Las rutas para subir al pecho del Iztaccíhuatl, sitio más alto del volcán, tienen que pasar por lo que se consideraría el estómago, donde hay un glaciar de muchos metros de espesor. Hace unos días pude estar sobre ese glaciar al subir, por primera vez, hasta la cumbre. Pero el gusto me duró poco puesto que el amigo con el que iba, que ha subido en varias ocasiones este volcán, me comentó que en el 2008 ese glaciar tenía cuando menos unos 15 metros más de altura. Es impresionante la velocidad con la cual se está perdiendo un glaciar que tomó cientos o miles de años en formarse. Con angustia, mi compañero de viaje me murmuró, “esto quiere decir que mi hija no va a poder ver este glaciar”. Pocas pruebas más contundentes que estas para comprender lo que significa el cambio climático en sitios que están a menos de dos horas de la Ciudad de México.

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