El martes 22 de septiembre se celebró el “Día mundial sin auto” y el Jefe de Gobierno del Distrito Federal, Miguel Ángel Mancera, lo celebró subiéndose a uno. No lo sabemos por “chismes”; el propio mandatario lo presumió con una foto en su cuenta de Twitter y comentó:

“En la CDMX nos sumamos al #DíaMundialSinAuto utilizando transporte sustentable para llegar a nuestros destinos #mm”.

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Esto provocó la burla de varios ciudadanos en las redes sociales por este lamentable traspié. El auto al que se le ve subiéndose a Miguel Ángel Mancera en la foto es un taxi eléctrico. El chiste se cuenta solo: un auto es un auto.

El Día mundial sin automóvil tiene un propósito bien claro y su nombre es bastante elocuente: que todo el mundo se baje del coche al menos una vez al año. ¿Por qué entonces Miguel Ángel Mancera decidió subirse a uno? Parece obligado pensar que el Jefe de Gobierno asumió que esta conmemoración es una iniciativa más contra el cambio climático, es decir, contra las actividades que producen gases de efecto invernadero, y no contra un modo de transportarse que está aniquilando la vida de nuestras ciudades. Sólo así se entiende el que haya deducido que un taxi eléctrico era válido, más uno de combustión, no. Esta tiene que ser la explicación para que hable de “transporte sustentable” en su tuit.

Pero, tristemente para Miguel Ángel Mancera, los coches eléctricos tampoco son sustentables. Es más, en nada se diferencian de los autos de combustión, pues en México la energía eléctrica la obtenemos quemando combustibles que generan emisiones de gases de efecto invernadero. Tal vez no se emitan directamente en la ciudad, aunque sí donde se genera la electricidad. De acuerdo al Balance nacional de energía 2013, los hidrocarburos aportaron el 88.1% a la producción de energía primaria, mientras que la producción de fuentes no fósiles, el 8.4%. Un embotellamiento donde todos los coches fueran eléctricos no sería ni más bello ni más verde; sería desastrosamente igual en niveles de ruido y estrés.

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Circuito Interior en México, Distrito Federal. Foto: Bicitekas.

Aún si la energía eléctrica para los taxis como los que usa Mancera fuera 100% limpia, el Día mundial sin auto no se trata de eso. El principal problema de los automóviles es el espacio que exigen para poder moverse, lo cual ha impactado enormemente y en muchos sentidos la manera en la vivimos y gozamos las ciudades. Los automóviles no sólo nos roban el oxígeno que respiramos para poder quemar la gasolina; también nos roban el espacio que es un bien escaso, sobre todo en las ciudades. Según un estudio del Instituto de Geografía y del Programa Universitario de Estudios de la Ciudad de la UNAM, los automóviles ocupan el 85% del espacio de las calles.

Todo este espacio público que se le ha destinado a los coches privados nos cuesta muy caro: en tiempo y en dinero. Conforme más área le dedicamos al tránsito vehicular, más lejos van quedando nuestras casas de nuestros trabajos y de nuestras escuelas. Según un estudio del Instituto Mexicano para la Competitividad, el tiempo promedio de los viajes que hacemos en la capital es de una hora con 21 minutos. En cambio, en otras ciudades como Nueva York ese tiempo es de 38 minutos; de manera que los neoyorquinos ya fueron y volvieron del trabajo o de la escuela cuando nosotros apenas estamos yendo. A esto hay que agregarle que en la periferia viven las personas de menos recursos, por lo que gastan entre el 25% y 40% de sus ingresos en transportes.

El aumento en los tiempos de traslado ha provocado que los automovilistas exijan cada vez más espacio para nuevas calles, las cuales terminan por saturarse por el efecto de la demanda inducida. Esto se vuelve un círculo vicioso: más calles generan más tráfico y a más tráfico se desean más calles. Los congestionamientos provocados por los mismos automóviles, demandan infraestructura que divide nuestros barrios: túneles, deprimidos y puentes. La solución no está en mover coches sino en mover personas. En este sentido, el Día mundial sin auto no es caridad con el medio ambiente, sino una provocación para que dejen el coche y conozcan las condiciones de los modos de transporte no hegemónicos; es un ejercicio de protesta para demostrarle a los gobiernos que deben invertir en más y mejor transporte público.

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Freeway en Montreal, Canadá. Foto: Jakob Schiller.

Por el otro lado, se están invirtiendo muchos recursos públicos para mantener un estilo de movilidad privado. El último diagnóstico de inversiones para la movilidad que desarrolló el Instituto de Políticas para el Transporte y el Desarrollo (ITDP en inglés) encontró que en las ciudades metropolitanas se está gastando un promedio de 74% de los recursos destinados para la movilidad en infraestructura exclusiva para el coche. La incongruencia es que sólo el 29% de los viajes se hacen en este medio de transporte.

Por encima de todo esto, el automóvil tiene además el inconveniente de ser una manera poco saludable para moverse, pues nos permite trasladarnos de puerta a puerta sin hacer ejercicio; es decir, con un mínimo consumo de calorías energéticas. El Dr. Mancera está a cargo de la ciudad con mayores índices de sobrepeso y obesidad del país… el más obeso del continente; su propio Secretario de Salud, Armando Ahued Ortega, así lo reconoció. El 75.4% de las mujeres del Distrito Federal sufren sobrepeso u obesidad; lo mismo que el 69.8% de los hombres; 38.6% de los y 35.4 de los adolescentes. ¿Y Mancera no se pudo subir a una de las 6,000 ecobicis a las que les pegó su logo, donde ya estaba el de Ebrard?

En resumen, el automóvil y los taxis eléctricos, no son un transporte sustentable.

¿Nadie del equipo de Mancera se enteró? ¿Nadie pudo asesorarlo? La idea que nuestro jefe de Gobierno tiene de la sustentabilidad no la podemos dejar pasar inadvertida. Este desafortunado evento sucedió camino a la inauguración del Foro Internacional Aeropuerto y Ciudad “La Gran Transformación Urbana”, el foro que pretende decidir cuál será el futuro de un espacio que prontamente quedará en desuso; un espacio que por sus proporciones y por su ubicación puede contribuir definitivamente a la sustentabilidad de la ciudad, si dejamos de pensar en los automóviles, aunque sean eléctricos. ¡Qué diferente hubiera sido que llegara en metro al evento! Para demostrar que es así como se deben conectar los aeropuertos y no con segundos pisos.

Lo que Mancera nos quiso decir (indirectamente) subiéndose a un coche el Día mundial sin auto es que el equipo que lo rodea no está preparado ni informado; que su gabinete es inexperto y poco sensible antes los problemas urbanos. Que en tres años de gobierno no ha escuchado las demandas de la sociedad civil y los análisis internacionales, que desde hace decenios señalan: el coche no es la solución. Que su discurso de “primero el peatón” es demagogia al no concretarse en políticas reales. Que no conoce los impactos del automóvil sobre la ciudad, por lo que deslegitima sus decisiones sobre cómo impulsar la movilidad sustentable.

Francisco Reynoso es maestro en estudios urbanos por el Colegio de México y  labora actualmente en el Programa Universitario de Medio Ambiente de la UNAM.