De la investigación in situ al filme documental y a la exposición que tuvo lugar en 2014 en el Museo del Chopo de la Ciudad de México; de las reflexiones del público del museo ante una instalación de una casa de hilo a las emociones de los participantes de la pieza —una familia colombiana de Ciudad Bolívar que fue parte de este simulacro escultórico-arquitectónico— y, finalmente, a la llegada de la obra artística al libro impreso, publicado por Arquine. Esta es la forma en que Arquitectura sin arquitectos de Sandra Calvo ha transitado como un proyecto artístico-social a lo largo de casi nueve años entre México y Colombia. Y nos recuerda, una vez más, una realidad de vivienda y desigualdad latente en Latinoamérica que parece no tener cambios en su estructura desde hace varias décadas.

El trabajo de Calvo, por lo general, dirige su mirada a este tipo de procesos del habitar: el cruce de relaciones humanas y sensoriales de las viviendas autoconstruidas que desbordan las grandes ciudades del sur global por todos sus extremos. Como bien lo recalcó Calvo en una entrevista de 2014 —publicada también en el portal de Arquine— su trabajo no busca estetizar una vivienda de autoconstrucción, sino de comprenderla como un proceso complejo, cargado de acuerdos y desacuerdos manifestados en la construcción a lo largo del tiempo.
El primer formato en este proyecto es cuando la artista se acercó a una familia de Ciudad Bolívar que buscaba autoconstruir su vivienda. Para proyectar no sólo los espacios físicos, sino también las expectativas colocadas sobre la estructura arquitectónica, Calvo y la familia esculpieron con hilo negro aquellos espacios que representaban un consenso y, con hilo rojo, los espacios en discordia, creando un plano tridimensional que ayudó a comprender tanto a la familia como a la artista las dinámicas de la autoconstrucción.
El libro incluye textos de la artista y del curador de la exposición, Pedro Ortiz Antoranz; del arquitecto Juan Carlos Cano y de la antropóloga Vyjayanthi Venuturupalli. Incluye, además, un poema escrito entre Sandra Calvo y Tatiana Lipkes. El resultado es un documento visual y textual del largo proceso que constituyó Arquitectura sin arquitectos y contiene todas aquellas anotaciones que, en conjunto, le dieron estructura. Por un lado, existen los conceptos antropológicos y técnicos; por otro lado —y quizá es lo más emocionante— ejemplifica la intersección del espacio habitable con las referencias existentes en el mundo del arte, cruzado por la realidad cruda y urbana de la arquitectura industrial. La casa de hilo funge como un ejercicio o un código que representó sesiones de diálogo, acuerdos y conflictos de relaciones humanas. La construcción del diálogo que, como diría Bruno Latour, materializa la negociación.
Porque al final, la vida y la arquitectura se entretejen de manera natural. Entre emociones, límites culturales y paredes.
Mariana Barrón
Arquitecta por la UNAM. Durante los últimos ocho años se ha dedicado a la generación de estrategias digitales, comunicación, prensa y gestión de proyectos culturales o de la industria creativa.