épocas distintas, y eso a través desafíos socioclimáticos comunes.

Cuatro desafíos ya movilizados por Howard me parecen todavía fundamentales hoy para la ciudad latinoamericana y en particular la mexicana. Cuando Howard propone la garden city, Londres se enfrenta a un importante éxodo rural, y el precio de las rentas combinado a la falta de viviendas acumulan los recién llegados en densidades urbanas muy altas. Este éxodo rural, muchos países de América Latina ya lo han conocido y lo conocen hoy todavía. En el caso de México donde una gran parte de la población vive en viviendas precarias creadas por la urbanización informal y espontánea, la necesidad de viviendas decentes es de varios millones.

Pero, más allá de la necesidad de viviendas, y como el Londres industrial al cual Howard busca un remedio, es primordial reflexionar sobre esta segregación que crea densidades urbanas muy heterogéneas según los barrios y muy altas en los más humildes. En comparación, tenemos que saber que Guadalajara tenía en 2015 una densidad urbana cerca de los 100 habitantes por hectárea, más alta que la del Inner London, con cerca de 85 hab/hectárea. Por otro lado, algunas colonias de Guadalajara como Aldama Tetlán alcanzan hasta los 200 hab/hectárea, es decir, una densidad urbana similar a la de París. Eso podría parecer normal y equivalente, pero hay que agregar otra variable: la altura de los edificios. Las construcciones parisinas de Haussmann alcanzan los seis pisos, mientras que la mayoría de los edificios en Guadalajara excedan rara vez un piso. Una densidad similar con mucho menos pisos: es fácil concluir sobre densidades urbanas demasiado altas en algunas colonias. Cuestionar de nuevo estas densidades urbanas debe pasar por una reflexión sobre la manera de hacer crecer la ciudad, y a la diferencia de Howard en su tiempo, es importante hoy considerar que las maneras de hacer la ciudad son múltiples. Si Howard pensó que los nuevos asentamientos, es decir las ciudades-satélites nuevas, son la única solución, creo como Falk y Rudlin que la reflexión sobre el crecimiento de la ciudad también debe considerar las zonas ya urbanizadas a través de la extensión y renovación urbana. Recordando que la extensión sin fin de las ciudades latinoamericanas ha mostrado sus límites, y que es necesario frenar esta extensión urbana en su forma espacial actual.

Tercero desafío: integrar de nuevo la naturaleza y la agricultura en la ciudad, lo que Howard llamaba la mezcla ciudad-campiña, fuente principal de atractivo que atraería los londinenses al exterior de la capital inglesa. La Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda un mínimo en espacios verdes de 10 m2 por habitante; Guadalajara tiene 2.5 m2; la Ciudad de México: 5.3m2; París: 14.5m2; Londres: 45 m2. Frente a la negación o la ignorancia de las autoridades y de la población en el reconocimiento del beneficio de la naturaleza en la ciudad, frente a la falta de prioridad que las políticas urbanas le dan en los nuevos proyectos, es primario de considerar de nuevo este desafío en la construcción de nuestras ciudades, especialmente en México donde el clima impone una necesidad de sombras y de frescura. Además, algunas ciudades como Guadalajara o la misma Ciudad de México, padecen cada año terribles inundaciones. Cada vez más falla un sistema de drenaje insuficiente, sin considerar que la mineralización de los suelos, la destrucción de las porosidades y la falta de espacios verdes, son las principales razones de estos torrentes mortales. Pienso que el agua tiene que entrar en el suelo donde cae. Pero más allá de considerar la necesidad de naturaleza como una única respuesta al desafío climático, es importante como Howard lo ha pensado, introducir de nuevo un debate sobre la integración de una necesidad agrícola en la concepción de nuestras ciudades, y eso para proponer un mercado corto de ofertas y demandas a las puertas de las ciudades.

Cuarto y último desafío: el de no tener que esperar las acciones de los políticos y autoridades, es decir, de poder aprovechar de la libertad de emprender por sí mismo o para el beneficio de su comunidad. Howard no cree en el Estado sino en la bondad humana, no tiene una actitud de espera y no considera su libro como la finalidad de su proyecto de sociedad, sino más bien como una herramienta para encontrar los futuros inversionistas de la primera garden city y los futuros convencidos que la harán con él. Como lo hemos comentado anteriormente, usa el sistema capitalista que ya existe para crear un funcionamiento comunitario en beneficio de las clases humildes y obreras. Hoy, en un contexto mundial donde las poblaciones albergan reservas crecientes hacia los políticos, la cuestión de la mejora de los lugares de vida se pregunta de nuevo y principalmente cómo transformar las ciudades sin tener que esperar de la intervención de las autoridades competentes.

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