Con un presupuesto anual de 37 mil millones de pesos al año, los retos que afronta la UNAM se pueden ver en el número de páginas que los candidatos a rector/a dedicaron en sus planes de trabajo. Algunos ejemplos de los temas que abordan van desde la autonomía universitaria, las formas de educación, los planes de estudio, la ciencia, la cultura, las preparatorias, la administración, la relación con los trabajadores de base y con los académicos. Sólo listar los más importantes se llenarían varias páginas (aquí se pueden revisar los planes de trabajo de los candidatos).


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Pero, como encargado de la Reserva Ecológica del Pedregal de San Ángel (REPSA), y como investigador que trabaja en ecología urbana, quiero abordar uno de los factores que sin duda el próximo rector/a tendrá que afrontar en los problemas cotidianos: el manejo territorial de Ciudad Universitaria (CU).

Ciudad Universitaria se fundó en 1954 sobre un terreno de pedregal de 723 hectáreas donado por el gobierno federal. Estas tierras eran difíciles de urbanizar puesto que la lava del volcán Xitle, que inundó ocho mil hectáreas hace aproximadamente 1770 años, dejó un terreno duro e irregular. En 1954 la UNAM se asentó en la única meseta plana de 19 hectáreas, que ahora conforman el casco central de CU. Ésta es la sección considerada como Patrimonio Mundial de la UNESCO. El resto era pedregal, un ecosistema único en el mundo por su corta edad, su gran diversidad y la cantidad de Servicios Ecosistémicos que provee a CU y la Ciudad de México.

En estos 60 años las construcciones han aumentado de manera exponencial. Durante los primeros 15 años el área de construcción de CU se duplicó. Posteriormente en los ochenta, al igual que la Ciudad de México, hubo una explosión en la construcción. Fue en parte por esta explosión que estudiantes y académicos decidieron promover una Reserva que cuidara el ecosistema del pedregal dentro de la UNAM, y así nació la REPSA, que acaba de cumplir sus 32 años. Ahora la importancia de la REPSA es mayor puesto que es de los últimos relictos del gran pedregal que hace apenas 40 años dominaba el sur de la capital.

Ilustración 1: número de edificios promedio construidos por año en Ciudad Universitaria**

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El crecimiento en CU ha estado a la par de otros campi de la UNAM en ciudades como en Morelia, León, Mérida y Cuernavaca. La universidad ha respondido lo mejor posible a las crecientes necesidades del país. En sólo cuatro años, la matrícula se incrementó en 11%, llegando a 350 mil estudiantes en el 2015. Esta velocidad de crecimiento es una de las políticas que el próximo rector/a tiene que evaluar, puesto que el gigantismo limita el manejo de la institución.

Ahora bien, centrándonos en CU, el día de hoy los edificios con sus estacionamientos ocupan 150 hectáreas. Si a eso se le incluyen las áreas de jardines (con especies exóticas), los espacios deportivos y las vías de comunicación, la zona urbana ocupa cerca de 443 hectáreas. Queda poco más de un tercio de terreno restante, que está dividido en la Reserva Ecológica del Pedregal de San Ángel (237 hectáreas) y pedregales remanentes (43 hectáreas).

Por cada metro cuadrado que ocupa un edificio en CU hay 1.35 m2 de vialidades y estacionamiento. La cantidad construcciones durante los últimos tres años se ha triplicado. Si se mantiene la velocidad de ocupación de área para la construcción, en la siguiente década no existirá espacio para construir dentro del campus.

La localización de las nuevas construcciones también es un factor a considerar. Las limitaciones que imponen tanto la REPSA como la UNESCO restringen las áreas para establecer edificios. Por otra parte, desconozco la forma en que se decide dónde se va a construir un edificio. Pero es evidente que no existe una coordinación entre las dependencias universitarias –facultades, institutos o administrativas- para tomar estas decisiones. Es claro que las construcciones no han respondido al Plan Rector que se generó en 1995 y que, además, no se ha actualizado.

La pulverización en el manejo del territorio por cada dependencia se demuestra en el enrejado interno que ha dividido a la universidad en secciones por las cuales los universitarios no podemos transitar. Parece que dentro de CU cada dependencia es un pequeño país con fronteras marcadas por rejas azules y algunas coronadas con concertinas de seguridad. Esto no sólo fracciona al ecosistema del pedregal (pues afecta la migración de los animales de la REPSA) sino que limita la interacción entre entidades académicas, lo cual va en contra de la universalidad del conocimiento y desincentiva la multidisciplina.

Ilustración 2: Enrejado con concertina de seguridad en Ciudad Universitaria

RejaySerpentina

Foto del autor.

 

Además, las falta de un plan en las decisiones en construcción ha generado facultades que tienen edificios situados en esquinas extremas del campus (como la Facultad de Filosofía y Letras). Otros edificios, como el de Posgrados y el de Posgrado en Economía, que están en zonas lejanas y poco accesibles. En consecuencia existe un problema de movilidad dentro de CU. Para la mayoría de los universitarios que llegan en transporte público (metro, metrobús, trolebús o pesero), el transporte público interno es tardado e insuficiente. Las bicicletas del programa bicipuma dejan mucho que desear y transitan por carriles ciclistas mal diseñados y que compiten por espacio con el peatón. Fuera del casco central, el peatón no cuenta con una banqueta para transitar seguro y tiene que rodear dependencias enrejadas. Eso ha promovido el uso del auto, que ya ocupó todos los espacios disponibles. Facultades como Ingeniería han sacrificado zona peatonal por cajones de estacionamiento. Sólo en el circuito exterior se estacionan más de 2,300 autos por día sobre el arroyo vehicular, pues no encuentran lugar en los 144 estacionamientos restringidos que tienen más de 18,200, incluyendo los del Estadio Olímpico.

Ahora bien, las 43 hectáreas que se podrían considerar para construcción y que están fuera de la REPSA la conforman pequeñas islas donde en muchos casos difícilmente se puede construir. Estas islas son “Pedregal Remanente” esenciales en la conectividad entre las diferentes regiones de la REPSA. Recordemos que la REPSA no es un sólo bloque de tierra sino que está fraccionada por calles como Insurgentes y circuitos de CU. Así que los Pedregales Remanentes son un archipiélago que las especies utilizan para cruzar el mar urbano. La construcción sobre estas 43 hectáreas aumentaría el aislamiento de las zonas de la REPSA, lo que podría generar extinciones locales. Con las construcciones aumentarían otras amenazas a la REPSA, como los incendios, el vandalismo y la destrucción del paisaje de pedregal

Estamos acostumbrados a pensar que la construcción va a solucionar cualquier problema. Al grado que ya hay una sinonimia entre los conceptos de desarrollo y construcción. Pero es evidente que en muchas ocasiones una construcción poco planeada puede generar más problemas que soluciones. Es por ello necesario cambiar el rumbo en nuestra visión de crecimiento y desarrollo en CU, pues ya no hay más reserva territorial para construir, y las construcciones sobre los espacios remanentes pueden estar reduciendo la calidad de vida de los universitarios y poniendo en peligro la integridad de la REPSA.

La alternativa es incluir infraestructura social para el desarrollo. Una prueba de que este tipo de infraestructura sirve es la misma REPSA. Para protegerla, hace más de 10 años la UNAM creó un mecanismo social para afrontar las amenazas como incendios, especies exóticas y construcciones dentro de sus polígonos: El Comité Técnico y la Secretaría de la REPSA. Esto indica que los universitarios hemos sido capaces de construir el andamiaje institucional para proteger al pedregal. Gracias a esta infraestructura institucional, es posible decir que la conservación de pedregales en CU puede considerarse como un éxito. Este andamiaje no es perfecto y aún se puede hacer más, como iniciar el procedimiento para que la REPSA también sea considerada como parte del Patrimonio Mundial de la UNESCO de CU.

Existen muchas alternativas de desarrollo sin afectar los pedregales remanentes y aumentando la conectividad de CU con el resto de la ciudad. Cada uno de ellos involucra nuevos retos. Se puede construir sobre los estacionamientos, pero implica desincentivar el automóvil y mejorar, y relacionar, el transporte público externo e interno. Otra solución es densificar con edificios de más pisos pero tiene consecuencias; el edificio de siete pisos recién construido en la Facultad de Ciencias Políticas afectó negativamente el paisaje icónico en el Espacio Escultórico.

Son muchos los problemas que afrontará el próximo rector, pero en el caso del manejo de CU puede recargarse en la academia. Los universitarios tenemos el conocimiento para abordar los problemas complejos que una planeación territorial como la de CU impone. Contamos con ecólogos, urbanistas, biólogos, arquitectos, arquitectos del paisaje, ingenieros, matemáticos, sociólogos, físicos, antropólogos, educadores, economistas y abogados entre muchas otras disciplinas. Coordinados, los académicos podemos hacer un nuevo Plan Rector de CU que sea sustentable en el largo plazo, pues parte de las acciones incluirían dar seguimiento a su cumplimiento.

La coordinación de este Comité tiene que estar liderada por el próximo Rector/a. Esto es lo que hemos propuesto desde la REPSA a los candidatos a la Rectoría y a la Junta de Gobierno en una carta.

El desarrollo sostenible de CU, campus único en el mundo por tener una Reserva Ecológica, puede contribuir al manejo territorial en el sur de la Ciudad de México y ser ejemplo para ciudades en el país. Es el momento de bajarse de la inercia de la construcción como único ente solucionador de cualquier problema. Podemos pensar en la infraestructura social e institucional para el manejo territorial de CU y su relación con el resto de la Ciudad de México. De esta manera, el crecimiento sostenible de nuestra máxima casa de estudios no dependerá de los ejes de la construcción y financiamiento.

 

Luis Zambrano es investigador del Instituto de Biología y Secretario Ejecutivo Reserva Ecológica del Pedregal de San Ángel, UNAM


Nota: Los datos fueron obtenidos de los siguientes fuentes: Agendas de la UNAM; Un Siglo de la Universidad Nacional de México editado por el Instituto de Geografía; Atlas de Riesgos de la REPSA y con el trabajo de Marcela Pérez, Saúl Rodríguez, Tania Fernández, Pedro Camarena y Guillermo Gil.