Cuando hablamos de animales en la Ciudad de México pensamos en perros, gatos, ratas y palomas. Nuestra imaginación más salvaje quizá llegue a las ardillas que asaltan a los niños por cacahuates en los Viveros de Coyoacán y cruzan las calles por los cables de luz. Para la mayoría de nosotros no existe más. En un medio urbano, hay animales urbanos. De hecho, en la Ciudad de México existen muchos más animales,  todos interactúan y se pasean por diferentes partes de la ciudad sin que los notemos; y cuando los notamos nos sorprenden tanto que no sabemos que hacer. Un reflejo de ello son las portadas ocasionales de algunos periódicos amarillistas, que confundiendo a los tlacuaches, titulan sus portadas con “rata gigante encontrada en un mercado”.

Print

Animales hay desde insectos y lombrices hasta los mamíferos que son los que más reconocemos. En el Valle de México hubo en alguna ocasión cerca de 100 especies de mamíferos que incluían pumas, linces, coyotes y venados. Ahora lo único que vemos de esos grandes mamíferos son las estatuas de la Glorieta de los Coyotes en Miguel Ángel de Quevedo y Avenida Universidad. La ciudad no les sienta bien a los animales grandes, han tenido que salir a buscar otros parajes.

Pero existen otros mamíferos que se han logrado adaptar a zonas verdes de la capital, por ejemplo una especie de zorra gris, dos especies de zorrillo, los cacomixtles (que mucha gente confunde con lemures gracias a la película de “Madagascar”) y el único marsupial que tenemos en la ciudad: el tlacuache. Los marsupiales son una rama muy diferente de mamíferos muy particular pues en lugar de que las madres cuiden a sus fetos dentro de su abdomen lo hacen en bolsas externas. En Australia son muy comunes, como los canguros y los koalas, pero son poco comunes en nuestro continente. Además, cuenta una leyenda que el tlacuache es el Prometeo precolombino, porque se robó el fuego para dárselo a los humanos y por ello tiene la cola pelada. Al saber esto, le tendríamos que tener más respeto al tlacuache.

IMG_2268

Foto del autor.

Otros mamíferos, como los murciélagos, cruzan el cielo nocturno urbano. Existen cuando menos 11 especies de murciélagos, algunos de ellos son migratorios que llega en épocas de lluvias para habitar las cuevas del sur de la ciudad. Estos animales también transitan por los túneles del metro.

Después de los mamíferos están las aves, que las escuchamos por las mañanas y en el crepúsculo cerca de los árboles. Existen al menos 330 especies de aves en la cuenca que van desde las comunes y molestas palomas hasta las los majestuosos pelícanos, que vienen a pasar el invierno canadiense en Xochimilco. Los gavilanes, halcones y búhos surcan ocasionalmente los cielos por encima de nuestras cabezas y pueden perchar en árboles urbanos que se encuentran en el corazón de la ciudad. Aves que comúnmente vemos son las nueve de especies de colibríes que siempre se acercan a las flores de los jardines y parques. Incluso, cuando uno tiene un ojo más fino y cambia su mirada del pavimento a las copas de los árboles, se puede distinguir a los diferentes los diferentes tordos, zarzales, urracas, carpinteros, golondrinas o las calandrias.

La gente le hace muy poco caso a las lagartijas, de las cuales existen al menos 19 especies; además tenemos tres especies de tortugas y 23 especies de serpientes en el Valle de México, ¡Sí! 23 especies. Al igual que los mamíferos grandes, las serpientes prefieren estar en áreas verdes de gran tamaño. Las de cascabel y las cincute se pueden encontrar en zonas como Ciudad Universitaria y Xochimilco, donde también es posible encontrar el falso camaleón, que en realidad es una lagartija que llora sangre. De los anfibios es posible contar 24 especies de ranas, sapos y salamandras. De estos destaca el axolote por su importancia cultural y ecológica. Además de una curiosa rana que habita zonas como el Pedregal, y sólo se llega a escuchar entre junio-julio y no volvemos a escucharla en el resto del año.

De los peces, los más importantes son los que se encuentran los cuerpos de agua naturales. Los lagos de Chapultepec no cuentan puesto que además de artificiales están dominados por una de las especies de pez más agresivas y perjudiciales del planeta: la carpa común. Recodemos que todo este valle era un lago y en este lago vivían siete especies de peces de las cuales lamentablemente cinco ya están extintas. Sólo nos queda un pariente cercano al pescado blanco de Pátzcuaro y un pez que es la que comúnmente antes nos vendían en bolsas afuera de la escuela para que las lleváramos a casa y ser la pesadilla de nuestras madres.

IMG_2521

Foto del autor.

Por último, a los animales que menos conocemos y consideramos son los invertebrados, pero son ellos los más diversos y los que mueven toda la energía del ecosistema. Las lombrices, las almejas (hasta hace unas décadas había almejas en Xochimilco), y el sinnúmero de especies de arañas e insectos, muchos de ellos polinizadores. Pero hasta ellos están amenazados, pues con toda su abundancia existen registros de varias especies de insectos que ya se han extinguido. Los insectos no dejan de sorprender,  por ejemplo, en algunas zonas del Pedregal todavía es posible encontrar una especie de mantis, un insecto que nos imaginamos sólo en selvas lejanas.

Nuestra vista enfocada en el asfalto no nos permite ver la diversidad que genera un ecosistema como la Ciudad de México. Aunque cuando se voltea la mirada en el ambiente se encontrará esta diversidad basta de animales. Hoy para tener una visión de nuestro ecosistema urbano, hay varios esfuerzos. El sexenio pasado la Secretaría del Medio Ambiente del DF llevó a cabo un programa de difusión para que los capitalinos apreciemos nuestra diversidad. El programa se llamó “Yo también soy chilango” donde se mostraban imágenes de los animales que conviven en esta vieja ciudad de hierro. También, desde hace unos años existe el programa “Naturalista” promovido por la CONABIO que funciona como una red social para aquellos que nos divierte ver y fotografiar diferentes animales y plantas. En esta aplicación se pueden subir fotos de la naturaleza en la ciudad y una de las ventajas es que si uno no es experto, sube la foto sin el nombre y algún biólogo ayudará a decirle que es lo que vio.

La misma CONABIO ahora está por publicar un libro en el que se hace un recuento de la biodiversidad en la Ciudad de México. A partir de este libro, la Dirección General de Zoológicos y Vida Silvestre de la SEDEMA está coordinando la elaboración de la estrategia para la conservación de la biodiversidad en esta ciudad y también impulsa la creación de la Ley Estatal de Biodiversidad. El siguiente paso debería ser la creación de una oficina, similar a la CONABIO, que asuma las funciones y retos que se plantean para conservar nuestra biodiversidad urbana. Esto se debe no sólo a nuestra obligación ética de conservar los animales que viven en el ecosistema que decidimos habitar, también a la cantidad de beneficios que los capitalinos recibimos, sin darnos cuenta, por la sola existencia. Unos ejemplos: la reducción de plagas como mosquitos o ratas por la presencia de murciélagos y aves rapaces, la polinización por insectos, murciélagos sin los cuales no tendríamos plantas con flores o el reciclaje de nutrientes con todos los tipos de invertebrados que viven bajo el suelo.

Lo que tiene esta ciudad es que alberga muchos hábitats diferentes para los animales Las casas de Tláhuac son muy diferentes los edificios de Reforma o al suelo de conservación del Ajusco; el Parque Bicentenario es distinto a la Reserva de CU o a la Alameda Central. Estas diferencias aumentan la biodiversidad. Por ejemplo, hay aves que prefieren una zona con poca luz y llena de árboles, pues es por ahí donde crecen los gusanos de los que se alimentan; mientras que otras especies prefieren los espacios abiertos porque cazan al aire a los insectos. A cada especie le gusta un hábitat diferente, pero todos tienen algo en común: zonas verdes, que son parte esencial de su cadena alimenticia.

Desde el punto de vista de un animal, las reservas, los parques y grandes camellones arbolados no se pueden sustituir con macetones, jardineras, techos y muros verdes o parques de bolsillo. La interacción con el suelo, el microclima que genera un follaje denso, la tierra húmeda son parte esencial de todos los hábitats donde se hospedan los animales. Si queremos seguir teniendo esta diversidad, tenemos que mantener e incrementar nuestras áreas verdes.

Luis Zambrano es investigador del Instituto de Biología y Secretario Ejecutivo Reserva Ecológica del Pedregal de San Ángel, UNAM.