Las dinámicas urbanas generan en sí mismas marginación y desigualdad. Si esto es así, ¿qué función desempeña al respecto la regulación del Derecho a la ciudad, cómo ha sucedido en la Ciudad de México? Los retos actuales para la configuración de la ciudad y, sobre todo, para la intervención en la ciudad existente apuntan a la sostenibilidad en sus tres vertientes (social, económica y medioambiental), que son la base sobre la que hoy necesariamente se han de erigir las soluciones a los problemas urbanos.
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Espacio público · Planeación urbana · Sustentabilidad
Censos históricos de la Ciudad de México: entre la explosión demográfica y el estancamiento poblacional
La población de la antigua México-Tenochtitlán debió de ser, como consecuencia de la abundancia y de la prosperidad del Valle de Anáhuac, bastante numerosa; en concordancia con esta suposición, hay estimaciones que hablan no sólo de miles, sino de millones de habitantes.
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Artz Pedregal y el derrumbe de la planeación
Pareciera cliché: cada que algún tipo de desastre sucede en la Ciudad de México (y en el país) se señala con total justificación a algún tipo de error gubernamental como su causa de raíz. Ya sea falta de planeación, de visión; incompetencia, corrupción, entre otros, parecen ser los elementos que son constantes, los cuales se agudizan siempre que hay sumas millonarias de inversión de por medio.
“El Mijis”: de la precariedad urbana a la representación política
Aunque una sólida cargada salió a defender la victoria del también conocido como “El Mijis” y señalar el clasismo y discriminación que había detrás de estos cuestionamientos, para dichos adalides de la correcta moral había llegado a la cámara de diputados un pandillero, un cholo, un delincuente, un criminal, es decir, alguien a quien puede imputársele cualquier etiqueta peyorativa con que se nombra a un chavo banda, a un morro de la calle.
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La tierra entre las aguas: la Ciudad de México en la mirada de Alfonso Reyes
Cuando en 1629 la ciudad se cubrió de agua por cinco años las autoridades virreinales se negaron a mover la capital dadas las fuertes inversiones que ya habían realizado. No querían perder, pero al hacerlo, condenaron a las siguientes generaciones a asumir el gasto de mantener a flote (literalmente) la ciudad.