Desde Miguel Ángel y su relación con la Iglesia, Hitler con Albert Speer, Pani o Ramírez Vázquez con presidentes y altos empresarios de México, hasta Fernando Romero y Norman Foster con la actual presidencia de la República; la arquitectura siempre ha estado relacionada con el poder, con el poder político, económico, religioso o incluso, y por qué no, de algunos grupos sociales. Es innegable que la práctica profesional de la arquitectura está íntimamente relacionada con algún tipo de poder – lo cual no indica que tenga que ser así continuamente ni que sea una relación negativa todo el tiempo.

Tenemos lo que se podría considerar como buenos ejemplos o resultados de este tipo de relaciones con el poder. La Delegación Cuauhtémoc, el Museo Rufino Tamayo, El Colegio de México, la Universidad Pedagógica Nacional, el Fondo de Cultura Económica o el Auditorio Nacional por mencionar algunos, todos ellos proyectados por Teodoro González de León y Abraham Zabludovsky. El Estadio Azteca, la Basílica de Guadalupe, el Museo Nacional de Antropología e Historia, el Museo de Arte Moderno o el edificio de la Secretaría de Relaciones Exteriores, de Pedro Ramírez Vázquez, ejemplos en los que la solución arquitectónica y sobre todo, la escala urbana de dichos proyectos han convertido tanto a los arquitectos como a sus obras, en referencias urbanas y arquitectónicas a nivel nacional e internacional.

A los proyectos mencionados en el párrafo anterior se pueden agregar museos, escuelas, entre otros que, representan el ideario político del país, o la herencia arquitectónica del presidencialismo mexicano y de alguna manera la construcción de una identidad nacionalista a través de emblemáticos proyectos que los representaran. 

Sin embargo, cuando la obra pública es utilizada con intenciones políticas cuestionables, se convierte en problema social, como el ejemplo de Puebla lo demuestra. Durante los seis años que duró el gobierno de Rafael Moreno Valle en Puebla (2011-2017), se llevaron a cabo lo que pudieran ser las obras de infraestructura más grandes –no por eso las más importantes, las más acertadas o útiles– que un gobierno haya hecho en el estado. Lo cual significa que la nueva imagen urbana o el impacto que tienen estas obras a nivel urbano, son por demás significativas y tendrían que ser ampliamente discutidas.

De las obras que se realizaron destacan las siguientes: 61.3 kms de ciclovías elevadas o “parques lineales” con un costo total de 807.3 millones de pesos, es decir; aproximadamente 13.17 millones de pesos por km, 8.17 millones de pesos más por km que la ciclovía de Paseo de la Reforma en la Ciudad de México. La ciclovía más costosa de México y no por ello la más utilizada.

El Museo Internacional del Barroco (MIB), gestionado y construido a pesar de contar con las más de 300 manzanas que conforman la zona de monumentos, de sus enormes y sólidas puertas de madera, de sus barandales, balcones, gárgolas, a pesar de los retablos barrocos de sus templos, de sus edificios y otros elementos, es decir; a pesar de sus dos mil 619 inmuebles dentro del área protegida, se invirtieron siete mil millones de pesos. Una enorme inversión en un estado que ocupa el cuarto lugar en población y pobreza a nivel nacional y en el que más de 300 inmuebles dentro de la misma zona de monumentos requieren de inversión para su rescate− invertir esa cantidad supone más, un despilfarro y derroche de recursos en un proyecto social y cultural innecesario.

Sumadas a las obras anteriores, se hizo la remodelación del Auditorio de la Reforma, del Estadio Cuauhtémoc, del Estadio Hermanos Serdán, del Auditorio Metropolitano (antes Complejo Cultural Siglo XXI proyecto no muy afortunado y tal vez el último de Ramírez Vázquez), se rehabilitó el antiguo Colegio Militar para convertirlo en Museo del Ejército y Fuerza Aérea Mexicanos. De igual manera se rehabilitó el Fuerte de Guadalupe para hacer el Museo de Guadalupe, se construyó la Central de Autobuses en San José Chiapa para lo que hoy conocemos como Audi, Ciudad Modelo. Comunidad en la que la armadora alemana tiene su nueva sede.

Se construyó el teleférico que consta de 688 mts. dos góndolas y dos estaciones, una de 48 y otra de 58 metros. Que por cierto, para la construcción de una de ellas se demolió la Casa del Torno, un inmueble del siglo XVII catalogado por el INAH en 1977 y ubicado en el Barrio del Artista o plazuela del torno. Para este proyecto se pintaron con triángulos blancos y azules (imagen del sexenio) las azoteas de algunas de las casas que se ven desde el recorrido, las demás están igual.

También se construyeron la Estrella de Puebla −que después de no saber dónde ubicarla encontraron en Angelópolis el lugar ideal− los Centros Integrales de Servicios, el de Puebla y el de Tehuacán, así como el Complejo Metropolitano de Seguridad, y el recién proyecto de remodelación de la Av. Juárez.

Todas estas obras suman una inversión de más de 14 mil millones de pesos. Una inversión que ha sido parte de una estrategia, como lo argumentó el gobierno en su momento, para que el turismo sea constante y su estancia sea mayor a un día. Una justificación que podría llegar a ser aceptable.

Sin embargo, lo que no es aceptable es el hecho que de alguna manera en todos los proyectos mencionados haya participado directamente Bautista Arquitectos, oficina liderada por el Arquitecto Federico Bautista Alonso, sin concurso alguno. Se ha convertido en el arquitecto del estado, el cual curiosamente también nieto del también ex gobernador Gonzalo Bautista O’ Farrill y bisnieto de otro exgobernador Gonzalo Bautista Castillo, quien sucediera en la gobernatura al General y Doctor Rafael Moreno Valle, secretario de Salud en el sexenio de Gustavo Díaz Ordaz y abuelo del exgobernador en cuestión, y primo hermano de Martha Erika Alonso de Moreno Valle, actual esposa y candidata a la gobernatura del estado de Puebla ¿Una coincidencia? No precisamente, ya que está en línea con la relación entre la política o los políticos, sus aspiraciones al poder, la arquitectura y los arquitectos.

Tabla 1: Proyectos en los que ha participado Bautista Arquitectos sin concursos, 2011-2017 publicados en su sitio web

Obra

Teleférico

Museo Internacional del Barroco

Museo del Ejército

Museo Guadalupe

Estadio Hermanos Serdán

Estadio Cuauhtémoc

Auditorio Metropolitano

Auditorio de la Reforma

Cuartel Metropolitano

CIS Puebla

CIS Tehuacán

Bautista Arquitectos ha sabido resolver los apresurados encargos solicitados por el ex Gobernador Moreno Valle, quien tomó la obra pública como su estandarte para competir por la presidencia de México. Y ha aprovechado la estrecha relación con el poder político, convirtiéndose desde hace muchos años hasta la fecha, en la oficina favorita de alcaldes y gobernadores, ya sea para proyectar, construir o aconsejar.

Lo que cuestiono no es al arquitecto ni a su trabajo. Lo que cuestiono y critico es el uso descarado y abusivo del poder político y la forma en la que se le hayan asignado los proyectos a Bautista Arquitectos por parte del Gobierno del Estado de Puebla. Pongo de ejemplo tres de los 11 proyectos mencionados en la Tabla 1. En el sitio web de los arquitectos aparece publicado “Estadio Hermanos Serdán-Modernización del Estadio”, sin embargo, en la página de transparencia del gobierno del estado está el contrato de obra pública a precio alzado y tiempo determinado No. OP/LPE006/SIT-20150543 Proyecto Integral para la remodelación del estadio de béisbol Hermanos Serdán, en la ciudad de Puebla”. Contrato firmado por “Geotecnia y desarrollo de Infraestructura SA de CV”.

Casos similares ocurren con la remodelación del Estadio Cuauhtémoc licitación ganada por Acapro de Hidalgo SA de CV, contrato OP/LPN049/SI-20141098 y con el Complejo Metropolitano de Seguridad licitación ganada por PICORP de México SA de CV, contrato OP/LPN030/SIT-20150645. ¿Cómo fue el proceso del resto de los proyectos?

No hay obra sin proyecto, y si están publicados en el sitio web de Bautista Arquitectos es debido a que ellos se encargaron del desarrollo arquitectónico, no necesitan adjudicarse algo que no es de ellos. Esto quiere decir que, el Gobierno del Estado, mejor dicho, el exgobernador, haciendo uso y aprovechando su estrecha relación encargó los 11 proyectos a Bautista Arquitectos mediante algún esquema o tipo de convenio o, que las mismas constructoras, amparándose en el artículo 47 de la “Ley de obras públicas y servicios relacionados con las mismas” en el que establece que las empresas contratadas por el gobierno del estado pueden ejecutar acciones a través de otro”, subcontrataron a Bautista Arquitectos para desarrollar los proyectos, considerando en sus propuestas económicas sus respectivos honorarios.

Valdría la pena cuestionarse si los 11 proyectos mencionados son los únicos o sólo son los que tienen mayor impacto mediático tanto para Bautista Arquitectos como para el exgobernador, si fue éste quien los propuso o, ¿es tan cercana, estrecha y estratégica la relación entre ambos que fue el mismo Federico Bautista quién los propuso?

Si fueran encargos privados no habría razón para la crítica o los cuestionamientos planteados, pero los recursos fueron públicos y de alguna manera asignados y concentrados en un solo lugar con fines más políticos que sociales, sobre todo; abusando de las relaciones de poder. 

¿Este formato no tendría que ser revisado por diferentes actores, entre ellos, académicos, colegios de arquitectos, consejos ciudadanos y cualquier otro con capacidad de opinión y sobre todo que proponga y logre cambios al respecto? ¿Por qué no ha habido posiciones al respecto? La obra pública es uno de los negocios más lucrativos del país, uno de los más oscuros y corruptos que existen, se manejan grandes cantidades de dinero para poder construir la infraestructura y el equipamiento que una ciudad necesita. Razón suficiente para pensar en otras formas o esquemas de asignación que lo justifiquen.

Todo proyecto arquitectónico o urbano sin importar su inversión o escala, excepto la que por razones de emergencia tenga que ser adjudicado de manera directa debe ser concursado bajo un esquema o formato que permita estar bajo juicio de la opinión pública y la participación ciudadana ¿Acaso el concurso no es un formato más transparente, democrático e incluyente? ¿Con los concursos la ciudad tendría más y mejores aportaciones arquitectónicas o urbanas de otros arquitectos que de uno sólo? ¿De qué o de quién depende que el concurso sustituya a la asignación directa en la ley de obra pública? ¿Cuántos dueños de constructoras aportan a la campañas de los políticos esperando a cambio una asignación directa?

Y si bien existen otros formatos, como el de concurso cerrado a tres, en el que se invita a participar a tres empresas constructoras o despachos seleccionados y el proyecto o la obra es asignado al más barato –sabiendo que lo barato puede salir caro–. Sin embargo, detrás de este esquema suele ocultarse una asignación directa previamente negociada con el futuro ganador, el cual tiene que solicitar a alguno(s) de sus colegas el mismo presupuesto, pero con un precio mayor, es decir; aumentando el costo de tal forma que aparentemente gana el más barato. Una forma de justificar la asignación directa que puede ocultar diferentes cosas, como corrupción.

No es posible que una sola firma de arquitectos maneje tantos proyectos e inversión pública sin necesidad de competir por ellos. Por ello, es urgente implementar el concurso del proyecto arquitectónico y/o urbano en la obra pública de Puebla (y el país). Es la única manera de democratizarla y transparentarla, sobre todo porque se paga con nuestros impuestos. Si seguimos por el mismo camino, la arquitectura y la ciudad perderán enormes oportunidades de convertirse en verdaderos referentes urbanos y, la opacidad, nepotismo y corrupción seguirá siendo una práctica normal en nuestro país.

 

Sergio Gallardo es arquitecto por la UAM Azcapotzalco, máster en Desarrollo Urbano y Territorial por la UPC y profesor de cátedra Itesm-Puebla. Actualmente estudia el doctorado en Estudios Urbanos en la UAM-Azc.