Compartir una dinámica social en un espacio cerrado, pero en crecimiento, requiere la asimilación de los retos comunes y la discusión crítica respecto a sus soluciones. Sobrepoblada, desorganizada, frenética, insegura, así se entiende a la Ciudad de México cuando se piensa en la dinámica que representa enfrentarse a los monstruos del gran laberinto. Vivir en la metrópoli suele implicar la resignación a habitar en la ansiedad personificada, a repudiarla y hablar mal de ella cuando se está atorado en el tráfico, pero también a disfrutarla y aceptar que solo entre la vorágine es posible hallar ciertos placeres. La ciudad es un circuito cerrado de contrastes y contradicciones, pero no estamos condenados a la perpetuación del desorden; incluso en el laberinto pueden crearse atajos.

Uno de los atajos hacia la convivencia es la dinámica pública que asegure la seguridad vial. En una ciudad que se ha arrastrado con la inercia de la vida sobre ruedas, una prioridad es que la calle no represente una amenaza más a la seguridad. Dinámica pública, en lugar solamente de política pública, porque la seguridad vial no es una responsabilidad que deba dejarse a expensas de las decisiones del gobierno. La ciudadanía, en todos sus niveles, tiene la tarea de trabajar sin el individualismo que caracteriza al frenesí detrás del volante.

Ilustración: Víctor Solís

Esta parece ser la actitud de la nueva administración del gobierno de la Ciudad de México hacia la movilidad. Su discurso ha sido el de la participación civil y los valores. Sin embargo, toda retórica debe ponerse bajo luz crítica para determinar si las decisiones políticas guardan coherencia con el anhelo común de seguridad, y si son las más adecuadas para lograrlo. En este sentido, en materia de seguridad vial es indispensable analizar la nueva estrategia del gobierno respecto a otro tipo de «circuito cerrado»: el cambio de un sistema de fotomultas a uno de «fotocívicas», puntos y trabajo comunitario.

El nuevo sistema se ha propuesto desde la campaña de Claudia Sheinbaum y fue formalmente anunciado el pasado 15 de marzo de este año por la Jefa de Gobierno y Andrés Lajous, Secretario de Movilidad de la Ciudad de México. Tras el anuncio, finalmente se incluyó en las modificaciones del Reglamento de Tránsito el 19 de marzo. Para el conocimiento a detalle del sistema, que forma parte del Plan estratégico de movilidad de la Ciudad de México 2019, pueden consultarse las infografías publicadas durante la campaña1 o por la misma Secretaría de Movilidad,2 o bien, las modificaciones al artículo 64 del Reglamento de Tránsito, que contiene los puntos principales de la nueva dinámica.

En resumen, el sistema de fotocívicas busca reorientar el uso de radares de una finalidad recaudatoria, a una preventiva; y reorientar la persecución de infracciones de una actitud punitiva a una correctiva. Estos objetivos plantean una política basada en las causas de la inseguridad vial, pero se manifiestan de manera problemática cuando implementan la solución en el mismo ámbito de la persecución de infracciones. Es decir, la estrategia basada en causas ocupa el mismo espacio que la basada en consecuencias. Ante la imposibilidad de aplicar ambas en un mismo programa, se acaba desplazando la estrategia basada en consecuencias de los alcances de la política pública.

La sanción, en lugar de estar relacionada con una multa monetaria, estará basada en un sistema de puntos por placa. Según se incurra en infracciones los 10 puntos iniciales se irán restando y se relacionará una «sanción cívica» que se puede presentar como una amonestación, un curso en línea básico, uno intermedio, sensibilización presencial y horas de trabajo a favor de la comunidad.

Previo a un análisis pormenorizado de los errores y aciertos en el plan presentado por el gobierno, me parece importante hacer un apunte de la disyuntiva entre sancionar los puntos respecto al dueño del automóvil o respecto a la licencia del conductor que cometió la infracción.

Apunte preliminar sobre la atribución de puntos

En la implementación del sistema de fotocívicas no solo importan los resultados que genere, sino también el proceso de transición. Sobre la solvencia de las multas monetarias vigentes de 2018 o años anteriores, la propuesta incluye que se podrá condonar un porcentaje de la multa a cambio de información de la licencia del dueño del vehículo. De esto puede presumirse que se busca hacer un registro en el que se relacionen placas con licencias. A pesar de la intención de sistematización, esta estrategia presenta varios problemas y, sin afán de alarmismo, hasta riesgos.

Por un lado, la propuesta también establece que «el dueño del vehículo será el responsable solidario de las infracciones registradas bajo su matrícula vehicular», lo que se traduce como que el dueño del automóvil tendría que responder en primer lugar a las sanciones cívicas y, si quien cometió la infracción fue otro conductor, podría pasarle las obligaciones correspondientes. Sin embargo, el registro de relación de placas y licencias deja la disyuntiva en el mismo lugar. En cualquier caso, la resolución de esta posible injusticia sigue en manos del dueño del vehículo. 

Esta evaluación, aunque específica y preliminar, todavía puede extenderse más allá de los problemas del registro de placas y licencias y abarcar un posible riesgo de fondo.

En el sistema de fotocívicas y en el seguimiento de su aplicación no solo se verá involucrada la Secretaría de Movilidad, sino, como dice la última modificación al artículo 64 del Reglamento de Tránsito: «cada matrícula cuenta con diez puntos iniciales, mismos que se verán reflejados en los sistemas de la Secretaría de Movilidad, Secretaría de Seguridad Ciudadana y la Secretaría de Medio Ambiente, los cuales se restarán según las infracciones registradas».

Además, la reglamentación indica –con las modificaciones a los artículos 1 y 60– que estas otras secretarías participarán con la aplicación de sanciones y su constancia en boletas seriadas. No se aclara, sin embargo, cómo funcionará para que no haya reduplicación de registro de puntos más allá de la seriación, de la que no se aclara si será por cada secretaría o en un sistema general entre las tres, lo cual, aunque deseable, podría resultar problemático en su organización (la coordinación burocrática entre secretarías no se caracteriza por su solvencia).

Otro riesgo de esta parte del sistema, aunque ya de manera especulativa, es que al involucrar otras dependencias del gobierno se haga un registro de ciudadanos con puntos de civilidad. La amenaza mayor sería que, en un afán moralizador que no ha dejado de verse en la nueva administración, el registro y los puntos se amplíen más allá de la conducta vial. A partir de ahí, el control del civismo representa una limitación a las libertades individuales.

Me parece que la extensión de este apunte preliminar corresponde con la relevancia del aspecto del sistema de fotocívicas al que se refiere: el cambio principal con la nueva estrategia es la imputación de las infracciones a los ciudadanos y su eje es la apelación al cambio de conductas viales.

El análisis comprensivo de este sistema requiere un entendimiento de las bases de la nueva estrategia, a partir de ahí, el señalamiento punto por punto se sigue con mayor naturalidad. Para continuar con la revisión del sistema de fotocívicas expondré una serie de problemas generales, seguidos de una crítica al sistema de puntos, aciertos del nuevo sistema y anotaciones finales; todos buscan, en sus alcances, sumar a la conversación de las posibilidades de esta política pública.

Anotaciones generales

1. El punto más esclarecedor en esta crítica se da en una conjunción de forma y fondo; del nuevo nombre «fotocívicas» puede desprenderse un apunte sobre la pretensión detrás del afán cívico. Podría haber cierta resistencia a llamarlas por su nueva denominación, pero la persistencia de las fotomultas en ciertos casos complicaría diferenciarlas. Sin embargo, la intención del gobierno está lejos de esta precisión técnica. El patrón que alude a lo cívico da a entender que se busca una reeducación comunitaria, pero, a pesar de que en la teoría esos sean los objetivos, en la práctica sirve más para apelar al valor moral de la nueva administración, en contraste con los escándalos del gobierno de Miguel Ángel Mancera con las fotomultas. En la práctica, la denominación «cívico» no tiene relación alguna con el gobierno, y, al contrario, no debería tenerla; el civismo corresponde a la sociedad, no a las imposiciones institucionales –que bien pueden facilitarlo, pero no determinarlo–.

2. Una crítica que puede señalarse a las sanciones cívicas es que su objetivo de concientización no tiene una relación directa con evitar la reincidencia. Si bien, evitar, por ejemplo, tener que ir a un curso de sensibilización presencial es una motivación para no incurrir en una infracción, las multas monetarias cumplen este objetivo de igual manera. Ambos tipos de sanción son vistos como la irrogación coactiva de una consecuencia indeseable; ambos representan un tipo de privación.

3. Por otro lado, las fotocívicas se plantean como un sistema opuesto a la recaudación, libre de la corrupción y las infracciones forzadas; sin embargo, todavía habrá multas monetarias respecto a las cuales no se ha hecho ninguna aclaración y que podrían reincidir en los mismos problemas de la administración pasada si no se hacen cambios en la transparencia de la recaudación. En este aspecto, las fotocívicas podrían llegar a solapar las complicaciones que se puedan seguir presentando con las multas monetarias.

4. A propósito de las sanciones cívicas, también puede reclamarse una pérdida en la jerarquía de infracciones que se tenía con las multas monetarias. Las modificaciones al Reglamento de Tránsito comprenden ahora el rubro «Sanción con puntos de penalización en matrícula vehicular (por sistema tecnológico)», en las tablas que antes establecían las multas de acuerdo con la Unidad de Medida y Actualización y la sanción con puntos de penalización en licencia. Sin embargo, no hay ninguna relación entre esas sanciones y los nuevos puntos, que, además, solo se restan uno por infracción (con excepción de la conducción bajo efectos de alcohol o narcóticos y exceder el 40% del límite de velocidad).

5. Finalmente, respecto a la relocalización de las cámaras y radares fijos se busca hacer públicos todos los puntos de control. Sin embargo, localizaciones públicas y secretas no son excluyentes. El conocimiento de que solo habrá cámaras en los puntos anunciados puede instar indirectamente a que un conductor irresponsable cometa una infracción donde no pueda ser detectado; contrario al posible efecto psicológico que pueda tener la posibilidad de que haya una cámara en un lugar inesperado.

Nuevo esquema de puntos

1. Una posible crítica al caso en el que se conservan todos los puntos y se da un incentivo positivo puede desprenderse del primer punto del apartado anterior. En el caso de la pérdida de los primeros dos puntos cabe una breve crítica al decálogo del buen conductor3 que sería entregado junto con la notificación. Este decálogo puede causar confusión respecto a su jerarquía con el Reglamento de Tránsito, ya que se presenta en un formato más accesible, pero su selección de casos es muy limitada: menciona no mensajear, pero no hablar por teléfono; indica no obstruir el paso peatonal, pero no habla de la obstrucción de otros accesos; tampoco menciona algunas de las infracciones más comunes y de las menos conocidas como invadir el área de espera de bicicletas y motocicletas.

2. De los cursos en línea (pérdida de tres y cuatro puntos) y los de sensibilización personal (cinco puntos), puede reputarse la ineficacia de los programas de sensibilización. El Plan estratégico de movilidad dice en justificación: «estudios en México han demostrado que las campañas de comunicación sobre educación vial sí tienen impacto en la información con la que cuentan quienes han sido sujetos a ella», pero esto no necesariamente tiene impacto alguno en los cambios de comportamiento que busca el sistema. Al respecto la investigación citada dice: «a pesar de que las investigaciones previas demuestran que las intervenciones […] muestran pequeños efectos en el comportamiento, no debe olvidarse que la presente intervención se dirigió sólo a lograr cambios en el conocimiento».4

3. La pérdida de más puntos tiene como sanción dos horas de trabajo a favor de la comunidad, que deberá realizarse de acuerdo con los procedimientos establecidos en la Ley de Cultura Cívica. La reglamentación establece en el artículo 33 que «en ningún caso podrán [las actividades de apoyo a la comunidad] realizarse dentro de la jornada laboral del infractor». Esto puede presentar un conflicto al verse bajo la luz del curso presencial de sensibilización (cinco puntos), del que solo se especifica que será mediante citas, pero no establece ninguna garantía de respeto al tiempo de trabajo. Esto podría incumplir la afirmación de que «las sanciones cívicas son equitativas y toda la ciudadanía puede cumplirlas»; es posible que se presenten injusticias alrededor de los conductores con jornadas extensas y pocas facilidades laborales.

Aciertos del nuevo sistema

La revisión de un sistema de pronta implementación como las fotocívicas requiere una crítica exhaustiva, pero puede caer en el demérito. Es importante remarcar los aciertos, quizá no a fondo, pero sí con un reconocimiento, especialmente, de las mejoras respecto a la administración pasada.

1. Uno de los mayores aciertos ha sido la cancelación de concesiones para las cámaras y radares. En la administración anterior el 44% de la recaudación de fotomultas estaba destinado a empresas privadas, además de la falta de transparencia con los contratos y las posibles irregularidades tras la cortina de un auténtico «circuito cerrado».

2. Otra de las controversias en años pasados fue la declaración de inconstitucionalidad de las fotomultas por violación de garantía de audiencia. A pesar de un posible debate sobre si esto aplica para las fotocívicas, o si, en cambio, este sistema tiene el mérito de darle solución, todavía tendría que atenderse la cuestión para las fotomultas que sigan aplicándose.

3. Por último, uno de los aciertos que, además, ya ha sido implementado durante este proceso de transición, ha sido la relocalización de radares en zonas de alta siniestralidad. El abandono de la arbitrariedad en el criterio de la implementación de este sistema podría dar luz del tenor de las decisiones que todavía están por tomarse.

Apuntes finales

Si bien se han señalado varios problemas alrededor de las fotocívicas que podrían indicar que el sistema de fotomultas es más deseable, esto no significa que la implementación anterior fuera óptima. Las fotomultas que se sigan aplicando deberán corregir los errores de la administración pasada y, con base en la nueva implementación, podrá analizarse si el sistema de fotocívicas resuelve más problemas (aunque para un seguimiento posterior tendría que tomarse en cuenta el sesgo de la relocalización en zonas de alta siniestralidad, que, indudablemente, debería representar una reducción en accidentes viales).

Todavía pueden tomarse varias medidas para mejorar el sistema de fotocívicas antes de su implementación total en abril. Además de las ideas que aquí se han esbozado, una sugerencia de fondo podría ser priorizar la efectividad de las medidas sobre la simpatía pública y la apariencia de civismo. Una mejor convivencia vial será el resultado del respeto a la implementación de las medidas, pero las virtudes del civismo no son otorgamiento exclusivo del gobierno.

Una vez implementado el sistema tocará arrojar luz crítica al proceso de implementación y a sus resultados. Solo con el seguimiento un análisis demuestra su compromiso con el tema y su carencia de sesgos. Mientras tanto, este circuito cerrado seguirá siendo un laberinto de inseguridad, pero siempre con el potencial de descifrar la ruta para habitar en convivencia nuestro espacio compartido.

 

Emilio M. Tejeda
Editor de la revista Opción y estudiante de Derecho en el ITAM.


1 Nuevo sistema de puntos y trabajo comunitario. Política de seguridad vial orientada al cambio de conductas.

2 Secretaría de Movilidad, Gobierno de la Ciudad de México. Fotocívicas: nuevo sistema de puntos y trabajo comunitario.

3 Secretaría de Movilidad, Gobierno de la Ciudad de México. Las diez del buen conductor.

4 Hidalgo-Solórzano, Martha Híjar, Mora-Flores, Gerardo, Treviño-Siller, Sandra y Cristina Inclán-Valadez. (2008). Accidentes de tránsito de vehículos de motor en la población joven: evaluación de una intervención educativa en Cuernavaca, Morelos. Salud Pública de México, Vol. 50. Cuernavaca: Instituto Nacional de Salud Pública.