La avenida Presidente Masaryk está llena de errores; para empezar su nombre. El padre, fundador y primer presidente de la república de Checoslovaquia, de quien heredó el nombre esta avenida, adoptó el apellido de su esposa estadounidense para honrarla y para contrarrestar la tradición machista de su cultura que obligaba a las mujeres a adoptar el apellido de su esposo.[1] Así, mientras Charlotte Garrigue se convertía en Charlotte Masaryková por convención social, Tomáš Masaryk se convertía en Tomáš Garrigue por convicción personal. Por lo que “la gran vía cosmopolita” del Distrito Federal debería llamarse Avenida Presidente Garrigue y no Masaryk.

Con el paso de los años, Avenida Presidente Masaryk se convirtió en una vía exclusiva, pues allí encontraron negocio las boutiques más prestigiosas y los restaurantes más caros de México. Es tan selecta que sus tres kilómetros aportan mil millones de pesos de predial al año, lo que equivale al 60% del presupuesto que se destina a la delegación a la que pertenece: Miguel Hidalgo.[2] No obstante, dice la Secretaría de Desarrollo Urbano y Vivienda (Seduvi), “el paso del tiempo y el inminente deterioro, llevaron recientemente a los vecinos de [la colonia] Polanco, a poner por primera vez en la mesa del Gobierno de la Ciudad de México, una iniciativa para rehabilitar la emblemática avenida y rescatar su valor patrimonial para alentar las inversiones”.[3]

Fue así como el Jefe de Gobierno, Miguel Ángel Mancera, dio inicio en enero del 2014 al Proyecto de Rehabilitación del Corredor Urbano Avenida Presidente Masaryk como “el detonador para regular e implantar nuevas formas de imagen y uso de […] uno de los principales corredores comerciales de la Zona Metropolitana del Valle de México y del país”.[4] Esta idea, no obstante, parece tener su origen en el delegado Víctor Hugo Romo, quien un año atrás le había planteado  “la recuperación integral de Masaryk, para que llegue a ser la ‘Quinta Avenida Mexicana’”. Otros, de aspiraciones más europeas, la comparan con los Campos Elíseos. Suponer que somos Nueva York o París no sólo es presunción: es miopía.

La miopía es una condición física que nos impide ver las cosas de lejos, porque los rayos de luz que llegan hasta nuestros ojos convergen en un punto focal previo a la retina, que es el tejido que transforma la información lumínica en información visual. Por ello, una persona con miopía tiene dificultades para enfocar bien los objetos lejanos y sólo ve bien los objetos más próximos. De esta manera, aquellos con miopía compararán Masaryk con la 5ª Avenida y los Campos Elíseos por lo más evidente, lo que tienen cerquita: sus tiendas caras y sus restaurantes finos; pero comprar y comer son actividades que nos regala el más humilde tianguis. La única diferencia es el tamaño de la cartera.

Para poder comparar Masaryk con la 5ª Avenida y los Campos Elíseos hay que corregir la miopía; sólo así nos daremos cuenta que la experiencia urbana de estos paseos no está en sus inmuebles de lujo; ellos son sólo el complemento que acompaña a una caminata. La gente va a esas calles porque quiere conocer el Arco del Triunfo; porque el camino arbolado desde allí hasta el Louvre les permite visitar Las Tullerías, los nenúfares, el Orangerie. Porque caminar los Campos Elíseos es conocer la República Francesa; admirar las batallas de Napoleón; pasear con Luis XIV o convivir con Monet. Porque es la fiesta nacional. La gente visita esas calles porque quiere conocer el parque más famoso del mundo y visitar sus edificios favoritos: el Flatiron Building, el Empire State, el Guggenheim o el Rockefeller Center. Porque es el árbol de Navidad más grande del mundo y la pista de hielo invernal. Porque es el barrio universitario y una milla de museos. Porque es el Upper East Side más rico y el Harlem más pobre. Porque es el desfile anual.

Champs Elysées

Foto 1. Vista aérea de Champs Élysées en París, Francia. Fuente: Google Maps.

5a Avenida

Foto 2. Vista aérea de la 5ª Avenida y Central Park en Nueva York, Estados Unidos. Fuente: Google Maps.

 

Masaryk

Foto 3. Vista aérea de Avenida Presidente Masaryk en Distrito Federal, México. Fuente: Google Maps.

Por esto, porque unen y articulan espacios que son democráticos, es decir, accesibles a todos: parques, plazas, jardines y museos, la 5ª Avenida y los Campos Elíseos son verdaderos corredores urbanos. Masaryk, no; ese es el segundo error. Por más banquetas anchas y libres de obstáculos… por más granito español, Masaryk no lleva a ningún lado porque, adentro de una sola colonia, conecta las rejas del Conservatorio Nacional de Música con las rejas de las exoficinas de Calidad de Vida; los #BajoPuentes de Periférico con el parque de bolsillo de Euler y Mariano Escobedo, avenida que lleva a un deprimido vial. Y en medio: tiendas de tera-lujo en una ciudad con nano-pobres. Tan sólo en 2013, el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval) encontró que dos millones 565 mil personas vivían en pobreza, es decir, 28.9 por ciento de la población del Distrito Federal.[5] ¿Por qué este gobierno de izquierda insiste en que nos sintamos como en Europa cuando hay gente que vive como en África?

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Foto 4. Escalinatas del Museo Metropolitano. Es un punto de encuentro donde la gente puede tomar el sol, leer, esperar, ver pasar a las personas, comer. En Masaryk no existe un espacio que se le parezca. Fuente: Google Street View.

Felipe Leal y Daniel Escotto lo comprendieron mucho mejor que Simón Neumann y Eduardo Aguilar. Ellos propusieron, durante la jefatura de Gobierno de Marcelo Ebrard, un corredor urbano que unía tres espacios públicos: la Plaza de la República, la Alameda Central y el Zócalo. Sin saberlo –porque nunca se lo plantearon de esa manera–, construyeron un museo al aire libre que, de manera lineal, cuenta la historia de la ciudad, y en cierta medida del país: un paseo histórico que empieza en la Gran Tenochtitlan, pasa por el Virreinato, saluda al México independiente y reformista, y termina con la Revolución. Todavía, el mes pasado, agregamos el antimonumento para no olvidar nuestro actual narcoestado. ¿Qué nos ofrece Masaryk?

Es tan exitoso este corredor que, después de su peatonalización, Madero se convirtió en la segunda calle más cara de México después de Masaryk. Según un estudio de mercado de la inmobiliaria Cushman & Wakefield, la renta mensual en septiembre de 2014 fue de 90 y 92 dólares, pero con un crecimiento anual en rentas del 16.9 y 8.2 por ciento, respectivamente; o sea, Madero crece dos veces más rápido.[6] Es una realidad que Masaryk dejará de ser la calle “de lujo” de México. Ahora podemos entender el empeño del gobierno para invertir 480 millones de pesos para hacer más “accesible, caminable, visitable y turístico” este corredor local.

Pero Masaryk, de origen, es antipeatón. Cuando empezaron las obras de “rehabilitación” y cerraron las calles al tránsito vehicular, más del 30 por ciento de los negocios cerró y otros reportaron pérdidas de hasta el 90 por ciento de sus ganancias;[7] lo que significa que el grueso de los clientes que mantienen Masaryk son automovilistas, no peatones.[8] Por eso, la ahora Coordinadora de la Autoridad del Espacio Público, Dhyana Quintanar, tuvo que defender las bahías para coches, a pesar de las contadas ocasiones en las que los vecinos le pidieron que no se pusieran. Sin embargo, quejarse de las bahías para defender a los peatones también es miopía, porque sólo se está poniendo atención en las banquetas y no en cómo se llega a ellas.

Así, el tercer error de Masaryk es quitar el transporte público que es el responsable de aportar los peatones tan anhelados para revitalizar la zona. Mientras la 5ª Avenida y los Campos Elíseos tienen 33 y 25 rutas de transporte público, respectivamente, Masaryk tiene dos y pronto será sólo una: el Polancobús, que atenderá “los viajes locales relativamente cortos”; es decir, que no traerá personas de otras colonias. Sobra decir, además, que la 5ª Avenida y los Campos Elíseos están rodeados de estaciones de Metro. A tan sólo una calle de distancia, la 5ª Avenida tiene 17 estaciones con 18 líneas diferentes y Campos Elíseos, nueve estaciones con nueve líneas. Masaryk, en cambio, sólo cuenta con una estación y una línea… y ni siquiera está allí mismo, está en Horacio.

Finalmente, el cuarto error de Masaryk es haber eliminado a los ambulantes de la calle. Dice Víctor Hugo Romo que a ellos no les “ha temblado la mano para respetar el derecho de los ciudadanos y las ciudadanas para tener una vía pública libre”. Pero las “banquetas libres”, nuevamente, es un discurso de miopes porque asumen que la calle es para moverse y no para encontrarse; para hacer window shopping y no para echarse un taco. Imaginan que las banquetas tienen que estar libres porque en el fondo son automovilistas disfrazados con un discurso que no entienden bien, y piensan que las personas a pie se deben mover como cochecitos: sin interferencias, sin personas que les estorben. ¿Pues qué no era Masaryk como la 5ª Avenida que tiene ambulantes en sus banquetas?

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Foto 5. Puestos ambulantes ocupan la banqueta de la 5ª Avenida afuera de Bergdorf Goodman, una de las tiendas departamentales más exclusivas de Nueva York. Fuente: Google Street View.

Su fundamentalismo en torno a las banquetas libres ha llegado a tal grado que también han ido en contra de las terrazas de los restaurantes. ¿Pues qué no era Masaryk como los Campos Elíseos donde los restaurantes sirven en la calle para que la gente pueda tomar el sol para que la gente pueda beberse una cerveza o un café tomando el sol?

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Foto 6. Terrazas en la banqueta de Champs Élysées. Fuente: Google Street View.

Bajo estas condiciones, Masaryk nunca será peatonal. Recordemos que la 5ª Avenida y los Campos Elíseos son producto de sus peatones y no al revés. Por ello, si de verdad quiere el gobierno recuperar la plusvalía que esta calle ha perdido, hace falta entonces que existan espacios abiertos, que no impliquen dinero su uso; mucho más transporte público, que permita el acceso a ellos; y una oferta de consumo para todos –especialmente para los trabajadores de la zona que ganan el mínimo. En otras palabras, que todos puedan llegar a usar el espacio. De lo contrario, Masaryk será víctima del chovinismo charro de gobernantes, empresarios y vecinos, y nunca será –lo que ellos creen que es– la calle más “importante” de México; solo será una calle que, por sus usos, quedará prácticamente privatizada por uno de los sectores más acomodados de la ciudad.

Francisco Reynoso es maestro en estudios urbanos por el Colegio de México y  labora actualmente en el Programa Universitario de Medio Ambiente de la UNAM.


[1] Ana Nedvedova (2006), Charlotta Garrigue Masaryková en De Haan, Francisca et. al. Editoras, A Biographical Dictionary of Women’s Movements and Feminisms in Central, Central European University Press.
[2] “Masaryk, el corredor fiscal más redituable de México“.
[3] Seduvi.
[4] Íbidem.
[5] “El Distrito Federal tiene 28 mil 100 pobres más, señala Coneval“.
[6] Cushman and Wakefield (2014), Main Streets Across the World 2014-2015.
[7] “Obras ‘Quiebran’ A Masaryk“.
[8] De acuerdo con el Plan Parcial de Desarrollo Urbano Polanco de la Delegación Miguel Hidalgo, el 53.7% de las personas que se desplazan en Polanco lo hacen en automotor privado. Ver Gaceta Oficial del Distrito Federal del 6 de junio de 2014 (página 36).