Como Jefe del Área de Estructuras de la UAM Azcapotzalco y asesor de la Coordinación de Control de Edificaciones (CCE) de la Secretaría de Obras del Distrito Federal de 1985 a 1988, pude participar de cerca en el proceso de reconstrucción de la ciudad a raíz del sismo de 1985. Con el ánimo de contribuir a mejorar el proceso de reconstrucción que está comenzando, comparto en estas líneas algunos hechos que podrían servir de guía, como una especie de déjà vu sísmico, para despejar dudas en el presente y mejorar la preparación ante los eventos futuros.


Sobre la continuidad en el servicio público

En México no existe continuidad en el servicio público. Cada que comienza un nuevo periodo gubernamental se renuevan los puestos con capacidad de decisión, sustituyéndolos con personal afín a los nuevos directivos, muchas veces sin tener siquiera la formación necesaria para desempeñar el trabajo que les corresponde. Al terminar el sexenio del presidente Miguel de la Madrid en 1988, el personal técnico de la Secretaría General de Obras del Departamento del Distrito Federal fue sustituido por personal del Comité Administrador del Programa Federal de Construcción de Escuelas, de donde provenía el nuevo secretario. Con esta acción se eliminó de las filas gubernamentales la memoria y la experiencia del proceso de reconstrucción del sismo de 1985. Mientras este proceder no cambie México está condenado, como un moderno Sísifo, a cargar la misma piedra una y otra y otra vez. Es indispensable que el personal técnico de los organismos gubernamentales se elija con base en su currículum, mediante concurso abierto y que se mantenga al margen de los cambios políticos, para que se construya la memoria histórica del servicio público y no se tenga que reinventar la experiencia cada vez que ocurre una tragedia; tal como lo estamos viendo ahora.

Del control de las reparaciones

Una de las primeras cosas que se hicieron en 1985 fue concentrar el trámite de las licencias de reparación en la CCE, desplazando así la participación de las autoridades delegacionales. El objetivo de esto era garantizar la calidad del nivel técnico en la solución de los problemas que involucraban las reparaciones, que no son usuales en la práctica cotidiana. Además, en el proceso de otorgamiento de las licencias de reparación se instrumentó una revisión cruzada de los proyectos, de forma que un despacho de ingeniería diferente al solicitante revisaba el proyecto y emitía su opinión. Finalmente, bajo la supervisión de la CCE se procedía a conciliar ambos puntos de vista, lo cual mejoró considerablemente la calidad técnica de los proyectos autorizados. Adicionalmente, a través de un convenio del CCE con la UAM, se realizó el seguimiento en campo de la construcción de los proyectos de reparación más relevantes. Sería deseable que volvieran a implementarse este tipo de mecanismos, u otros similares, para mejorar la calidad de la reconstrucción.

Es necesario documentar la experiencia

El proceso descrito anteriormente dejó plasmado en numerosos expedientes las soluciones de reparación que se efectuaron en cientos de edificios dañados por el sismo de 1985, documentadas con memorias de cálculo, planos estructurales y boletines de visitas durante la construcción. Es muy probable que toda esta información, si aún existe, se encuentre fuera del alcance incluso de las mismas autoridades, perdida tal vez en el Archivo General de la Nación. Cuánta falta haría ahora, por ejemplo, tener la posibilidad de cotejar la información de los edificios reforzados en 1985 con su comportamiento ante el evento de 2017, para el estudio de la efectividad de las técnicas de reparación y refuerzo de las estructuras dañadas por los sismos. Es obvia la necesidad de integrar un archivo permanente y de fácil acceso que conserve la información de los inmuebles que se construyen en la ciudad de México, teniendo en cuenta que los eventos catastróficos ocurren con una frecuencia de décadas.

Acerca de las normas de construcción

Un mes después del terremoto del 19 de septiembre de 1985 se publicaron las Normas de Emergencia para el uso del Reglamento de Construcciones. En ellas, reconociendo que la realidad había superado a la normativa vigente, el Subcomité de Normas del Comité de Reconstrucción proporcionó lineamientos para iniciar el proceso de reparación de las estructuras dañadas en tanto se elaboraba un nuevo reglamento, que pudiera incorporar con más tiempo de reflexión las observaciones derivadas del sismo. En el nuevo Reglamento de Construcciones, que se publicó en 1987, se incorporó parcialmente la propuesta de la UAM para reconocer que dentro de la zona de suelo blando de origen lacustre de la ciudad existían dos “zonas de alta intensidad sísmica” ubicadas a partir del estudio de los daños, zonas que se eliminaron posteriormente en los reglamentos subsecuentes al hacerse más cerrado el grupo que controla la elaboración de las normas. Sin embargo, el sismo de 2017 vuelve a evidenciar la gran amplificación sísmica que se da en estos lugares (Iglesias, 2017). Sería deseable que la elaboración de la nueva normativa que necesariamente tendrá que hacerse, quede a cargo de un equipo plural de arquitectos, ingenieros y científicos, más allá del tradicional grupo del Instituto de Ingeniería de la UNAM y sus allegados. Es muy importante que se escuche la voz de otras instituciones académicas y sobre todo de los profesionistas, a través de la participación directa en la redacción de las normas de los colegios de ingenieros y arquitectos, que hasta la fecha solo han sido usados como pantalla para dar una falsa idea de consenso.

El manual de reparación de estructuras de concreto y mampostería

Para acompañar el proceso de reconstrucción en 1985 el CCE le encargó a la UAM la publicación de un libro sobre la evaluación y reparación de estructuras de concreto y mampostería, del cual fui coautor (Iglesias et al., 1985). Esta publicación, que se proporcionó a los arquitectos e ingenieros involucrados en dicho proceso, sigue siendo de gran utilidad en el presente y se puede descargar libremente de internet. Ojalá pudiera actualizarse en esta ocasión a través del estudio del comportamiento durante el sismo reciente, de los inmuebles que fueron reforzados en 1985.

Del proceso de reparación de los inmuebles dañados

Entrando ya en el detalle del proceso de evaluación y reparación de las estructuras dañadas, el primer paso consiste en decidir si conviene reparar o demoler, particularmente en aquellos casos en que haya habido daños severos. Se puede afirmar que en ausencia de colapsos parciales, prácticamente cualquier tipo de daño es técnicamente reparable, incluso puede considerarse la alternativa de una demolición parcial, como en el caso de un edificio en el que haya ocurrido el colapso de un piso intermedio y proceda demoler solamente los pisos superiores y rehabilitar el resto. Habrá que considerar también que en un proceso de reparación integral se pierden buena parte de los acabados y las instalaciones, por lo que prácticamente solo es posible recuperar la estructura, que cuando mucho representa alrededor del 30% del valor total del inmueble, al comparar el costo que esto tiene con el costo de reposición puede resultar atractiva la demolición desde un punto de vista económico. Hay sin embargo otros factores que se deben considerar en la decisión, como son la importancia social, la relevancia estética, la importancia funcional, etc. Finalmente, para decidir qué hacer es necesario conocer las alternativas que se tienen para reparar, en este sentido se debe recurrir a los documentos disponibles, como en el caso de la publicación de la UAM ya mencionada, y a rescatar la memoria de quienes vivimos el proceso hace 32 años, a través de conferencias y cursos que bien pudieran organizar los colegios profesionales o las instituciones de educación superior.

¿Y qué pasa con las estructuras que no sufrieron daños?

La mayoría de los inmuebles colapsados en esta ocasión han sido edificios que habían sobrevivido al temblor de 1985, si se pudieran recuperar los expedientes de estos inmuebles sería interesante saber que tan afectados resultaron entonces y si habían sido reforzados o no. Por otra parte, la distribución de los daños ha hecho también evidente la ocurrencia de problemas en zonas que en 1985 no resultaron mayormente afectadas. Lo anterior hace evidente la necesidad de revisar la capacidad sismo resistente de los inmuebles existentes, aún cuando no hayan resultado con daños en el reciente evento, en prevención de daños futuros. A finales de 1987, la CCE, en colaboración con la UAM, desarrolló un proyecto para evaluar la capacidad estructural de los inmuebles de la Delegación Cuauhtémoc, una de las más afectadas,  mediante un proceso de revisión por cribado. El trabajo se inició con un censo de los edificios que permitió ubicar 196 edificios con más de 4 pisos y alta densidad de uso, características que se consideraron las más vulnerables. Este grupo de estructuras se sometió a una evaluación preliminar que permitió detectar los 36 en las peores condiciones de seguridad. El objetivo era contactar a los propietarios de estos inmuebles para que finalmente ellos hicieran una revisión detallada con un despacho de ingeniería que validara su seguridad o bien procediera a su rehabilitación (Noreña et al., 1989). Por desgracia, el fin del sexenio en 1988 puso también fin a este proyecto que se perdió con el recambio de personal en la Secretaría de Obras que se mencionó en un principio. Ojalá pudiera retomarse esta inquietud sobre los inmuebles existentes, para detectar aquellos con mayor riesgo antes de que un nuevo sismo nos diga trágicamente cuáles son.

De la protección civil

Como consecuencia del sismo de 1985, se creó en las autoridades la conciencia de formar grupos de protección civil en todos los niveles de gobierno y de preparar a la población para responder con mayor eficacia a los desastres. Así, el Reglamento de Protección Civil publicado en 1990, establecía la obligatoriedad de efectuar al menos tres simulacros al año en escuelas, fábricas, comercios, oficinas, unidades habitacionales, etc. La realidad fue que esto se implementó apenas parcialmente, pero con el paso del tiempo se ha ido reduciendo a un ejercicio, que no simulacro, para conmemorar el aniversario de la tragedia de 1985. Los grupos de protección civil, integrados muchas veces por personal sin la preparación adecuada en el tema, se han especializado en exigir que los comercios desarrollen planes de protección civil y tengan dispositivos adecuados de seguridad, lo que acaba siendo con frecuencia una fuente más de corrupción. Nuevamente es válido el reclamo de un servicio público de carrera bien preparado, que sea capaz de implementar estrategias de respuesta en la población mediante simulacros verdaderos que no sean ceremonias conmemorativas previamente calendarizadas.

La alarma sísmica

No puedo dejar de referirme a la alarma sísmica, proyecto que me tocó en suerte iniciar con la presentación pública de su prototipo en el CENDI de la UAM en mayo de 1989 (Iglesias et al., 1989). El desarrollo de esta iniciativa fue patrocinado por el gobierno de la Ciudad de México durante muchos años, proporcionando el financiamiento para la integración de su infraestructura a través del CENAPRED. Desgraciadamente vemos ahora con estupor que es una empresa privada la que le vende a la ciudad la señal de alarma desarrollada por ella misma (Paris Martínez, 2017). Negocio perfecto.

¿Estaremos condenados a la repetición de nuestros errores?

El proceso de reconstrucción de la Ciudad de México tomará bastante tiempo, es probable que, a semejanza de 1985, la parte intensa dure alrededor de tres años. Durante este periodo se volverán a integrar archivos con la información de los daños, las soluciones de reparación y el seguimiento en las obras; las autoridades que participen en dicho proceso adquirirán nuevamente una experiencia valiosa que permitirá mejorar la respuesta social ante los sismos; las instituciones académicas y los cuerpos de profesionales de la construcción que sean capaces de aprovechar con la mente abierta las lecciones de la tragedia podrán ofrecerle a la sociedad más elementos para mejorar las edificaciones. Finalmente, el verdadero reto será evitar que todo esto desaparezca de nuevo víctima de los cambios políticos, los egos personales y la indolencia general, si esto no se puede lograr estaremos condenados a ver la repetición de la misma trágica película reiteradamente.

Jesús Iglesias Jiménez es maestro en Ingeniería Estructural por la Universidad Nacional Autónoma de México, miembro vitalicio del Colegio de Ingenieros Civiles de México, Premio Nacional Nabor Carrillo a la Investigación del Colegio de Ingenieros Civiles de México y Premio Nacional José A. Cuevas del Colegio de Ingenieros Civiles de México.

Referencias:

  1. Iglesias, J. (2017). “Reflexiones sobre la zonificación sísmica de la Ciudad de México”. Revista Nexos, Octubre 4, 2017.
  2. Iglesias, J., Robles, F., de la Cera, J. y González, O. M., “Reparación de estructuras de concreto y mampostería”. UAM Azcapotzalco, Serie: Ingeniería Sísmica, No. 1, México, 1985.
  3. Noreña, F., Castañeda, C. and Iglesias, J.”Evaluation of the seismic capacity of buildings in Mexico City”. Earthquake Spectra, V. 5, N. 1, February 1989.
  4. Iglesias J., Espinosa J. M. y Hernández A., “Alarma Sísmica Prototipo”. Memorias del VIII Congreso Nacional de Ingeniería Sísmica y VII Congreso Nacional de Ingeniería Estructural, Acapulco, Gro., noviembre 1989, pp. D67-D75.
  5. Paris Martínez, “Así defraudan a la CDMX con la operación y mantenimiento del Sistema de Alerta Sísmica”. Animal Político, septiembre 14, 2017