Pareciera cliché: cada que algún tipo de desastre sucede en la Ciudad de México (y en el país) se señala con total justificación a algún tipo de error gubernamental como su causa de raíz. Ya sea falta de planeación, de visión, de incompetencia, de corrupción, entre otros problemas, parecen ser elementos que son constantes de estos desastres, los cuales se agudizan siempre que hay sumas millonarias de inversión de por medio.

Un reciente ejemplo de ello es el derrumbe de una estructura, sin víctimas, en el nuevo centro comercial de lujo y de uso mixtos Artz Pedregal, desarrollado por Sordo Madaleno Arquitectos. Este derrumbe merece toda la atención por varios antecedentes y contexto de la ciudad.

En primer lugar, se sabe bien que la ciudad tiene un problema de falta de áreas verdes, de falta de infiltración de agua al subsuelo (que después se extrae para abastecer a la ciudad), así como de tala de árboles y de tráfico; de sustentabilidad valga la pena decir. Por ello, conservar grandes áreas verdes es importante, en especial en el sur de la ciudad, que mayor infiltración tiene, y debería de ser una prioridad del gobierno.

No obstante, esta circunstancia no fue impedimento para el desarrollo de Artz Pedregal en un terreno de 50 mil metros cuadrados, en el cual se autorizó la tala de 1,525 árboles, junto al Río Magdalena, para lo cual sus desarrolladores, como medidas de compensación ambiental, pagaron una suma de nueve millones de pesos, se comprometieron a replantar mil árboles en Pedregal, prometieron que la obra tendría consumo reducido de agua, permitiría captar lluvia y contaría con áreas verdes, incluyendo azoteas verdes (incluso en la estructura que cayó). La falta de cumplimiento de éstas conllevó su suspensión temporal, aunque al final se adoptaron medidas para señalar que el desarrollo sería “sustentable”, cuando lo sustentable hubiera sido no desarrollarlo.

Localización de Artz Pedregal

Fuente: Elaborado con imágenes de Google Earth.

Asimismo, por su impacto negativo en la movilidad que tendrá alrededor (se esperan siete millones de visitantes anuales), también adoptó medidas de compensación. La localización de esta plaza (en Periférico sur) hace que no sea fácil llegar en transporte público y se vuelve un desarrollo orientado al uso del automóvil. El número de autos que llegarán diario puede superar varias veces el número de lugares de estacionamiento construidos (6,600 cajones), por lo que sin duda contribuirá a la congestión en la zona. La medida lógica sería evitar que se llegara en automóvil a la plaza, pero por el contrario, se aseguró que más autos llegarán a la misma mediante la construcción de un retorno subterráneo, con conexión directa a la plaza, como “medida de compensación”.

Dicho retorno ha causado más problemas de tráfico, ha afectado a los usuarios del transporte público que transitan por la zona, con mayores tiempos de traslado y dificultades para abordar en el tramo poniente –y hasta afectado los servicios de emergencias del Hospital Ángeles. La “compensación” fue una manera de asegurar que sus clientes llegaran cómodamente en auto y el costo al público se trasladó en forma de tráfico. Algo que se hizo con venia de la administración de la Ciudad de México y a pesar de las protestas de los vecinos que denunciaron el inicio de la construcción sin permisos en regla y  los impactos negativos como mayor tráfico, falta de agua, etc.

Plano de Artz Pedregal que muestra flujos entrando y saliendo de su estacionamiento por desnivel Periférico-Santa Teresa

Fuente: Archdaily.

El tema de Artz Pedregal podría quedar sólo en mala planeación, de falta de sustentabilidad, de falta de participación ciudadana y de oportunidades perdidas, de no haber tenido que ser desarrollado en ese lugar, como Oasis Coyoacán. Sin embargo, en términos de gestión de riesgos es grave el colapso de una estructura de la plaza, tanto por antecedentes particulares de la obra como de contexto de la ciudad.

La construcción de Artz Pedregal ya había registrado problemas. En 2016, sufrió un colapso la excavación del desarrollo, por una fuga de agua, llevándose consigo una parte de la lateral del Periférico. Esto debió haber encendido los focos rojos en cuanto a la supervisión de obra y seguridad, pero si sucedió así, no llego a ninguna consecuencia, lo cual es aún más grave al tomar en cuenta la tragedia del sismo del 19 de septiembre.

Hace nueve meses, durante el #19S, siete personas murieron en plazas, tiendas departamentos y de autoservicios: en Galerías Coapa, un Palacio de Hierro y un Walmart. Después de estos trágicos ejemplos es inaceptable que una plaza inaugurada hace cuatro meses sufra un colapso, sin siquiera haber sido afectada por un sismo. La seguridad de un edificio nuevo y que planea recibir miles de personas debería de la máxima. Ante el boom de las plazas comerciales en la metrópolis, como pseudoespacios públicos, nos debemos de cuestionar seriamente todos los aspectos de su seguridad –tal vez no son los lugares seguros que quieren hacernos creer que son.

Detrás de cada una de estas circunstancias hay cadenas de decisiones (legales e ilegales) que involucran a la administración de la Ciudad de México y a los dueños de Artz Pedregal. Decisiones que parecen haber sido en favor de garantizar el beneficio de los desarrolladores, pues de otra manera, esta plaza no se hubiera construido o no tendría tantos problemas a su alrededor o, mucho menos, se hubiera caído a los cuatro meses de inaugurada.

Como ejemplo circunstancial de lo anterior están las declaraciones del exjefe de gobierno Miguel Ángel Mancera el día de la inauguración de Artz Pedregal:

“Así que aquí hemos sido testigos de la modernidad, de procesos rigurosos en materia de construcción. Lo que estableció la Ciudad de México como requisitos para poder llegar a la conclusión de esta obra ha sido estrictamente apegado a ello, a la normatividad y a las leyes de la ciudad”.

Uno se pregunta después de esto: ¿en realidad todo lo que se ha permitido construir en estos años ha sido apegado a ley y es seguro para los habitantes de la ciudad?

Hoy en día habría que dudarlo ampliamente. 

Salvador Medina es economista y maestro en urbanismo. Trabaja temas de movilidad y sustentabilidad urbana.

Miguel Ángel Mancera cortando el listón de inauguración de Artz Pedregal

Fuente: Gran inauguración Artz Pedregal, Sordo Madaleno.