Cutzamala y Covid-19: los efectos nocivos de interrupción del servicio de agua en los más pobres en la era de una pandemia

Ante la oleada de impactos que está generando la contingencia pandémica ocasionada por el virus SARS-CoV-2 es importante destacar la importancia que tienen los sistemas de salud y protección social para mitigar el contagio exponencial. Sin embargo, también los sistemas de agua saneamiento e higiene (ASH) fungen como ejes fundamentales para alcanzar de manera efectiva la contención de la propagación de la enfermedad. 

Algunos artículos recientes publicados en revistas especializadas como Nature o The Lancet han puesto en escena la importancia de los sistemas de ASH para combatir la pandemia de forma efectiva, complementando los medios de mitigación que ofrecen los sistemas de salud de los países. Dado que la concentración poblacional es el medio idóneo para la propagación de la enfermedad, las ciudades altamente aglomeradas, como es el caso de la Zona Metropolitana del Valle de México (ZMVM), presentan desafíos aún mayores, sobre todo en las zonas con mayor pobreza, en donde los asentamientos urbanos y la carencia de servicios públicos básicos generan una receta perfecta para la propagación de la pandemia.

Por ello, este artículo busca ilustrar la importancia de los sistemas ASH para el bienestar de las poblaciones más marginadas, en especial ilustrando los efectos nocivos de la interrupción del servicio de agua de la ZMVN en los más pobres,los cuales son amplificados por la pandemia que vivimos.

Ilustración: Kathia Recio

A lo largo de los últimos siglos, el crecimiento demográfico y urbano expandieron las fronteras de la metrópoli mexica y colonial. Con ello también vinieron urbanizaciones desorganizadas y con poco control en las periferias que derivaron en lo que hoy se conoce como la Ciudad de México (CDMX) y, en el más extenso sentido, la ZMVM. Esta urbe de dimensiones y tamaño fuera de lo normal en términos globales ha requerido sistemas de ASH capaces de brindar servicio a un numero de población exorbitante.  

El Sistema Cutzamala ha estado en funcionamiento durante cerca de 80 años y juega un papel preponderante y esencial en el manejo y distribución del agua en la ZMVM. Está constituido por una red de 322 kilómetros de canales y túneles que proveen de servicio de agua a 1 de cada 4 habitantes de la ZMVM y de Toluca. Este colosal sistema también requiere de apoteósicas inversiones de rehabilitación y mantenimiento no sólo para reducir las pérdidas físicas de agua en su amplia red de tuberías y canales de distribución, sino también para mejorar la eficiencia de distribución y uso de energía utilizada para el bombeo del agua a distintas partes de las zonas a las que atiende.

A pesar de las cuantiosas inversiones inyectadas al sistema para mejorar su mantenimiento y eficiencia, la dimensión de esta obra de infraestructura presenta complejidades en la gestión de los recursos hídricos del subsuelo, ya que cada vez son más escasos y difíciles de procesar para alimentar la distribución del Cutzamala. Es por eso que la debilidad del sistema radica paradójicamente en su grandeza.

El 28 de abril de 2020, la Comisión Nacional del Agua (CONAGUA), la agencia encargada de la rectoría y gestión del sistema Cutzamala, temporalmente interrumpió el flujo en la red debido a una fuga de proporciones considerables. Los medios de comunicación detallaron que debido a esa interrupción en el servicio, la distribución de agua potable a la ZMVM se redujo temporalmente en 50 por ciento. Eso no implica que el sistema tenga un historial sombrío en este tipo de acontecimientos: ésta es sólo la segunda ocasión que una fuga de esa magnitud ocurrió recientemente. La otra vez fue en noviembre de 2018 debido a un esquema complejo de mantenimiento que ocasionó el corte y discontinuidad en el servicio de agua durante varios días. 

A pesar de que la última disrupción para abastecer a la ZMVM duró pocas horas, la escasez de agua que alimenta al sistema es un tema de mayor preocupación debido al impacto que tiene en los residentes más pobres de la ZMVM. Eso aunado que el Cutzamala en sí no es la panacea para solucionar los crecientes desafíos que enfrenta la gestión y distribución del agua en la ZMVM, en donde algunas estimaciones recientes sugieren que el 70 por ciento de los residentes en la ZMVM cuentan con 12 horas o menos de agua disponible por día. 

Los más pobres de la ZMVM, sin duda, dependen en gran medida de estos servicios de agua (Figura 1), y como consecuencia, son los que sufren en mayor proporción los estragos económicos y de salud debido a la falta del vital líquido. Durante los tiempos de contingencia de la pandemia del COVID-19, futuras interrupciones del servicio de agua pueden mermar la higiene de grandes segmentos de la población más desfavorecida económicamente, con alta aglomeración y densidad dentro de la ZMVM, lo cual representa un riesgo para la salud pública. En la ZMVM los quintiles más bajos de ingresos dependen ampliamente de los servicios de agua para sus labores cotidianas de higiene, saneamiento, consumo y cuidados personales (cerca del 60 por ciento) dado que es su fuente principal. Los segmentos con más altos ingresos, en cambio, pueden adquirir agua para su consumo a través de su presentación embotellada (cerca del 90 por ciento) (Figura 1). Es por esto que los impactos negativos del servicio intermitente de agua tienen una carga más alta en los más pobres.1, 2

Figura 1

Proporción de gente con acceso a agua mejorada en CDMX y Estado de México
Distribución de Continuidad de Servicio de Agua Potable en la Red Pública, 2016
Distribución del Ingreso por AGEB en la ZMVM, INEGI 2018

El servicio intermitente de agua tiene consecuencias en la salud pública y dichos efectos se magnifican durante la contingencia del COVID-19. Por un lado, puede afectar a los hogares al limitar las acciones de higiene, las cuales son el pilar fundamental de prevención de la propagación del COVID-19. Por el otro, orilla a las personas a recolectar agua de otras fuentes —inclusive informales— cuyo control de calidad no es supervisado y pueden generarse, por ende, focos de infección. Eso aunado a que esos servicios complementarios de abastecimiento de agua pueden ser inclusive más costosos, lo cual es una carga económica adicional para los hogares que dependen de los servicios de agua de la red pública. Igualmente, el incremento en la recolección de agua de otras fuentes puede ampliar las brechas de inequidad de genero.

En el largo plazo, los efectos negativos de las interrupciones del servicio de agua de la red pública tienen consecuencias en otros frentes. En un meta análisis se publicaron las deficiencias de los servicios de la red pública en Yakarta, Indonesia, y la ciudad de Nukus, Uzbekistán, en donde la pobre disponibilidad de agua distribuida por medio de la red pública se asoció con brotes de infecciones diarreicas agudas.  Aunado a eso, en Dusambé, capital de Tayikistán, el estudio encontró que dichas interrupciones del sistema de agua generaron brotes de tifoidea. También, cuando un sistema de agua que suministra servicio a grandes poblaciones cuenta con una baja presión hídrica en la red de tuberías, se pueden generar costos adicionales y dilapidar el sistema con pérdidas de ingreso y eficiencia por falta de flujo hídrico requerido para la optimización operativa del sistema. Cuando las compañías de agua o los sistemas de agua son públicos, estos efectos se acumulan directamente en las finanzas públicas de las ciudades, y usualmente tienen que modificar al alza las tarifas de agua, lo cual genera un círculo vicioso de incapacidad de pago por parte de los más pobres.

Ante esta situación es necesario activar mecanismos de apoyo financiero a los gestores de los sistemas de agua en la ZMVM y proporcionar esquemas de distribución alternativa de agua con calidad monitoreada en zonas marginadas de la ciudad, para evitar riesgos a la salud pública y mantener las acciones de higiene adecuadas en dichos hogares. Las enseñanzas de las interrupciones de los sistemas colosales de agua de la ZMVM brindan una oportunidad de impulsar mayores esfuerzos para modernizar la infraestructura hídrica del Valle de México y proteger las fuentes de recursos subterráneos y superficiales que abastecen a la ciudad. Porque cuando se detiene o interrumpe el acceso al agua, son los pobres quienes más tienen que afrontar las consecuencias adversas.

 

Christian Borja
Economista Senior, Banco Mundial.

Jonathan Grabinsky
Consultor, Banco Mundial.

Descargo de responsabilidad: los puntos de vista presentados aquí son los de los autores y no representan los puntos de vista del Banco Mundial o de los miembros de la Junta Directiva Ejecutiva del Banco Mundial.


1 Las fuentes mejoradas son aquellas que tienen el potencial de proporcionar agua para consumo por la naturaleza de su diseño y construcción. Estas fuentes incluyen suministros por tuberías (tales como hogares con agua del grifo en la vivienda, patio o parcela, o fuentes públicas) y suministros no canalizados (tales como perforaciones, pozos y manantiales protegidos, agua de lluvia y agua envasada o agua distribuida por camiones cisterna)

2 Cálculos con la Encuesta de Conglomerados de Indicadores Múltiples (MICS, por sus siglas en ingles) de UNICEF de 2015. Las estimaciones incluyen cálculos de la Ciudad de México y el Estado de México.

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Publicado en: Sustentabilidad