Después de esperar por más de media hora a que pasara un tren me di por vencido. Con la cantidad de gente reunida en el andén sabía que, aunque en los próximos minutos la unidad pasara, sería prácticamente imposible de abordar. Llegar ese día a tiempo mi casa se convirtió en poco más que un sueño que simplemente no iba a suceder. Esto ocurrió el 29 de marzo por la tarde al tratar de abordar la línea 9 del Metro de la Ciudad de México. Sin embargo, mi historia no es única ni especial, es la realidad que vivimos más de cinco millones de usuarios del Sistema de Transporte Colectivo Metro, casi todos los días, casi a todas horas.

Ilustración: Patricio Betteo

A través de sus redes sociales el Metro informó que un tren se retiró de la línea 9 para revisión de su mecanismo de conducción. Ese mismo día otros dos trenes de la línea 1 y B respectivamente sufrieron el mismo desperfecto de acuerdo con lo reportado a través del Twitter del Metro. Sin embargo, al revisar los reportes de otros días encontré que ese día se pudo considerar tranquilo, pues hay otros en los que las fallas del sistema no dejan de aparecer. Prácticamente no hay día en que no falle el Metro.

“Desalojo de tren para revisión de mecanismo en puertas”; “se revisa mecanismo de conducción en tren”; “corte de corriente para retirar basura quemada”, son solo algunos de los problemas que el mismo sistema reporta día con día, los cuales se suman a las quejas de los usuarios que van desde escaleras que no funcionan, ventiladores averiados, goteras en el techo y las paredes y, por supuesto, retraso y sobrecupo en los trenes. Tan solo en febrero se reportó que ante la saturación del sistema y la falla de las escaleras eléctricas varias personas resultaron heridas en un evento que por suerte no resulto fatal. No obstante, el próximo gran accidente en el sistema Metro podría estar a la vuelta de la esquina y no hay manera de excusarse argumentando que no lo vimos venir.

Hace cuatro años Claudia Altamirano ya escribía sobre el suplicio de moverse en la Ciudad de México, la cual tiene el nada honroso título de ser la más dolorosa para transportarse, pues en palabras de ella: “El dolor es el nuevo parámetro de medición del tráfico en las grandes metrópolis”; debido a la falta de mantenimiento que administraciones pasadas jamás le dieron al sistema, además de doloroso podemos agregar que el Metro ahora es peligroso.

“Llevar a cabo un programa de mantenimiento intensivo y modernización del Metro y el STE que dignifique y haga más eficiente al sistema” fue parte de la plataforma electoral de Claudia Sheinbaum. Hasta ahora, la Secretaría de Movilidad (Semovi) ha presentado algunas metas, líneas de acción y criterios generales en cuanto a mantenimiento, renovación de la flota y monitoreo del sistema en su Plan Estratégico de Movilidad de la Ciudad de México 2019. Sin embargo, el documento no detalla en montos sobre la inversión al sistema y se limita a establecer que la meta será dar “mantenimiento mayor a trenes de Metro”, lo que levanta la duda de si estas acciones serán suficientes para rescatar un sistema dañado y abandonado.

Lo más preocupante de este asunto es lo normalizado que hemos vuelto el tema del deterioro del Metro, pues parece que para nadie es prioridad. Por un lado, la nueva secretaría de Movilidad parece más enfocada a temas de menor impacto -por la cantidad de usuarios- como lo son la regulación de scooters y bicicletas sin anclaje que se rentan por medio de aplicaciones móviles que a prestar atención y proponer soluciones para el sistema Metro. Por otro lado, la clase política (de cualquier partido) la cual muy probablemente no utiliza el sistema, no coloca el tema del mantenimiento del Metro dentro de su agenda, por lo que la discusión sobre cómo rescatar este medio de transporte no se encuentra en el Congreso de la Ciudad de México, a pesar de ser el órgano que representa a los millones que lo sufrimos diario.

El Metro opera en números negativos, pues por sí solo no logra recaudar la cantidad suficiente para operar y darle mantenimiento a las unidades, algo poco conocido por la población en general. De acuerdo con la última información financiera del Metro disponible en la cuenta pública, en 2017 el presupuesto de Egresos le otorgó 16.5 mil millones de pesos, mientras que de ingresos propios el sistema reportó 8.5 mil millones de pesos, los cuales fueron insuficientes para cumplir con las promesas de arreglar los trenes y elevar la calidad del servicio. Según cálculos de  José Luis Luege Tamargo, exsecretario de Medio Ambiente, el Metro debería recibir 30 mil millones al año en subsidio, el doble de lo que la ciudad le otorgó este año, aunque en la situación actual probablemente necesite más.

Para el año en curso, el presupuesto de Egresos de la Ciudad de México 2019 recortó cerca de 2 mil millones de pesos al fideicomiso maestro (FIMETRO) en comparación con el 2018. Cuestionada sobre este recorte en diciembre pasado, la jefa de gobierno se limitó a decir que los recursos faltantes serían cubiertos de manera directa al sistema por el gobierno de la ciudad y serían etiquetados para el mantenimiento mayor. 

El fondo del problema parece yacer en que el Metro no ha tenido una política de ingresos y financiamiento que permita tanto otorgar un subsidio, mantener un nivel de servicio alto y reponer los activos depreciados. Tradicionalmente, sólo se han cubierto los costos de uso, no de mantenimiento ni de inversión. ¿Tendrá el nuevo gobierno de la Ciudad de México algún as bajo la manga que no haya mostrado para aumentar los recursos del metro? No lo sé, lo que sí sé, es que dinero que podría haber sido recaudado por fotomultas (mil millones de pesos aproximadamente) o del subsidio a la tenencia (3 mil millones de pesos aproximadamente) no le caerían nada mal al Metro, el cual está colapsado … y lo peor podría estar por venir.

 

Gerardo Velarde
Maestro en Planeación y Políticas Metropolitanas por la UAM y usuario diario del Metro.