No podemos defender el Espacio Escultórico porque no sabemos bien qué es. Fundación UNAM, por ejemplo, se refiere a este recinto como el espacio que está “a un lado de la Biblioteca Nacional […] donde se encuentran dispersas, geométricamente, las esculturas creadas por los artistas involucrados1 en el proyecto”, e incluye, además, la plaza principal del Centro Cultural Universitario pues su acceso “queda señalado por una escultura de Rufino Tamayo que simboliza el aporte cultural de la Universidad”. En cambio, la Reserva Ecológica del Pedregal de San Ángel (REPSA)2 afirma que el Espacio Escultórico es una zona de amortiguamiento “sujeta a uso restringido para protección ambiental cuya presencia permite reducir el efecto de los disturbios antropogénicos sobre las zonas núcleo”.

De esta manera, ni la intención ni los límites del Espacio Escultórico están bien definidos en el imaginario de la comunidad universitaria, pues, por un lado, se le puede concebir como un “invaluable patrimonio universitario” representado en esculturas esparcidas en tres áreas del campus3 y, por el otro, definir apenas como un área de protección ambiental. Lo cierto, no obstante, es que el Espacio Escultórico es una combinación de ambas: un volcán de cemento sobre una plancha de lava. El Espacio Escultórico, en estricto, es este círculo gigante de 120 metros de diámetro, compuesto por 64 refuerzos gigantes de concreto separados en cuatro cuadrantes que señalan los cuatro puntos cardinales, para “reproducir la imagen cósmica del mundo prehispánico”.4

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El Espacio Escultórico de Ciudad Universitaria es un círculo perfecto sobre la impredecible lava que dejó la erupción del Xitle. Fuente: Hello DF.

La idea original del Espacio Escultórico era fusionar el arte con la naturaleza en lo que hoy se conoce como Land Art. Fue el escultor Federico Silva quien le propuso, en 1977, al entonces Coordinador de Humanidades, Jorge Carpizo, hacer una obra artística que impulsara a la escultura, “que estaba un poco rezagada en México en ese momento”.5 El principio fundamental del Land Art es alterar el PAISAJE con un sentido artístico, para producir sensaciones y emociones en el observador. Esto se logra gracias a que la intervención artística en el paisaje pone en evidencia la relación que la humanidad tiene con el medio ambiente y sus recursos biofísicos. Para el artista de Land Art, el paisaje es su lienzo. De esta manera, no es equivocado decir que en el Espacio Escultórico el arte se convierte en paisaje y el paisaje deviene en arte.

Arriba he subrayado y puesto en MAYÚSCULAS, negritas y cursivas la palabra “paisaje”, porque es la palabra clave para entender (y proteger) el Espacio Escultórico. Este recinto no es ni una escultura ni un área de conservación ambiental; es algo mucho más complejo que se deriva, precisamente, de las relaciones ecológicas entre estos elementos que lo componen. Por ello, deben existir los mecanismos y los instrumentos legales para protegerlo como tal: como un paisaje. Sin embargo, el único instrumento legal con el que cuenta actualmente el Espacio Escultórico para su conservación es el “Acuerdo por el que se rezonifica, delimita e incrementa la zona de la Reserva Ecológica del Pedregal de San Ángel de la Ciudad Universitaria”, decretado el 2 de junio de 2005.6 7 En él se establece que el “Espacio Escultórico está limitado por el borde externo del denominado Espacio Escultórico ubicado dentro de la Zona Núcleo Oriente”. En otras palabras:

El Espacio Escultórico (naturaleza) está limitado por el Espacio Escultórico (arte).

Con esta tautología burocrática se pierde la intención original de este recinto, pues se separan la naturaleza y el arte y, como se hace una distinción espacial y funcional entre ellos, ya no se reconoce su unicidad como paisaje. Es más, el Acuerdo ni siquiera menciona la palabra “paisaje”. Así, ¿cómo vamos a proteger el Espacio Escultórico y la intención por la cual fue creado?

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Los límites de la Reserva son imaginarios. Aquí se observa la continuidad de la vegetación entre la zona núcleo (afuera de la escultura) y la zona de amortiguamiento (adentro). Fuente: emeequis.

Con este documento, el Espacio Escultórico como obra paisajística queda subordinado a la naturaleza y esta última es la que se vuelve el objeto jurídico de protección. Lo anterior, evidentemente, no es un problema (es importante cuidar la naturaleza), pero la visión de la conservación que tenemos en México, como la han demostrado algunos estudios,8 es la de envolver el núcleo de mayor biodiversidad, para protegerlo sin interactuar con él y permitir todo al exterior porque creemos no hay nada de valor: se fragmenta el ecosistema y olvidamos que es un continuum.

Esto fue lo que hicieron la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales, la Dirección General de Obras y Conservación y la Secretaría Administrativa cuando construyeron el edificio H: respetaron los límites del Núcleo Oriente de la Reserva Ecológica pero no así los del paisaje, los del arte, los de la historia. Límites que, como no están reconocidos por escrito en un Acuerdo, son fácilmente quebrantados y por eso se asume que “el Edificio H no violenta ninguna norma”.9 Pero violentó la privacidad de los alumnos: esa sensación que el Espacio Escultórico, como pieza de Land Art, provocaba en muchos de nosotros cuando buscábamos un remanso de soledad, de introspección, de encuentro con nosotros mismos en medio de la caótica Ciudad de México.

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El Espacio Escultórico es un oasis en medio del asfalto urbano. Fuente: Addendum.

Una opción para proteger el Espacio Escultórico en particular, y la Ciudad Universitaria en general, es repensarlos como una Reserva de la Biosfera, que son ecosistemas reconocidos internacionalmente por la UNESCO en el marco del Programa MAB (Man and Biosphere). Según este organismo, las Reservas de la Biosfera “sirven para impulsar armónicamente la integración de las poblaciones y la naturaleza, a fin de promover un desarrollo sostenible mediante (1) un diálogo participativo, (2) el intercambio de conocimiento, (3) la mejora del bienestar de toda la comunidad, (4) el respeto a los valores culturales y (5) la capacidad de adaptación de la sociedad ante los cambios”.10

Si la UNAM hubiera tomado en cuenta este tipo de herramientas para el desarrollo de la universidad dentro de un área de valor ambiental, no habría edificio H y se hubiera solucionado de otra manera la demanda de espacio. La verticalidad con la que se tomó la decisión fue una caída libre sin paracaídas, que acabó en una catástrofe que llegó a la prensa internacional, entre ellos, el New York Times y Hyperallergic. El accidente no fue mortal, pero todavía existe el riesgo de convalecencia política e intelectual.

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Con el edificio H en el Espacio Escultórico ya no miramos, somos mirados. Fuente: El Universal.

Las Reservas de la Biosfera constan de tres zonas interrelacionadas, y casi siempre concéntricas, que cumplen tres funciones conexas, complementarias y que se refuerzan mutuamente:

  • La zona núcleo, que protege estrictamente el ecosistema con la función de conservar el paisaje, es decir, las especies y variaciones genéticas. Aquí sólo se permite la investigación.11
  • La zona de amortiguamiento, que rodea el núcleo o colinda con él, con la función de promover el crecimiento sustentable con prácticas ecológicas acertadas: la educación ambiental, la recreación y el turismo ecológico.
  • La zona de transiciones, que es considerada una zona de uso múltiple, en la que pueden desarrollarse actividades de aprovechamiento sostenible de los recursos para promover un desarrollo económico y humano sostenible.

La Ciudad Universitaria, sin ser Reserva de la Biosfera, tiene hoy estos espacios. El problema, es que la delimitación de estas zonas ha generado colindancias directas entre la zona núcleo y la zona de transiciones sin tener la intermediación de la zona de amortiguamiento. Un ejemplo de ello es, precisamente, la zona urbanizable de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales que limita directamente con la Zona Núcleo Oriente de la Reserva Ecológica, donde está el Espacio Escultórico. Es un cambio tan brusco en los usos del espacio, que la construcción de un edificio de ocho pisos al canto de la Reserva es inexcusablemente una insensibilidad ecológica, la cual es producto, sin duda alguna, del poco, si no es que nulo, diálogo entre los diferentes campos de conocimiento al interior de la Universidad.

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Plano del área decretada como patrimonio mundial de la UNESCO. Área naranja: zona núcleo; área verde: zona de amortiguamiento nivel 1; área morada: zona de amortiguamiento nivel 2; área azul: zona de amortiguamiento nivel 3. Tomado del portal de la UNESCO. Poligonal de la REPSA: zonas núcleo da la REPSA (polígonos rojos), zonas de amortiguamiento (polígonos azules). Fuente: REPSA-UNAM.

Según Sergio Guevara del Instituto de Ecología A.C., para que las Reservas de la Biosfera sean exitosas deben funcionar de manera “centrífuga”; es decir, que las zonas permitan la movilidad de la biodiversidad desde el núcleo hacia la periferia, para que toda la zona se conecte y se restaure.12 Pero, el error del edificio H nos demuestra que la UNAM lo está haciendo al revés. La Universidad ha adoptado el modelo “centrípeto”, ya que las zonas sirven para proteger el núcleo de alta biodiversidad, en lugar de considerarlas coadyuvantes en la movilidad de la biodiversidad, o sea, del paisaje. Todas las Reservas que han tomado este modelo “están siendo acosadas por el uso del suelo en su entorno, en vez de estar influyéndolo y transformándolo”. Esto es, si la UNAM hubiera copiado el modelo centrífugo para la REPSA, sería el Espacio Escultórico el que se hubiera metido a la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales, y no al revés. Hoy, con el edificio H a la vista, el Espacio Escultórico es menos PAISAJE y más Facultad de Ciencias Políticas.

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La Facultad de Ciencias Políticas y Sociales ahora es parte del Espacio Escultórico. Foto: Daniel Betanzos.

Por este motivo, Manuel Felguérez, que fue uno de sus creadores, le pide a la Universidad que enmiende el error y restaure el paisaje. Pero no basta con recuperar el paisaje del Espacio Escultórico; hacen falta los mecanismos para protegerlo para que no se repita otro edificio H.

Por ello, la Universidad debe, cuando menos, (1) reconocer el PAISAJE de la Ciudad Universitaria como objeto de protección jurídica, con gran énfasis en la conservación de su material pétreo; y (2) reconocer el carácter que tiene el Espacio Escultórico como pieza artística de Land Art, y no sólo como un espacio más de la Ciudad Universitaria, que es Monumento Artístico de la Nación; ni como zona de amortiguamiento del polígono declarado Patrimonio Cultural por la UNESCO. Asimismo, la UNAM debe (3) adoptar forzosamente el modelo centrífugo para dejar de pensar únicamente en el gran valor de los núcleos de la Reserva y poner más atención en el entorno como una ciudad universitaria. Esta no es sólo una mejor estrategia de conservación, pues el ECOSISTEMA del pedregal crecerá, en lugar de fragmentarse; sino que el paisaje ecoartístico del Espacio Escultórico se propagará por el campus universitario y servirá como una propuesta de urbanización ante el desarrollo desconectado de Ciudad Universitaria.

El modelo centrífugo, que se enfoca más en los procesos ecológicos que en las especies, nos recuerda que la estrategia real de conservación de la naturaleza es el PAISAJE, y no los límites establecidos en un Acuerdo, pues un cacomixtle en un zoológico no conservará el Pedregal de San Ángel; pero el Pedregal de San Ángel, sí conservará a los cacomixtles de la UNAM.

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En el Espacio Escultórico las personas podían sentirse parte del paisaje. Fuente: Addendum.

Francisco Reynoso es Químico Farmacéutico Biólogo de la UNAM y Maestro en Estudios Urbanos por El Colegio de México. Actualmente labora en el Programa Universitario de Estrategias para la Sustentabilidad de la UNAM.


1 Aquí podemos encontrar Las serpientes del Pedregal y Ocho conejo de Federico Silva; Ave dos de Hersúa; Coatl de Helen Escobedo; Colotl de Sebastián; Corona del Pedregal de Mathias Goeritz y Variante de la llave de Kepler de Manuel Felguérez.
2 Cuyo Comité Técnico es el órgano colegiado responsable de la protección de la Reserva Ecológica y de coordinar las acciones para instrumentar el manejo, la definición de políticas, estrategias y criterios generales para su desarrollo.
3 Fundación UNAM considera como espacio Escultórico al propio Espacio Escultórico más el Paseo de la Esculturas (las esculturas esparcidas geométricamente) y el Centro Cultural Universitario.
4 Fundación UNAM.
5 Ídem.
6 Gaceta UNAM, No. 3,813, Junio 2, 2005.
7 No obstante, el conjunto del campus universitario, 730 hectáreas en total, –donde se incluyen el Centro Cultural Universitario y el Espacio Escultórico– tiene categoría de monumento artístico, por decreto presidencial publicado en el Diario Oficial de la Federación, desde el 18 de julio de 2005, conforme a la Ley Federal de Monumentos y Zonas Arqueológicos, Artísticos e Históricos, por lo cual tiene protección del Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA).
8 Guevara, Sergio. (2015), El ambiente de la ecología mexicana en El pensamiento ecológico frente a los retos del siglo XXI. Programa Universitario de Estrategias para la Sustentabilidad, UNAM. México.
9 Declaración de Sergio Boeta Ángeles, abogado mexicano especializado en herencias culturales, en el New York Times.
10 UNESCO.
11 De acuerdo al Programa MAB, “una reserva de biosfera puede tener una o más zonas núcleo jurídicamente constituidas, en donde se permiten realizar investigaciones y otras actividades poco perturbadoras”.
12 Guevara, Sergio, ídem, renombra a estas zonas como zonas núcleo, de conectividad y de restauración.