Chimalli

Foto de la autora.

Cuando la escultura del “Guerrero Chimalli” fue inaugurada en diciembre del año pasado, rápidamente las críticas se hicieron presentes en las redes sociales y los medios de comunicación. De la avalancha de cuestionamientos que suscitó tal evento, uno de las más recurrentes era el costo de la escultura (30 millones de pesos) y el dinero que eso representaba en un municipio en donde 6 de cada 10 personas viven en algún nivel de pobreza. Es decir, el orden equivocado de las prioridades del gobierno municipal.

Ante la brutalidad de muchas críticas, uno se daba cuenta de que la mayoría de esos cuestionamientos provenía de personas de fuera de Chimalhuacán. Muy pocos artículos llegaron a interesarse en la percepción de los habitantes de esa municipalidad. Finalmente, son ellos los que tendrían que vivir con la figura del Guerreo Chimalli en medio de su paisaje urbano y los que se verían afectados por el uso de una parte del presupuesto en la construcción de esa escultura ¿Qué pensaban con esos habitantes que, de no haber sido por la obra de Sebastián, siempre pasaban inadvertidos en las preocupaciones metropolitanas?

Lo que uno esperaría encontrar es una escultura en medio de algún espacio pobremente intervenido. De esos que al gobierno le encanta crear para “dar atole con el dedo”, y poder poner después letreros con su “Cumplimos”, “Trabajamos para ti” y demás eslogans de auto-halago. La realidad es que, dejando de lado la escultura de Sebastián, el espacio que crearon fue de una calidad bastante aceptable. Primeramente porque es un espacio muy amplio y plano, lo que permite a los niños jugar, a los adultos mayores desplazarse sin problemas e incluso a personas en sillas de ruedas. En segundo lugar, por la abundancia de banquitas y espacios para sentarse. Es decir, es un espacio que fue creado para que la gente “esté”. Aunado a esto, la estética misma del lugar es bastante lúdica. Tiene una especie de ‘riachuelo’ que lo atraviesa, y múltiples puentes que lo cruzan. Aunque el material de éstos últimos era bastante resbaloso por lo que decidieron cambiarlo. Además de eso, existen otros servicios, como una cafetería y varios baños públicos que por el momento tienen en un estado impecable.

La escultura contempla un mirador, a la altura del brazo que sostiene el escudo, con un elevador que conecta el nivel del piso con él; aunque hasta abril de este año, aún no estaba todavía en funciones.

En la base de la escultura se encuentra un espacio de exposiciones que relata la historia de la concepción y construcción del Guerrero, por medio de diferentes materiales audiovisuales y textos. Fue muy sorprendente observar la afluencia de los visitantes, tanto en número como en constancia. Una de las encargadas del lugar comentó (en entrevista) que la mayoría de ellos son personas de Chimalhuacán y que estaban muy orgullosos de “su” Guerrero, ya que habían empleado en su totalidad a gente de la propia municipalidad. “Todo lo construyeron los habitantes y sin utilizar ningún tipo de protección en el proceso”. Y las fotos de la exposición, mostrando a los trabajadores en las alturas del Guerrero Chimalli sin ningún tipo arnés o material de seguridad, respaldaban sus afirmaciones.

Piramide

Foto de la autora.

 

Al frente de la plaza hay un pequeño local que anuncia la venta de recuerdos y productos con la imagen del Guerrero Chimalli: tazas, playeras, plumas y llaveros con la imagen de la escultura. Aunque de estos últimos no es posible encontrarlos, pues “se vendieron como pan caliente”, de acuerdo a la encargada del lugar. Los clientes, mencionó, “en su mayoría vienen de Chimalhuacán, aunque hace unas semanas vino gente de Estados Unidos”. Y es que, de acuerdo a su relato, los visitantes querían conocer esa obra que es “más alta que la Estatua de la Libertad”. Una verdad a medias, ya que en efecto sería más alta si no tomamos en cuenta la base de ésa última.

Vale la pena mencionar que a unos minutos de la plaza también se encuentra el Museo de Canto del Cincel, que en realidad  se trata de una especie de taller con un espacio de exposición con las esculturas que han ganado el concurso de Escultura en Cantera. Un certamen muy importante para los artesanos de la municipalidad, ya que atrae a diferentes medios de comunicación. La calidad de su trabajo es tal, que muchos de los edificios públicos y casas en barrios de lujo han sido construidas utilizando las habilidades de la gente de Chimalhuacán en el tallado y la escultura de la cantera. De igual manera, Chimalhuacán tiene el sitio Arqueológico “Los Pochotes”, cuyo emplazamiento ofrece una vista imperdible sobre el Oriente del Valle de México; una cocina muy local, con abundantes elementos prehispánicos; festivales y celebraciones, como el Carnaval de Chimalhuacán, en donde se presentan bailes típicos de la zona.

Cantera

Foto de la autora.

 

Sabiendo de los sitios y atractivos que Chimalhuacán tiene, valdría la pena preguntarse si el Guerrero Chimalli hubiera podido servir para algo más, de haberse utilizado mejor la polémica y la atracción que esta escultura suscitó en los medios. Por ejemplo, para crear un circuito turístico que permitiera, tanto a locales como a foráneos, conocer los lugares anteriormente enlistados. Eso no solamente hubiera podido generar trabajos, también hubiera reforzado la identidad de sus habitantes, mostrando que Chimalhuacán es algo más que cifras de pobreza y de criminalidad.

Porque tristemente el estigma que cargan estos lugares es tan fuerte, que incluso a los más grandes especialistas se les olvida que las poblaciones de estos lugares también necesitan espacios de diversión y esparcimiento. Muchas veces se reduce a las poblaciones de estos lugares a porcentajes y tasas de alguna problemática, sin  tomarse en cuenta que, como cualquier habitante de la Zona Metropolitana, también necesitan de espacios públicos de calidad, que les permitan dejar a un lado, al menos por un momento, las problemáticas que enfrentan día a día.

El espacio creado para ‘albergar’ al Guerrero Chimalli es uno de esos espacios. Anteriormente un lote baldío en donde la gente tiraba sus desechos, se ha convertido en un punto de reunión y de diversión local. Sin embargo ¿se necesitaba realmente una escultura de millones de pesos para justificar la construcción este espacio? No. ¿Se podrían haber aprovechado mejor esos 30 millones de pesos? Sin lugar a dudas. Porque no se equivocan quienes señalan las múltiples carencias de los habitantes de Chimalhuacán. El error está en señalar tanto las carencias de esas zonas, que terminemos por ver sólo eso, sin darnos la oportunidad de conocer y descubrir todo lo que también pueden enseñarnos y ofrecernos; de comprender las percepciones de otras personas acerca de un mismo evento, o de conocer mejor lo que ellos llaman ‘una necesidad’.

Sin lugar a dudas, lo único lamentable es que haya sido una escultura de Sebastián la que haya suscitado toda esta reflexión.

Paulina López Gutiérrez es geógrafa. Actualmente se encuentra realizando una investigación acerca de los peatones en la Ciudad de México.