De lo universal a lo regional

Compartimos la introducción que el arquitecto Mark Lee escribió para presentar el libro Ambigüedad específica (Arquine, 2022), de Camilo Restrepo Ochoa y su despacho AGENdA. En él, desarrollan el concepto que da título al volumen como una forma de pensar y hacer una arquitectura ambivalente, compleja y contradictoria, imprecisa, mestiza y multirreferencial desde y para el espacio tropical. Se trata de un libro híbrido entre el ensayo y la muestra arquitectónica donde el autor reflexiona sobre su propia práctica y sobre el sitio que tiene la arquitectura del trópico en el norte global.

Para situar el trabajo de AGENdA, es preciso primero revisar el contexto histórico de la arquitectura colombiana y el discurso arquitectónico internacional desde donde esta generación de arquitectos surge. Su estilo único se enfrenta especialmente con la dicotomía que plantea lo universal y lo local en la arquitectura moderna, la cual ha sido objeto de debate por mucho tiempo. Actualmente, la dicotomía de lo universal versus lo local es habitualmente enmarcada en términos del regionalismo crítico; una noción procedente del discurso europeo crítico introducido en los años ochenta para reflexionar sobre fenómenos de los años cincuenta. Este paradigma teórico presenta dos culturas opuestas, cuyos impulsos arquitectónicos se entrelazan con las circunstancias políticas de la colonización y la resistencia, aun cuando la arquitectura de posguerra ya había reflexionado sobre el deseo de encontrar identidades nacionales arquitectónicas a partir de incorporar elementos locales y originarios dentro del Estilo Internacional del modernismo. Este impulso representa una noción de modernismo regional que se distingue del marco de colonización versus resistencia planteado por el regionalismo crítico.

Históricamente, este regionalismo trató de salvar, para integrarlas, las diferencias entre lo universal y lo local a partir de varias estrategias. Desde el trabajo de Geoffrey Bawa en Sri Lanka, hasta el trabajo de Luis Barragán en México, pasando por Laurie Baker en India, la arquitectura regional modernista usualmente suele partir de lo local y acercarse gradualmente a lo universal. Los edificios usualmente se basan en tipologías y métodos constructivos locales como punto de inicio, al tiempo que realizan un proceso de encaje con el modernismo. Esta posición contrasta fuertemente con el trabajo de Kenzo Tange en Japón u Oscar Niemeyer en Brasil, para quienes el trabajo comenzaba con una base puramente moderna que se ubica en relación a elementos y cuestiones locales.

Con el avance del globalismo en el siglo XXI, la relación entre lo universal y lo regional ha tomado un giro diferente. En vez de mirar lo regional como un antídoto contra la colonización que hace que todo sea homogéneo, el globalismo es visto como una forma de universalidad que posibilita que las especificidades regionales sean vistas y más visibles a través de sus diferenciaciones. Por esta razón, la identidad cultural no es suplantada por una homogeneidad traída por el globalismo; al contrario, ésta es exacerbada por el avance del globalismo. Por lo tanto, la arquitectura regional adquiere un nuevo rol distinto del de la resistencia, asociado con el regionalismo crítico. Los dos polos de lo universal y lo regional ya no son diametralmente opuestos; más bien, éstos pueden verse como entidades asociadas en una dialéctica donde cada polo participa activamente en la construcción del otro.

Tanto si se construye como una oposición entre lo universal y lo local, o lo global y lo regional, la región ha sido la escala de enfoque en los debates polémicos. Sin embargo, lo regional se confunde a menudo con lo local: el énfasis regional suele discutirse en términos curiosamente locales como la topografía del lugar o los materiales autóctonos de construcción. Sin una escala intermedia entre lo universal ampliado y lo local miope, el extremo entre la oposición universal/local se exagera y polariza, lo que invisibiliza la coexistencia equilibrada entre ambos polos que se encuentra en la obra modernista regional. También deja la puerta abierta a una visión más clara del regionalismo, que es donde AGENdA está haciendo una contribución a la polémica en curso.

La llegada tardía del modernismo y su temprana partida

El modernismo llegó relativamente tarde a Colombia en comparación con otros países latinoamericanos como Brasil, México o Venezuela, donde el modernismo floreció a principios del siglo XX. Aunque, eventualmente, su cultura arquitectónica se impondría en todo el mundo, en Colombia fue tardía la reposición de los edificios de carácter utilitario, entes realizados bajo este nuevo lenguaje por conveniencia y economía.

Sin embargo, el retraso puede tener sus ventajas. Por ejemplo, en Escandinavia, la acogida del clasicismo nórdico a principios del siglo XX resultó ser también un retardador del modernismo, haciendo que su llegada, a mediados del siglo XX, se diera de una forma más refinada y madura. El modernismo escandinavo, liberado de las ansiedades y presiones de ser un modelo para la proliferación del modernismo temprano en otras partes de Europa, pudo, así, evitar la carga de ser polémico y logró desarrollar su propia manifestación. El resultado fue una síntesis, una arquitectura que combinaba lo mejor de lo clásico y lo moderno. Una llegada tardía de la modernidad se convirtió en una herramienta para construir puentes con el pasado en vez de provocar rupturas con el mismo.

Similarmente, en Colombia, se adoptó el modernismo como lenguaje arquitectónico predominante a mediados del siglo XX, propagado a través de la presencia intelectual de arquitectos europeos como Le Corbusier y Josep Lluís Sert, cuyo lenguaje universalista se expandió a través de influencias locales en las obras de arquitectos colombianos como Rogelio Salmona y Germán Samper. Pero la dicotomía entre lo universal y lo regional no se invocó sino hasta la década de 1980, cuando los teóricos del regionalismo crítico comenzaron a adoptar el ladrillo de Rogelio Salmona y algunos materiales vernáculos dominantes de mampostería y concreto como signos de la identidad arquitectónica colombiana. El regionalismo crítico asignó a esta identidad arquitectónica el papel demostrativo de modelar la resistencia a lo universal defendiendo lenguajes de diseño y prácticas constructivas regionales.

El modernismo prevaleció como discurso dominante en la arquitectura colombiana hasta la década de 1990, cuando otro tipo de globalización trajo una nueva narrativa que se apartó del regionalismo crítico y se acercó a la arquitectura como un dispositivo neoliberal para la transformación social. Después de un largo período de estancamiento económico, una generación de arquitectos de Bogotá y Medellín comenzó a encontrar mejores oportunidades para construir, tal como lo hicieran arquitectos de muchos países que prosperaron con el globalismo de este período. Así, muchos arquitectos colombianos se apresuraron a adoptar nuevas formas de universalismo. Las primeras figuras modernistas de Le Corbusier y Josep Lluís Sert dieron paso a la generación de Aldo Rossi, Rem Koolhaas, Álvaro Siza o Eduardo Souto de Moura como modelos diversos para una práctica con orientación global.

Como resultado, la primera arquitectura global del siglo XXI que surgió en Colombia parece carecer de coherencia. La brillantez abunda en proyectos singulares, y se pueden detectar algunos valores compartidos, como el uso de una paleta de materiales limitada o una predilección por la estructura expresa. Aun así, el trabajo visto como un todo evita una identidad colectiva discernible.

De lo regional a lo tropical

Partiendo de la generación anterior sin hacer retroceder el péndulo a un regionalismo crítico previo, AGENdA desarrolló una sensibilidad híbrida, combinando convicciones universales altamente modernistas con un sentido vernáculo de la escala y la forma. Esto es posible al definir y situar una práctica dentro de la noción de espacio tropical: una existencia homogénea con un sentido abstracto del tiempo que deriva su sensibilidad de la zona tropical donde las estaciones son indistinguibles unas de otras y no se tienen en cuenta las fronteras locales y nacionales. Esta noción evade la dicotomía entre lo universal y lo local y, en cambio, delimita una escala geográfica entre lo global y lo regional que es imaginada como lo local. Por lo tanto, para AGENdA, el modernismo y el regionalismo ya no necesitan estar en desacuerdo (como en el regionalismo crítico), sino que pueden representar dos escalas fusionadas en una escala tropical intermedia.

La arquitectura que resulta de esta concepción tropical para la creación de espacios se refleja en tropos recurrentes de técnicas de diseño, como el uso de una segunda piel como sistema de control climático. Por su parte, la preferencia por la ligereza, tanto en el temperamento como en la construcción, a menudo contrasta con el peso y la seriedad de las formas arquetípicas. Por ejemplo, un proyecto como el Orquideorama ocupa una escala entre un edificio y un bosque, pero su volumen masivo contrasta con una malla metálica ligera y la delicadeza con la que la estructura se encuentra con el suelo. Su pragmatismo y economía se asemejan a las construcciones holandesas donde se hace explícita la circulación: el proyecto emana ligereza tanto en el peso visual como en el estado de ánimo.

En el Beneficiadero de Café Farallones, el edificio no se muestra ni estereotómico ni tectónico, sino que combina un prisma rectangular sólido y elemental con escisiones estratégicas y detalladas con precisión. Combina la imponente pesadez del edificio Ricola Storage de Herzog & de Meuron con la aireada ligereza del Estudio Gordillo de Ábalos y Herreros, alternando entre pesos y escalas. En una serie de casas (Abanico y MAE, entre otras) se produce un contraste entre la soltura expresada en el manejo de la masa y el rigor expresado en los elementos arquitectónicos tradicionales de cubiertas y columnas. Las innovadoras articulaciones en planta se manifiestan en la fractura de la fachada de una casa y en la línea del techo fracturada de otra.

Los soportes en forma de V, que se repiten en un ritmo entrecortado, sirven tanto de pilotis como de pórtico.

En circunstancias en las que el sitio no parece ofrecer tanto para la generación del edificio, la arquitectura de AGENdA pasa a ser más autorreferencial y autónoma. Considerando la noción de un edificio como una colección de componentes individuales, la ilusión de una suma de torres en el Edificio 10B evolucionó hacia una circulación vermiforme en el Edificio 5G, la cual recuerda a las criaturas míticas de John Hejduk. Estas escaleras vermiformes reaparecen en el Centro de Innovación Argos para unir una serie de terrenos apilados que forman una textura sedimentaria en la fachada. Y en la forma más Semperiana de distinguir una arquitectura del suelo de una arquitectura del techo, el Santuario de Nuestro Señor de Tula expresa el contraste entre la tierra y la estructura, la pesadez y la ligereza con la expansividad más rudimentaria y dramática.

Estando firmemente arraigados en lo tropical, AGENdA es capaz de producir una arquitectura que parece, por un lado, fácil y relajada y, por el otro, seria y teutónica. En algunas ocasiones, sus edificios producen un modernismo ligero mejor que los edificios holandeses: robustos y desgastados. Son deliberados como los edificios belgas pero gráficos y vibrantes como los españoles; al mismo tiempo pueden ser sobrios como las estructuras inglesas y modestos como las japonesas. Infunden la escala y la forma de la arquitectura estadounidense con una sensibilidad europea, pero el lenguaje arquitectónico que habla es, sin duda, latinoamericano. El enfoque tropical de AGENdA es capaz de crear una arquitectura verdaderamente regional, que se encuentra entre lo universal y lo local.

Del neoliberalismo a un nuevo modelo global/vernáculo

La noción de lo tropical como una nueva escala regional está en conversación con un globalismo definido no como un tipo universalista del Estilo Internacional, sino más bien como un reconocimiento de muchos “centros” y escalas mundiales de producción y creatividad. Este diálogo pluralista ha cobrado mayor trascendencia en el momento histórico actual, cuando se cuestionan las dicotomías entre lo universal y lo local; Colombia y América Latina; América Latina y el mundo, sobre todo en un momento en el que se amplían las escalas desde lo regional a lo global, especialmente en taxonomías como el Sur Global.

La arquitectura afiliada a un globalismo neoliberal podría caracterizarse por tropos como la adopción de un diagrama descifrable en lugar de un partido, la celebración de un enfoque oportuno de los detalles o la promoción de materiales desechables para reflejar un ciclo de vida rápido. El modelo alternativo de lo tropical, tal como lo utiliza AGENdA, no se limita a resistir las recientes tendencias globales y universalizadoras asociadas con el neoliberalismo: no es un retorno del regionalismo crítico. En cambio, el enfoque regional de AGENdA se parece más al de un Caballo de Troya. Partiendo de un término tal vez estilístico como lo es tropical, un proyecto puede cambiar su énfasis hacia lo global o lo local durante diferentes etapas y aspectos de su desarrollo. La escala regional intermedia de lo tropical permite que la arquitectura se perfeccione en formas indígenas precisas al tiempo que se expanda hacia formas globales e históricamente modernas. Este Caballo de Troya es la fuente de soluciones de diseño sorprendentemente ganadoras.

El declive del globalismo neoliberal ha creado un ambiente acogedor para el regionalismo intermedio y mutable que ofrece AGENdA. En las últimas décadas, los planificadores se han alejado decididamente de contratar a los arquitectos estrella que crearon edificios singulares y destacados, por lo que el diseño ahora se centra más en la “arquitectura cotidiana” y en la relación entre lo “icónico” y lo “cotidiano” dentro del tejido urbano. Si bien a primera vista algunos de los proyectos de AGENdA podrían parecer inclinados hacia un desapego “icónico” del contexto, un escrutinio más detallado revisa cuánto emergen de contextos locales/texturales. A menudo, un vocabulario arquitectónico vernáculo se infunde con una forma abstracta. La mayoría de sus proyectos surgen de infraestructuras urbanas y sociales que se entretejen en el tejido “cotidiano” de la ciudad y, a su vez, su arquitectura responde a este tejido para reforzarlo desde adentro. Esta estrategia de diseño tiene un efecto más silencioso y profundo que el que experimentamos en la arquitectura icónica o, por supuesto, en los medios de comunicación.

La evolución de AGENdA, desde aceptar lo global como recién llegados hasta redefinir lo regional como tropical, presenta alternativas tanto al globalismo como al regionalismo crítico, todo ello sin volverse culturalmente monocéntrico o hegemónico. Al participar activamente del espacio tropical como una iteración fresca y ambientalmente informada de lo regional, AGENdA modela un nuevo tipo de práctica arquitectónica que es tanto global como vernácula. La capacidad de respuesta y la variabilidad inherente a la escala intermedia y flexible le dan a la arquitectura de AGENdA el potencial para una innovación continua.

 

• Camilo Restrepo Ochoa, Acerca de la Ambigüedad Específica por medio de la idea de espacio tropical o la práctica razonada de las formas de la transición, México, Arquine, 2023, 368 pp.

 

Mark Lee
Arquitecto. Socio de Johnston Marklee and Associates y director del departamento de arquitectura en la Escuela de Graduados de Diseño de la Universidad de Harvard.