Ciudad y maternidad

La ciudad es espacio de todos, pero es percibida y vivida desde distintas condiciones materiales, sociales y humanas. En cada ciclo de vida, la relación individuo-ciudad se transforma, el acceso y uso de espacios públicos implica en lo ideal una infraestructura urbana inclusiva para las distintas necesidades de los/as ciudadanos. La relación entre ciudad y maternidad ha sido un tema poco tratado por los estudios urbanos. Las dificultades que enfrentan las mujeres para amamantar en espacios públicos, la falta de lugares acondicionados para carros de bebés en el transporte público o el nulo civismo que demuestran algunos pasajeros para ceder los asientos reservados a mujeres embarazadas, son algunas problemáticas que quedan como una simple anécdota, o bien son completamente invisibilizadas.

Ilustración: Kathia Recio

A continuación, presentó los resultados de una investigación preliminar sobre la maternidad en las ciudades. Durante el segundo semestre de 2019 recolecté testimonios en grupos virtuales y presenciales de madres de la Ciudad de México, Oporto y Lisboa. También utilicé las redes sociales para realizar breves encuestas sobre las experiencias urbanas de madres e hijos. En total fueron 34 mujeres embarazadas, madres y cuidadores que compartieron sus experiencias en la ciudad. Desde la perspectiva sociológica que estudia el papel del cuerpo y los sentidos en el estudio de la ciudad,1 resulta también interesante la experiencia urbana de una mujer embarazada. La percepción sensorial de los lugares urbanos, el olor de ciertos lugares, la movilidad y los recorridos de una mujer embarazada y, en general, la forma en la que se relaciona con la ciudad cambia drásticamente según el estatus de su embarazo. En este sentido, fue mi propia experiencia de embarazo la que me hizo reflexionar sobre los cambios y nuevas dinámicas que tuve que establecer con los espacios urbanos. Para futuras investigaciones recurrir al método etnográfico podría ser de gran utilidad para profundizar sobre los cambios mencionados.

Todo mi embarazo transcurrió en la ciudad de Oporto, Portugal. Lo que más marcó esta etapa, fueron los olores urbanos que se concentraban en calles estrechas y en algunos lugares. Ir a tirar la basura, a mercados, restaurantes o a pescaderías, se convirtió, muchas veces, en una desagradable experiencia de olor.2 Caminar —actividad recomendada durante el embarazo— es especialmente difícil en ciudades donde no existen condiciones amigables para los peatones. Al estar en una ciudad o zona con grandes variaciones en el relieve, como es Oporto, la experiencia de caminar resulta un gran desafío, sobre todo, en el último trimestre de embarazo.

Es bien sabido que durante el embarazo el cuerpo de la mujer tiene que adaptarse a su nueva dimensión espacial. El eje del movimiento cambia por lo que, desplazarse por banquetas, subir escaleras y, en general, transitar por la ciudad, aumenta su grado de dificultad. El riesgo de caer o tener un accidente es especialmente sensible en esta etapa. En grupos de embarazadas de la Ciudad de México este problema se hizo evidente, e incluso, algunas mujeres decidieron dejar de realizar paseos “largos” a partir del segundo trimestre. Una madre relató que tuvo una caída en una banqueta por un “hoyo”, otra tuvo un accidente por una varilla suelta en el piso de un mercado. La primera tuvo que pasar el resto de su embarazo en casa. Por estos y otros motivos, el aislamiento que viven muchas mujeres antes y después del parto puede acentuarse.

Con la llegada de un bebé, la movilidad en la ciudad cambia tanto para los padres y madres como para los cuidadores, por ejemplo, las/os abuelos. Los bebés en carriolas requieren el uso de rampas y elevadores para transportarse dentro de la ciudad y en el transporte público, por ejemplo, dentro del metro. Pocos son los transportes que se adaptan a su uso y tienen la infraestructura necesaria. Algunos testimonios apuntan a que las madres dejan de usar transportes públicos para pasar al exclusivo del automóvil o, bien, tienen que literalmente hacer malabares para desplazarse en el metro y autobuses con toda la logística un bebé requiere.

El tema del uso del transporte público originó diversos los relatos en mujeres embarazadas y madres con uno o varios hijos. La falta de lugares reservados y la poca empatía por parte de los pasajeros para ceder su asiento es el problema más recurrente en todos los grupos de embarazadas que consulté. Al respecto, se han hecho varios experimentos sociales para mostrar la actitud de los pasajeros hacia las embarazadas en el transporte público. Una investigadora de la Universidad Autónoma de Madrid documentó las veces que le cedieron el asiento, un tercio de las veces lo consiguió. En Ciudad de México, el Centro Nacional de Comunicación Social realizó también este ejercicio con el siguiente resultado: de sesenta y cuatro viajes, sólo en diez ocasiones le cedieron el asiento a una mujer embarazada. Los testimonios de las madres subrayan la falta de empatía de los/as pasajeros/as —sobre todo de otras mujeres jóvenes— y la falta de señalización de los lugares en las rutas de autobús. Por ejemplo, una madre relató el altercado con otra mujer en el metro de la Ciudad de México. Ni petición, ni la presión social ejercida hizo que la mujer cediese el asiento reservado.

El problema más citado y el que provoca mayores discusiones y movilización, es la agresión verbal a las madres que amamantan en espacios públicos. Además de las violencias sufridas, las madres relatan que la presión ejercida puede ser tanta que la mayoría se retira de los espacios públicos. Algunas madres denunciaron también que después de los incidentes se sintieron inseguras e incómodas. Un dato interesante fue que los llamados espacios de bebés en los centros comerciales fueron citados como un “sitio seguro” para amamantar. Sin embargo, pocas madres lo utilizan para este fin. Respecto a los parques y áreas de juego son distintas opiniones, la mayoría de las madres, sobre todo las que residen en las Ciudad de México, no se sienten cómodas al dejar jugar a sus hijos en espacios públicos, como parques y plazas. En general, la calle se percibe como un espacio de peligro y no de socialización. En las ciudades portuguesas de Oporto y Lisboa las madres subrayan que los parques son espacios seguros y bien equipados para estar con sus hijos/as. Sin embargo, también señalaron la falta de juegos infantiles para edades más tempranas de entre 0-3 años, como areneros y otros juegos adaptados para que padres, madres e hijos convivan.

Las problemáticas citadas invitan a cuestionarnos sobre las dinámicas que se gestan en la relación ciudad y maternidad. Un tema importante es el derecho de madres e hijos para utilizar espacios públicos seguros e incluyentes. Las distintas realidades urbanas, sus desigualdades y problemáticas sociales marcan la experiencia de mujeres embarazadas y madres, esta investigación aún preliminar, evidenció la complejidad social y los rezagos en infraestructura de una megalópolis como la Ciudad de México. Por su parte, aunque las ciudades de Oporto y Lisboa tienen aparentemente una mayor accesibilidad para la movilidad3 hay algunos problemas que parecen repetirse, como la falta de empatía hacia las embarazadas en el transporte público. En una misma ciudad la experiencia de una embarazada refleja sus condiciones sociales y materiales. Es tarea de todos promover políticas urbanas con una infraestructura accesible e inclusiva que faciliten la experiencia de madres e hijos en la ciudad.

Por último, no quisiera dejar pasar una reflexión sobre la ciudad pos-pandemia y la experiencia de la maternidad. Muchas de las embarazadas, al ser población en riesgo, tienen que extremar las precauciones en el confinamiento. Esto ha repercutido en el ánimo y el desarrollo de su embarazo, al verse impedidas a realizar ejercicios al aire libre, como las caminatas que son altamente recomendadas por médicos y especialistas. El aislamiento y el miedo al virus tienen también consecuencias en madres e hijos que tienen que pasar la cuarentena en el hogar. El proceso de des confinamiento plantea, asimismo, una serie de desafíos para volver a los parques y espacios públicos donde niños/as y cuidadores/as conviven. La llamada nueva normalidad invita a cuestionarnos y reconstruir las relaciones que se gestan en las ciudades, incluidas las invisibilizadas, como lo es la díada ciudad y maternidad.

 

Violeta Rodríguez Becerril
Madre, gestora cultural y estudiosa de la ciudad. Actualmente cursa el Doctorado en Sociología con especialidad en Ciudades y Culturas Urbanas en el Centro de Estudios Sociales de la Universidad de Coímbra, Portugal.


1  Georg Simmel sentó un importante precedente para los estudios urbanos y la sociología de los “sentidos” contemporánea.

2 Los olores de los espacios urbanos afectan nuestro comportamiento y las formas en que nos movilizamos en la ciudad. El proyecto de Smelly Maps muestra las percepciones olfativas de los urbanitas en mapas de “olores”. En este sentido, sería interesante analizar la percepción del olor de mujeres embarazadas en diferentes urbes.

3 Por ejemplo, el metro de la ciudad de Oporto cuenta con elevadores y rampas en todas sus estaciones. 

Escribe tu correo para recibir el boletín con nuestras publicaciones destacadas.


Publicado en: Espacio público, Movilidad

Un comentario en “Ciudad y maternidad

  1. Muy interesante su perspectiva, el género aun no lo veo terminado de definir, aunque ya está en la mesa de políticas de planeación, de políticos en sus campañas, de investigadores, de ciudadanos. Cuando el pedir que los espacios sean incluyentes, se piensa más comúnmente en mujeres, no se piensa tan común en muejres embarazadas. Si se habla de ser inclusivos, tambien se piensa en la comunidad LGBT+(el más incluye TTIQA, y las que surjan a futuro), pero también es pensar en las distintas edades, desde niño a tercera edad, también lo es pensar en discapacidad, y el tipo de discapacidad, si es permanente o temporal. Donde aplica y dónde no considerar a un grupo o a todos. Pensando en casos como el Instituto Nacional de Cardiología en la Ciudad de México que hiciera el Arq. José Villagrán García en 1937 , que, en las escaleras de acceso principal, dejó escaleras más peraltadas al inicio considerando al paciente con problemas cardíacos, que le sería mas fácil subir un escalón más alto al inicio y conforme se va cansando el peralte disminuye facilitando su subida, se entiende que solo se piensa en el paciente con temas cardíacos por el destino del inmueble, aunque hablando de espacio público, debiera pensar en todos.

Comentarios cerrados