En la conciencia colectiva queda claro que tenemos problemas de agua. Ayuda a esta percepción la cantidad de infraestructura que usa el gobierno para darle a la Ciudad de México el agua requerida. Busca reciclar el agua del Cutzamala, pero eso sólo provee del 30% del agua de la ciudad. Ahora busca suministrar de agua fósil que está a más de 3 mil metros de profundidad. Los anuncios de estas obras de la ingeniería sugieren una cosa: el agua del subsuelo no es suficiente.
Por ello surgen ideas de hacer más eficiente el uso del agua. Por un lado gastar menos. Muchas personas han buscado regaderas ahorradoras que reducen de veinte a entre seis y ocho litros por minuto el gasto de agua en la ducha. También se están buscando escusados que en lugar de usar ocho litros por descarga, utilicen sólo seis y con dispositivos que si uno sólo orina descarguen tres litros; incluso hay mingitorios que no requieren agua. Pero aún con todos estos dispositivos, el uso de agua es necesario para cocinar, lavar ropa y trastes, limpiar la casa y regar las plantas, así que el gasto de una familia de cinco personas es de aproximadamente mil litros de agua por día. Esto es casi lo que almacena un tinaco doméstico, de esos redondos objetos negros o blancos que embellecen nuestras azoteas con sus letreros de “Rotoplas”. Así que gastamos mucha agua, porque a la fecha no conozco a nadie que haya seguido a Hugo Chávez al pie de la letra cuando nos presumía que él se bañaba en 3 minutos (uno para enjuagarse, uno con el agua cerrada para enjabonarse y uno para quitarse el jabón) gastando 16 litros (suponiendo que tuviera regadera ahorradora).

La segunda forma de eficiencia es captar agua. Llueve casi diez veces más de lo que se necesita en la ciudad, así que a mucha gente se le ha ocurrido buscar la forma de captar el agua de lluvia en los techos de sus casas y guardarla en su cisterna. Pero si nos embarcamos en esta aventura lo primero que tenemos que hacer es calcular cuánto podemos captar en nuestras azoteas para llenar el número suficiente de tinacos y ser autosuficientes en el agua.
Lo primero que hay que saber es que en la Ciudad de México llueve en promedio cerca de 720 milímetros al año (mm/año) (Aquí los datos de la Comisión Nacional de Agua de cuánto llueve en cada estado). Esto es, en cada metro cuadrado de la ciudad en promedio caen 720 litros en todo el año. Suena a mucho. Pero recordemos que una familia necesita aproximadamente 365 mil litros al año. Eso suena a mucho más. Por lo tanto, para que se pudiera captar toda el agua de lluvia que necesita una familia, habría que contar con 507 metros cuadrados de azotea en la casa. No cualquiera tiene una casa con una azotea tan grande. Además, las familias que tienen esa cantidad de terreno, también tienen jardín lo que aumenta el consumo de agua y, por lo tanto, tendría que aumentar el terreno de captación.
Hay otro factor que considerar. Los 720 mm que llueven son el total de agua que cae en el año, pero en agosto llueve mucho y en marzo muy poco. Utilizando los datos de cuánto llueve por mes, vemos que sólo cuatro meses (de junio a septiembre) cae más lluvia de la necesaria para la familia que vive en una casa con un techo de 507 metros cuadrados. El resto del año es de déficit, por lo tanto hay que guardar agua de los meses de lluvias para los meses con menor precipitación. La cantidad de tinacos de 1,100 litros que habría que tener para almacenar la precipitación es de 171.[1] Si uno tiene un techo de 507 metros cuadrados, quizá sí pueda hacer una cisterna del tamaño de 171 tinacos, pero la mayoría no tenemos esa cantidad de espacio.
GRÁFICA 1: PRECIPITACIÓN PROMEDIO MENSUAL EN LA CIUDAD DE MÉXICO (milimetros por año)

La última consideración es que no llueve igual en la ciudad; en el suroeste llueve el triple de lo que en el noreste. Así pues, el área necesaria para captar agua de una familia en el noreste tendría que ser mucho mayor a la del suroeste.
Todo esto nos hacer reflexionar el verdadero alcance de las llamadas tecnologías verdes en vivienda. Por ejemplo en Santa Fe hay muchas unidades habitacionales de alto ingreso que tienen prefijos “eco” o “bio” en sus nombres, ya que presumen que tienen incorporadas estas tecnologías verdes de eficiencia de agua y captación. Pero el gasto de agua en un edificio que alberga a más de 30 familias nunca podrá ser autosustentable captando la lluvia, incluso dentro de sus macetones o jardines. Tampoco podría compensar el agua que se infiltraba en lo que era el bosque en Santa Fe, que antes de ser basurero, era el lugar donde brotaba el manantial de agua más prístino de la ciudad. Por lo tanto, tenemos que pensar si las tecnologías verdes son la ruta adecuada para manejar el agua en la ciudad. Las acciones de ahorro y captación son buenas, pero no son, ni remotamente, suficientes.
Hay otras formas de ayudar a almacenar agua, como los pozos de absorción, que reciben el agua que escurre por las azoteas, calles y banquetas inyectando el agua al acuífero. Estos pozos pueden ser domésticos o de gran escala; aunque tienen problemas que se deben de considerar. Por ejemplo, focalizar la absorción del agua a un solo punto (el pozo) puede saturar el suelo que lo rodea. En la Ciudad de México septiembre es un mes donde la cantidad de lluvia de la temporada ha sido mucha y la tierra del subsuelo está húmeda y su capacidad de absorción es reducida. Una lluvia torrencial en un suelo saturado podría hacer que el pozo deje de infiltrar y se generen inundaciones. Si estos pozos son más grandes y penetran hasta freático pueden ser fuente de contaminación, puesto la función del pozo es como el de una jeringa que deja pasar rápido el líquido (por lo tanto no se filtra lo suficiente) con agua contaminada.
Una ruta alternativa es promover la conservación de los sitios naturales que captan e infiltran el agua. Para comprender esta forma en donde se privilegian las zonas verdes y no las ecotecnias en el manejo del agua, la Reserva Ecológica del Pedregal de San Ángel en Ciudad Universitaria puede ayudar. Un cálculo muy general sugiere que en sus 237 hectáreas caen más de un millón setecientos mil metros cúbicos (tinacos) al año. Una cantidad nada despreciable, pero aún pequeña para las necesidades de la ciudad. No toda el agua que cae por lluvia se infiltra, pues hay una proporción que se evapora, otra la consumen las plantas, otra se escurre y llega al drenaje. Por lo que sólo una fracción llega al subsuelo. Esa fracción cambia de región en región, por ejemplo: el Pedregal filtra más que un lugar como el centro de la ciudad con arcillas. Así que en un lugar como éste, estudios podrían arrojar más luz sobre el ordenamiento de un territorio a partir del buen manejo del agua.

Una de las ventajas de conservar las áreas verdes es que no necesitamos generar espacio para el almacenaje, puesto que toda el agua se va al subsuelo donde se queda almacenada y a la vez se filtra lo que incrementa su calidad. En conclusión, si no queremos quedarnos sin agua, no volteemos a ver tecnologías que nunca nos permitirán ser autosuficientes totalmente, veamos a la naturaleza que siempre nos ha dado el agua de manera gratuita, lo único que pide es que no la destruyamos.
Luis Zambrano es investigador del Instituto de Biología y Secretario Ejecutivo de la Reserva Ecológica del Pedregal de San Ángel, UNAM.
Si quieres calcular cuánta agua puede captar tu terreno, aquí hay una liga muy fácil de utilizar.
[1] Esta cifra implica que una familia requiere 27 tinacos al mes para cubrir sus necesidades. Así, la precipitación de enero en 507 metros cuadrados llenaría 3.4 tinacos, en mayo 20, etc. con. Todos los meses son deficitarios (se llenan menos tinacos de los utilizados) a excepción de junio a septiembre, donde la recarga es más alta que el consumo. El superávit de tinacos de esos meses son los que se requieren para el resto de los meses deficitarios, habría que añadir los necesarios para el consumo mensual. La suma de ese superávit de esos 4 meses es de 144 más 27 revolventes, dan un total de 171 tinacos.
Se dice trastos, no trastes. Las guitarras tienen trastes, los del fregadero son trastos.
Todo en nuestro planeta tiene un equilibrio, las dificultades se presentan cuando esa cadena de equilibrio se rompe y tiene consecuencia en todos sus eslabones. El agua para consumo humano debe contener características para su consumo y desarrollo de la vida. De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud se requieren de 100 litros de agua diario para cubrir las necesidades de una persona en el mundo, de 20 a 25 es preocupación sanitaria. Es materia de muchos documentos internacionales como la Declaración Americana de los Derechos y Deberes del Hombre y las Directrices de Maastricht sobre Violaciones a los Derechos Económicos, Sociales y Culturales. En la Constitución de México convergen el derecho al agua, la salud, la vivienda y a un medio ambiente adecuado, sin embargo estos derechos tienen una dependencia total al agua como elemento que forma al cuerpo humano y sin el cual no se puede hablar de derecho a la salud o al medio ambiente adecuado. Excelente publicación.