¿Por qué molesta tanto la rueda de la fortuna que se quiere poner en el Bosque de Chapultepec? Molesta a la sociedad aunque a simple vista esté llena de virtudes. Se ocupa un estacionamiento; los promotores dicen que es “ecológica” puesto que se mueve con electricidad y no cortará un sólo árbol; y el gobierno no invierte un peso porque es particular. Por el contrario recibirá de los empresarios un pago por la renta del espacio, dando diversión a muchos visitantes de bajos recursos que podrán ver “la ciudad desde arriba” según las mismas palabras del Jefe de Gobierno.

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Pero dándole una segunda mirada al proyecto comienzan a aparecer algunos problemas, que producen sospechas. Un ejemplo es el claro conflicto de interés de René Aziz, que es parte de los empresarios que promueven la rueda, a su vez que es miembro del Comité Técnico del Fideicomiso Pro-Bosque y del de Zoológicos. Además, los cambios repentinos de lugar donde se ubicaría por la falta de permisos, aún cuando los promotores habían asegurado al Consejo Rector Ciudadano del Bosque que los tenían. Este cambio además a ha generado contradicciones de funcionarios, y promueve más la sospecha que aparezcan proyectos fast-track de relevo para justificar los cambios. Ahora la rueda no sólo será un centro turístico sino un nodo de movilidad y de recuperación de espacio público. Finalmente, en términos ecológicos, el hecho de que algo se mueva con electricidad no quiere decir que la energía que necesita no es contaminante. La electricidad la provee la CFE, que no es precisamente de las empresas más verdes en este país.

Otra molestia en la ciudadanía surge porque es el ejemplo más claro y tangible (aunque no el peor) de la privatización del espacio público. En el primer sitio donde se iba a poner la rueda era evidente el arrendamiento de un espacio público a particulares. Ahora se quiere establecer en un área pública que estuvo mal concesionada por años. Esta área la recuperó el gobierno de la ciudad pagando 17 millones de pesos de rescate a unos particulares que la usufructuaban como estacionamiento, y con posibles ganancias cercanas a los 15 millones anuales. Este desembolso de las arcas de gobierno se realizó sólo para dsrle el terreno… a otros particulares que la usufructuarán con la rueda de la fortuna.

Las experiencias de privatizar el espacio público en la ciudad a favor de las empresas han sido desalentadoras. Basta ver todo el espacio público que ha sido concesionado a la empresa OHL para solucionar problemas de movilidad automotriz con segundos pisos y supervías, y que a cambio sólo hemos recibido escándalos de corrupción, y más tráfico. Por lo tanto, es natural que no sea bien visto por los ciudadanos ceder terreno del bosque, por cinco años a un grupo empresarial con conflicto de interés.

Existe otra razón menos evidente por la que algunas personas, entre las cuales me encuentro, no estamos de acuerdo con esta rueda. Esta rueda demuestra claramente como los tomadores de decisión perciben a las reservas naturales, los bosques, los parques y los camellones. Mas que pensar en ellos como una región de protección ambiental a favor de la calidad de vida, los ven como reserva territorial para generar inversión privada.

Hace casi 100 años se concibió la idea de proteger zonas de importancia para la naturaleza. Los primeros visionarios, ingenieros forestales como Aldo Leopold en Estados Unidos y Miguel Ángel de Quevedo en México, comprendieron que era necesario proteger los ecosistemas puesto que el crecimiento humano iba a destruirlos en poco tiempo. Esta visión se basa en que las actividades de explotación, por muy pequeñas que puedan ser, pueden modificar la dinámica de todo un ecosistema, y ésta a su vez está relacionada con la calidad de vida de los habitantes de la región. Como la ley de la gravedad, este concepto es igual en México, Estados Unidos, Mongolia o Namibia y por lo tanto,  es independiente de las organizaciones sociopolíticas o económicas en las regiones donde están establecidos los ecosistemas. De estas visiones, comenzaron a generarse los instrumentos legales dentro de los cuales está el concepto de Áreas Naturales Protegidas (ANP). Con el tiempo utilizamos a las ANP de propaganda nacional sobre nuestra responsabilidad para cuidar la naturaleza. Sin embargo, en estos años también ocupamos el territorio con una nula planeación urbana. Se nos acabó el terreno de crecimiento y el destino nos alcanzó, pues en muchos casos las áreas protegidas es el único suelo para crecer dentro o muy cerca de las ciudades de forma barata.

Igualmente, durante estas décadas nuestra lógica cambió para darle prioridad al valor económico. El desarrollo sólo se percibe en términos monetarios y, por lo tanto, ahora un espacio verde no se protege por su valor intrínseco sino por la ganancia que puede generar. No existe otra lógica para explicar el argumento del gobierno al poner por delante los ocho millones de pesos anuales que le da un terreno que no usa, para decir que esta rueda de la fortuna es una gran idea, en lugar de incrementar la extensión de las áreas verdes del Bosque de Chapultepec. Es por ello que no llama la atención que la secretaría que impulsa este proyecto sea la del Medio Ambiente y no la de Turismo. Se está volviendo una tradición en la Ciudad de México de que los proyectos que afectan más a la naturaleza sean impulsados por las secretarías que deberían protegerla. Los funcionarios de la Secretaría del Medio Ambiente se perciben ahora como gestores de las constructoras para obtener los permisos, en lugar de ser los garantes de la protección ambiental.

Este cambio de visión hacia lo monetario está afectando el manejo de las áreas naturales. La nueva generación de políticos está viendo las zonas protegidas como áreas de ganancia económica. Actualmente, existe un proyecto de estudio por parte de la CONANP para evaluar que tan efectiva ha sido la herramientas de protección (como los Parques Nacionales) para conservar las áreas naturales. La mayoría de los argumentos en la discusión de este proyecto se basan en que las áreas no se han respetado por problemas de explotación económica. A diferencia de la visión original de protección ambiental, las propuestas de solución que se están buscando son a partir de las relaciones económicas, políticas y sociales y no desde la dinámica del propio ecosistema. Esta ha sido la lógica utilizada para recategorizar el Nevado de Toluca. La premisa se basa en que el estado falló en hacer cumplir la ley para conservar las áreas naturales y por ello busca que la economía sea la que proteja al ecosistema al darle oportunidad a las comunidades que viven en la región para explotar de manera ordenada los recursos naturales.

Los peligros de anteponer la economía para la protección natural son de gran calado. En el caso particular de las ANPs y del Nevado de Toluca, al quitar restricciones se deja la oportunidad de las grandes corporaciones que se inmiscuyan en la explotación de los recursos al avasallar con su poderío económico a las comunidades que originalmente podrían utilizar el ecosistema. Esas son las corporaciones que ya no encuentran espacio para explotación más que las zonas restringidas, por ejemplo, la Gran Rueda de la Fortuna.

En México no somos los únicos, el multipremiado, y ahora nuevo, alcalde de Bogotá, Enrique Peñaloza, está promoviendo urbanizar la Reserva Forestal Van der Hammen un humedal al norte de esa ciudad. Su argumento es el mismo: el área está devastada puesto que los mecanismos de protección han fallado y la forma de rescatarlo es mediante la inyección de dinero a través de urbanizar la región. El supuesto es que el mercado inmobiliario respetará y hará valer los mecanismos de protección del humedal, además de generar grandes ganancias a las constructoras y a la ciudad. En Bogotá el destino de una reserva protegida por años se está poniendo en manos del capital que mueve a las inmobiliarias. Esta argumentación se ha repetido en muchas ocasiones en la Ciudad de México y los resultados ambientales se ven al alcance de Santa Fe

La mercantalización de la naturaleza –tanto de ecosistemas como de especies– ha sido una estrategia muy utilizada en la conservación. Pero cada día es más evidente lo poco exitosa que ha demostrado ser.

Nos esmeramos en parecernos a las ciudades primermundistas con proyectos como la rueda de la fortuna para que nuestras postales se parezcan a las de Londres o París, pero nunca copiamos de ciudades desarrolladas los proyectos que generan mejor calidad de vida. Por ejemplo, la restauración del río en Seúl que tenía dos pisos de autos, la utilización de agua superficial en Nueva York, el respeto íntegro del cinturón verde en Londres ó la agresiva política de movilidad en bicicleta y transporte público en Copenhague. Una lógica parecida a la de estas ciudades indicaría que si el estacionamiento en el Bosque de Chapultepec no se utiliza, en lugar de poner una rueda mejor sería mejor restaurarlo para que se incorporara de nuevo al bosque. No daría ocho millones anuales al gobierno, daría calidad de vida a los habitantes de esta ciudad, que es la razón por la cual existe el Bosque de Chapultepec desde un principio.

Luis Zambrano es investigador del Instituto de Biología y Secretario Ejecutivo Reserva Ecológica del Pedregal de San Ángel, UNAM.