La mayoría de las ciudades fueron diseñadas para el día,
pero no fueron planeadas para la noche.
—A. Seijas, 2017

 

Con mayor frecuencia los estudios urbanos toman como referencia la noche como sujeto de investigación y exploran los retos que las ciudades enfrentan en términos de gobernanza (A. Mercado, 2018) de oferta cultural, laboral y económica (W. Straw, 2014). El creciente interés que ha generado la noche como agenda urbana; entendiendo a ésta como los mecanismos que permiten enfrentar los retos de cada ciudad, ofrecer una solución y garantizar un entorno atractivo para los habitantes y múltiples actores que habitan la noche. En el caso de ciudades mexicanas y la propia Ciudad de México los esfuerzos por incorporar una agenda nocturna en las ciudades han sido reducidos a programas aislados y desvinculados de una política pública de largo plazo. La noche en la ciudad se ha identificado como un espacio para algunos inexplorable por la delincuencia, fragmentado por la carencia de servicios de transporte que operen las 24 horas y con una sobre oferta de actividades de consumo, dejando de lado actividades recreativas o de ocio. Falta mucho por hacer para considerar la noche como un recurso atractivo considerando el conjunto de retos a resolver en distintos rubros. En este texto se explora los antecedentes de la noche como tema urbano, la ventana de oportunidad que aprovecharon ciudades en otros países y los desafíos que enfrenta la Ciudad de México; además de detonar una conversación inaplazable.

Ilustración: Patricio Betteo

Antecedentes

Hacia finales del siglo XVII, gracias a la introducción de iluminación en calles de las principales ciudades europeas como París, Ámsterdam, Berlín y Londres, fue visible el aumento de peatones en las calles y, por otro lado, el tiempo que se podía destinar a deambular en la noche; situación que parecía inimaginable en otros tiempos (Gleber 1999, 31). Si bien no hay una correlación directa entre las actividades nocturnas y la provisión de luz, su introducción en las ciudades favoreció también la aparición de una sociedad mercantil, la cual hizo posible que la población que laboraba durante el día obtuviera una especie de recompensa a través del ocio y el consumo durante la noche.

La transición del día a la noche en las ciudades no fue visto como un fenómeno positivo, se dieron cambios sociales, políticos y normativos, como los toques de queda, horarios de cierre, leyes que criminalizaban el deambular por las calles, carencia de seguridad pública y una prensa negativa que infundía terror y miedo para quienes se aventuraban en la oscuridad de la noche. El geógrafo quebequense Luc Bureau mencionaba que parte importante de la primera lucha que los “noctámbulos” de estas ciudades llevaron a cabo fue la negociación de una ciudadanía discontinua, marcada por el fin del día y el inicio de la noche, en donde los derechos parecían limitarse; acentuándose estas carencias entre género, clase, etnia, y otros elementos identitarios.

Renegociando la relación de la ciudad con la noche

Fue hasta finales del siglo XX que comenzó a reconocerse el valor que tenía la noche, principalmente como un elemento de aprovechamiento económico, por lo que iniciaron las regulaciones a través de políticas públicas. En la conferencia de Manchester llevada a cabo en 1994, fueron acuñados los términos como “ciudades de 24 horas” y “economía nocturna”, que cobraron relevancia ante la dinámica espacio-temporal de ciudades europeas, en donde las áreas industriales y edificios comerciales que durante el día fueron ocupados por gente, quedaban vacíos durante la noche, generando en su entorno zonas solitarias, mientras que los teatros, bares, discotecas, casinos, restaurantes, teatros y las salas de conciertos comenzaban a tener mayor flujo de personas.

Con esto se abrieron las puertas a una discusión sobre la lucha constante de diferentes ciudades por acomodar diversas actividades y usuarios. Situación que en la actualidad puede verse en zonas residenciales de uso mixto que comúnmente enfrentan problemas de ruido por los comercios en planta baja. A pesar de los efectos negativos derivados de las actividades nocturnas dentro de la ciudad de Londres, las autoridades buscaron la forma de reducir las fricciones entre estas, comenzando por un Downtown Late Night Task Force que trataría las causas de estos conflictos a través de un grupo de trabajo institucional que cumpliera tareas del quehacer urbano nocturno.

Las tareas a implementar por el grupo de trabajo conllevarían en resumen: la búsqueda de la diversificación de actividades para contar con una oferta de ocio, que no fuera únicamente el consumo de alcohol. Para esto, la ciudad comenzó prestando servicios como urinales en espacios públicos, hasta la modificación de los usos de suelo que derivaría en cambios físicos al entorno urbano. Fue evidente el crecimiento económico nocturno en zonas que se beneficiaron de la diversificación de actividades. A la fecha se ha documentado los efectos que conlleva la oferta de actividades nocturnas, muchas de las veces concentradas en ciertas zonas, lo que deriva en procesos de expulsión de la población local o procesos de gentrificación. Así, algunos conflictos comunes se dan entre la población residente cuya regeneración urbana nocturna llevó a modificar su dinámica, al ser un punto de atracción que evidentemente derivó en otro tipo de conflictos principalmente de ruido, generación de residuos sólidos y violencia. 

Ciudades de 24 horas, la Ciudad de México

La Ciudad de México no fue ajena a estos procesos en la vida cotidiana, aunque la agenda nocturna como política pública ha permanecido ausente desde los Programas Generales de Desarrollo (A. Mercado, 2018). Lo anterior puede deberse a la misma historia de la ciudad que desde tiempos del regente Uruchurtu y su visión moralista e higienización de la ciudad, aplicó mano dura a los giros “negros”; evitando a toda costa el impulso de una vida nocturna regulada que a la fecha opera bajo esquemas informales.

A pesar de no existir explícitamente una agenda nocturna en la Ciudad de México, la oferta de actividades de consumo se manifiesta en algunos corredores, colonias y su distribución en la ciudad se ha configurado con el paso del tiempo, generando nuevos lugares y dejando en el olvido otros. Este proceso se ha dado paralelamente a la presencia de comercios que recurren a prácticas informales, cuya naturaleza atiende por un lado la ausencia de espacios establecidos formalmente (en general de venta de bebidas alcohólicas) y, por otro lado, a prácticas ilegales y corruptas que permiten la proliferación de estos “giros negros”.

Ciertamente el valor de la noche en la Ciudad de México a diferencia de las ciudades europeas o norteamericanas debe trascender de una agenda nocturna que facilita el consumo en la noche y enfrentar primordialmente los problemas que comúnmente comparten ciudades latinoamericanas. Es el derecho a la noche por lo que debemos estar exigiendo considerando las limitantes que encontramos en este entorno nocturno donde la población que trabaja o regresa a su casa y que se expresa en más de 254 mil viajes realizados lo hace de forma insegura, donde la carencia de iluminación genera entornos hostiles para las mujeres y la población en general, donde el transporte público es escaso y el transporte de logística genera problemas de seguridad vial y donde las cuadrillas de servicios urbanos comienzan su trabajo que de día no podrían llevar a cabo.

Así, una vida nocturna inclusiva que permita disfrutar de la noche como un periodo de ocio y relajación como a quienes les es necesario trabajar o desarrollar otras actividades en este periodo, inicia solucionando los retos en materia de seguridad pública, seguridad vial, transporte, oferta cultural, oferta laboral, servicios urbanos; entre otros. Para la construcción de una agenda nocturna es necesario propiciar un entorno atractivo para desarrollar sus actividades sin miedo, para ello es necesario sumar a actores estratégicos que desarrollan sus actividades en la noche y voluntad política que asegure los mismos derechos, espacios, oferta y diversidad de actividades.

La oferta de actividades nocturnas que la Ciudad de México han sido esfuerzos desvinculados uno del otro debido a una alta sectorización de estos en diferentes instituciones públicas. Lo anterior como síntoma a toda vista de una carencia de visión de la agenda nocturna como eje transversal del que se desprendan acciones, programas, inversiones y actividades concretas. Aun así, es importante reconocer la existencia de actividades como “La Noche de Museos”, “El festival de las luces (Filux)”, “Picnic nocturno en el Bosque de Chapultepec”, “Paseos nocturnos en bici”, así como múltiples eventos artísticos como obras de teatro y conciertos. En materia de transporte la Ciudad de México cuenta con “Nochebús”, un sistema nocturno de buses que mediante 11 rutas brinda servicio a la población. El Nochebús recientemente se encuentra operando con paradas y horarios fijos en el corredor Insurgentes, avenida principal que cuenta con una amplia oferta en actividades nocturnas. Es necesario vincular una política pública nocturna destinada a integrar estas actividades y programas, con un servicio de transporte público que favorezca tanto a quienes desean consumir o disfrutar de actividades de ocio, como a la población trabajadora que labora durante la noche, proporcionando acceso a distintas zonas.

Mapa del sistema Nochebus

La relevancia de contar con una agenda urbana nocturna en la Ciudad de México se enmarca en un contexto donde el 80% de las ciudades del mundo están desarrollando planes de gestión estratégica identificando este periodo como un periodo de desarrollo económico; es decir generación de empleos, inversiones y la presencia de comercios. El censo económico de 2014 del INEGI muestra alrededor de 49 mil establecimientos con servicios de alimentos, bebidas y centros nocturnos empleando a 112 mil personas remuneradas; mientras que en Londres existen alrededor de 500 mil establecimientos y 1.3 millones de empleos; lo que puede traducirse para la Ciudad de México en un sub-registro, producto de la presencia de giros “negros” o refleja un sector aún reducido y 10 veces menor al de Londres.

¿Cómo otras ciudades han enfrentado los problemas que aquejan a las ciudades de noche como parte de una agenda nocturna? Ciudades europeas norteamericanas y latinoamericanas han llevado a cabo acciones concretas e históricas para garantizar el disfrute de una ciudad nocturna aprovechando su entorno urbano, las dinámicas sociales y hasta el propio clima; generando una gran atracción de residentes y turistas. En Londres y Ámsterdam, cuentan con una “Alcaldía de la Noche” donde esta figura genera cambios de cultura y es un puente de comunicación y gestión la noche entre comercios, residentes y el gobierno. En el caso de Londres, designar una Alcaldía de la noche (Night Czar) permitió visibilizar las actividades nocturnas, lo que trajo un aumento en el uso de autobuses nocturnos, situación que en 2016 llevó a tomar la decisión de ofrecer el servicio de Metro durante toda la noche. Por si fuera poco, en 2017 la actual alcaldesa Amy Lame inauguró una comisión con enfoque de género para garantizar la seguridad de las mujeres en la noche.

En el caso de Ámsterdam, ante el uso de bicicletas en la noche, se tuvo que identificar biciestacionamientos en el cinturón externo de la vida nocturna para que visitantes dejarán su bicicleta y permitir el flujo de peatones. En Bogotá se ha propuesto el “Sello Seguro” que propone crear entornos seguros en corredores turísticos y de consumo, así como de la mejora del entorno urbano. La ciudad de Berlín se encuentra empleando el uso de datos estadísticos para evaluar el impacto económico y social en caso de colocar nuevos establecimientos y proteger al mismo tiempo comercios tradicionales, culturales y de valor histórico. San Francisco en el mismo espíritu, ha creado una política para proteger establecimientos tradicionales al asegurar el pago de renta fija, además de un monitoreo constante en el ruido de corredores comerciales nocturnos. En Asunción cuentan con una comisión nocturna del Centro Histórico como parte de una agenda nocturna aprovechando sus sitios turísticos como edificios, plazas y museos para invitar a la gente a visitarlos.  

Las ciudades han sido planificadas para el día y restringidas durante la noche. Hasta 1990 se comenzó a ver la noche como un elemento explícito de la política del gobierno en varios niveles, y como parte del activismo ciudadano que dio forma a esa política (A. Seijas, 2017). En la Ciudad de México, al igual que muchas otras ciudades, generar interés en la noche conlleva distintos desafíos, acá nos hemos enfocado en someramente en los actores que ocupan la ciudad de noche y cómo respaldar sus actividades, promover su seguridad y garantizar que la creación y el mantenimiento de sus industrias tenga tanto apoyo como sea posible. Una ciudad de 24 horas debe contar con las mismas condiciones que existen durante el día, hablamos de marcos normativos, figuras como “alcaldes de la noche” que sumen voluntades y sean puente entre los “noctambulos” y el gobierno.

Así, es importante reconocer la participación de al menos tres sectores que son: 1) los residentes y sociedad civil; 2) autoridades de gobierno y vigilantes, más el 3) sector comercial para generar y consensuar estos cambios. Existen buenas prácticas para gestionar la noche en materia de seguridad pública, salud, transporte, cultura, comercio; pero es el entorno local y las dinámicas sociales lo que definirá el perfil de una ciudad de 24 horas.

Es ahora cuando debemos reflexionar los próximos pasos para adoptar una posición sobre la agenda nocturna de la Ciudad de México. Para esto es necesario un reconocimiento e institucionalización. No considerar esta agenda con distribución de tareas y asignación de recursos, implica desaprovechar el valor social y económico de una política pública orientada a mejorar las condiciones de la vida nocturna. Es preferible fomentar la vida nocturna de las ciudades, impulsar una economía nocturna local, mejorar la calidad de vida con oferta de actividades y percepción del entorno urbano nocturno, al igual desarrollar medidas de seguridad y control por parte de autoridades locales.

 

José Manuel Landin
Maestro en Planeación y Políticas Metropolitanas por la Universidad Autónoma Metropolitana-Azcapotzalco.

 

Bibliografía

Seijas, A. (2017). The Nighttime Movement in Asuncion’s Historic City Center: A Catalyst for Urban Revitalization. Latin America Policy Journal 2016–2017, 45-53.

Mercado, A. (2018). Gobernanza de la economía nocturna en la Ciudad de México. En V. U. Patrick Le Gales, Gobernando la Ciudad de México. Ciudad de México: El Colegio de México.

Straw, W. (2014). The Urban Night. Cartographies of Place.