Actualización: El día en que se publicó este texto me enteré que el FONCA decidió que no apoyaría el proyecto, aun cuando ya estaba garantizado dicho apoyo para la Delegación de Xochimilco.


La imagen de un oso polar raquítico sobre un trozo de hielo flotando en el mar ártico encendió la alarma de muchas personas y como respuesta a casi nadie se le ocurrió organizar a un grupo que viajara hasta el Polo norte con alimento congelado para alimentarlos. Tampoco se pensó en recolectar fondos para construir refrigeradores donde pondrían a los osos a salvo. La mayoría de nosotros vio en esas fotografías a una especie representando un problema ecosistémico… y global. Si los osos se están muriendo de hambre, algo anda mal en el círculo polar ártico y, por lo tanto, en el clima del planeta.

Imagen 1 Foto Carmen Loyola

Imagen cortesía de Carmen Loyola.

La imagen es ejemplo de libro del funcionamiento de una especie para atraer la atención en la conservación del ecosistema. A este tipo de especies se les llama ”especies bandera” puesto que su carisma genera atención, preocupación y llama la acción para la conservación de todo el entorno en donde vive. Así, entendemos que para asegurar la sobrevivencia de los osos polares es necesario actuar a nivel de ecosistema y a nivel global. Por lo tanto, los refrigeradores salen sobrando.

Esta visión contrasta para otras especies, por ejemplo, a los capitalinos nos llevó una década y media darnos cuenta que el axolote estaba extinguiéndose. El contraste es grande, lo que a la sociedad chilanga le llevó 15 años, a la humanidad le llevó unos segundos con sólo la fotografía de un oso polar.

Una vez comprendido el problema del axolote, la reacción social se enfocó en la especie y no en el ecosistema; por lo que su función de “especie bandera” no ha sido útil. La mayoría de las estrategias buscan salvar al axolote en peceras, introduciéndolo en otros lados, reintroduciéndolo en el mismo lugar de donde está desapareciendo. Sin embargo, pocas acciones sugieren una conservación de Xochimilco para que el axolote sobreviva. Así que la respuesta a un fenómeno similar, la extinción de una especie, tiene resultados distintos en el ánimo social de dos especies bandera.

La explicación de esta diferencia puede tener muchas capas que hay que ir abriendo. Una de ellas es que es mucho más difícil mantener un oso polar que un axolote. Otra es que el Polo norte se sigue viendo como un lugar completamente alejado y prístino mientras que los humedales urbanos donde vive el axolote ya se dieron por perdidos. Aún cuando están lejos, los polos se han convertido en “el ecosistema bandera” para demostrar el cambio climático que nos está afectando a todos. Finalmente, conservar Xochimilco implica darle espacio a la naturaleza en la Ciudad de México donde todos estamos peleando por espacio.

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Imagen del autor.

A pesar de todas estas explicaciones no deben desanimar las acciones para que el axolote cumpla con su papel de “especie bandera” y sea la guía para generar programas de restauración en Xochimilco. Para esto como sociedad tenemos que aprender algunos axiomas de la ecología que ayudan a dar luz a las acciones a seguir.

El primer axioma, y quizá el más importante, es: una especie no puede existir sin su ecosistema. Así como de nada serviría tener osos polares en refrigeradores, de nada sirve tener millones de axolotes en pecera si no existe Xochimilco. Aldo Leopold, ingeniero forestal norteamericano que vivió en el siglo pasado, entendió esta máxima a nivel de individuo y sugería que el papel de cada árbol en su sitio era irremplazable para el bosque donde crecía. Si subimos esto a nivel de especie, cada especie pertenece a su hábitat, fuera de él sus interacciones desaparecen y se modifican. El hábitat ya no es el mismo sin la especie, y fuera del hábitat la especie se relaciona con su entorno de otra manera y pierde identidad.

El segundo: el concepto de “especies bandera” se generó justo para la conservación del ecosistema donde habita. Si esto no sucede, el concepto falla. La cantidad de axolotes que viven en peceras a nivel mundial es muy grande. Existen colonias en Estados Unidos, Alemania, Japón. Incluso en Seúl, Corea del Sur, se considera al axolote como una especie representativa de su ciudad (sin ser nativa). Así, lo pudo constatar el escultor mexicano Abraham Cruzvillegas, que haciendo una exposición en esa ciudad les solicitó a los coreanos contar con la especie más representativa del lugar para ponerla en el centro de su pieza artística. Después de algunas pláticas, ese lugar lo ocupó una pecera con un axolote albino.1 Con estas acciones el axolote no se va a extinguir, vive en muchas peceras del mundo. Sin embargo, desaparecería de su hábitat natural y su uso como especie bandera no habría servido.

El tercero: por muy perturbado que esté un ecosistema, se puede restaurar. Es común escuchar a las personas justificar la construcción de algo sobre un ecosistema argumentando que ya estaba muy perturbado. Ese argumento se utilizó para destruir la cañada de Puerta Grande y Puente Colorado con La Supervía Poniente como para devastar el manglar de Tajamar en Cancún. Lo cierto es que la restauración ecológica es posible en todos los lugares. Así lo ha demostrado la Laguna del Carpintero en Tampico y el propio Tajamar donde el manglar sigue reclamando el terreno que fue invadido por los buldóceres. Así se ha constatado cuando se evalúan los proyectos de restauración de ríos europeos y norteamericanos como el Rin, el Támesis, o el Mississippi. Entonces, el humedal de Xochimilco se puede restaurar para recuperar este ecosistema sociocultural que tanto le ha dado a los capitalinos. Una visión derrotista nos llevará a perder cultura, historia, diversidad y alimento frente a la voracidad especulativa de los espacios en la ciudad.

El cuarto: por muy importante que sea una especie, como el axolote, si está en un ecosistema que no es el suyo, se considera introducida. Las especies introducidas son capaces de afectar a las especies nativas y al funcionamiento del ecosistema. Se ha buscado introducir al axolote en sistemas menos perturbados fuera del Valle de México. La lógica se basa en pensar que Xochimilco está perdido y, por lo tanto, tenemos que salvar a la especie con un bote salvavidas es errada. Solo sobrevivirá hasta que este bote también sucumba frente a la inminente urbanización mundial. Asimismo, los efectos generados por la llegada de una especie nueva son dramáticos para el ecosistema receptor. Por lo que no sólo es mala idea para el hábitat de la especie (por el axioma uno) también es mala idea para el sistema receptor. Se podría considerar una contradicción entre este axioma y el programa que estamos haciendo de albergues para axolotes en La Cantera de la UNAM, pero este sitio se encuentra dentro del rango de distribución original del axolote. Además, los lagos que se formaron ahí son hechos por la acción humana, por lo que buscamos recrear las condiciones de Xochimilco; y lo más importante, es un lugar temporal, no se busca que el axolote sobreviva ahí, sino que sea un albergue donde pueda estar mientras se restaura su hábitat natural.

Imagen 3 Carmen Loyola

Imagen cortesía de Carmen Loyola

El quinto: la reintroducción de una especie sólo se puede hacer cuando: 1) se está seguro de que ya se extinguió en su hábitat natural, 2) el hábitat ya está restaurado y puede albergar a la especie, 3) la población a introducir tiene cabal salud, es variable genéticamente y su pirámide poblacional estructurada. De lo contrario, el efecto puede ser contrario a lo deseado. En estos momentos existe una constante reintroducción de axolotes en Xochimilco por diversos grupos, que están esperanzados en que esto mantendrá a la población viva. De nuevo, estas acciones se enfocan en la especie más que en el ecosistema donde vive. Puesto que no se han modificado las condiciones de Xochimilco que están llevando a la extinción a los axolotes, reintroducirlos a los canales es enviarlos al matadero. Los que sobreviven tienen una variedad genética muy baja puesto que casi seguro vienen de los mismos padres y posiblemente vengan enfermos de un hongo que mata a todos los anfibios: la chitriomicosis. Así que estas acciones son poco útiles y dejan de lado lo más importante, el hábitat donde vive la especie que queremos salvar.

Es a partir de estos axiomas como el Laboratorio de Restauración Ecológica del Instituto de Biología de la UNAM ha trabajado en Xochimilco. Desde el 2004 se ha buscado comprender las razones del deterioro de Xochimilco y la posibilidad de restauración. El laboratorio cuenta con más de 12 años de trabajo, pero no es suficiente, pues nunca es suficiente la información cuando se trabaja con ecosistemas. Esto se debe a que los ecosistemas van cambiando y se tiene que evaluar los resultados del proyectos. A eso los ecólogos lo llamamos “manejo adaptativo”. Para ello, la evaluación de más de una década ayuda a comprender los fenómenos que se generan en ciclos anuales y los que son multianuales esto mejora la interpretación de los resultados. En este año el Fondo Nacional para la Cultura y las Artes FONCA financiará un proyecto de restauración de refugios para axolotes promoviendo la chinampería. El proyecto busca restaurar la chinampería a la vez de mejorar el hábitat de los axolotes. El objetivo del FONCA es preservar los sitios declarados Patrimonio por la UNESCO. Por lo mismo, la gente piensa en que se debe de usar para restaurar edificios, pero se debe de comprender que los trabajos que se realizan en este proyecto son más de índole ecológico que arquitectónico. 

Estamos frente a un problema ético y territorial. El carisma del axolote lo ha colocado por encima del hábitat donde vive. Se podría argumentar, con razón, que Xochimilco también es un lugar carismático. Aunque, la imagen de Xochimilco se ha desvirtuado, ha pasado de ser un lugar de importancia cultural, alimenticia y de regulación de agua y clima a simplemente un sitio colorido para la fiesta, y para algunas autoridades, una simple laguna de regulación. Si podemos reenfocar al axolote como una especie bandera para restaurar Xochimilco, entenderemos porqué este humedal es más importante que todos los nuevos aeropuertos, supervías, campos de golf, acuarios y desarrollos turísticos sumados. De lo contrario, nuestros hijos sólo podrán ver a los osos polares en refrigeradores y a los axolotes en peceras.

Luis Zambrano es investigador del Instituto de Biología y Secretario Ejecutivo Reserva Ecológica del Pedregal de San Ángel, UNAM.


1 CruzVillegas, Abraham, 2012, Challenge of Failure and Confusion of Possibility. Samuso.