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“Telephone Booths” de Richard Estes, 1968.

 El 22 de agosto de 2012, The Smithsonian publicó en su página web un video en el que se aprecia cómo un microscopio electrónico hace un acercamiento a una bacteria, lo cual no es nada espectacular ni novedoso. No obstante, lo interesante de esta animación es observar que esta bacteria no está embebida en un medio sin contexto, sino que esta reposa sobra una diatomea, que a su vez reposa sobre un anfípodo. De manera que el video no es particularmente sobre una bacteria, sino sobre seres vivos que son el soporte y el cobijo de otros seres vivos para que allí se desarrollen. Es decir, un video sobre la vida sobre la vida sobre la vida.

Hace un par de meses experimenté lo que James Tyrwhitt-Drake, el autor del .gif, tuvo que haber sentido cuando vio con sus propios ojos los distintos órdenes de magnitud en los que se organiza y se asocia la materia viva. Caminando por alguna maltrecha banqueta de esta ciudad, me topé con un teléfono “público” de Telmex. Lo que me llamó la atención fue que ya no estaban adornados con ese azul tan característico de Telmex, sino que ahora en su publicidad predominaba un rojo atípico. Los teléfonos “públicos” habían comenzado a anunciar un nuevo producto: Clarovideo, un servicio televisión digital[1] al cual se podía acceder a través de Infinitum que se contrataba a través de Telmex. Es decir, la publicidad de la cabina telefónica anunciaba un servicio de un servicio de un servicio (de Carlos Slim).

En biología hablamos de simbiosis cuando la vida conjunta de dos organismos diferentes en íntima asociación genera efectos benéficos para al menos uno de ellos sin afectar al otro; podríamos decir que algo similar sucede con todas estas marcas de Grupo Carso que se apoyan mutuamente. Así como el anfípodo es el hogar de la diatomea y la diatomea es a su vez el hogar de la bacteria, Telmex es la plataforma para obtener Infinitum e Infinitum es la plataforma para acceder a Clarovideo. La gran diferencia es que la simbiosis en la naturaleza, libre de toda intencionalidad, permite la biodiversidad, lo que hace posible la vida saludable en el planeta. En cambio, la simbiosis capitalista de Carlos Slim tiene un propósito: el monopolio, lo cual es totalmente contrario a la diversidad y, por ello, para la salud del mercado, lo cual es visible en el ambiente construido. La polis es urbis.

El monopolio que quiere Carlos Slim es el de las telecomunicaciones. Para poder llevar a cabo este propósito de manera exitosa, Grupo Carso saca provecho de la posición privilegiada que la privatización de Telmex le concedió con todas las cabinas telefónicas que ya estaban en nuestro espacio público para utilizarlas como escaparates publicitarios en beneficio de sus otras y más nuevas marcas: Infinitum y Clarovideo, sus servicios digitales. Publicidad que, por cierto, era inexistente antes de diciembre de 1990, cuando Telmex pasó a manos privadas; lo que significa que Grupo Carso no solamente amasa una fortuna lucrando en nuestro espacio público, sino que ha transformado las funciones tradicionales del mobiliario urbano, llevándose todos los beneficios y socializando todos los costos sociales y ambientales que representa el negocio de la publicidad.

Lo que antes era una cabina de teléfono de materiales translúcidos para observar, por ejemplo, si venía el autobús mientras uno llamaba, ahora es un armatoste con materiales que no permiten la visibilidad porque grosso modo el 75% de su área es para publicidad. Asimismo, las cabinas de Telmex no permiten el aislamiento acústico que, estoy seguro coincidirá usted conmigo, es lo mínimo que debería cumplir un teléfono que está en la calle rodeado de coches y ruido. Ya ni se espere que, además, las cabinas cuenten con un techo para que, en caso de urgencia un día lluvioso y sin teléfono en casa, podamos salir corriendo a hablar por teléfono.

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Una mujer habla por teléfono dentro de la privacidad de una cabina que no tiene publicidad. Mientras tanto, otras dos esperan su turno para hablar, en una época en la que no existía la telefonía celular. Esquina Oaxaca y Colima, en la Colonia Roma, de la Ciudad de México. Años 60. Fuente: La Ciudad de México en el Tiempo. Crédito: “Historia de la telefonía en México”.

 

Por otro lado, al haber transformado el teléfono en un escaparate publicitario es necesario cumplir con la lógica de la publicidad y no tanto con la de la distribución de los usuarios. De manera que, ahora, las cabinas telefónicas pueden llegar a colocarse en las centimétricas banquetas de esta enorme metrópoli, que no cumplen con el ancho mínimo, ocupando su totalidad o al margen de las rampas de discapacitados por el llano motivo de ser un punto con alto impacto visual. Por ejemplo, las esquinas de cualquier cruce medianamente transitado. Esto genera inconvenientes en nuestro libre tránsito, nos obliga a bajarnos de la banqueta para continuar nuestro camino y pone en peligro nuestras vidas porque, a la par, se dificultan la visibilidad de automovilistas y peatones cuando estamos por cruzar la calle.

Asimismo, la publicidad de las cabinas de Telmex trae consigo no solamente la contaminación visual (reconocida en el Artículo 2 de la Ley de Publicidad Exterior), sino que cada vez que la compañía decide lanzar un nuevo producto o una nueva campaña, se hacen miles de viajes en auto para cambiar los afiches, contaminando nuestro aire con emisiones de gases de efecto invernadero y contaminando nuestra agua y nuestro suelo con la producción de pinturas y solventes.

Ante todas estas externalidades negativas de las cabinas telefónicas de Telmex, la simbiosis capitalista de Slim es a la vez un parasitismo de nuestro espacio público. Un parasitismo que le permite a Grupo Carso llevarse todos los beneficios y a nosotros dejarnos ninguno.[2] Por el contrario, salimos perjudicados, enfermos por el sometimiento constante al bombardeo de sus anuncios en un espacio que antes era nuestro. Este es el verdadero peligro de la simbiosis capitalista de Slim: lo antidemocrático en el acceso a esos escaparates publicitarios para otras compañías, (incluso de la competencia) en un medio que debería ser democrático, porque aunque la infraestructura sea de él, sus mensajes necesitan de ese contexto: nuestro espacio público.

En ese sentido, si el espacio público es un medio de comunicación más (así como la televisión, la prensa y la radio) es necesario, pues, que reconozcamos a la publicidad como parte de su respectivo contenido para así poder regularlo y diversificarlo antes de que la cabina telefónica de Telmex ofrezca su servicio de Internet Infinitum con el cual se puede contratar Clarovideo y pagarse con tarjeta Inbursa en cualquier tienda Sanborns.

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Foto del autor.

Francisco Reynoso es maestro en estudios urbanos por el Colegio de México y  labora actualmente en el Programa Universitario de Medio Ambiente de la UNAM.


[1] Su página web no la menciona como televisión digital, sino como un servicio de suscripción y renta en línea que te ofrece acceso a películas, series, conciertos, caricaturas y documentales.

[2] Porque seamos realistas: ¿de verdad es un beneficio tener un teléfono público fijo cuando 102 millones de mexicanos (de 117) ya contamos con celular?