Con seis nominaciones1 a los premios Oscar y cuatro galardones de la Academia obtenidos, Mejor guion original; Mejor película internacional; Mejor director; y Mejor película, Parásitos (Gisaengchung), del director Bong Joon-ho, es una de las películas más interesantes y laureadas de este año. Mezcla de humor negro, drama, suspenso y horror, Parásitos es una película que, desde mi perspectiva, representa una potente y profunda crítica a la manera en cómo se desarrollan las relaciones entre las clases urbanas contemporáneas. Antes de continuar con la lectura de esta reseña sociológica, para quienes no hayan visto el filme, recomiendo que lo hagan y después retomen esta lectura para iniciar el debate y evitar el malestar de los spoilers.

El drama que presenta Parásitos está ambientado en el contexto urbano surcoreano. Bien podría ser en Seúl, pero la imaginación sociológica nos permite trasladar la esencia del argumento a las relaciones entre clases que se desarrollan en las ciudades contemporáneas.  Ciudades en las que gran parte de la movilidad urbana tiene como propósito trasladarse del hogar al lugar de trabajo. Y trabajos que, en ocasiones, consisten en prestar algún servicio en las casas o en las empresas de los estratos más ricos de la ciudad. Es en este escenario en el que se representan buena parte de las relaciones entre clases sociales en las ciudades: los trabajadores de los estratos bajos y medios, quienes prestan su tiempo, fuerza y conocimientos para elaborar las mercancías o satisfacer las necesidades de los estratos mejor acomodados, quienes pagan los salarios que permiten el sustento de las familias de los trabajadores.

En Parásitos, la trama se desenvuelve en torno a la vida de la familia del joven Gi Woo, quienes sobreviven en el contexto del desempleo crónico del padre de la familia y al hecho de que ningún miembro de la familia cuenta con un ingreso fijo y constante. Ante tal situación, buscan satisfacer sus necesidades básicas de maneras moralmente poco legítimas desde una perspectiva clasemediera, aprovechando toda oportunidad de obtener recursos gratuitos: desde la señal de Wi-Fi, hasta el alimento empleándose como unidad familiar en labores de trabajo precario y a destajo. Con esa cuestionable astucia es con la Gi Woo aprovecha la oportunidad de obtener un empleo en la exclusiva casa de los Park.

Ilustración: Patricio Betteo

Este primer acto nos muestra uno de los primeros puntos polémicos de la película. Desde los trabajos clásicos de Oscar Lewis (1961) sobre su llamada cultura de la pobreza, pasando por las críticas a ésta —por su esencialismo e idealización—, hasta las investigaciones socioantropológicas de la gran Larissa Adler de Lomnitz (1987), las formas con las que sobreviven las clases urbanas pauperizadas han sido uno de los temas más polémicos con los que ha discutido la antropología urbana. En esta tradición se habla de los “recursos de la pobreza”, esa astucia que comprende los conocimientos que desarrollan los estratos bajos para sobrevivir ante las desigualdades que plantean los contextos urbanos y que son vistos con recelo por las clases medias y altas pues, dentro de los saberes que los constituyen, se encuentran el engaño y el fraude. Por ejemplo, están las acciones llevadas a cabo por Gi Woo y Ki-jung, quienes falsificaron documentos oficiales y usurparon identidades, para ocupar las plazas de profesores particulares de los hijos del matrimonio Park.

Si bien no busco saldar la crítica moral que pesa sobre las acciones de ambos hermanos, si quiero ofrecer un panorama comprensivo sobre la racionalidad y la moral popular que está detrás de ciertos recursos de la pobreza. En primera instancia, convendría tener en cuenta el precario contexto en el que viven las familias como la de Gi Woo, en donde prevalece el desempleo crónico, los empleos temporales de tipo outsourcing y los bajos niveles educativos. En estos contextos, es comprensible que las personas echen mano de las capacidades y saberes con los que cuentan, sean estos la estafa o el engaño. Otro punto comprensivo radica en la forma en cómo los hermanos entienden la obsesión de Yeon-kyo, madre de la familia Park, por americanizar a su familia y por mostrar sus dotes artísticos. Una forma de leer el terreno de las relaciones del gusto en las clases altas que nos recuerda las formas culturales de la distinción sobre las que Pierre Bourdieu (2012) hizo tanto hincapié.

No obstante, a la par de las relaciones interclases que permean la trama de la película, Parasitos también hace un claro guiño a las tensiones al interior de las propias clases populares. El gradual ascenso de los miembros de la familia de Gi Woo al servicio de la familia Park, se da gracias a la truculenta sustitución de cada uno de los miembros del antiguo servicio familiar. Estas tretas con las que los estratos inferiores se disputan las escasas oportunidades de sobrevivencia se vuelven más despiadadas en contextos socioeconómicos en los que aumenta la precariedad laboral.

El punto más álgido de esta lucha interna se muestra cuando se revela la forma clandestina en la que sobrevivía la antigua ama de llaves, Moon-gwang y su esposo, un pequeño empresario caído en desgracia y prófugo de los usureros locales, y cuando éstos intentan compartir las pírricas comodidades que tenían al vivir a costas de la familia Park con el nuevo servicio de la casa. Ante la negativa de la nueva familia de compartir los beneficios de trabajar para una acaudalada familia, se libra una batalla entre ambos bandos que nos muestra el lado más crudo de la lucha por los recursos entre las personas que comparten una misma y miserable condición social. Hasta este punto, se podría pensar que el título de la película alude a los personajes que pertenecen a las clases urbanas desposeídas, quienes viven, cual parásitos, a costillas de la confianza y el trabajo que les han brindado las clases acaudaladas.

No obstante, al abrirse el tercer acto del filme, la película nos muestra otro ángulo crítico del conflicto interclases, planteado de manera magistral en las desiguales consecuencias que conlleva una noche de lluvia torrencial. Mientras que para la familia Park el mal tiempo fue una circunstancia que arruinó el campamento familiar, para las familias que habitan en los asentamientos populares de la ciudad, se convirtió en un auténtico diluvio que arrasó con su endeble patrimonio. Las desiguales consecuencias de los fenómenos meteorológicos tienen un correlato en todas las ciudades del mundo, pues la capacidad para reaccionar antes sus consecuencias depende de los ingresos económicos, las condiciones materiales y los lugares en los que se encuentren los asentamientos. Así, para las clases altas que habitan en fastuosas zonas residenciales, el día después de la tormenta despunta con un sol radiante y un cielo impío, mientras que, para las clases populares, que amanecen hacinadas en refugios improvisados, apenas inicia otra tormenta.

Esa falta de empatía hacia las desigualdades de las clases urbanas es lo que termina por fracturar la tensión de las relaciones interclases. Más allá del tétrico final que tienen los protagonistas del drama, quiero resaltar el guiño que se hace al olfato como sentido fundamental que marca la distinción y la diferenciación entre las clases urbanas (Sabido Ramos, 2012). El aroma que despide Ki-taek, el chófer Kim, que describe el Sr. Park como un olor a “rabanito viejo”, “a esa forma a la que huele la gente que viaja en el subterráneo”, termina por ser la gota que desborda las tensas relaciones entre las personas que proceden de distintas clases sociales.2 Es aquí, cuando se muestra el franco desprecio que profesan las clases altas por las clases inferiores, que se abre una segunda perspectiva sobre el criterio de vida parasitaria.

Vale la pena tener en cuenta que gran parte de la acumulación de la riqueza y las comodidades de las que gozan las clases altas, se sostienen de los empleos precarios y el trabajo que brindan los estratos de niveles medios y populares. No en balde una de las grandes críticas socioeconómicas de nuestros tiempos radica en el hecho de que el mayor nivel de riqueza en el mundo se concentra en el 1 % de la población mundial. Desigualdad distributiva que se representa a nivel nacional y urbano.

De tal manera, respecto a la polémica propuesta que nos deja la obra cinematográfica de Bong Joon-ho, lejos de inclinar la balanza hacia uno u otro lado de la balanza del conflicto entre las clases urbanas, lo que busco es abrir el debate y la reflexión en torno a la interdependencia entre las clases urbanas. Esto nos lleva a problematizar las relaciones parasitarias que se describen en la película a través de las interacción desigual pero simbiótica que se entabla entre las clases urbanas en el ámbito laboral. Pues, tanto en términos de la reproducción de la existencia del sistema como en términos de la diferenciación social, las clases se necesitan mutuamente. Lejos de los antagonismos de clase, esto me lleva a pensar en la propuesta analítica de la interdependencia social que desarrolló Norbert Elías como una forma que nos permite comprender que una parte importante de la constitución de la sociedad radica en el reconocimiento de las funciones y necesidades que compartimos con las personas, y con lo no humano, con quienes habitamos en la ciudad.

Promover el valor de la convivencia humana es vital en tiempos como los actuales, en los que, a contrapelo del progreso que ostenta la sociedad digital, comienzan a resurgir las intolerancias hacia las diferencias de clase, de género, de orientación sexual, ideologías religiosas y políticas, considero que el desarrollo de la convivencia y la empatía debería de integrarse como uno de los factores para apreciar el desarrollo de las ciudades. Así mismo, la reducción de las brechas de la desigualdad, la gran antagonista oculta de la película, abonaría, en contraposición a ciertos pensamientos higienistas que buscan erradicar a las personas de clases inferiores, a la construcción de relaciones urbanas de convivencia colaborativa, no parasitaria, conscientes de los vínculos sociales que se tejen, independientemente del nivel socioeconómico o del lugar que se habite en la ciudad.

 

Erick Serna Luna
Candidato a Doctor en Estudios Urbanos por El Colegio de México.

 

Referencias

Adler Milstein, Larissa (1987), Cómo sobreviven los marginados, México, Siglo XXI.

Bourdieu, Pierre (2012), La Distinción "Criterio y Bases Sociales del Gusto, Barcelona, Taurus.

Elías, Norbert (1990), La sociedad de los individuos. Ensayos, Barcelona, Península.

Lewis, Oscar (1961), Antropología de la pobreza: cinco familias, México, FCE.

Sabido Ramos, Olga (2012), El cuerpo como recurso de sentido en la construcción del extraño. Una perspectiva sociológica, Madrid, Séquitur-Universidad Autónoma Metropolitana, unidad Azcapotzalco.


1 Las nominaciones fueron: Mejor película, Mejor director, Mejor película internacional, Mejor diseño de producción. Mejor guion original y Mejor montaje.

2 Incluso, el propio Bong Joon-ho, dijo en una entrevista concedida en octubre del 2019 que “Todo, hasta nuestro olor corporal, es un asunto de clase”. Véase aquí  (Consultado el 9 de febrero de 2020).