Por más de 70 años, la familia Robles ha vendido tortas en el Centro Histórico, construyendo una base de clientes leales. Sin embargo, este año, todo eso podría terminar.

Su historia empieza en los años cuarenta, en el cruce de la calle Doctor Mora y Avenida Juárez, la esquina suroeste de la Alameda Central. Diego Rivera inmortalizó el parque, el primero de su tipo en la ciudad, en un mural en 1947.

Ilustración: Adriana Quezada

En una tarde soleada en el local de Tortas Robles, Guadalupe señala hacia una fotografía del mismo año, 1947. La foto muestra su padre, Alejandro Robles, apoyándose en un carrito de tortas. “Es él, el de la boina,” dice Guadalupe, con cariño. 

Alejandro Robles nació en Sonora y llegó a la Ciudad de México, antes Distrito Federal, cuando era un hombre joven. Se casó con Lorena Martínez, originaria del Estado de México, y el matrimonio entró al negocio de las tortas a mediados de la década 40. Lorena preparaba las tortas frías en casa y Alejandro las vendía en la esquina concurrida de Doctor Mora y Avenida Juárez. En aquel entonces eran tortas frías, de milanesa o chorizo con huevo.

Fotografías: Martha Pskowski

Con el tiempo fueron ganando clientes y consiguieron un local en la calle Basilio Badillo. Alejandro murió en 1979, pero su esposa e hijos mantuvieron el negocio en marcha. En 1993, abrieron el local actual, en Cristóbal Colón 1 en el edificio estilo art decó, el Trevi, a unos cuantos pasos de donde Alejandro vendió sus primeras tortas en los cuarenta. 

El menú es sencillo: tortas y tacos dorados. Las tortas son de chorizo, huevo, pierna, o milanesa y pueden ir combinadas con queso Oaxaca o americano. Comparando con muchos puestos de tortas, es el sabor de la carne que resalta, no la grasa del bolillo.

Los precios son accesibles, entre 26 y 38 pesos por torta. Cada vez es más difícil encontrar platillos ricos y baratos en el Centro Histórico; las grandes cadenas ahora predominan en zonas centrales como la Alameda y la calle Madero. Fácil de preparar y hecha con ingredientes nutritivos, una torta es una comida perfecta para comer en el Centro, donde muchos van con prisa.

Dice que hay personas que le recomiendan subir sus precios. Ella se niega; prefiere que sus clientes puedan comer una torta sin importar el dinero. El precio del aguacate ha subido en los últimos años, pero dice que es un ingrediente que jamás va a escatimar.

“¡Una torta es alimento!”, dice. “Es más alimento que una quesadilla. Una torta de quesillo con aguacate –¡es alimento!”.

“Mi papá decía que vendía tortas para el pueblo”, dice Guadalupe. Alejandro Robles trataba a todos sus clientes con respeto, lo cual no quiere decir que no tuviera clientes famosos. Guadalupe dice que el presidente Echeverría mandaba un carro de los Pinos a recoger una canasta de tortas para sus hijos.

“Una vez un reportero dijo a mi papá, ‘Muchas personas importantes han comido en su restaurante’”, recuerda Guadalupe. “Él lo interrumpió y dijo, ‘Para mí, todos mis clientes son importantes, hasta los boleros’”.

La Revolución mexicana apenas había terminado una década antes cuando el señor Robles empezó a vender tortas y la gente todavía se acordaba del Porfiriato. Guadalupe explica que el jamón fue un ingrediente caro en aquel entonces y que Alejandro solo venía tortas accesibles a la gente obrera que frecuentaba el Centro. Su lema famoso lo dejó claro:

“¡Robles no vende torta de jamón, que muera el Porfiriato y viva la Revolución!”.

Alejandro también era amigo de la prensa; muchos de sus miembros trabajaban en oficinas alrededor de la Alameda. El periódico La Prensa se ubicaba en Basilio Badillo. Guadalupe dice que todos los años el día del informe presidencial, Alejandro servía una comida a los reporteros y fotógrafos. En una de las muchas fotografías que llenan el pequeño local, ella muestra una que es de los periodistas el día del informe de 1963.

Apenas son las 11:30 de la mañana y el diminuto local ya está llenándose de gente. Empieza una fila afuera y los clientes se esperan con calma. Sin embargo, Guadalupe lamenta que no vendan tantas tortas como antes.

“En los ochenta eran 1,200 a 1,500 bolillos al día”. dice. Pero como muchos negocios del Centro, el temblor de 1985 les afectó.

“Cerramos durante ocho días. Pero cuando abrimos otra vez, muchos clientes se habían ido, se fueron de la ciudad”. Muchos regresan a visitar años después: “hay gente que viene y llora. Trae muchos recuerdos”.

Aunque en el negocio familiar parece que no transcurre el tiempo, Tortas Robles no puede escapar de los cambios que pasan alrededor. Después del 85, el Centro se quedó descuidado. Fue hasta 2000, con el gobierno de Andrés Manuel López Obrador, que se empezó una iniciativa ambiciosa de renovación. Junto con Carlos Slim, decidió restaurar edificios históricos, hacer calles peatonales y atraer nuevos negocios.

Guadalupe aprecia los cambios en el Centro. “Antes sobre esta calle robaban a medio día”, dice. “Fue un cambio total. Es muy bonito ahora”.

En muchos sentidos, la iniciativa ha dejado buenos resultados; el Centro ya no tiene la mala fama de antes por ser una zona insegura. No obstante, el costo de comprar o rentar en el Centro se ha disparado, dejando a muchos inquilinos y dueños de negocios en riesgo de ser desalojados. Tortas Robles podría ser la siguiente víctima de la gentrificación del Centro. El edificio donde está, el Edificio Trevi, fue vendido este año y los inquilinos han recibido ordenes de desocupar antes del fin de año.

Una desarrolladora compró el Edificio Trevi, que también aloja la histórica Cafetería Trevi y el Café Denmedio, y docenas de departamentos en los pisos superiores. El desalojo inminente motivó a un grupo de vecinos de conformar 06000 Plataforma Vecinal y Observatorio del Centro Histórico. Además de defender al Edificio Robles, el Observatorio está monitoreando otros casos de edificios en riesgo de desalojo en el Centro.

Guadalupe dice que Tortas Robles se acabará si tienen que salir del edificio Trevi. Las rentas por locales en la zona son impensables para ella. La visión del señor Robles de vender “tortas para el pueblo” quizás no quepa en el nuevo Centro Histórico.

“Lloro por mis clientes. Porque para ganar dinero…”, se queda pensando. “No, no. Tortas Robles no está para hacer dinero”.

López Obrador arrasó en julio y en la Ciudad de México, Claudia Sheinbaum, del mismo partido, entrará como jefa de gobierno este año. Mientras los dos han prometido a promover políticas a favor de personas de bajos recursos, el proceso de gentrificación del Centro Histórico ya tiene impulso.

El 5 de septiembre, el medio estadounidense Culinary Backstreets y la Plataforma Vecinal organizaron un “Tortathón”, regalando tortas durante una hora. Cientos de personas llegaron a apoyar a Tortas Robles, subiendo fotos a redes sociales y hablando con reporteros de diversos medios locales.

La Plataforma Vecinal distribuyó un comunicado en el evento, diciendo “Hacemos una declaratoria cívica y nombramos a Tortas Robles y el Café Trevi (ambos con más que 60 años de existencia), así como el Café Denmedio (por tratarse de un espacio de alta actividad cultural, querido por la comunidad) sean salvaguardados de los intereses inmobiliarios que poco a poco vacían al Centro Histórico de su sentido popular, así como de su carácter histórico”.

El comunicado llamó a las autoridades a considerar el patrimonio en un sentido más amplio: “El Patrimonio Cultural no es sólo las fachadas de los edificios, sino lo que hacemos, creamos y trabajamos todos los habitantes y trabajadores del Centro, otorgándole personalidad y sentido”.

 

Martha Pskowski
Periodista independiente, de Washington DC, y radica en México desde 2013. Escribe para medios estadunidenses, mexicanos y británicos sobre la justicia ambiental, inmigración, urbanismo y género. Sus reportajes desde México y Centro América han sido publicados en Al Jazeera English, The Guardian, y CityLab entre otros medios.

Una versión previa de este artículo fue publicado originalmente en CulinaryBackstreets.com, un sitio que cubre y promueve la escena culinaria barrial en diferentes ciudades del mundo, incluyendo la Ciudad de México.