La destrucción de grandes ciudades por la guerra ha ocurrido a lo largo de la historia de la humanidad; ésta solía marcar la caída de imperios y civilizaciones enteras. No obstante, a partir del siglo pasado la destrucción de grandes ciudades se ha multiplicado y hasta industrializado, resultado tanto de una población mundial mayormente urbanizada, así como de innovaciones tecnológicas, como el vuelo, que han permitido el bombardeo en masa.

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Durante la segunda guerra mundial se presenció por primera vez en la historia de la humanidad la destrucción total y parcial de ciudades en todo el mundo mediante bombardeos: Hiroshima, Nagasaki, Tokio, Manila, Chongqing, Berlín, Colonia, Dresde, Varsovia, Stalingrado, Milán, Rotterdam e incluso partes de Londres son algunos de los casos.

Si bien una guerra a tal escala no se ha repetido, los conflictos armados desde la década de 1950 a la fecha han continuado destruyendo ciudades de distintas formas. He ahí los casos de Pyongyang, Hanoi, Beirut, Mogadiscio, Sarajevo, Grozni, Kabul, Sirte, Trípoli, Bagdad, Faluya, Mosul, Taiz, entre otras.1 En este sentido, Alepo es por desgracia, un caso más de la industrialización de la guerra. No por ello un evento que se debe minimizar.

La dimensión de la destrucción de estas ciudades muchas veces sólo se ha podido documentar mucho tiempo después de acabada una batalla o el conflicto armado. Sin embargo, hoy la guerra civil en Siria, entre el régimen de Bachar al-Ásad y los rebeldes sirios, ha traído una novedad macabra. Durante la reciente batalla por la Alepo, la segunda ciudad en importancia de Siria, se ha mediatizado enormemente su destrucción. Probablemente producto de la enorme politización y tensión entre las potencias internacionales involucradas en el conflicto: Estados Unidos y Rusia. Esta mediatización ha llevado a documentar no sólo su reducción de población, los miles de fallecidos o la perdida de patrimonio historio y cultural; sino lo extenso del daño a la ciudad para ganar su control.

La ONU, a través de su programa de aplicaciones satelitales (UNSAT), liberó tres mapas mostrando la extensión de la destrucción de la ciudad al 18 septiembre, tres meses antes de finalizar la batalla, con resultados escalofriantes. Los datos señalaban 35,722 estructuras afectadas, de las cuales 4,773 fueron destruidas, 14,680 severamente dañadas y 16,269 moderadamente dañadas. El 93% de las edificaciones dañadas eran residenciales y en 55% de los barrios de la ciudad el número de edificaciones dañadas superaba el 40%.

El mapa de daño en zonas residenciales es claramente el más ilustrativo de lo extensivo del daño a la ciudad. Esto lo hace mediante un mapa de calor que cubre más de la mitad de la urbe, en otras palabras, las zonas coloreadas de color rojo son donde el daño ha sido el máximo afectando al 100% de las edificaciones residenciales (casas y edificios), degradando en una escala de colores cálidos hasta llegar a amarillo donde el daño ha sido mínimo y sin color donde ha sido nulo.

DAÑO PORCENTUAL EN ZONAS RESIDENCIALES DE ALEPO, SIRIA (SEPTIEMBRE DE 2016)

alepo

Fuente: El País y UNSAT.

Lo más escalofriante de esta información es que no es la definitiva, ya que no incluye los combates sucedidos entre septiembre y diciembre de 2016. En especial, no registra el daño de los bombardeos rusos, aliados del régimen sirio, a las posiciones rebeldes. Razón por la cual la destrucción debe ser mucho mayor que la estimada.

De igual forma, es posible sospechar que las partes más dañadas por la etapa final del conflicto sean las mismas establecidas por este análisis de la ONU. Esto debido a que coinciden con las que dominaban los rebeldes sirios y que fueron tomadas por el régimen de al-Ásad y sus aliados en una ofensiva terrestre iniciada el 27 de noviembre y terminada el 22 de diciembre (aquí se pueden apreciar los cambios en la posesión del territorio).

Sin duda en los siguientes meses aparecerá nueva información sobre la extensión de los daños en Alepo, que muestre de nueva cuenta lo devastadora que ha sido esta guerra, que se estima ha cobrado la vida de 450 mil personas2 y generado una gran crisis de refugiados en Europa y Medio Oriente. Este tipo de información también debería de generarla la ONU para otros conflictos que suceden ahora mismo, como las batallas por el control de Mosul en Irak; Taiz en Yemen, o la reciente batalla finalizada de Sirte en Libia. Y tal vez, sólo tal vez, la población mundial pueda comprender el horror de estos conflictos y presionar a la comunidad internacional y los involucrados para detenerlos y prevenir el inicio de nuevos. 

Salvador Medina es economista con maestría en urbanismo. Actualmente trabaja en proyectos de movilidad y desarrollo urbano desde la sociedad civil.


1 Pyongyang en la guerra de Corea en la década de los cincuenta; Hanói en la guerra de Vietnam de 1955 a 1975; Beirut durante el sitio israelí de 1982; a Mogadiscio, por la guerra civil somalí iniciada en 1991; la devastación de Grozni, debido a la intervención rusa en Chechenia; Sarajevo, en la guerra civil yugoslava de 1992 a 1996; Kabul, por la intervención rusa de 1978-1992 en Afganistán, la guerra civil que la continuó y la intervención de EUA en 2001; Sirte y Trípoli por la guerra civil de Libia iniciada en 2011; Bagdad, Mosul y Faluya, en Irak, por la intervención de EUA en 2003 y sus continua guerra interna, y Taiz por la intervención militar de Arabia Saudita y aliados en la guerra civil de Yemen en 2015.

2 Cifra a noviembre estimada por I AM SYRIA.