Desde hace algunos años, Ciudad Satélite ha conocido un aumento en la delincuencia. Robos a casa habitación, daños a automóviles, asaltos a mano armada son sólo algunos de los tipos de delitos que han aumentado en la zona. Ante la ineficiencia de las autoridades públicas, tanto de la colonia como del municipio, los vecinos se han organizado a través de programas de vigilancia compartida. Programas que van desde la la alerta constante de los habitantes ante hechos inhabituales en las calles, hasta la instalación de casetas de vigilancia y rejas que controlen el acceso a calles de la colonia. Si bien es cierto que la corrupción ha ayudado al desarrollo de la inseguridad en la zona, yo me pregunto qué tanta culpa tienen también su forma de urbanización y la negativa de muchos habitantes a actualizar el el proyecto de Ciudad Satélite en términos de transporte público, usos de suelo o espacios públicos.

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Por experiencia propia puedo asegurar que caminar o transportarse en Satélite, en un medio otro que el automóvil, es toda una odisea. Si se tiene suerte y se vive (o trabaja) cerca de las arterias viales principales, el acceso a una de las pocas líneas de transporte público, permitidas por la Asociación de Colonos de Satélite, es poco problemático. Sin embargo, no se puede decir lo mismo de aquellos que viven o trabajan en el interior de la colonia, y que están obligados a caminar largas distancias para poder acceder a la oferta de transporte público. Según la leyenda (y la página de Colonos de Satélite) existe un transporte público interno, pero en mi experiencia, nunca he dado ni con las paradas, ni con los horarios o con algún mapa de la ruta. Ahora que si nos toca caminar, el riesgo es muy alto. La traza urbana de Satélite fue realizada para facilitar el tránsito vehicular de una manera fluida. No existen semáforos al interior de la colonia precisamente por estos motivos. Por ello, atravesar una calle supone en muchos casos una espera de varios minutos en los que uno se desliza entre un grupo y otro de automóviles que, si no fuera por los baches o los topes, quién sabe si se detendrían. El resultado es un uso masivo del automóvil en detrimento de otras formas de movilidad, como la bicicleta o la caminata.
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Esta ausencia de políticas públicas o iniciativas vecinales en Satélite para promover otros usos de transporte, es, en mi opinión, una verdadero desperdicio de oportunidades. Yo recuerdo en mi infancia haber utilizado la bicicleta para ir a la tienda, o simplemente ir a dar la vuelta a algún circuito con mis hermanos. Porque es mentira que las distancias sean un problema en la colonia. Las zonas comerciales, que son una especie de isla dentro de cada zona residencial, están precisamente pensadas para estar cerca de los habitantes. ¿Por qué entonces no existen programas que incentiven a la gente a caminar los 500 metros que los separan de la tienda? (Si, me ha tocado conocer gente que utiliza el auto para recorrer los 500 metros entre su casa y la zona comercial). De nada sirven los múltiples programas vecinales contra la delincuencia si la gente nunca sale al espacio público. Al contrario, la ausencia de sus habitantes en esos espacios son uno de los factores que han facilitado el crecimiento de este fenómeno.
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Al uso masivo del automóvil y la poca oferta de medios alternativos se suma el férreo control de los usos de suelo: comercial y habitacional. Un control que ha sido cuidadosamente vigilado por los habitantes de la zona, que no han dudado en manifestarse más de una vez cuando esos usos no se respetan. Uno de los ejemplos que recuerdo es el establecimiento de una sucursal de una conocida cadena de cafés, cerca del Centro Cívico de la colonia, ya que violaba el uso de suelo. Si bien es cierta esta última parte, la otra cara de la moneda es que muchos de los habitantes cercanos a este sitio han dejado su automóvil en casa cuando visitan este establecimiento, y han decidido caminar. Lo malo es que este establecimiento refleja de manera clara la forma de transporte de la zona: un amplio estacionamiento y valet parking, y ni un lugar para estacionar tu bicicleta.
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Es cierto que facilitar el uso de suelo mixto despierta grandes inquietudes entre los habitantes del lugar. En primer lugar porque va contra el mito fundador de Satélite, en donde cada lugar estaba cuidadosamente planificado para un uso (véase este video promocional de la década de 1960). En segunda, se encuentra la inquietud de qué tanto una apertura de este tipo afectará la calidad de vida de los habitantes. Ya sea por el ruido, la invasión a espacios públicos o privados (nunca faltan los comerciantes que se expanden en banquetas o tapan entradas), el manejo de los desechos o la atracción de poblaciones “no deseadas” en la colonia (que, por cierto, esta última razón es una de las más citadas cuando he preguntado por qué no hay más transporte público en la colonia). Sin embargo, la gran ventaja de una zona como Satélite es que precisamente al no existir un uso de suelo mixto, es posible construirlo y controlarlo de manera colectiva, vigilando la clase de establecimientos que se autorizan, su localización o el respeto de éstos a normas como el nivel del ruido o el tratamiento de desechos.
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Es cierto que esto no va a evitar todos los hechos delictivos, pero es claro que si los dificultaría. Numerosos ejemplos en el mundo han demostrado que una mayor concurrencia en el espacio público disminuye las tasas de delitos. La vigilancia pasiva que los visitantes ejercen hace que sea más difícil violentar a los usuarios de los espacios públicos. Algo que de ninguna manera se compara con vigilar desde una ventana a la persona que pasa por tu calle. Además, no es lo mismo tener un testigo en un delito, que decenas. Ni para los delincuentes ni para las autoridades encargadas de resolver estos problemas.

Y bueno, por si todo esto no bastara, hay una última razón para reconsiderar el diseño de Ciudad Satélite, y es demográfica. La población de Ciudad Satélite está envejeciendo, y en unos cuantos años podría convertirse en una colonia de personas jubiladas, con todas las problemáticas de movilidad que esto conlleva. Y si todos ellos dependen del automóvil para moverse, en unos cuantos años tendremos a una población cuyo uso de este medio será muy riesgoso para el resto de los automovilistas, o que pasará el resto de su vejez encerrada en sus hogares. Repensar Satélite es también construir una colonia más incluyente, con espacios en donde éstas personas también puedan moverse, comercios a los que puedan acceder y una actividad física facilitada por su entorno.
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Con representaciones civiles tan presentes en la vida de Ciudad Satélite, y el importante peso político que tienen, redefinir el rumbo de la zona puede ser un ejemplo en la concepción de una colonia de manera inclusiva. La protesta de estos habitantes logró que el Viaducto Bicentenario bajara al nivel del piso, por aquello de la conservación del monumento de las Torres de Satélite. Ojalá que ese mismo amor lo dirijan ahora hacia la recuperación de sus espacios públicos.

Paulina López Gutiérrez es geógrafa. Actualmente se encuentra realizando una investigación acerca de los peatones en la Ciudad de México.


Bibliografía recomendada:

De Alba Martha, Busquets Dante et al. (2011) Satélite: el libro. Ediciones: UAM Iztapalapa. ISBN 9786074776317