Ya sean problemas con la gestión de la basura, el abastecimiento de agua o con la precariedad del transporte público, los especialistas concuerdan con lo siguiente: estas dificultades se deben de solventar de manera metropolitana.

Las ciudades evolucionaron para convertirse en zonas metropolitanas integradas socioeconómicamente; es decir, crecieron más allá de las fronteras político administrativas en que se insertaban, pero que están unidas por flujos de personas y recursos.

Esas fragmentaciones políticas en algunos casos dificultan u obstaculizan la correcta prestación de servicios. Con frecuencia, la competencia política y económica entre los municipios impide la coordinación entre planificación, inversión y prestación de servicios fuera de los propios límites administrativos.

Ilustración Sergio Bordón

Para el caso de la Zona Metropolitana del Valle de México (ZMVM) donde cohabitan 80 distintos gobiernos, decir que el reto es titánico, es quedarse corto: un gobierno federal, tres entidades, 60 municipios y 16 delegaciones (futuras alcaldías) conviven día con día en brindar los servicios básicos a más de 20 millones de personas que en ella habitan. En otras palabras, tenemos cientos de diferentes agencias públicas o privadas prestando servicios por toda la zona metropolitana con poca o nula coordinación entre sí.

Por su impacto, la planificación del territorio, gestión del agua y la basura, así como operación del transporte público, son temas que deberían atenderse a nivel metropolitano y no a una escala local. Ya sea en coordinación o bajo un gobierno metropolitano, las elecciones pasadas configuraron un escenario político que brinda condiciones sin igual para poder lograrlo.

De las 16 delegaciones (alcaldías) Morena ganó en 11, cuatro van para el PAN y una para el PRI. De los 59 municipios que se disputaron, 13 quedaron en manos del PAN, cinco eligieron al PRI y nueve optaron por la administración de un partido distinto, el resto, 32, prefirieron a Morena. Esto significa que éste último partido político estará a la cabeza del 71% de los gobiernos locales de la zona metropolitana, hogar de poco más de 15 millones de habitantes.

Si esto no fuera suficiente, tanto en la Ciudad de México como en el ejecutivo federal el partido fundado por Andrés Manuel López Obrador obtuvo la victoria. Aún más, también cuenta con mayoría en ambas Cámaras, muy cerca del número necesario para realizar cambios constitucionales.

Ilustración 1. División geopolítica de la ZMVM después de las elecciones 2018

Fuente: Elaboración propia con información del PREP.

La Constitución mexicana a través del artículo 115 obliga a los municipios a brindar los servicios de gestión de agua y basura, así como también los faculta a formular, aprobar y administrar la zonificación y los planes de desarrollo. Mismo artículo que brinda a los municipios la capacidad de coordinarse y asociarse para la más eficaz prestación de los servicios públicos, pero que por otro lado, prohíbe la formación de gobiernos metropolitanos al dictaminar que no habrá autoridad intermedia alguna entre los municipios y el gobierno estatales.

No todos los gobiernos locales que forman parte de una zona metropolitana tienen la fuerza suficiente para ejercer un control absoluto en sus jurisdicciones ni igual capacidad de inversión dada su diferente base fiscal. Sumado a lo anterior, la fragmentación político-administrativa genera una estructura de incentivos perversos que motiva a los funcionarios electos a no cooperar con otras jurisdicciones, amplificando la dimensión de los problemas sociales y de política pública, lo cual nos lleva a la situación actual en que no existe planificación regional o metropolitana.

Sin embargo, dada la abrumadora victoria de Morena y su coalición en las pasadas elecciones, las condiciones para una coordinación metropolitana −o incluso una modificación constitucional− están sobre la mesa.

Un gobierno metropolitano

La capacidad de los gobiernos locales de asociarse entre sí para brindar mejores servicios está prevista en la ley; hace menos de un año, el 25 de septiembre del 2017 se publicó en el Diario Oficial de la Federación la instalación del Consejo de Desarrollo Metropolitano del Valle de México conformado por representantes de la federación, la Ciudad de México, el Estado de México y el estado de Hidalgo. No obstante, sin ningún peso jurídico sobre otras instancias encargadas de la planeación y la decisión de inversión, el recién creado consejo es poco más que irrelevante.

Más allá de un consejo, lo que la ZMVM necesita es un gobierno o una agencia metropolitana. Las ventajas se verían reflejadas en una mejor planeación y gestión de los tres temas que mencioné anteriormente: agua, basura y transporte.

Es tanta la necesidad de agua en la zona metropolitana que el recurso se importa desde Michoacán a través del sistema Cutzamala. De manera irónica a la ZMVM lo que le sobra es agua, lo que se constata de temporada lluvias cuando la ciudad se inunda. El problema es la pésima gestión de este recurso. Un gobierno metropolitano no solo estaría a cargo de la administración del vital líquido, también podría contar con la capacidad de elaborar planes de uso de suelo, así como límites urbanos de crecimiento para cuidar las zonas que recargan el acuífero. Para entrar en más detalles sobre el agua, Luis Zambrano hace un excelente análisis del balance de la cuestión hídrica en la Ciudad de México que se puede consultar aquí.

El tema de la basura ya se maneja de manera metropolitana, por decirlo de una manera. La Ciudad de México no tiene espacio donde colocar las casi 13 mil toneladas de residuo sólido que genera al año, lo que le crea la necesidad de enviar 8 mil toneladas a los municipios conurbados del Estado de México o Morelos. Sin embargo, estos municipios siguen creciendo sin planeación y sin un plan de manejo integral de la basura ¿A dónde enviarán su propia basura cuando se termine su capacidad? Adicionalmente, no se tiene un esquema de reciclaje integral, dentro de la capital únicamente el 33% de los residuos se reciclan o reutilizan de acuerdo con la Secretaría de Medio Ambiente.

La necesidad de una agencia de transporte metropolitano es un tema recurrente en este espacio, en el cual tanto Salvador Medina como yo hemos profundizado en diversas oportunidades.  En resumen, la fragmentación administrativa del transporte público ha causado que las redes de transporte masivo no se puedan extender más allá de las fronteras políticas, generando gastos excesivos en los usuarios y pérdidas en tiempo gigantescas, convirtiendo así a la ZMVM en el lugar más doloroso para transportarse en el mundo.

Existen diversas experiencias internacionales de las cuales aprender. La Autoridad del Gran Londres (GLA por sus siglas en inglés) creada en el 2000 para encargarse de la planeación, transporte, policía, bomberos y emergencias de la zona metropolitana de la capital de Inglaterra, brinda un buen ejemplo a seguir. La GLA se creó como una autoridad regional centrada en la definición y ejecución de estrategias y no en la gestión de servicios, las cuales siguen correspondiendo a los distritos municipales. Desde la esfera política de la GLA compuesta por el Alcalde y la Asamblea de Londres, se genera un plan de desarrollo para toda la región el cual los municipios están legalmente obligados a cumplir; el alcalde tiene el poder de invalidar las decisiones de planificación realizadas por los municipios si considera que van en contra del interés de la metrópoli en su conjunto. Hay que destacar que las competencias con las que se creó la GLA se deben al gobierno central, no a la unión y disposición de los municipios.  En México, de igual manera, una autoridad de este calibre solo podría provenir del nivel federal y de una reforma constitucional.

Otro ejemplo digno de mencionar es la Autoridad Metropolitana del Transporte (MTA por sus siglas en inglés) en Nueva York, corporación público-benéfica responsable del transporte colectivo en la ciudad más grande de los Estados Unidos. La MTA está conformada por agencias de transporte locales que en total suman 16 líneas de ferrocarril, 23 de metro, 386 de autobús y un BRT (metrobús). Unificando todo el transporte público bajo una misma corporación la operación del transporte mejora exponencialmente: se acaba con la duplicidad de las rutas, se elimina la competencia por el pasaje, se pueden unificar todos los servicios en una sola tarifa etc. En la ZMVM el Metro opera tanto en la CDMX como en el Estado de México, no obstante, una queja recurrente de la capital del país es que el segundo no aporta recursos para la operación de éste. En 2016 el Metro reportó un déficit de 10 mil millones de pesos, y a la vista, ni el gobierno actual, ni el entrante en la capital tienen un plan para solucionar esto y el Estado de México simplemente ignora este tema. Una institución, autoridad o corporación encargada de velar por el interés metropolitano es necesaria.

 

Gerardo Velarde
Politólogo por la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla y maestro en Planeación y Políticas Metropolitanas por la Universidad Autónoma Metropolitana.