Ni le entendí a la amiga lo que me quiso decir cuándo me dijo que les mandábamos toda nuestra mierda y nos la regresaban en comida. Esta semana me enteré que, ciertamente, el distrito agrícola de Tula es uno de los más grandes del mundo que se nutre de aguas residuales no tratadas. Toda esa mierda —en efecto, millones y millones de metros cúbicos de mierda—, toda la mierda de los hogares de la Gran Zona Metropolitana del Valle de México (ZMVM), es vaciada en cultivos de mazorcas, alfalfa, frijol y cebada y avena forrajeras. En fin, toda una maravilla de la ingeniería: ochenta kilómetros de tubería para ir a vaciar lo que ya les conté, toda la acumulación de una de las megalópolis más inacabables del mundo.

Pasma. Pero es verdad. Como cuando la diputada Azucena Esquivel Plata quiso mejorar la administración de la mierda de quién sabe qué delegación de la ciudad. Muy de armas tomar, pero ningún apellido es suficiente para hacer frente a una marea de mierda. El Túnel Emisor Central, el alma del drenaje de la ciudad, tiene una capacidad de desagüe de 80 metros cúbicos por segundo —dos albercas olímpicas por minuto— aunque por él se desagua conjuntamente el agua pluvial y la que viene de desechos de hogares e industrias.

Ilustración: Oliver Flores

Incomoda. Hablar de tanta mierda. Nuestras letrinas de arrastre hidráulico nos separan de nuestras excretas. Otra maravilla de la modernidad. Se sanitiza todo el proceso. Debería incomodar más, me parece, que no haya literatura abundante sobre los efectos particulares sobre la salud que tiene regar estos distritos con aguas residuales no tratadas. Habría que hacer estudios a largo plazo, costosísimos e inciertos, y seguir las toneladas de alimentos producidas cada año. Pero esta parte del ciclo urbano del agua de la ZMVM deja de sorprender cuando uno entiende que el ciclo entero es una amalgama mal parchada de procesos de extracción, distribución, reuso y desecho a través de obras titánicas de infraestructura pero que pareciera que apenas se sostiene —el sistema— con la ayuda de miles de alfileres colocados para evitar su derrumbe (¿a alguien le suena el percance de la k invertida?).

Alguna vez endorreica hasta ser intervenida, la cuenca del Valle de México contaba con cinco grandes lagos interconectados y 48 ríos que los alimentaban desde las periferias montañosas. Hoy en día, a causa del conocido sobrecrecimiento demográfico como motivo superficial, pero también a causa de la concepción moderna de la administración del recurso y nuestras ideas de desarrollo, la mayoría de los ríos están entubados o extintos, los lagos son apenas algunos cuerpos artificiales y es necesario acarrear cerca de un cuarto del total de agua utilizada en la Zona Metropolitana desde el Sistema Lerma Cutzamala, que además abastece a la ciudad de Toluca.

El mismo consiste en siete presas interconectadas entre sí por las cuencas de los ríos Lerma y Cutzamala, en Michoacán y el Estado de México. Cuenta además con 205 kilómetros de tuberías, 70 kilómetros de canales revestidos, 44 kilómetros de túneles y 6 grandes plantas de bombeo que acarrean el agua una altura de poco más de mil metros, desde su punto más bajo, y una longitud total de más de 300 kilómetros, hasta la entrega de agua en bloque a la Comisión de Aguas del Estado de México (CAEM) y al Sistema de Aguas de la Ciudad de México (SACMEX). La operación tiene un costo superior a los 1, 000 millones de pesos anuales y necesita la misma energía, hora a hora, que podría abastecer a toda la ciudad de Puebla. Una vez acarreada, el agua es tratada y potabilizada —la presa del Valle de Bravo, la más grande del sistema, es utilizada ampliamente para fines recreativos y como punto de desagüe—.

Por su parte, alrededor del 70 % del agua utilizada en la ZMVM es extraída de los acuíferos subterráneos a una razón muy por encima de su capacidad de recarga —por cada metro cúbico de agua renovable, se extraen 1.37 para usos económicos diversos—. Es difícil estimar la capacidad de los acuíferos, así como sus interconexiones entre sí, por lo que los cálculos de balance de agua son también imprecisos. Sin embargo, el serio hundimiento del suelo que sufre la ciudad desde hace un siglo da cuenta de su sobreexplotación, que ocurre a razón de 145 metros cúbicos por segundo a través de 219 pozos. En el área se tienen identificados siete acuíferos, de ellos casi todos están sobre explotados.

Elaboración: Arturo Sánchez Navarro

Después de ser extraída, acarreada y tratada, el agua es utilizada en su mayoría para uso público urbano (consumo doméstico), lo cual no sorprende dadas las características del territorio: el valle es hogar de una de las concentraciones urbanas más grandes del mundo, con más de 20 millones de habitantes. De acuerdo con el Censo de Población y Vivienda 2010 de INEGI, la región tiene una cobertura de agua potable superior al 95 %. No obstante, el abastecimiento en el territorio es terriblemente desigual: un habitante del poniente, la zona más afluente, tiene una disponibilidad media diaria de alrededor de 500 litros; un habitante de la zona oriente alcanza apenas los 200.

Una vez utilizada, además de en los hogares y la industria, el agua es recolectada en el drenaje para ser vaciada a decenas de kilómetros de la capital, por medio de uno de los sistemas de desagüe más grandes del mundo. El mismo cuenta con 12 mil kilómetros de drenaje primario y secundario, y 165 kilómetros de drenaje profundo, por el que de forma conjunta circula el agua pluvial y el agua que desechan los hogares y la industria. También se compone de 17 presas y nueve lagunas de regulación, y tiene una capacidad de desagüe de 80 metros cúbicos por segundo.

Elaboración: Arturo Sánchez Navarro

Junto con el uso agrícola, estos tres usos (uso doméstico, industria y agrícola) representan casi el 100 % del uso consuntivo del agua en el Valle de México. Se dice uso consuntivo cuando nuestro uso del agua cambia sus propiedades fisicoquímicas, alterando entonces también su ciclo. En el caso del ciclo urbano de esta ciudad, no sólo se afecta al agua sino también al entorno entero.

Como ya se mencionó, una vez desechada el agua se vacía en la presa Endhó y es utilizada para regar los cultivos del Valle del Mezquital, en dónde, según testimonios de los vecinos, la salud de las comunidades que viven cerca se ha deteriorado críticamente desde hace varias décadas: los mismos reportan, de forma documentada por SEMARNAT, casos de cáncer a causa de la contaminación, así como enfermedades cutáneas y oculares, problemas de correcto desarrollo en infantes.

Estas personas, que viven en municipios todos con niveles de pobreza superiores a la media nacional, terminan siendo las últimas víctimas de un sistema hidráulico enorme, desigual e ineficiente, pero, que a pesar de todo y todos, se sostiene. Como la gran ciudad a la que sirve y por lo que su atención es tan difícil. En los distintos sistemas que incurren en la administración de aguas en el Valle de México están incluidos actores de los tres niveles de gobierno, obras de infraestructura monumentales y las vidas cotidianas de millones de personas en una Ciudad que nunca se da el lujo de detenerse, ni así sea para atender los frágiles andamiajes que la mantienen andando.

 

Alberto Hernández Armendáriz
Ingeniero matemático y demógrafo. Acuario con mercurio en acuario.

 

Referencias

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