El Programa de Mejoramiento Urbano (PMU) de la Secretaría de Desarrollo Agrario, Territorial y Urbano (SEDATU) federal es una apuesta en riesgo de convertirse en varios elefantes blancos. Tiene cerca de 500 intervenciones que sin la reconstrucción del tejido social desde la planeación, el diseño y hasta el mantenimiento integral, hará que la gran calidad arquitectónica prometida sea efímera. A pesar de ser la gran apuesta de política urbana nacional de la actual administración, la SEDATU se comporta como “conquistador” de territorios con desigualdad, imponiendo desde la academia las soluciones locales y de gran valor arquitectónico que pretenden por sí mismas traer incentivos sociales para la recuperación del tejido social, disminuyendo desigualdades y hasta los índices de inseguridad.

La llamada #NuevaSEDATU busca un impacto que refleje los principios políticos de la también llamada Cuarta Transformación o 4T, alejándose lo más posible del viejo régimen. Esto incluye incrementar su desconfianza en los niveles de gobierno local, llevándola a “conveniar” —con una contraprestación que desconocemos— con universidades nacionales reconocidas para llevar a cabo las tareas cruciales del PMU: 1) El Instituto Politécnico Nacional (IPN) para el diagnóstico que determinaría las acciones urbanísticas que necesitaban los 15 territorios elegidos previamente por el Presidente; 2) la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) para los proyectos ejecutivos y 3) El Colegio de México para la elaboración de instrumentos de planeación necesarios para la ejecución de las obras.

Además, para asegurarse que las obras públicas mantendrían la calidad esperada, la SEDATU incrementó sus atribuciones para licitar y ser responsable directo de su ejecución, antes tarea de los gobiernos locales, que hoy se quedan sin participación por medio del tradicional parí pasu, los cuales deben aceptar convenios que los hacen responsables de la operación y mantenimiento de las obras una vez entregadas.

El riesgo es convertir una política bien intencionada en un elefante blanco que entra en una cristalería. Intento explicar porqué.

Ilustración: Patricio Betteo

Si le fue bien a Colombia, por qué no le va a ir bien a México

La inspiración del PMU se parece a lo que en Colombia decidieron hacer en Medellín o Bogotá con intervenciones arquitectónicas en territorios con fractura del tejido social. Éstas eran una pequeña parte de un proceso de largo plazo aún en curso, siendo la arquitectura una expresión material de un proyecto de reconstrucción de ciudadanía, con una visión social más allá del proyecto arquitectónico. Para Medellín fue la reconstrucción del tejido social y para Bogotá, también fiscal. Ambos procesos liderados por el orden de gobierno más cercano a la gente: el de la ciudad, no del país.

Entiendo que al presidente le interesó lograr estos resultados en México, pero en el muy corto plazo, idea que evolucionó en el ahora PMU de la SEDATU. El problema de importar soluciones a través de la construcción de formas físicas del corto plazo y no de los procesos sociales subyacentes del largo plazo, es no entender que al territorio no se le erradica la desigualdad a través de una licitación de obra pública.

Nos comportamos como “conquistadores” de los territorios en desigualdad

Decenas de veces fui testigo de la elaboración exprés de programas de obra municipal o estatal, con la urgencia de la gestión, asignación y ejecución del recurso. Las decisiones y diseños se replicaban como tortillas. Lo que la gente quería de su espacio terminaba en una encuesta de papel con la firma en las actas de la reunión “de validación vecinal”.

Lo que está haciendo el PMU no es diferente. Aunque sean los mejores de la UNAM, las y los arquitectos siempre llegamos a encarecer las obras para poder incorporar nuestros sueños de grandeza y legado arquitectónico, dejando de lado la identidad de la comunidad. El objetivo no es construir un “hardware” territorial, es transformar el “software” social. Estamos invirtiendo 4 mil millones de pesos en el cascarón.

La planeación participativa es el proceso de transformación de la gobernanza de los espacios que compartimos.1 La participación ciudadana en las decisiones de su territorio transforman las relaciones con el mismo. Estos procesos llevan tiempo para entender sus necesidades, valores, problemas sociales, su forma de combatirlos como comunidad. Estos procesos de análisis y decisión están sucediendo a mil kilómetros de distancia, sin vinculación con la realidad y la identidad local.

Aunque el propio secretario ha visitado en varias ocasiones los 15 municipios, y tanto el IPN como la UNAM debían validar sus propuestas en campo, la planeación participativa necesita más que eso, una presencia e interacción constante que sólo un ente local puede hacer. Son 500 procesos liderados desde el territorio y no desde los escritorios a mil kilómetros de distancia, sin vinculación con la realidad y la identidad local.

Implementar a toda costa, incluso la desconfianza institucional

No es un secreto que las decisiones del PMU se están tomando en las cúpulas académicas, olvidando de nuevo la consulta y participación a los territorios en intervención. Los habitantes participan de las decisiones sólo a través de su presencia en una base de datos que nos permite hacer análisis multifactoriales, pero no sociológicos, históricos o de identidad.

La #NuevaSEDATU está más ocupada mostrando una nueva relación de confianza con las instituciones académicas que con los gobiernos locales. A las primeras sí hay flujo de recurso que aún no sabemos cuánto es, y a los segundos sólo se les pide mantener lo que se les entregue.

La transparencia y honestidad son valores que la #NuevaSEDATU no puede darse el lujo de perder. Poder consultar estos proyectos es una tarea casi imposible. Por ejemplo, se anunció la exposición al público de los proyectos de la UNAM y en una tarde me fue imposible encontrar una persona en Palacio Nacional que supiera de qué estaba hablando.

Los proyectos de “alta calidad arquitectónica” licitados desde el centro sin la participación local para evitar las corrupciones en la obra pública, tienen un gran riesgo de aumentar considerablemente la estimación de costo. Esto parece no importar, ya que el modelo de intervención se basa en el supuesto de que la sociedad cuidará los espacios recuperados que se entreguen. Esta historia me recuerda el libro de Sir Peter Hall2 donde relata grandes desastres de planeación urbana y arquitectónica que sobreestiman su impacto, subestimando la capacidad para su mantenimiento, llevando los responsables (en este caso los municipios) a la ruina en poco tiempo.

Estos municipios en condiciones de desigualdad, se encuentran en esa situación por falta de recursos, mismos que seguirán sin existir para la operación y el mantenimiento. Pero como eso se verá después de 2021, qué importa hoy. La prioridad es avanzar y avanzar rápido. Es una carrera a contrarreloj entre la liebre y la tortuga. Un ejemplo es que en 12 meses la #NuevaSEDATU quiere diagnosticar, diseñar, hacer proyecto ejecutivo, licitar, tener permisos locales, construir, supervisar y entregar cerca 500 proyectos casi simultáneamente. Estamos en el mes seis del año uno y aún hay grandes incógnitas sobre la certeza jurídica de los predios, es decir aún no se sabe si el predio es del gobierno o no. De la mano de los municipios quizá la historia sería diferente, burocrática, lenta pero diferente.

Nada es nuevo bajo este sol mexicano

Ignorar las capacidades locales para suprimirlas a través de la participación de grandes mentes de la arquitectura mexicana no es algo nuevo. Ya lo hizo hace seis años Carlos Zedillo en el INFONAVIT a través del programa “Mejorando la Unidad”, donde con el mismo modelo se invertirían 200 millones de pesos solamente en la Ciudad de México. No era el IPN, la UNAM o el Colmex, en cambio fueron Enrique Norten y Tatiana Bilbao entre otros.

Ambos casos a 6 años de distancia comparten el desprecio de un proceso de participación ciudadana que lleva tiempo, recursos, confianza, construcción colectiva interinstitucional y mucha paciencia para asegurar que se logren los impactos esperados. En ambos casos, la urgencia por la entrega de resultados hace que el elemento más importante y crucial para el éxito de los proyectos, sea el primer eliminado de la lista.

El regreso al paternalismo por desconfianza

Estamos regresando al paternalismo centralizando las acciones locales e incrementando el proceso de debilitación de los municipios. No abandonamos la arrogancia de las cúpulas de poder, que sin querer entender la realidad local y el porqué existen aún estas desigualdades locales, se justifican bajo la retórica política de despreciar las capacidades locales de los municipios: “El municipio no puede, no sabe, es corrupto”. El municipio es el orden de gobierno más cercano a la gente, debes fortalecerlo no alienarlo y mucho menos sustituirlo.

Albert O. Hirschman, que teorizaba sobre el equilibrio del desarrollo, desconfiaba de la planificación centralista que olvidaba las expectativas de la población aumentando su frustración. Así llegó a la teoría de la decepción entendida como la distancia entre la realidad y la expectativa.3 Las más de 30 millones de personas que votaron por el cambio, lo hicieron por decepción acumulada. Las continuas catarsis que nuestro presidente da a los sistemas institucionales establecidos son una recalibración de la relación entre la realidad y la expectativa. “No les vamos a fallar”, en otras palabras, “no los vamos a decepcionar”.

La #NuevaSEDATU tiene un compromiso genuino por lograr un cambio positivo a toda costa y en los apretados tiempos que marca el presidente. Aún está a tiempo de recalibrar su concepto de confianza, reducir la distancia entre la realidad y la expectativa, porque las instituciones locales de este país deben ser sus aliadas, socias, copartícipes en la decisión y en la responsabilidad durante todo el proceso. Estas estuvieron antes de que la #NuevaSEDATU llegará y se quedarán una vez se vaya.

Un elefante blanco está por entrar en una cristalería. Espero estar equivocada.

 

Gisela Méndez
Arquitecta, consultora en temas urbanos y de movilidad. Autora del libro "Anatomía de la Movilidad en México: Hacia dónde vamos"


1 Healey, P. (1997). Collaborative Planning. Shaping Places in Fragmented Societies. Vancouver: University of British Columbia Press.

2 Peter Hall (1980) Great Planning Disasters. London: Weidenfeld

3 Hirschman A.O. (2003), Felicità privata e felicità pubblica, Bologna, Il Mulino.