Los trazos que se contraponen y se enciman en el paisaje urbano de Xoco: una de las futuras torres más grandes de México, de dimensiones que sus desarrolladores califican de “míticas”, y una pequeña iglesia construida en el siglo XVII, con un valor simbólico altísimo para sus concurrentes, me invitan a hacer preguntas fundamentales sobre las formas que adquiere la ciudad y los ciudadanos que surgen de ella. Es clave describir y comprender las consecuencias que resultan de proceso de transformación urbana en la ciudad. Es a través del uso y configuración del espacio en las ciudades que podemos crear sociedades más incluyentes, interculturales, y escapar de lo que René Coulomb denomina el laberinto de los intereses particulares.1 Hoy Xoco es un espacio atractivo a las grandes inversiones y desarrollos inmobiliarios; esto ha resultado en diversas transformaciones y en la conformación de su carácter de espacio disputado.2

De los huertos a los centros comerciales

Xoco significa “lugar de frutas agrias”, antaño era fácil toparse con huertos de frutas, particularmente tejocotes; el pueblo de Xoco abastecía a la Ciudad de México y el mercado de Mixcoac. En 1935 se encontraron piezas de cerámica y cuchillos que confirman la presencia de comunidades que vivían ahí antes de la llegada de los Aztecas, particularmente de los Tepaltecas. Desde entonces y hasta tiempos recientes Xoco fue un lugar de tierras ejidales que se utilizaban para el cultivo y el ganado; también empezaron a llegar fábricas, principalmente de ladrillos, y hubo mucho maguey y pulquerías.

Fotografías: Alejandro Porcel Arraut

Se delimitaron grandes ranchos, como el del General Almazán o incluso una quinta de japoneses donde se dice que Buñuel grabó escenas de Los Olvidados;3 los trabajadores que llegaron a las fábricas y ranchos se instalaron ahí. Había grandes terrenos de tierra sin construcciones, y el precio de la tierra no era muy alto (1.5 centavos, contra 20 en Tlalpan en 1949), por lo que no atrajo a los primeros proyectos inmobiliarios que acompañaron la expansión de la ciudad en la época post–revolucionaria. En su lugar se levantaron vecindades y asentamientos informales, irregulares.

Hasta hoy el pueblo gira en torno a la Iglesia de San Sebastián Mártir, que data de 1663. El 20 de enero, día de la fiesta patronal, que los pobladores hacen “por la tradición de sus antepasados”; San Sebastián sale a recorrer el pueblo con cohetes y música, y hasta hubo en algunas ocasiones carreras de caballos; “buenas fiestas” se dice. El Panteón de Xoco fue creado en 1912 gracias a una donación, es una pieza fundamental para la vida de pueblo. Junto con la iglesia, son los símbolos que representan la proyección de los habitantes del pueblo en la historia, a través de la cultura; forman parte central de su experiencia de habitar, practicar el espacio, y de su orden sociocultural.

En 1940 inició el crecimiento urbano en la zona, aunque las calles conservaron el trazo de sus antiguos caminos, comenzó la desaparición de las tierras ejidales, la entubación del Río Churubusco y la concreción de un pequeño pueblo enmarcado por cuatro grandes avenidas. En la década de 1970 se empezaron a construir algunos condominios horizontales sobre las vías principales. Poco después se construyó el Centro Bancomer (1979) —celebrado por su modernidad—, sobre “un huerto grandísimo […], había mucha manzana, durazno y chabacano, y estaba rodeado de puros pinos”.4 Desde entonces la población local estaba preocupada por el congestionamiento vial que esto causaría y cómo irrumpiría en sus usos del espacio.

Para la década de 1980, ya había llegado la Ciudad a Xoco: aumentó la demanda de los terrenos de los pobladores, que vivían —en muchos casos— en vecindades. Desde entonces se han levantado condominios horizontales y grandes construcciones. En 1977 se construyó la Plaza de los compositores, en donde había asentamientos informales muy grandes, y hoy se levanta la Cineteca Nacional y así lo hace desde 1982. La estación de metro “Coyoacán” abrió el mismo año; poco después en 1989 se inauguró el Centro Comercial Coyoacán, y la dinámica continuó con la construyó de la sacm, el imer y numerosas agencias de autos. Desde entonces la transformación ha sido drástica, “El barrio de los miserables”5 y las vecindades de la zona del pueblo queda como evidencia. Como un vecino declaró en ese tiempo:

no es fácil conservar la tradición urbana de los pueblos en una delegación tan céntrica como Benito Juárez, una zona que se ha vuelto comercial, de gran actividad económica y modernidad. Estos vestigios tradicionales de México están permanentemente en riesgo. […] Después de la Cineteca Nacional, unidades habitacionales, etc. […] realmente queda poco de lo original de Xoco, […] el Panteón se salvó porque todos los pobladores se opusieron.6

Un espacio y dos visiones de ciudad: la situación actual

Hoy, vista desde arriba, la colonia Xoco asemeja un cuadrado, delimitado por cuatro grandes avenidas: Universidad, Popocatépetl, Cuauhtémoc y Río Churubusco. Pocos la conocen por su nombre, pero tiene muchos visitantes que van a sus centros comerciales, la Cineteca Nacional, la Sala Roberto Cantoral, su Cementerio, las agencias de autos que se extienden a lo largo de Av. Universidad, al imer, o al metro “Coyoacán”. Menos conocen la Iglesia de San Sebastián Mártir, corazón del pueblo de Xoco, y la colonia popular que se esconde detrás de los grandes edificios que flanquean las grandes avenidas. Cuando se rodea la colonia es difícil imaginarse que dentro hay un pueblo, o una iglesia que data del Siglo XVII.

La densidad población de Xoco es la más baja de Benito Juárez, actualmente hay una población residente de alrededor de 3,500 personas. Las calles internas de la colonia, pequeñas y con banquetas apenas existentes, son vialidades remanentes de tiempos de “pueblo”, con su trazado caprichoso que rodeaba terrenos, huertos y haciendas. Es útil pensar en Xoco como un lugar surgido de procesos de urbanización que no fueron ni planeados, ni regulados. Caracterizado por reducir los espacios públicos al mínimo indispensable de la circulación (las calles), y su uso pragmático para fines privados.

Este espacio está sufriendo actualmente un estrés ocasionado por las dimensiones masivas de los nuevos proyectos inmobiliarios; su ubicación, cada vez más cerca de las fronteras del pueblo y sus espacios de proximidad; y la llegada de una población notable de nuevos residentes. La referencia común que hacen los habitantes del pueblo cuando le preguntas sobre los cambios que ha habido es que antes se podía jugar fútbol en las calles y que era un pueblo tranquilo. Hoy se hace evidente el proceso de reconfiguración, disputa y negociación del orden urbano y sociocultural en Xoco. La ubicación céntrica, su gran red de conexiones hacia el resto de la metrópoli, la informalidad de muchos de los asentamientos habitacionales del pueblo, y los grandes lotes “libres”, han contribuido a que Xoco se convierta en un polo de inversiones inmobiliarias.

A una puerta de distancia están las “New York Jazz Stars” tocando música en la Sala Roberto Cantoral; el puesto de tacos y antojitos mexicanos del mercado del pueblo; el megaproyecto Mítikah; la Iglesia de San Sebastián Mártir (de 1663), la proyección de Odisea al espacio, 2001 de Kubrick en las salas de la Cineteca Nacional; y “El barrio de los miserables”. Ante este escenario es fácil caer en proposición dicotómicas; especialmente entre modernidad y tradición. Incluso, da la sensación de que los pobladores lo han planteado así, en razón del ambiente de enfrentamiento con los nuevos residentes y la constante contraposición frente al “otro” que ha derivado de esa situación y que sirve como herramienta de simplificación.

Pero esta división categórica es una ilusión; una clara manifestación más discreta de la modernidad en el pueblo es la gorra de los Mets que recurrentemente usa un vecino del pueblo, quien se protege del sol con ella mientras poda los arbustos de la iglesia. El riesgo se extiende del ámbito sociocultural al espacial; donde también es fácil categorizar a las nuevas construcciones como espacios residenciales y de consumo cerrados, y al pueblo como espacio abierto.

La complejidad del fenómeno de transformación en Xoco, llena de contradicciones, va más allá de esto, lo que no implica ignorar las contraposiciones evidentes entre los mapas físicos y simbólicos7 de los diferentes grupos. Los cuales re-ordenan el lugar a través de sus interacciones, haciendo de Xoco un espacio compartido por visiones superpuestas, y a veces enfrentadas, de órdenes espaciales, tipos de ciudad, experiencias urbanas, clases sociales y culturas.

Nuevos espacios insulares

Mítikah, el desarrollo inmobiliario emblemático del “México moderno” es un proyecto colosal que planea levantar ocho edificios de usos múltiples, viviendas, centro comercial, oficinas, hospital, y la que será una de las torres más altas de México.8 Pretende ser una ciudad en sí misma, como el nombre original del proyecto,9 Ciudad Progresiva, dejaba ver. Además, recientemente ha terminado la construcción de dos City Towers; si el nombre en inglés no basta para evidenciar su carácter “cosmopolita”, o aspiracional al menos, sus características de espacios residenciales cerrados y vigilados dejan ver claramente su orientación hacia la metrópolis y su presencia en la colonia tan sólo como enclaves. Actualmente está en construcción una tercera torre; las tres se ubican más cerca del espacio de proximidad del pueblo que construcciones anteriores como el Centro Coyoacán o el Bancomer; también es el caso de Mítikah, el proyecto colinda directamente, puerta a puerta, con la Iglesia.

El desplazamiento que han hecho estas construcciones no sólo ha sido físico, también hay una afronta simbólica; basta con entrar al sitio web del proyecto, www.mitikah.com.mx, donde se afirma que el desarrollo “se alza en el centro de Coyoacán, una zona muy accesible desde cualquier punto de la ciudad” aunque la fuente de los Coyotes está a dos kilómetros de distancia. Esta forma de borrar a Xoco de su mapa del lugar deja ver su idea del universo socio espacial que están ocupando: más cercano al centro de Coyoacán que a Xoco; a pesar de estar precisamente en el segundo. Para que los distintos mapas de ciudad tengan sentido, hay áreas que deben ser excluidas, desprovistas de sentido.10

Una visión de ciudad muy distinta a aquella de los habitantes del pueblo. El valor del espacio es conferido por su centralidad; “su ubicación” no se mira contra sus vecinos inmediatos; sino respecto a la metrópolis: es así que como se autoproclama un espacio de “exclusividad y ubicación privilegiada”.11 Las nuevas construcciones dan la espalda al pueblo, y voltean hacia las grandes avenidas, las arterias que les conectan con el espacio de la capital y los alejan de un espacio local ignorado. Se conforma la contradicción fundamental que aparece entre los vecinos en Xoco, la vecindad física y la enorme distancia socio cultural. Eso crea un lugar de hostilidades pasivas y visiones de ciudad enfrentadas, que al igual que el resto de las grandes urbes modernas, ha perdido su función socializadora.

Espacio de transformaciones y tensiones

Los nuevos desarrollos inmobiliarios y pobladores han tenido un impacto multidimensional en la vida del pueblo; no todos son fenómenos nuevos, pero sí han sido acelerados. Los aspectos negativos más evidentes son el aumento del predial, insuficiencia del suministro de agua,12 problemas viales y de movilidad, ruido, polvo. Pero también los puestos de tacos y las fondas venden más; la tiendita de la esquina registra ventas récord; hay cuartos en renta para albañiles —casi siempre ocupados, según me contaron—, nuevos estacionamientos y restaurantes. También ha aumentado el precio del suelo; esto tiene un impacto doble: incrementa el valor del patrimonio de los pobladores, pero también presiona hacia su expulsión gradual.

Los mecanismos formales de queja han fracasado frente a lo que los habitantes perciben como la corrupción y colusión entre las autoridades y los desarrolladores inmobiliarios; en lo que se confirma como un espacio no regulado, negociado. Ante esto, se ha recurrido a distintos mecanismos informales: entre ellos la protesta y el clientelismo. Ha habido un uso estratégico de la resistencia para conseguir “favores” y “regalos”; algunos vecinos se refieren con desprecio sobre las despensas y tinacos que se “regalaban”, o de la “casual” remodelación de la casa de una vecina. Pero otros, agradecen la llegada de tinacos y otras “donaciones”. Esto refuerza el orden de las relaciones políticas a través de un sistema de corrupción sistémica avalada por ambos grupos y el gobierno a través de un pacto tácito. Se revela una desconfianza en la coerción legal y la búsqueda de ambos grupos por aprovechar zonas grises del sistema.

Los coches y los cohetes nos sirven como evidencia de significados conferidos al “otro” y el choque de ordenes socioculturales que deriva en un conflicto por el espacio. Lo nuevos residentes practican su orden socio-cultual cosmopolita dentro de sus autos y edificios, y esperan del resto la misma cortesía de aislarse en el espacio; a la inversa, los habitantes del pueblo; esperan respeto de sus prácticas del espacio, ligadas a su tradición cultural: la procesión de su santo, la fiesta y los cohetes. A esto se suma una visión enfrentada del lugar, mientras que para los nuevos residentes las calles son sólo un espacio de tránsito, para los habitantes del pueblo son el centro de su vida pública.13 En donde hay acuerdos tácitos de sus usos privados, como los puestos de comida y la remodelaciones de las casas; pero que son poco flexibles a nuevas apropiaciones, como los autos que los nuevos residentes dejan estacionados en la calle, o incluso que pasen por las calles con la música a todo volumen.

Notas finales

Entre los grupos de vecinos de la colonia prevalece una visión prescriptiva de la historia, a través de la cual explican los acontecimientos recientes como “más de lo mismo”,14 con una carga simbólica adquirida. Esta visión rígida de la historia vuelve difícil el entendimiento entre grupos, pues a través de ella el problema es un conflicto simplificado: entre invasores e invadidos; modernos y tradicionales; legítimos e ilegítimos. Así, los conflictos surgen al rededor del espacio compartido, las calles (coches), el paisaje, el aire (polvo), el sonido (cohetes, o la música de los coches), el agua: y todos los demás lugares en disputa.

El uso del espacio que hacen los nuevos desarrollos refuerza un orden urbano mutuamente excluyente, es a través de un urbanismo más inteligente que se pueden obtener resultados mucho mejores: mayor integración económica y social entre grupos e intercambios culturales enriquecedores. Hay que restaurar la función pública de los espacios públicos, para desatar la potencialidad positiva del aumento de la heterogeneidad en la participación política y la cultura.

 

Alejandro Porcel Arraut
Estudió Relaciones Internacionales en El Colegio de México. Su investigación busca comprender la complejidad del proceso actual de transformación en la Colonia Xoco.


1 “Los cuales se distinguen por la intervención de diferentes actores económicos interesados en aprovechar la centralidad y calidad urbana; y la consiguiente resistencia de los pobladores originarios”; René Coulomb, “La planeación y gestión metropolitana frente al desafío de la ciudad incluyente”, Ciudad de México, Colegio de México, lunes 4 de diciembre (conferencia).

2 Emilio Duhau y Ángela Giglia, Metrópoli, espacio público y consumo, FCE, Mexico, 2016, pp. 175–76.

3 Este dato es particularmente interesante si se piensa que uno de los temas de la película, la inmigración a la ciudad y la precariedad de varios asentamientos coincide con los procesos que se vivían en Xoco por aquellas épocas.

4 Paulino Flores Landaverde, “Los nuevos vecinos”, testimonio en: Historia oral de los barrios y pueblos de la ciudad de México: Delegación Benito Juárez, Consejo de la crónica de México, México, 1999, pp. 47–50.

5 Es la forma con la que los habitantes de Xoco acostumbran a llamar a una vecindad que ha sobrevivido y que ahora se encuentra atrapada entre una torre de departamentos y el nuevo estacionamiento de la Cineteca Nacional.

6 Historia oral de los barrios y pueblos de la ciudad de México: Delegación Benito Juárez, Op. cit., p. 55.

7 “las distintas experiencias configuran distintos mapas (reales e imaginarios) de la metrópoli, característicos de cada contexto urbano”; Duhau y Gilia, Las reglas del desorden: habitar la metrópolis, Siglo XXI, México, 2008, p 28.

8 Göran Therborn habla de una “gramática de poder” de los edificios; entre más grandes, pesados, altos cerrados y distantes sean, son más autoritarios y arrogantes; “Presentación de su reciente libro: Cities of Power: The Urban, the national, the popular, the global”, Ciudad de México, El Colegio de México, lunes 4 de diciembre, 2017 (conferencia).

9 La construcción de Mítikah ha visto varios reveses, ocasionados por problemas con el cambio en el uso de suelo, la falta de amortización adecuada al impacto urbano y las afectaciones ocasionadas a edificaciones colindantes. En 2015, el proyecto, originalmente de Ideurban pasó a manos de Grupo Funo por 185 millones de dólares.

10 Las reglas del desorden: habitar la metrópoli, Op. cit., p. 28.

11 City Towers Grand Park, “Proyecto”, consultado el 2 de diciembre, 2017.

12 Las tres City Towers tienen grandes albercas; Mítikah incluso tendrá una fosa para buceo.

13 Metrópoli, espacio público y consumo, Op. cit., p. 198.

14 Marshall Sahlins, Islands of history, Chicago, University Press, 1985, Introducción.