Puedo hacerme invisible, escojo mi traje por la noche. Mi mirada se agudiza en la oscuridad y mi piel me señala cuando me acerco al peligro. La mía no es una rara especie de percepción extrasensorial. Mi invisibilidad y mi precognición no son superpoderes, y yo ninguna superheroína. Es únicamente el habitus de evaluar la violabilidad1 del espacio a mí alrededor, siempre, sobre todo en la noche, por si me matan. Quizás suene dramático, pero no se preocupen: hace mucho que hemos naturalizado las mujeres esta realidad. Camino en la noche evitando ponerme una falda, por si me matan, cruzo al otro lado de la banqueta si percibo a alguien detrás de mí, por si me matan, llamo a un taxi porque sí, son solo cinco minutos andando, ya es tarde, por si me matan…Porque sí nos matan.

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