En 1903, inspirado en su natal Berlín, Georg Simmel escribió lo que se considera el ensayo fundacional de los estudios urbanos: “Las grandes urbes y la vida del espíritu”.1 El objetivo de Simmel es señalar cómo aumentaron los impulsos nerviosos debido al ritmo de vida en las grandes ciudades, caracterizado por el incremento de la vida social y, a su vez, de estímulos sensoriales. En respuesta a ello, arguye el autor, las personas desarrollaron una actitud de permanente indolencia como un mecanismo de defensa en contra de la demencia que ocasionaría la constante estimulación nerviosa. De tal modo, Georg Simmel inauguró la reflexión sobre la relación entre la ciudad, la locura y lo social.2

Esta tríada (la ciudad, la locura y lo social) que reflexionó Simmel, es la misma que me evoca el reciente filme The Joker, dirigida por Todd Phillips y protagonizada por Joaquín Phoenix. Es una película que ha causado gran expectativa por el reto que significa interpretar al archienemigo del hombre murciélago, así como por la ovación y el premio que recibió en el Festival de Venecia. También, fue notable la polémica que surgió a pocos días de su estreno comercial, cuando un reportero del Telegraph le cuestionó a Phoenix sobre la posibilidad de que su interpretación del Joker inspirara a la audiencia de manera negativa; pregunta que Phoenix no respondió y abandonó la entrevista.3

Ilustración: Víctor Solís

Sobre este hecho considero que, aunque el temor social que manifestó el entrevistador sea plausible, la crítica que realiza la película de Phillips va más allá de la posible incitación a la locura y a la rebelión. Pues, desde los primeros minutos de la película, se enfatiza la responsabilidad que tiene la sociedad en la producción y atención de las personas que viven los estragos de la pobreza, la desigualdad y que, además, padecen algún trastorno psicológico. En suma, a lo largo de la cinta se percibe que la cuestión es otra: ¿cómo maneja la sociedad a los despojos —materiales y humanos— que produce la vida urbana?

El simbolismo emerge desde el primer minuto de la cinta cuando el noticiario de un 15 de octubre sin año, habla de la crisis del manejo de desechos en Ciudad Gótica —ficticia representación urbana inspirada en la ciudad de Nueva York— junto con la proliferación del desorden y la violencia en las calles. En este contexto aparece a cuadro Arthur Fleck, fiel adaptación de Gwynplaine,4 payaso callejero que vive de lleno la violencia y el rechazo de la sociedad y quien irónicamente padece un trastorno mental que le produce una risa incontrolable pese a las trágicas situaciones de su vida. No obstante, en la primera parte de la cinta, Fleck refleja a esa persona que, pese a todas las vicisitudes, continúa luchando por vencer la adversidad con una sonrisa en el rostro. Esto es similar a como Alan Moore narró el origen del Joker en la persona de Jack Napier en la aclamada novela gráfica The Killing Joke.5 En este punto, el fracasado payaso Carnaval, asido al último vestigio de racionalidad, aún reflexiona sobre si la locura yace en su mente o en las calles de Ciudad Gótica.

Sigue el noticiario: la voz del presentador menciona la escalada de violencia y desempleo que asola a Ciudad Gótica. Bien podría ser el reporte de un día como cualquiera en los noticiarios de la Ciudad de México: una creciente incidencia de feminicidios, el aumento de violencia en las calles de la ciudad, asesinatos a plena luz del día, la incertidumbre económica, el caos vial que producen las inundaciones, el metro que dejó de funcionar a la hora pico. Esa es la demencia que percibe Fleck desde sus últimos vestigios de cordura. A los que el personaje se aferra pese a la marejada de desventuras que van sucediendo en su vida.

Uno de los últimos hilos de su cordura se corta cuando su terapeuta le informa sobre la cancelación de los fondos para la asistencia social y psicológica que le brindaba el gobierno de Ciudad Gótica. Como el mismo Fleck crítica, no es que la atención psiquiátrica que le brindaba el Estado solucionaría su locura, no obstante, los medicamentos que le brindaba el sistema de salud le permitían mantener a raya su locura latente. Así, los pensamientos negativos que deambulan en la mente de Fleck lo hacen cuestionarse por el sentido de su propia vida mientras lanza los últimos clamores por ser querido y dejar de ser ignorado por la sociedad. Aquí podríamos recordar una brutal sentencia que hace Arthur Fleck: “la peor parte de sufrir un trastorno mental es que la gente actúa como si no lo tuvieras”.

En esto puedo identificar un primer asidero crítico sobre el tratamiento de la demencia en la sociedad urbana contemporánea. Es claro el guiño que la película nos hace para reflexionar en torno al tratamiento social de la locura que bien nos podría recordar a la Historia de la locura de Michael Foucault,6 en donde muestra que esta divergencia ha sido una forma histórica en la que la sociedad ha señalado y segregado a las personas que considera diferentes. En la inoculación social y la reclusión en las instituciones para la atención de la enfermedad mental, tanto Foucault como Goffman,7 pueden mostrarnos cómo la sociedad se desatiende de la responsabilidad que tiene frente a la producción del padecimiento mental como de la estigmatización de quienes padecen estos males. Esta invisibilización histórica de las personas con trastornos mentales, se agudiza con el carácter indolente con el que Simmel caracterizó a la vida en las grandes ciudades. Así, las personas con algún trastorno mental se vuelven doblemente ignorados en la ciudad. 

No obstante, en tiempos recientes la salud mental de las personas que habitan en las ciudades ha cobrado cierta relevancia desde que la Organización Mundial de la Salud y el gobierno de la Ciudad de México, han identificado que la depresión, los trastornos de ansiedad, el estrés, las crisis de angustia, la fobia social y los trastornos alimenticios como la bulimia y la anorexia, son los padecimientos que más aquejan a la población. Y se espera que estos repunten en los años venideros hasta ser factores de discapacidad en la población de la Ciudad de México y en otras grandes urbes del mundo.8

Frente a estos padecimientos, más que pensar en un enfoque psiquiátrico de medicación y reclusión, convendría situarnos en una reflexión sociológica, pues, siguiendo las reflexiones de Norbert Elías en su ensayo sobre “las ansiedades sociales”,9 gran parte de los padecimientos que aquejan la salud mental de las personas que habitan en las ciudades son derivados del ritmo de vida urbana: la ansiedad que produce un entorno signado por la inseguridad, el temor que tienen las mujeres por ser violentadas en las calles y transportes públicos, la precariedad de los empleos, las horas que pasa la gente en el tránsito o en el transporte público. Todas estas situaciones, y otras tantas más, que se viven a diario en la ciudad, son factores sociales y urbanos que derivan en afectaciones a la salud mental y emocional de las personas.

De tal modo, aunque Arthur Fleck representa un caso extremo, su razonamiento sobre la relación que existe entre la vida urbana y la locura, resulta bastante cuerdo, pues existe un momento en que pareciera ser que toda persona que habita en la ciudad podría estar a sólo un paso, a sólo un mal día de caer en el abismo de la locura; o como diría el Joker encarnado por Heath Ledger: “la locura es como la gravedad, ¿sabes? Solo basta con un pequeño empujón”. Esta crítica sobre lo endeble que es la cordura de la vida urbana ha estado siempre en la esencia del personaje de Joker; eso es lo que lo convierte en el archirrival de Batman, epítome de la razón y la moralidad. Mientras el Joker es caos, Batman representa al orden, pero ambos constituyen las dos caras de la luna que alumbra la noche en la ciudad. 

En el caso del Joker encarnado por Phoenix, parece que es un inverosímil cúmulo de desgracias: enfermo mental, hijo de una madre enferma, hombre frustrado empleado en un trabajo miserable, después desempleado, objeto de abusos físicos y psicológicos, víctima de abuso psicológico y sexual. No obstante, más allá de la ficción, pareciera que la trágica vida de Arthur Fleck bien podría ser la descripción de un habitante promedio de los entornos urbanos populares y ni tan populares. Otros casos similares de violencias y desigualdades acumuladas se podrían encontrar si mezclamos factores como un embarazo no deseado, ser víctima de abuso sexual, desnutrición, violencia en el hogar, abandono, expectativas escolares o laborales no cumplidas, pobreza, adicciones, entre un largo abismo de etcéteras que bien podrían caracterizar la vida de un habitante promedio de la Ciudad de México.

De tal modo, el Joker nos puede hacer reflexionar en torno a dos aspectos de la vida urbana contemporánea, el primero de ellos refiere a la obsesión de la felicidad como medida de bienestar y realización personal. Convendría pensar —como el mismo personaje lo medita antes de caer en el abismo de la locura—, sobre lo agotador que significa fingir ser feliz en una sociedad que no brinda por igual las posibilidades de realización social. Ésta muchas veces tiene que ver con el consumo o la obtención de diversos satisfactores materiales que, en las condiciones de precariedad que se extienden cada vez más en los distintos estratos de la sociedad, se encuentran desigualmente distribuidos e incluso, para una gran parte de la población son imposibles de alcanzar. Hablemos de los más comunes: un empleo estable, un lugar en donde vivir, la canasta básica.

El segundo aspecto es la delgada línea que separa a la locura de la razón. Si bien tanto el canon de los cómics como la propia narrativa fílmica enfatizan que el origen del Joker se resume en una sola frase: “basta un mal día para volver loco a un hombre”. Lo cierto es que la demencia del personaje fue producto de una serie de desgracias acumuladas. No obstante, en una sociedad que, por la dinámica de vida urbana, produce una gran cantidad de padecimientos psicológicos, es plausible que de prevalecer las desigualdades sociales que ocasionan la insanidad mental, las personas que habitamos las ciudades andemos, como equilibristas, sobre la cuerda floja de la cordura que nos libra de caer en la locura.

Finalmente, como remate del chiste, pienso que lejos de preocuparnos por la posible “rebelión de los payasos” que la historia del Joker podría ocasionar, habría que preguntarnos si con los recientes ascensos de la ultraderecha a los poderes de distintos países y a los lamentables episodios de barbarie humana que se vive en las ciudades, no estamos siendo ya gobernados por líderes que incitan a la producción de la demencia en las grandes ciudades.

 

Erick Serna Luna
Candidato a Doctor en Estudios Urbanos por El Colegio de México.


1 Simmel, G. 1986. “Las grandes urbes y la vida del espíritu”, en: El individuo y la libertad. Ensayos de crítica de la cultura, Barcelona, Ediciones Península.

2 No es casualidad que la traducción al inglés de este ensayo sea The Metropolis and Mental Life Las Metrópolis y la vida mental—. Juan Zorrilla retomó este título para la traducción del ensayo de Simmel que formó parte de la clásica Antología de Sociología Urbana compilada por Mario Bassols, Roberto Donoso, Alejandra Massolo y Alejandro Méndez; y publicada por la UNAM en 1988. Esta versión ha sido la base para la elaboración de otras dos traducciones al español del ensayo de Georg Simmel.

3 La entrevista realizada por el crítico de cine Robbie Collin se puede leer aquí.

4 El personaje de la novela El hombre que ríe de Víctor Hugo publicada por primera vez en 1869, sería la inspiración de la película muda que interpretó Conrad Veidt en 1928. Tanto la esencia de la novela de Victor Hugo como la representación fílmica del personaje de Veidt, serían fuente de inspiración para Bob Kane y Bill Finger para la creación de Joker en el primer número de Batman en 1940.

5 Moore, A. Bolland, B y Higgins, J. 1988.“The Killing Joke”, DC Comics. El director Todd Phillips reconoció que esta novela gráfica fue una de las inspiraciones para su adaptación de la historia del Joker

6 Foucault, M. 2015. “Historia de la locura en la época clásica. Vol. I y II” FCE. México.

7 Goffman, E. 2008. “Internados: Ensayos sobre la situación social de los enfermos mentales. Buenos Aires. Amorrortu.

8 Véase el sitio oficial de la Secretaria de Salud de la Ciudad de México.

9 Elias, N. 2009 “Social anxieties” en Essay III. On Sociology and the Humanities. Vol. 16 of The Collected Work of Norbert Elias”. Dublin. University College Dublin Press. Pp. 136-140.